jueves, 20 de julio de 2017

Camila Charry Noriega - Colombia

Foto: Fabricio Estrada


Hueso suelto

Es el hueso suelto
una palabra sin nombrar
y en su tuétano
habita Dios de ojos turbados.

Su voluntad  es equivalente a la de todo: el deseo.
Y aunque padece las ansias de la carne
más fiero que cualquier mortal,
se retuerce sobre los que aman.

Nada lo conmueve,
quizá la piel brillante
de las jóvenes que tiemblan bajo el temporal
o la incrédula mirada de los que mueren en la guerra,
no los niños, ni los perros
no las madres desgarradas de dolor,
no.

Por eso dicen los que saben:
mejor cantarle a la tiniebla en la montaña
al cardo en el camino
al sol que enciende el hocico de las hienas.

Nada lo complace más
que los hombres hincados
por desear la pulpa abierta,
la víscera rasgada de los otros.

Y cuando todos imploran se hincha;
es el hueso que se llama como él.

Nada hay que más le alegre
que en los templos los hombres
incapaces de humana soledad,

de dolor humano en lo humano.



Lo desaparecido

Ahora que ha bajado la marea
nombramos estos huesos
pulidos por la lengua de la sal.
Son vértebras que el oleaje no sorteó
y brillan sobre la arena calcinada.

Lejos, en el litoral,
la carne flota 
resplandece también,
pero su claridad 
es la de una flor crepuscular
que aprecia del fondo
la certeza de lo desaparecido.



La música esa otra luz

La casa caprichosa se mece,
equilibra su peso con el de la tarde,
ordena a sus muertos
duerme a sus niños
para que vuelva la fortuna.

En el pueblo   
la gente cree ver la imagen de un dios
en las paredes.
Al amanecer se afilan las manos
para desentrañar ese rostro en el abismo que la piedra guarda.

Cada tanto cruzan el umbral los visitantes;
la cabeza descubierta a pesar del polvo
y llegan con su canto
porque la música es otra luz jubilosa
después de tanta espera.

Cada tanto se desprende del cuerpo la palabra;
fractura apenas perceptible
entre lo humano y lo animal
que regresa el orden a las cosas.

Repite que todo pertenece al mismo barro,
que afuera
a la intemperie,
todo convulsiona con la misma intensidad
como la misma resistencia
al hambre, a la espera.



Apariciones
Qué mueran los dioses, pero no ese temblor de las hojas donde nacen.
 Nicolás Gómez Dávila
Como signos los dioses,
su voz sin polvo en las palabras
su voluntad que se vacía y  reverbera sobre la vegetación
después de la lluvia;
su ardor en el corazón de mi perro que palpita;
en el reverso de un derrumbe
que quiebra la razón de lo dispuesto a caer.

Están los dioses en las cosas más sencillas.

En la tenacidad del sol
que incendia la tarde y muere trágico
sobre la carne y en los ojos.

En el cuerpo que se hunde entre la hierba
agitada por el viento que ondula;
en esa limpia ceremonia
que es abrirse el pecho y pasar
lenta la lengua
hasta que ese tentáculo prodigioso
de las entrañas descosa la canción.



Revelación

Éramos tres y  la calle,
pronunciábamos entre el vino
aquello que nos hace humanos:
el amor, la muerte, el tiempo.

De esquina a esquina
como si ese breve espacio fuera el mundo
y la ebriedad un útero oscuro,
nos mirábamos incrédulos
advirtiendo en el otro
la revelación de esa voluntad voraz,
fortuita
que lo mueve todo.

Se intuye el mundo en lo hondo que se esfuma
desde lo que tiembla vertiginoso en la palabra
lenta e incapaz de acercarse a esa vorágine.

Las calles del ebrio
en perpetua fuga
se caminan hacia el fondo y calladas.

Cuando sobrevienen la vigilia
la resaca, el hartazgo,
probamos otra vez
encajar como una vértebra
en el esqueleto del mundo.



Fuego de los días

De espera en espera consumimos nuestra vida.
Epicuro

Por acá todo es casi fuego a diario,
el perro olfatea en la cocina
las cenizas de la luz;
eso es la desaparición
la ausencia de la lengua sobre el pan,
los ojos que desean lo que se hunde
en el misterio del mundo.

