domingo, 29 de marzo de 2026
Episodio 124: Cartas de guerra
domingo, 15 de marzo de 2026
Episodio 123: 1998, Un primer poemario entre las mismas guerras
En 1998 publiqué mi primer poemario, Sextos de lluvia, y de entre todas las premoniciones terribles nunca advertí que la más concreta sería la del ángel de Rilke (todo ángel es terrible), lo inevitable que sería la poesía durante toda mi vida hasta ahora. Aquí les comparto un poco de esas memorias y por igual, las guerras horribles que siguen siendo calca este 2026.
https://drive.google.com/file/d/1q2mSft7tGcgANL_qe1Nvf-m9KGi6LAhD/view?usp=sharing
lunes, 17 de junio de 2024
Episodio 116, Entrevista a Enrique Medrano por su poemario Los zapatos ahogados
https://drive.google.com/file/d/1nHENzyIrLq3lcAVO189zrLOQhylq50Jd/view?pli=1
miércoles, 27 de diciembre de 2023
Sur del mediodía: una reseña de Guillermo Acuña, Costa Rica
El sur es un lugar que reconozco
Una cálida tarde de diciembre pasado en Tegucigalpa
(2014), conocí a Fabricio. Tenía referencias de su trabajo, de su animosidad y
de su compromiso por amigos comunes que me fueron relatando sus historias,
primero en la resistencia, luego en su convencida propuesta política. Nos saludamos.
Nos dimos la mano. Creo que ese será el único momento en que Fabricio y yo nos
daremos la mano en la vida, pues a partir de allí es obligado el abrazo y el
acompañamiento. Así, como hermanos.
Ese mismo diciembre me acompañó solidario a la presentación
de Amares, publicado por las amigas de Editorial Ixchel, de Honduras,
Venus y Karen. Conocí el mítico Café Paradiso, abracé al icónico poeta Paredes,
nos bebimos una cerveza en honor a esto que somos.
Meses después, volvíamos de un hermoso encuentro poético
en Xela, llenos de luz, historias y sueños. Fabricio nos deleitó con su
conversación y su verbo, sus trabajos con los grupos urbanos en Tegucigalpa, o
la vez que estuvieron en la cárcel él y sus amigos, solo por el sospechoso
rasgo particular de ser poetas.
La noche anterior, en un cierre extraordinario e
inesperado del festival, me había hecho conocer Los compas, los mismos
que cierran este hermoso libro que hoy presento con mucha emoción.
Es este un trabajo en ruta con tres direcciones. “Sur
del mediodía” es una entrega de un ejercicio ya realizado en el 2013, que vuelve
a ver la luz en este San José indefinido, metafórico, i-rreal.
Este es un libro-viaje a un país que puede ser uno
mismo, lleno de paisajes, bordes, gentes, homenajes. Lugares como islas, andenes
y parques, muy cercanos o bastante lejanos, repletos de defensores de la luz,
que una vez quisieron amar a la patria y sucumbieron, lleno de espantapájaros
de hojalata que esperan ser salvados, cargado de poemas como niños que conocen el
infinito sin mediar la palabra, aunque la ausencia quisiera ser nombrada.
El sur existe. Lo que es nombrado por primera vez
(como la lluvia, por ejemplo) y la historia oficial no señala, por encontrarse
en el pasado y detrás de la línea que define lo que vale en la memoria. Existe
y tiene gente. Gente del sur.
El sur es todo lo que hay en eso que Fabricio llama geografía
de lo extraño: a la izquierda el corazón y la vida, la práctica, la
resistencia, el afecto, el frío canalla que deja en pie a los congelados. Para llegar
a él no es útil la cartografía oficial, lo que los libros nombran, los mapas
cuentan, pues los planos se despliegan en un papel imaginario.
Podríamos encontrar un correlato de esa geografía en
dos textos hermosos y contundentes:
“Esta es la geografía de lo extraño, de lo que pocos
cuentan en sus cartas de viaje y a lo que yo doy mucho crédito ante los mapas
vacíos”.
“A la derecha
los límites de velocidad
las señales de no girar.
A la izquierda va el paisaje,
el sol cayendo rojo
como rojo mango
en la lenta luna.”
