viernes, 13 de agosto de 2010

Debimos darnos un beso aquel día - Víctor Saborío, Honduras


Víctor fue el primero en publicar de los integrantes de Casa Tomada. De magos y seres naturales apareció en 1995, y sus textos le continuaron siendo fieles (carretón de celuloide sin frenos, exploxividad sintática, giros de metáfora impredescibles).

Luego, en 1997, publicó Viaje al Paraíso, una secuencia en micro-cápsulas que, acompañada por el diseño que Rubén Izaguirre le dio como identidad a Pez Dulce, siguió refrescando la poesía que despuntaba por esos días.
Á pesar de su larga ausencia en las publicaciones, Víctor no abandonó a la poesía: se dejó abandonar para que la poesía se fuera de viaje, agarrara convicciones, que se definiera pues, y hoy, la ve regresar, la ve sentarse en la banquita sencilla de la tarde mientras Marvin Martínez la retrata.
No sé quién volvió realmente. No sé si es Víctor o es la poesía, lo que sí es evidente, es que ahi adentro-en su nuevo libro- sigue siendo aquella voz que, hecha humo, rodea el cuerpo de las amantes, casi en susurros unas veces, casi a dentelladas en otras.


Acto

Contra las manos,
pegada a la pared,
rodeándole los tobillos
con el filo del cuchillo,
contra la garganta,
pegándole los labios al cuello,
sudando el miedo
de tener un testigo,
una pierna golpeándola,
rompiendo con uñas
las noches de cama,
los recuerdos de las rosas,
los pétalos en la habana,
con los monjes cantando
arias al sexo,
contra su rostro,
suspendiéndola violentamente,
sacudiéndole
el cuerpo
con cada pétalo y espina
que sale del jardín
del deseo.


4

Capacidad de alejar
las manos más allá de mis ojos,
capacidad de tocar
los niños de tus dedos
sin tener que cortarme
las yemas de los míos,
sin tener que extender
mi lengua
pavorosamente
morada por esos minutos
bajo tu piel
congelada
y blanca,
como la niebla
que tu historia sin inicio
quiere tatuarme
en el conocimiento de los miles de nos
pronunciados lentamente,
como volviendo
eternamente en cada ocasión
en que tanta
lágrima abre un camino
en mi pupila,
sí,
yo lloro al revés,
cual imagen de Catleya
traída desde la humedad
del jardín más verde de estas montañas
altas y complejas,
yo me acerco
cada día a los huecos de los árboles
en los cuales como perro
que se cree gato
muero siete mil veces.


Un tren

Un tren se escondió en nuestra despedida,
en un segundo dejé de ver las cosas,
han pasado siglos desde que caminé
despacio la calle de la reina,
luego me escondí en la sombra del rey,
me conmueve recordarme caminando tan despacio,
como queriendo encontrar una máquina
con agujas que me hicieran un tatuaje
en el vacío que dejaste,
mi fantasma se quedó fumando
un cigarro eterno,
mirando los rastros de los amantes
he pasado por la soledad
de los fríos y calores
de las compañías más bellas,
se acerca la pregunta
lo correcto o lo imperfecto,
la belleza de las esperas
en las aceras me ha sorprendido
abrazando a la muerte.

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