Yo no sé si es bueno nombrar,
yo no sé,
pero a veces
cuando amenaza el fuego lo más elemental,
uno se pregunta si de esa manera debe ser todo.

En la cocina
la tetera canta exasperada
y el olor a hierro quemado es el único vestigio
de un agua seca y reseca,
inexistente 
entre el fondo negro de la olla.

Otro día es un cigarro que encuentra entre silbidos
el blanco corazón de la colilla que se ahoga,
allí el fuego es pasado,
certeza limpia.

Así también pasa con el cuerpo
y uno sigue preguntándose
qué lo quemará:
una enfermedad en los pulmones,
un carcinoma,
un balazo, una traición.

Quién sabe qué extraño fuego
acabe esta espera.



Segovia

Los perros también se acercaron
pero el hedor los alejó,
a ellos, que han aprendido a destilar de lo amargo
el amable vapor de la belleza.
El cuerpo ladeado se entregaba  al abismo
suspendido de una rama, sus pies se sacudían bellamente,
la cabeza inclinada hacia los ojos de sus padres
parecía vieja, aguerrida
en ese cuerpo hinchado y extraordinariamente joven.

Abierto el vientre dejaba ver  la sangre seca que retenía
los órganos
como una mueca generosa de la muerte.

Los padres se balanceaban abrazados
tristísimos sobre sus propios pies
bailaban al ritmo del cuerpo que pendía de la rama.


Camila Charry Noriega. Bogotá, Colombia, 1979.  Es profesional en Estudios literarios y aspirante a maestra en Estética e Historia del arte. Ha publicado los libros Detrás de la bruma, El día de hoyOtros ojos, El sol y la carne  y Arde Babel. Premio de poesía Tomás Vargas Osorio 2016, Premio internacional de poesía Ciro Mendía 2012 y 2015, segundo puesto. Premio Nacional de poesía Casa Silva 2016. Premio Universidad Industrial de Santander, (UIS) segundo lugar, 2016.  Ha participado en diversos encuentros de poesía en Colombia, América y Europa.  Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, rumano, polaco, portugués e italiano.  Trabaja como profesora de Literatura española.

miércoles, 19 de julio de 2017

Nikolaos Vlahakis - Grecia



MENSAJES  DE VERANO

Las amarillas  hojas
Del  otoño
Mensajes  no leídos
De  verano.

Sábado, 8 de Setiembre 2006

Cuarto  y  final  águila
y la hora  novena

Y entonces el último  empezó  a  escuchar  atentamente
Y después  agarrando  una  palabra del Todo
Articuló  su  habla  y  se  le  oyó  decir:

Aquí
Donde   metálicas y transparentes
Llovizna
Ráfagas de viento
Sobre  desiertos  tejados
De viviendas  obreras

Aquí
Donde la luz, amarillenta
Muerde las palmas de las manos
De una  Luna  deste
ñida

Aquí
Donde  las   Simplégades  resuenan
Catapultas de la Historia
Bajo el sordo
Zumbido del Metro urbano

Aquí
Donde  gente
Con rostros de estatuas
Pasan  al  lado
De las sollozantes  trinidades
De aquellas  aves
Que  la plaza
Frecuentan.

Me  haré  prelado
De serenidad  solitaria
Con una  destemplada
Guitarra  eléctrica

Y una  vieja, podrida  carreta
de libros
y estampas  coleccionables.

En el  alarido de la calma
Como  escenario  que se derrumba
Después de la sacudida
De la última  cuerda
De la Nada.

Aquí
Esperaré
Aque las Águilas del puente
Se acurruquen de nuevo
Como  agujas del Tiempo
Vestidos de blanco.

Aquí
Estaré  parado
Hasta  que  me  reconozcan.


En mi  memoria  conservo
Todo,  lo  que  sucederá en el futuro.



CISNE MUERTO
(Fragmento de la prensa local)

Desde la tarde de ayer  llegaban a la capital las primeras  inquietantes  noticias   sobre el descubrimiento, en las oscuras  aguas del  Danubio, de un cisne  muerto, cerca de un suburbio industrial.