En este libro nos mueven viajes que nos ocurren como
región. El Ticabús de la nostalgia. El niño que va de espaldas en un
tobogán. Cuerpos de agua que van y vienen, como ese viento sin amarras. Viajes de
los que no se regresa, pues se permanece solo para ser convencido.
Pienso entonces en esos migrantes de lo cotidiano, los
sin papeles, los que llenan de historias las fronteras de esto que somos, los
que se trazan rutas para llegar, si es que llegan, a sus verdades, sólo para
convencerse, como ha dicho ya Sayad, que la nostalgia puede ser el motor de sus
viajes incesantes. Somos piel de caminantes.
Fabricio y yo, todos nosotros, vivimos en una región
llena de esos tiempos, de esos héroes anónimos y vigorosos que tejen como topos
las historias de nuestros países que un buen día llamaron Centroamérica. Vivimos
en lugares donde es necesario imaginarse órdenes, como el niño que se cubre los
ojos para hacerse invisible, como esos países de nunca jamás en sus himnos.
“Yo siempre elijo las ventanillas que dan al sur.
Por la derecha suben siempre los policías,
por la izquierda
emigran los pájaros”.
Este libro nos entrega cientos de imágenes desde el
lápiz de un fotógrafo de corazón de hierro y lata, que va captando lo que ve,
en su vieja cámara de tonos sepia, pulmón de cuarzo: la mortalidad inmediata
del mar y su primera vez primera, la ballena recurrente, la ciudad y sus
árboles como recuerdo, la ciudad vieja y su silencio, las plazas con regazo que
alivian el dolor de la gente, las fotos de familiares presos que podrían estar
en estos momentos en el más absoluto de los olvidos, el polvo de un país que se
derrumba (acá nos recuerda el poeta la insoportable realidad de las cosas, el
trajinar de una región llena de golpes de estado, exclusiones, expulsiones,
marginalidades, realidades fácticas).
La cámara como constelación de cuerpo que se une con
el poeta para mirar más allá de lo que el ojo percibe. Este es un libro con una
voz tiernamente desgarrada, llena de tonalidades donde la id y el regreso
pululan y se resguardan, acometen y se contraen.
“Respiro y hablo,
advierto y predigo,
y aún así nada es suficiente”.
Es un pasaporte donde el poeta espera por el amor raro
de las irlandesas, se declara duro, pero se derrumba con la sal y sus aguijones
(“Llevo también la estampa de una familiar preso y golpeado”), se
apertrecha en una identidad marcada por la angustia de la pregunta sobre quién
es:
“¿De dónde es usted?
¿para quién escribe?
¿Cuánta tierra le tomará para volver a su tierra?”
En este viaje del poeta hacia el centro y el sur,
reconoce que se puede mentir a la ley del movimiento, pues hay instancias y
parajes que no necesitan ser conocidas de cuerpo presente, aunque creamos estar
allí, apreciar sus olores y sus ritos. Conoceremos el hielo, amaremos en
Escandinavia, traficaremos con dulces de Esquipulas. Seremos entonces empleados
por las horas. Hablaremos en conversaciones donde lo central no sea la poesía,
sino el silencio.
De todas esas cosas, estoy seguro, nunca seremos
salvados.
Guillermo Acuña
Heredia, Costa Rica
13 de octubre de 2015.
jueves, 12 de octubre de 2023
Taller de interpretación poética desde la fotografía
lunes, 11 de septiembre de 2023
Pedro Salinas, poema
10
Amor, amor, catástrofe.
!Qué hundimiento del mundo!
Un gran horror a techos
quiebra columnas, tiempos;
los reemplaza por cielos
intemporales. Andas, ando
por entre escombros
de estíos y de inviernos
derrumbados. Se extinguen
las normas y los pesos.
Toda hacia atrás va la vida
se va quitando siglos,
frenética, de encima;
desteje, galopando,
su curso, lento antes;
se desvive de ansia
de borrarse la historia,
de no ser más que el puro
anhelo de empezarse
otra vez. El futuro
se llama ayer. Ayer
oculto, secretísimo,
que se nos olvidó
y hay que reconquistar
con la sangre y el alma,
detrás de aquellos otros
ayeres conocidos.
!Atrás y siempre atrás!
!Retrocesos, en vértigo,
por dentro, hacia el mañana!
