Blancas piranhas - 2011


Blancas piranhas







































A vos, Zadick,
porque lo viste todo en slow motion












































Tomen nota, prudentes y pías almas,
de la contracorriente en la vida

Edgar Lee Master















































…las llevás en la piel.



Sos el río más contenido.

Las llevás como un río, entonces,




y todo aquello que caiga en vos o te atraviese

 será devorado





sin dejar rastro.






















Tips para tu cita laboral:

No tengás miedo, ni dolor, ni nostalgia.

Sólo basta mantener el asco en su nivel de alarma y todo irá bien.
Demostrá un poco de lo mucho que has caminado en círculos con Dante
y nada más.

Las llamas harán ceniza los cuadros pero con calma y cinismo
podrás explicarlo.

Sos un santo al que nadie reza,
un corazón de Jesús
trasplantado exitosamente.



El trabajo es tuyo.




























¿Cómo nadar con pirahnas confiadamente?

A: Evita encontrarte con pirañas desesperadas. Como suele ser, son tranquilas y tímidas. Muy raramente atacan a un animal grande, a menos que estén hambrientas de verdad.

























1

Instructivo para el primer día de trabajo:

La espalda debe ocultar el filo de las vértebras No debe crear pliegues en las mangas La mirada debe ser la de un pobre perro hambriento

El perro hambriento debe aparentar ser lobo El lobo debe aguantarse el gemido
El gemido no debe provocar baba

La espalda debe tener la curva de los templos vacíos Las manos deben rebosar de lana

Suave la lana

Suave el incorporarse

suave

sin manchar la alfombra

Please.

La primera impresión es la que cuenta, mantenete presentable, no dejés la cara de náufrago, traete la tabla rota y la sal seca en la frente.
No dejés a un lado el vapor de recién horneado, mirá que sos el nuevo en la vida y lo de antes no cuenta. Puro ensayo el antes, pura calistenia antes de los buenos toques. El antes era un calendario enmarcado y una estampa de la virgen de los desamparados. Hoy sos el póker de los que apuestan por vos y nada podés hacer, estás en el juego y venís marcado.

Hace unos meses estabas presentable, tranquilo, pero te faltaba el touch, te faltaba la reluciente marca del lobo que no respeta a la ovejas. Hace tanto tiempo que esperabas allá, bajo el sol, más parecido al Cabeza de Vaca en peyote que al rey de lentejuelas que ahora brilla por cada poro… ¡Vamos! Mantenete en forma, no perdás los despojos.


2

Por supuesto que he venido
hasta las puertas giratorias
y he visto mi nombre clavado entre colmillos que aprietan tiernos labios de sibilas.
Un tenue olor me ha enseñado a reconocer
las manadas que recorren las alfombras
como si fueran estepas
o una larga lengua de felpa que conduce a la simpleza.

II

Sufre, bestia canalla,
huye entre los pastizales, entre las uñas cortadas y el otoño minúsculo
de la piel que cae en los escritorios.
Aúlla sobreponiéndote al siseo de fotocopiadoras y al trepidante desgrane
de los teclados.
No cae la noche y ya se oxidan las estrellas:
las ves diminutas como punteros en la pizarra de tus ojos cerrados.

III
Ay, tierna cobaya,
oveja y liebre de todos los mercados
¿cómo puedes compararte a un Jaguar de titanio
con toda su fibra de vidrio en tensión recorriendo el asfalto?
No temas, pequeña cría,
que tus gemas no brillen dentro del pozo de lágrimas,
que tus gemidos se queden afuera, en algún lugar del taxi,
o en la sombra nívea de las cámaras de vigilancia.

III
Y por supuesto que he llegado
y jurando, he respondido que nada es más valioso que el trabajo.
He desgastado mis garras en cientos de papeles,
he pulido la mirada
pasando largas horas, lívido, ante las llanuras del vidrio.
Esférico y locuaz, atestiguo al Prometeo que escupe fuego bajo el semáforo,
a la tristeza en las mudanzas de familia pobre,
a sus camas encima de los pick-ups, a sus floreros,
a sus peluches polvorientos.

IV

Canto en la mañana de las infinitas serpientes del tráfico,
a las cigarras que encontraron salario sirviendo de timbres, al milagro de los murales una y otra vez mudando de piel con palabras de fuego.
Dejo a los escritorios que se aparean antes que enciendan la luz, dejo que se froten jóvenes gavetas y picaportes voyeristas.
La ventisca de los relojes no aparece en los pronósticos y sin embargo, de su escarcha entiendo lo que deben sufrir los minutos, los segundos,
los días expuestos sin ningún abrazo en medio de las estepas.