Paralelamente, hallazgos  pertenecientes a un antiguo carro de guerra  decorado con el emblema  del  Sol  y terrorífico que se encontraba en ambas  partes de la ribera de este río  barbudo, sombreaban  cada  vez  más la evidencia de este – de  todos  modos  curioso – asunto, reconfirmando mi  persistente   sospecha del trágico fin del inmaturo y superficial  Faetón, que  había  expirado  en  los  brazos de un veterinario  municipal,.entre  convulsiones, con el cuello  envuelto en una  bufanda  roja y  llevando  las huellas del virus de la tristeza H5.  

Lamentablemente…

En los  días  siguientes se confirmó  que  fue  decimado un batallón de ángeles  pasajeros, que  se morían de frío  soñando  despiertos en los  escaparates de una bóveda  celeste implacablemente  oscura e iracunda.

Cuantos  testigos  oculares  los  vieron
ya  casi sin vida
siguiendo  como  hipnotizados  la  línea de caída
del último  carro  con emblema del Sol
de la Época  Moderna
…tal   como  decían.



Antiguos jefes guerreros

con águilas rompehuesos
- especie en vías de extinción
como consciencias de Comnenos –
bronce  patinado que no alcanzó la gloria
pelerinas con diademas
y espadas que cuelgan de  las vigas
- especies para descubrir
por aprendices arqueólogos –
de  aspecto  salvaje y sueño  inquieto,
ánimas ya,  pero no de mármol
con centavos en el bolsillo y cigarillos
para  comitiva fúnebre.

Las barquillas  los  traen y  llevan a lagos
con ciudades  sumergidas
ranas encantadas
como  brigadas en espera
que  croan embarazadas
de Historia:
camuflados   alaridos de guerra
y  mensajes de cantares de gesta
- ¡Esperad la hora
que  desenvainemos
esperad, nada más!

Mujeres de entrañas  desgarradas
y  efusión de lamentos,
dientes  estropeados
y  mejillas abofeteadas,
humilladas  por la espera,
tejen  cuerdas
para  invisibles mandolinas.




II

Mercenarios extranjeros
consumiendo  champaña
e impartiendo  órdenes
por  motorolas sin hilos.

Desde  que  murió Ginsberg
pasaron tres meses
y  Hong Kong
ya  pertenece a Pekín
;
¡Hitler vive en California!
exclamará  Jim Morrison
y un rey  idiota
retorna a la África del Sur.

Sobre la  tumba de Apollinaire
crece   maleza  allá en París
y  los  huesos del Che
fueron  entregados  a  Aleida
- en Vigamarte
no  quedó  sino un molde de yeso;

Llamo  pues a mis amigos
los  surrealistas y sus  amadas
- yeguas  blancas en cuadros de la helenidad –
pequeños  dioses  enmohecidos
y siempre  vírgenes  señoras de las viñas.
¡Viva,  exclamo, nuestra  muerte  en  sueños!
y   vivan las chicas
que  nos  amaron
los  veranos  aprendiendo  francés
y   llenando  álbumes  rosados.

III

Desnudo   y   descalzo
pero  bien  reputado,
recibí  los   tropeles de refugiados,
como  si no hubiera
nadie  más  para  esperarlos,
fuera  de  mí.

Ululando  histéricamente
con gordianos  sollozos
inconsolables, decían,
de  la  Historia,
con  dolores  pintados
sobre  sus  entra
ñas  escabrosas
y  sobre los  senderos
que  escogieran  ese  Junio,
cuando  las  coronas  ardían
como  exorcismos,
y los  laureles
rompían en sollozos  de cobrizo  tintineo
¿o serían relámpagos?

Nunca  llegué a comprender
los  mensajes
de  aquel  verano.



MEMORIAS DE UN BIBLIOTECARIO

Imposible  ignorar
El  reciente  chubasco
Y sus  consecuencias
En el césped  que  asomaba  tímida
En el parque
Lo  mismo  que la aún
Débil  sensación
De cidra
Que  exhalaba la cerrada
Sala de recepción
De la antigua  biblioteca
Con su  pesada  puerta de madera
Que se abría y cerraba
Como  si  fuera por un soplo del viento
O la caricia de una  mano  infantil.