!Que caiga todo! Ya
lo siento apenas. Vamos,
a fuerza de besar,
inventando las ruinas
del mundo, de la mano
tu y yo
por entre el gran fracaso
de la flor y el orden.
Y ya siento entre tactos,
entre abrazos, tu piel
que me entrega el retorno
al palpitar primero,
sin luz, antes del mundo,
total, sin forma. caos.
P.S.
De "Aventura poética", CATEDRA Letras Hispánicas, Edición de David L. Stixrude, 1986.
viernes, 23 de junio de 2023
Episodio 114: Fadir Delgado-Colombia, entrevista
domingo, 18 de junio de 2023
Episodio 113: Juan Boria, el gran declamador de la poesía afroantillana en Puerto Rico
Aquí está la voz, el cuerpo que la palabra del tambor, de la bomba, de los siglos de cimarronaje y libertad decidida. Juan Boria, memoria de la negritud puertorriqueña, nos enseña aquí (así como nos enseñaron Luz Ondina y Juana Pavón en Honduras), desde un registro de cassette que logré transferir y editar en MP3, lo que de fondo y forma sigue vibrando en la expresión poética de la isla y de las Antillas todas.
https://drive.google.com/file/d/1TsigGEePLbqz9b1wzx4SWCWH5RneUAF0/view?usp=sharing
lunes, 29 de mayo de 2023
Episodio 110: Mónica Zepeda, Entrevista FIPPR 2023
https://drive.google.com/file/d/12os-1TAb9va-FjbS3CbdJhNphb2kQ-2s/view?usp=share_link
domingo, 28 de mayo de 2023
Episodio 109: Mario Zúñiga, entrevista FIPPR 2023
domingo, 21 de mayo de 2023
Episodio 108: Un homenaje a Etnairis Ribera - FIPPR 2023
https://drive.google.com/file/d/1aDkZNGo5fdk5Q3zzZRK9to7Ct2eyOuBc/view?usp=share_link
sábado, 15 de abril de 2023
jueves, 23 de febrero de 2023
Paul Celán en mi mesita de noche
¿Qué me llevo al sueño con obstinada decisión? Versos. Un verso debe ser mi lámpara a medida que me adentro en la defragmentación. El reino holístico perfecto: el sueño... pero el verso, el logro más ultraísta del poema (organización de las sensaciones), debe ser diapasón que me ayude a no perderme y darme una imagen que, de revelación en revelación, se sostenga en el cruce de la noche al día.
Tengo mucho meses ya leyendo a Paul Celán. Redescubriéndolo al filo de la mesita de noche. Entiendo su compromiso con exprimir los signos de la palabra
Reviste las cavidades de la palabra
con pieles de pantera,
amplíalas, piel para allá, piel para acá,
sentido para allá, sentido para acá,
dale aurículas, ventrículos, válvulas
y soledumbres, parietales,
y escucha atento su segundo
y cada vez segundo y segundo
tono.
de esta manera avanzo en su obras completas, la de Editorial Trotta, y aguanto como puedo el peso de los párpados (la rosa... oh pura contradicción rilkeniana) y de pronto lo entiendo. Lo que necesitaba ha llegado justo cuando Celán ejercitaba la dispersión y su antítesis lingüística. El verso llegó y yo puedo dormir tranquilo: hay poetas -pacientes cazadores- que van enhebrando el silencio para prepararnos su revelación, ¿Dónde? En las masas movedizas de la noche:
Dame derecho de paso
por la escalera de grano hacia tu sueño,
el derecho de paso
por el sendero del sueño,
el derecho que yo pueda tajar turba
en la vertiente del corazón,
mañana.
Fadensonnen (1968)
"Soles filamentos"
domingo, 19 de febrero de 2023
Juan Antonio Corretjer, en la memoria de Edgardo Nieves Mieles
Un día como hoy
en la historia, 19 de enero (de 1985), culmina su faena terrenal el líder
revolucionario y poeta Juan Antonio Corretjer, quien se
destacó por su amor entrañable a lo puertorriqueño a la par de su lucha por la
independencia y el socialismo. El hecho de que varios cantores musicalizaran su
poesía, sobre todo el gran Roy Brown, afianzó el conocimiento y gusto popular
por ésta. De modo tal, que no resulta extraño escucharla con frecuencia en
labios del pueblo.