V
¿A que vengo?
¿Cuál es mi razón de ser en este lugar?


















3

Quizá, bajando de un avión en viaje directo desde Nueva Zelandia pueda advertirlo.
Ni una sola casa está en pie: lo que vemos es la forma de las casas en las nubes de polvo.

Nadie se ve.

Prefieren no delatarse con esa mirada acuosa de las focas con su dulce grasa tentando a los arponeros.

Hace muchísimos años instalaron una enorme bocina de alerta aérea en el Juana Lainez. Los bomberos la prendían.

Todos recordábamos que era hora de almorzar, y los cadáveres esperaban su turno, cruzados de piernas en los muebles rojos.

Yo hacía la digestión subiendo al balcón para ver los gatos. Amanecía, aunque tal vez, cualquier hora era amanecer.

Supe de la vida por los barriletes gigantes que en noviembre volaban cerca del Estadio. Algunos tenían la forma de una manzana encaramelada y los otros, revoloteban a su alrededor.

La alerta aérea se rompía las cuerdas avisando la llegada del miedo y pronto, los bomberos corrían sin sentido alguno, apuntando sus cañones a los niños bonzos.

Llovía. Era la primavera.









4

Tampoco es que las noticias hacen que olvide mis crímenes primeros.
He sido recolector de cadáveres como en Tiro, el pescador hambriento,
estrujaba púrpura para los reyes.

No es la mañana suficiente para un sol que lo desborda todo, así, el ardor de aquellos días cuando preciso describía el músculo y el hueso la raíz y el nervio
el polvo resumido en los oídos y el pensamiento anulado por el viento.

Quizá mi suerte fue lenta arboleda que lo enreda todo y quizá he mostrado
demasiado deprisa mis claves.

Todos aman que el animal se asfixie y que en su piel salten peces estremecidos.
Aman la certeza del último paso pero mueren de sed
cuando el animal se libera.

La lengua desaparece de las sonrisas
y los ojos se borran como un mural antiguo que -oculto por miles de años-
recibe el oxígeno brusco de alguien 
o de algo
que disperso
ha comenzado a vivir.











5

La maquinaria se alimenta obscenamente.
En los frigoríficos se almacenan ojos de aquellos que miraron y miraron el enorme caudal de billetes sin poseerlo. Cajeras de Burger King, cajeras de Credomatic, cajeros del On the Run, bomberos de gasolineras, ejecutivas firmantes de contratos, cajeros de Western Union, todos ellos y ellas con sus ojos ardientes e inflamados, perdidos y cosechados.

Las mangueras succionan sin prisa. La nube feliz chupada hasta el tuétano.
Las mangueras no escupen nada. Bilis y lágrimas en el mejor coctel de temporada.
San Nicolás se aferra al tren de los niños y cae, destrozándose las piernas. San Nicolás iba mojado para el norte y los niños querían mimarlo.

Al hormiguero le rociaron manzana raspada y no desperdician ni una caloría. Engordan, sudan... y las mangueras succionan sin prisa.

Sigue sonando el delicioso fru fru de los billetes.
Las oficinas se hinchan por la tarde y luego sueltan a medio mundo. Llovió. Llovió y se alcanzó a ver algo parecido a la lluvia.

Todos sabían que llovía,

pero era como en sueños.

























B: Espera hasta la noche para entrar al agua. Si por alguna razón te aventuras a ir en aguas pobladas por pirahnas en la temporada seca, espera hasta que caiga la noche antes de tratar de cruzar un río o lago sin un bote. Las pirahnas cazan de día y duermen durante la noche.




































6

Cuesta un mundo reagrupar un mundo que se había desatado, puesto en fuga. Imagino el galope de un caballo sobre la noche de las pirahnas. Lo veo despedazado, segmentado por finos acrílicos que le impiden a las vísceras irse con el río.
Es muy probable que en alguno de estos cubículos se esconda un psicópata pulcro que ahora mismo se afila las uñas con las teclas de su IMac.

Volver a levantar los edificios de la vanidad, los bulevares de la indiferencia, volver a estrujar el rostro contra el plasma del horario atroz.

Mantis, veo mantis por todos lados. No es Matisse, no hay una sola pintura en el alma minimalista del corral high tech. Afuera se planta digna una Llama del Pacífico, aunque de un momento a otro lleguen a talarla en pro del Nuevo Diseño.