Tan de repente…fuiste
raptado por las memorias.



SUBIDA DEL NIVEL DE LAS AGUAS

Juguetes de  los  aires
Algunas distraídas  nubes
Escuchan  atentamente  los  ecos
De la lluvia
En superficies  metálicas
Y cúpulas  chapadas en oro.

Ignoran por completo la amenazadora
Subida del nivel de las aguas
En cercanos  cauces
de falóforos, dragoniformes  ríos.

Y  también  ignoran
Cómo  su  mecerse
Se  refleja en el semblante
De la luna, salpicándola
como la  rosácea.




REFRÁN  PARA  EPÍLOGO

En el medio el Sol
dos  lanzas  vagabundo
disco  rojo
rojo y volcánico.

Y en el medio el Sol
dos  lanzas  sin crepúsculo
muerte de rizado  pelo
rojo  y  volcánico.



Nikolaos Vlahakis - Breve nota biográfica

Nikolaos Vlahakis nació en el pueblo de Vrises Merambelu  departamento de San Nicolás,  Creta, Grecia en 1967. Estudio filosofía en la Universidad de Sofía – Bulgaria, ´´San Clemento de Ochrid´´  (SU Kliment Ohridski ). También administración publica en la escuela National de administración publica en Atenas y realizo estudios de posgrado en relaciones exteriores y estrategias en el ´´Centro Europeo de Investigaciones internacionales y estratégicas de Bruselas´´ (CERIS/2000 – 2003).  Se ha desempeñado como agregado de prensa de las embajadas griegas: en Tirana (Albania) Brusselas (Belgica) Sofia (Bulgaria) y Budabesta (Hungría) como también en las Representationes Permanentes de la Unión Europea y la OTAN.
Hoy en día cumple sus funciones ante la embajada griega en Berlín – Alemania.

Algunos extractos de su primera colección poética ´´Cita de la fuerza multinacional o Terra incógnita´´ ( Edic. Gabrilidis 2002) se han traducido al ingles y al búlgaro en la revista ´´literaturni Balkani´´. Se han publicado igualmente en periódicos y revistas griegas y de otros países artículos suyos de literatura, política internacional y teoría social.
En el año de 2011 salió publicada la segunda colección poética de la editorial Gabrilidis ´´El Puente de las Águilas´´ que ha sido traducida al alemán (inédita).
Hace poco fueron publicados algunos poemas en la revista franco-canadiense "Le Crachoir de Flaubert" y en la revista de la Universidad de Zurich  "Variations 24".
En el 2016 se publico la tercera colección de poemas  "De la turbulencia y la sombra -Idola tribus".







martes, 18 de julio de 2017

Los niños cardinales de Medellín - FIPM 2017



Los niños de la Escuela San Isidro de I.E. Gilberto Alzate Avendaño de Medellín son una rosa náutica. Abren y cierran portales en los cuatro puntos cardinales de Colombia. Pertenecen al Proyecto Gulliver sumado al esfuerzo del Festival Internacional de Medellín. Estoy junto a Hugo Rivella, poeta argentino, y Catalina Gutiérrez, artista del hip-hop de medallo. Hacen una declaración de paz como un ritual antes de que iniciemos las lecturas. Todos a la vez, giran y toman posición hacia el oriente.

Oriente: Saludamos el nacimiento del sol de nuestros derechos fundamentales, como:
Derecho a la vida digna y en paz
Derecho al buen trato
Derecho a la alimentación
Derecho a la educación digna
Derecho a ser respetado y reconocido
Derecho a la verdad de nuestra historia y a la libre expresión
Derecho a la dignidad de nuestros maestros”