En el país existe un debate acerca de quien merece ser
nombrado Poeta Nacional. A mí el asunto me parece un resabio más de nuestra
condición colonial. Me explico. Mi mayor reparo al pretendido galardón en el
Puerto Rico de hoy día es la burda y libertina democratización del concepto y
su consiguiente devaluación. En 1ra instancia, mis amigos los diccionarios
aseguran que el adjetivo “nacional” aplica a todos y cada uno de aquellos que
son naturales de una nación. Es decir, nacional es perteneciente o relativo a
la propia nación. Entonces, en virtud del buen uso de los sabios diccionarios,
resulta que son nacionales los bardos de mayor excelsitud en sus ejecutorias
tanto como los aedas pródigos en carestías. De otra parte, el abuso de
adjudicación, el dislate de la calentura y la hojarasca que suele hacerle el
ruedo y la corte al nuncio y sus esfinges, el penoso apéndice (la jauría con su
oxígeno triunfal y sus destemplados trinos apartados del más decoroso
proceder), han terminado trastocando el significado emblemático de la antes
rutilante (y ahora desteñida) etiqueta. A menudo nos quejamos del colonialismo,
pero actuamos como colonizados. Me parece que detrás de la grandilocuente pero
truculenta retórica de llamar a título de nacional a un poeta, el que fuese, se
esconde un retorcido tic de nuestro tercermundismo colonial.
¿Acaso es Corretjer (“jamás humillado, jamás herido ni
aplazado”) más poeta, más nacional o más “Poeta Nacional” que Palés Matos
(“¡Déjeme tu implacable poderío / una hora, un minuto más con ella!”), que
Julia de Burgos (“Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no; / a mí me riza el
viento, a mí me pinta el sol.”), que “Paco” Matos Paoli (enorme quetzal de la
nada alumbrando el camino de los elegidos), que Klemente Soto Beles (sic)
(salpicando de risa e inocencia la aventura de alguna jalda montaraz con su
invicto tirigüibe), que Chevremont (“y su espíritu puro se hizo ave / y su
cuerpo llagado se hizo rosas”), que De Diego (el de las cantarinas piedras,
embistiendo como el toro que no muge) o Edwin Reyes (con su violenta mano de
amigo y los ojos abrasados por el resplandor del cielo)?
Confieso
que si hubiera de sucumbir al enredo espiritual (que ni me sube la marea ni me
revuelca el flato), le entregaría el máximo guanín de 24 quilates a Lloréns
Torres (volviendo a Collores en la jaquita baya por el sendero entre mayas
arropás de cundiamores), pues entiendo que su obra capta ejemplarmente (y mejor
que la de ninguna otra egregia voz poética de nuestras campiña y ciudad
letrada) los elementos que configuran la esencia viva del alma puertorriqueña.
En 1981,
Joserramón Melendes (sic) recopila en su editorial QeAse una serie de ensayos
de Corretjer, POESÍA Y REVOLUCIÓN.
Allí el egregio cialeño consigna que “(…) Lloréns ha sido el más universal de
los puertorriqueños por ser el poeta más auténticamente representativo de la
puertorriqueñidad" (164-165). Y unas páginas más adelante concluye:
"Luis Lloréns Torres es el poeta más importante de nuestra historia. Al
día de hoy, nuestro poeta imprescindible" (183). Me parece que el
enunciamiento del propio Corretjer debería culminar tan estéril polémica.
Que sepa
mi persona, al sol de hoy, jamás he leído acerca de que ni franceses ni rusos
ni gringos (gentes muy pragmáticas) se hayan visto precisados a escoger entre
sus excelsos artesanos de la palabra a uno que merezca el mencionado galardón.