Y yo, entonces, aparezco en el oriente llanero colombiano, en Arauquita. Voy con el poeta cubano Eduard Encina, sobrevolamos los llanos inundados por el Arauca vibrador, el mismo que le toma una hora en atravesar Colombia hasta llegar a Venezuela y luego retorna en el tiempo como un reto a Cronos -como así me lo dice Pavel Rodríguez entre guitarra y arpa- los inmensos territorios, los infinitos territorios que cruzaron los gitanos de Cien Años de Soledad luego de arrebatarle los misterios a los magos de Babilonia. Serpentea el río y, desbordado, se mete a nuestros ojos, a una velocidad asombrosa vamos y nos preguntamos qué tan lejos estamos de Medellín. No sé -me dice Eduard-, yo solo salí del hotel y ya estábamos aquí. Decido no decirle que todo es causa y efecto de los niños cardinales, no quiero decirle tampoco que vamos ya a pasos gigantescos, como Gulliver mismo, entrando a una de las zonas más dolorosas de la guerra colombiana. En nuestros ojos entran los 250 mil km cuadrados de la región. Esa guerra que ya tiene horizonte. Esa guerra que ya se acaba. Una hembra chigüiro -capibara- se asoma con sus crías al lado de la carretera que bordea la inundación del día, nos husmea desde el cuaternario; una boa se desenrosca como lo hacen los pozos petroleros que van anunciando que lo que se gana con la paz se oscurece con el petróleo. Avisan las torres petroleras, como faros siniestros que succionan luz negra para esparcirla al aire de la nueva historia que comienza. Es la frontera con Venezuela y somos recibidos por el Colectivo Medio Pan y Un Libro, los esforzadísimos gestores culturales que, en medio de la nueva realidad que traen los acuerdos de paz entre las FARC-EP y el Estado, se han propuesto darle a Arauquita no migajas, sino pan recién horneado y el saber de la poesía. Hay arpa llanera, concierto de bandolones, danza colorida y relato cantado a la antigua forma. Al finalizar la lectura hablamos con el colectivo completo. Intercambiamos experiencias y yo pregunto por el danto, me pregunto -es mejor decirlo-, si los dantos no se comieron los sueños completos con su hambre onírica insaciable.

Nos piden que los acompañemos a un recorrido por los murales que nos han dedicado y es así que, Eduard y yo, nos vemos pintados en cuatro paredes de Arauquita, junto a palabras bellas escritas por el joven poeta Diego Aldana Perez, nuestros rostros en el extremo oriente del llano. Estamos mudos. No sabemos qué decir. Los almendros cubren la noche y solo alcanzo a ver, desde la ventanilla del carro, la silueta de cuatro indígenas tinigua, quizá fantasmas del viejo genocidio. Apenas logro distinguir sus colores. Se quedan. Se quedan en Arauquita.
De pronto, los niños de la San Isidro han girado hacia el occidente.

“Occidente: Es donde nos preparamos para un nuevo amanecer. Occidente será el símbolo del reposo de las tareas del día, para renovarse y continuar en la construcción de memoria, vida y comunidad”

 Aparezco sentado al lado de Gary Geddes, poeta canadiense y junto a María Tabares y Martín Cruz, poetas colombianos. Catalina Gutiérrez y sus compañeros del hip-hop cantan la dureza y las tornamesas giran en el lenguaje más cercano a la pulsación de una generación que se vio envuelta en la locura. Estamos en el Asentamiento de desplazados la Cruz y La Honda. Abajo está Medellín con toda su pujanza y sus innumerables edificios de ladrillo. Aquí, en la Comuna 3, casi a 2400 metros sobre el nivel del mar, el aire escasea para mis pulmones. Compartimos el sancocho más alegre, los grandes calderos hierven y nos vamos pasando los platos entre bromas y la mirada que más va sintiendo el paisaje: es la mirada del poeta fariano Martín Cruz. Él es uno de los más de 6 mil combatientes de las FARC-EP que firmaron la paz y que entregaron sus armas. Pertenece al Mecanismo de Monitoreo y Verificación de los acuerdos alcanzados hasta el momento. Su mirada recorre la precariedad y la abigarrada acumulación de marginamiento en las laderas, ese laberinto hirviente que sube y sube hasta donde estamos. “Qué pena iniciar con estas palabras -dice cuando le toca su turno de leer- pero, nací en el monte y he luchado por una Colombia justa toda mi vida, y aquí, al mirar la situación de estas comunas, me doy cuenta de que volvimos al mismo punto de partida, y ahora, desde la paz y las ideas, debemos cambiar esto”. Ya en la conferencia de prensa que inauguró el 27 FIPM había sido enfático: “Hemos hecho nuestra parte y el Estado de Colombia está haciendo la suya. Ahora que entregamos las armas solo nos quedamos con el arma de la palabra, con el diálogo”. Nos acompañan dos miembros de la seguridad proveída por el estado colombiano. Dos jóvenes silenciosos como las márgenes de un río contenido que sabe bien lo que pasa cuando se desborda. Están ahí, al lado de sus recientes enemigos a muerte y ahora los conducen hacia este acto de poesía. Inescrutables, asisten y les comparto la sal para la sopa, una sal con la que podríamos hacer una estatua para la Sodoma y Gomorra del pasado.

Baja a toda velocidad la buseta y deja atrás la madeja del Proyecto Tejiendo los hilos de la memoria, quienes han organizado la lectura y actividades. Caemos, no bajamos, caemos como un bólido María Tabares, Juan -el amigo coordinador- y yo. Los grupos de muchachos que bailan reagguetton no se apartan, la gente que come en las aceras tampoco. Todo es tan estrecho como un tobogán de arcilla y cables. Aparezco en las afueras del Teatro Pablo Tobón Uribe. Es de noche ya y el conversatorio Construyendo el país soñado inicia. A mi lado está la asombrosa Gunnara Jamioy de la nación Iku-Kamentsa-Colombia y el tremendo cantautor de rock alternativo chileno, Chinoy. Otra mano teje, y este hilo ahora es de algodón, nieve, Andes-Pensamiento y del río Gualcarque. Hablo sobre Berta Cáceres. ¿Qué otro país desearía soñar y construir sino el soñado por Bertita? ¿Si he sentido como míos los ritmos musicales de Colombia por qué no me ha de pertenecer el Río Magdalena? ¿Por qué no debería pertenecerles a los colombianos el Río Gualcarque y los ritmos lencas y garífunas de Honduras? ¡Alerta, alerta! ¡Ya no hay tiempo! Repito la advertencia que sembró con su asesinato Berta Cáceres en la hondureñidad y el mundo, la misma advertencia que puede resonar al fondo de toda firma bien intencionada.
Los niños han girado su rostro hacia el norte.

“El Norte: es nuestra misión que consiste en lograr un país más justo para todos. Que construyamos el país soñado. Mirando hacia nuestro norte, hacemos homenaje a los niños del presente, porque construirán un futuro en paz, perdón y justicia. Hacia ese norte avanzamos con el amor, para la reconciliación.”

La Universidad de Medellín nos espera a Tom Schulz (Alemania), Abhay K. (India), Lucía Parias (Colombia)y a mí. La serena distribución de los espacios universitarios, su verdor, le abren paso a una gran escultura de una pareja prometeica. Llevo mi bandera azul turquesa, la misma que junto a un grupo de compañeros en Honduras hemos decido impulsar para desnudar la apropiación de colores que el partido de la actual dictadura cívico-militar hondureña ha impuesto sobre la bandera nacional. El azul turquesa original en lugar de la azul profundo de la dictadura de décadas y de la bandera del partido de gobierno. Colores libertarios aplastando símbolos de enajenación, la misma que dirige el militarista juan orlando Hernández, causante de tanto dolor y latrocinio. Dedico mi lectura, por igual, al Puerto Rico Libre y pienso en Iris Alejandra -quien me hizo la bandera con sus propias manos- como por igual en las tantas hermanas y tantos hermanos boricuas que deberían estar en el festival representando a Borinquen, la misma Borinquen que siempre le ha pertenecido a Latinoamérica.

Para finalizar, los niños han girado hacia el sur.

“El sur: Es el símbolo de la esperanza de América Latina. El Sur de América floreciendo para una nueva vida.”