Imagino la caldeada reyerta de no acabar que enfrentarían los hermanos chilenos
si, de repente, tuvieran que elegir el nombre de un Poeta dizque Nacional en
representación de su terruño y compatriotas pues, amén de contar entre sus
filas con 2 ilustrísimos Nobel, una arisca y áspera, pero, ante todo, piadosa
Gabriela Mistral (“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala
de clase. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra.”) y, ebrio de
trementina y absoluto, el torrencial y caudaloso Neruda (“alguien, en fin, que
no tenía nombre, / que se llamaba metal o madera, / y a quien miraron otros
desde arriba / sin ver la hormiga / sino el hormiguero”), destacan con
semejante brillo estelar su tocayo enquistado con él hasta más allá de la
muerte, Pablo de Rokha (la inmensa ventolera de lo infinito deshoja
horrorosamente los pájaros muertos de su voz agraria y formidable), el
polemista incansable y caprichoso pequeño dios Huidobro, quien nos asignaba la
tarea de crear poemas del mismo modo que la naturaleza crea árboles (“De pie en
la popa siempre me veréis cantando. / Una rosa secreta se hincha en mi pecho /
y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.”), su pupilo Braulio Arenas (“El espejo
es espejo en cuanto mundo, así como el mundo es mundo en cuanto espejo”), el
centenario y rebelde ludópata Parra (“A mi modo de ver, el cielo se está
cayendo a pedazos; ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia.”), Gonzalo
Rojas (“un aire nuevo: / no para respirarlo, / sino para vivirlo.”), Enrique
Lihn (“Porque escribí no estuve en casa del verdugo, / ni me lavé ni me ensucié
las manos. / Pero escribí y me muero por mi cuenta, / porque escribí, porque
escribí estoy vivo.”), Jorge Teillier (“Todos nos reuniremos / bajo la solemne
y aburrida mirada / de personas que nunca han existido, / y nos saludaremos
sonriendo apenas / pues todavía creeremos estar vivos.”) y el no menos
estupendo lírico Óscar Hahn (a quien le parece ver que un fantasma en forma de
reluciente blusa con una mancha de sangre justo en el lado izquierdo del pecho
cruza la calle y va dejando tras sí un arroyo de indecible blancura). Difícil
sortear semejante embrollo de optar por uno de estos 10 encumbrados picos, no
sólo de Chile, sino de la poesía de Nuestra América. En fin, hace rato que
peino canas y este asuntito de nombrar Nacional a un Poeta tiene visos de ser
otra verruga más del estrabismo ideológico nuestro de cada día.
Entonces, cortémosle aquí vuelo a la chiringa de mi
imaginación y retomemos el más sensato asunto de celebrar la persona y gesta de
nuestro gran poeta Juan Antonio Corretjer, radical defensor del derecho del
pueblo a usar los métodos de lucha por alcanzar la libertad. Llegó a esta
tierra, en Ciales, el 3 de marzo de 1908. Alabanza.
Un botón
como muestra de lo arriba aseverado: Roy Brown, Aires Bucaneros y Zoraida
Santiago.
izquierdos.reservados@edgardo.nieves-mieles
·
lunes, 21 de noviembre de 2022
domingo, 20 de noviembre de 2022
Episodio 99: Tegucigalpa de la eterna espera
Nunca nos amaremos,
jamás llegarás a quererme,
es imposible que algún día
estemos juntos.
A pesar de todo,
te espero a la misma
hora de la noche,
en el lugar de siempre,
aunque no llegués.
domingo, 9 de octubre de 2022
Episodio 95: El primero de enero, las guayabas y los Mejía Godoy
sábado, 1 de octubre de 2022
Edagrdo Florián siempre en cartel
Florián salía de su casa como actor que va en busca de su escenario. Lo vi masticar las hojas de su ruina y también alcanzar cotas de esplendor en su mundo interior. Y eso lo he visto en muy pocxs. Me hace mucha falta y suelo repasar las fotografías que le tomé, fotos que en su gran mayoría, me pidió que le tomara. Porque él sabía muy bien para qué serviría ese registro: para que Tegucigalpa, que la final lo engulló, no borrara su estro o emulsión, para que sus poemas fueran pie de foto y no al revés.
domingo, 31 de julio de 2022
Episodio 88: El miedo de mi abuela María
https://drive.google.com/file/d/1ZRMbfehYXJ5ydXGVx8MyjkNBOEsnlFxF/view?usp=sharing
domingo, 10 de julio de 2022
Episodio 86: Una conversación entre Melville y Conrad
https://drive.google.com/file/d/14CxmfdY7RiXGuXbWCT0i831EqE2rSw_e/view?usp=sharing



