Hugo está conmovido por semejante ritual. Me cuenta, con ojos a punto de las lágrimas, que fue maestro durante años y que todo aquello le recuerda la esperanza que siempre guardó a la hora de enseñar en su natal Salta, Argentina. Una vez que finalizan sus palabras, a los niños se les entrega una banderita blanca y una semilla de maíz que deben ir a sembrar al huerto escolar y, al sembrarla, abren el último portal. Aparezco en un bus que se dirige a la cordillera, bordeando abismos y gargantas alucinantes. Llegamos a Santa Bárbara, balcón de los bellos paisajes, Camila Charry (Colombia), Marcia Mogro (Bolivia), Peter Laugesen (Dinamarca) y yo. La panorámica es sobrecogedora desde el agreste y primoroso pueblo, una altura que en los días claros ofrece la vista diáfana del Nevado del Ruiz -el ancestral Cumanday- y muchas de las ciudades del valle. Luego, todo se fragmenta: voy en avión y casi toco la cordillera nevada, voy hacia el dolor más profundo en el Museo de la Memoria, voy en la madrugada y atravieso Bogotá, voy a 120 km por hora y atravesando ciénagas fronterizas de nuevo, voy hacia la Plaza El Periodista y giro en el salón de salsa como si estuviera en Puerto Rico… Y sí, aquí estoy de nuevo, y también en Honduras, y también en Colombia. La rosa náutica da vueltas y no hay polo ni polarización humana que la dañe, porque desde la poesía que todos los invitados hicimos en el 27 Festival Internacional de Poesía de Medellín aprendimos a saber que la única dirección posible es aquella que se escribe y orienta con la brújula del corazón.


Y sí, Fernando, Luis, Gabriel, Gloria: La muerte -orientándonos así- no tendrá dominio… y tampoco los dantos vendrán a comernos el sueño.

miércoles, 5 de julio de 2017

Sabino Esteban, Guatemala



Silencio. Y toda la arboleda hablando. Silencio. Y la serenidad que solo una fuerza contenida puede transmitir. Silencio, las bombas ya no suenan, habla la tierra maya desde el alfabeto de la memoria, teje con su textil ancestral, la memoria, teje Sabino Esteban su texto y hasta las sombras.
Así lo conocí en Xela y ahora nos veremos de nuevo, en el otro hilo que zurcirá Medellín.


AB’



Escarbando la noche
es como encontramos la claridad

escarbando el silencio
es como fue hallada la palabra ab’.

No es por simple gusto
que apalabramos la hamaca
que cuelga como arcoíris

lo hacemos porque es ab’
verso colgante 
bajo la luna llena
bajo la luna tierna

Ab’ significa hamaca
vaivén del tiempo
movimiento de la vida

columpio de corazones que no son puños
sino pétalos abiertos
Corazones que en vez de latir
tocan la puerta de otros pechos.

Ellos
también están a bordo del ab’,
van por una sonrisa hacia el pasado,
vuelven,
y entran en un tiempo que no es pasado
ni presente
ni futuro.

Ellos:
llanto que rueda
voz que se quiebra en algún rincón del silencio
alma que vierte pom entre los árboles
y convoca a sus difuntos,
ellos, también son dignos de una sonrisa
que cuelgue como hamaca sobre la tierra.

Un trecho de follaje
es lo que buscan
para mecerse en el arco de luz que se filtra
dos árboles
es lo que buscan
para sostener la sonrisa:
hamaca colgante para todos.

En la hamaca que cuelga sobre la tierra
ellos también son hijos del tiempo
y en cada pupila
cargan una estrella.




COMO EL AGUA

Lo reconozco, soy como el agua,
a veces limpio
a veces turbio
a veces remolino
a veces correntada.

Me amargan a veces
me endulzan a veces.

Y para brotar y ser libre
rompí el pecho del peñasco.

Algo de lo que persigo tiene fuente en otro mundo
una gota de son se hace caudal en mi ruta.

Las sombras de ciertos días
dejan un cansancio en mi lomo. 

Siento el mismo nawal del agua
veo encantos que entrañan los collados
sé del awas que las abuelas vigilan.

Tengo brazos de río

en mis manos veo surgir
el retoño de los niños.

Hay días que me dan el perfil
de vapor prófugo de lo triste
con cauce hacia los cielos
para armar la sonrisa del arco iris.

¿En qué delta?
¡Ni lo sé!
¿En qué hondura?
¡Ni lo sé!

No sé en qué vado
ni en qué remanso
me sorprenderá mi reposo
sólo presiento que será
en la tinaja de barro
de la Madre Tierra.



AUNQUE SEA

Aunque sea
pero es aquí
donde consigo
lo que se escasea allá
Aunque sea
de todas formas
sigo deseoso
de ser de aquí
porque es aquí
donde me sobran risas
para desenojar a cualquiera
porque aquí se lavan
miradas enojadas
con chorritos de agua
que caen de la montaña
Aunque sea
pero es aquí
-entre el color rojizo
de la salida del sol-
donde pongo en remojo
mis ganas de vivir
Porque también hablo bajo susurro
por no perder mis palabras
entre los soplos del viento
Y es aquí donde
-respetuoso del murmullo del aire-
con palabras agregadas
cierro alguna grieta
que dejó el silencio.




PLATICADOR

He usado el silencio de la noche
para entenderme como nieto
más de la luna
criado a la luz de su cabellera.

Un mimbre en la urdimbre.
A penas el tibio pestañeo de sus ojos.

En ocasiones
aliento
de aspiración prolongada de un tata
que en vez de familia tuvo pueblo
y seudónimo en vez de nombre.

Retoño asomado en la cicatriz del tallo
ante los gestos que el filo exhibe.

A veces
siento el mismísimo sitio que dejaste, Rogelio, hermano,
el dolor mismo de haberte abandonado bajo tierra,
clandestinamente,
sobre el sueño de las raíces.

De pronto, el silencio de la noche apaga ruidos
que enrarecen mi ser
vierte claridad lunar en mi mente
me suaviza el corazón.

Una sombra me abandona
huye embarrándose en la oscuridad.

Junto al silencio nocturno
oigo la voz de la Luna
-abuela Ixmukané descalza-
de siglo en siglo,
de pueblo en pueblo.

Con ella recorro cárcavas
con el hálito de la germinación.

Si me ven sentado,
solito,
más el silencio nocturno a mi diestra,
es que hablo conmigo mismo
mientras desenredo
sombras de sendas erróneas entre mis pies.



REMIENDO 

En la sombra rural
de estos cerros,
la miseria
no sólo rompe las ropas:
los campesinos
remiendan hasta el corazón. 

Si rompiera también
la sombra
ellos pondrían
un remiendo de luz. 




SOÑAR

Es salir a pasear despierto
al otro lado del cuerpo dormido.



OTRA VIDA

Después del bombardeo
resurgía la voz de las aves.

Como fuente dulce,
alegre, hecho canto de vida.

Desde la trinchera
germinaban nuestras risas.

Y salíamos
con retazos de carbón
y pedazos de tabla
a pintar otra vida
en el dorso de esa vida.




PALABRAS

Hay que hablar:
soltar palabras
amanecidas
como gotas de rocío
al fondo
de un silencio en la tierra
abierto por una bomba.



COMPLEMENTO

Mi corazón
nació sin orilla,
creció sin mojones:

me lo complementa
el corazón del cielo
el corazón de la tierra
el corazón del agua
el corazón del viento.

Mi corazón seguirá latiendo
después de mi cuerpo:

lo sentirás en el cielo
lo sentirás en la tierra
en el viento
en el agua.



Sabino Esteban Francisco (1981). Poeta guatemalteco de ascendencia maya q’anjob’al. Durante el conflicto armado interno, su familia se refugió en Chiapas, México, durante dos años. En 1984 regresó a Guatemala para incorporarse al campamento “Los Limones” de las Comunidades de Población en Resistencia –CPR- de Ixcán. Su niñez y parte de su adolescencia tuvo lugar en las CPR, donde cursó el nivel de educación primaria.
Ha publicado los libros de poesía Sq’aqaw yechel aqanej / Gemido de huellas (Editorial Cultura, 2007), Yetoq’ junjun b’ijan aq’al / Con pedazo de carbón (Editorial Cultura, 2011) Xik’ej K’al Xe’ej / Alas y raíces (Catafixia Editorial, 2013) y Sq’och Xajaw/La Escalera de la luna (Editorial Cultura, 2017). Ha sido invitado a festivales de poesía y eventos culturales en Guatemala, España, México y Estados Unidos. Su poesía aparece en antologías nacionales y extranjeras.