La mayoría de las veces reina un silencio enorme en el cual gotea el pertinaz goteo de los teclados. Risas aisladas, reticuladas, siseo de faldas finas y corbatas erectas.
La broma es un retruécano en spanglish, y ya, comienza una magia fugaz que se deshace cuando llega el msn con una fuerza implosiva descomunal. Brillan los dientes feroces.
Cada 15 minutos hay duchas de perfumes. Zyclon-B para los restos de chusma que se pega a la ropa en los taxis y buses.
Cuesta un mundo reagrupar un mundo que huyó en desbandada hacia los montes, hacia el pasto azul del cielo.



7

Alguien vio en nosotros a los voluntarios capaces de lanzarse del acantilado de Saipán.

Pero nosotros nunca creímos en los emperadores que montan en caballos de lana. Preferíamos creer en los aros donde el tigre se peina con látigos y fuego para luego terminar consumido, tan pequeño como el carbón sobrante de una barbacoa.

Duele saberse partido en dos. Pocos lo confiesan, pero dentro de las cajas del show la sierra del mago rasga, roe, sangra, y el traje queda hecho un desastre y luego uno se tarda demasiado para subir los ascensores. Si entramos a una iglesia vamos de rodillas, si entramos donde el jefe vamos humillados, si subimos al faro somos simple mota que entorpece su luz, un indescifrable morse, otra señal de auxilio pero nunca salvación, nunca puerto, nunca nada.














8
Zumba el salario, como un cercano y esquizofrénico panal de abejas africanas.
No se pierde, en ningún segundo, la cara de perfecto extraño al que se le caen las monedas bajo el escritorio, y siguiéndolas, baja al tercer mundo de los escritorios y va descubriendo, gozoso, la variación de colores en los distintos lodos de donde provienen, se levantan y amanecen los fashion.

Hay manchas de la tierra roja que se encuentra en la 21 de octubre, hay barro de las faldas del Picacho, arenilla disuelta por los charcos de La Laguna.
Los fashion cruzan las piernas cuidando no mostrar las suelas. La construcción del vestuario necesita de grúas invisibles que deben encontrarse en algún rincón del baño.

Bajo los escritorios, se acumula la broza de los malos acentos. Hay sacapuntas que le van sacando filo al good morning y a la expression cool. Afuera suena una alarma aérea lejana. La misma alarma que extiende los hilos por toda la ciudad, a partir de las 5:30 am.

Los fashion corren hacia sus autos o a los taxis y procuran entorpecerse lo más puntuales en las aceras. No admiten más sol del que roza las azoteas a esa hora. Cuando ya han logrado llegar a las recepciones, el mundo desaparece.
Las calles proyectan el cierre de una cremallera en slow motion.
Sin prisas. Sin nadie.

9
Nadie sale a ordeñar los rebaños de niebla, por eso engordan y vagan perezosamente por los cerros. El empleado alcanza a ver el enorme tráfico, como una cadena de montaje lenta cuyo producto es la nada. Se suma a ella y se deja embalar, apretujar, ensalivarse con las palabras atomizadas de los cobradores.

Una gigantesca bandera invisible flamea en el centro de la ciudad.
Los androids desayunan viendo hacia los monitores y así permanecen hasta que el bolo alimenticio resbala aceitoso encima de sus corbatas.

En un pequeño espacio de tiempo, cuyo resplandor es similar al de una iglesia que se incendia, muchos voluntarios que sirven de estibadores, cargan al empleado y trasiegan con él de esquina a esquina hasta depositarlo medio dormido, al pie de las puertas giratorias.

Los rebaños de la niebla, mastican lentamente los prados del horizonte.



10

En determinadas ocasiones se sufre un cansancio de estatua. A pesar de ser un amaranto, el mundo pesa más que los rincones vacíos.

En el desayuno me alimentaron con el polvillo fino de las canteras. Avena de Carrara -me mintieron-, plumones de ángel -insistieron-.

Bien pude crecer a las orillas del Estigio sin embargo vino el viento y me llevó apretado a su pecho.

Cuando se iba la luz era la mayor alegría, era como anunciar a lo grande un juego de escondidas eterno. Éramos sombras, atravesábamos los patios, molestábamos murciélagos incesantes.

Yo tenía un sexto sentido para orientarme entre las risas y así reconocer -en plena oscuridad- a los tristes.

Volvía la luz cuando yo estaba de frente con mis preguntas, cuando las luciérnagas me acompañaban con su lenta suave y lenta pirotecnia.

Entonces todo comenzaba a pesar y las piernas se negaban a seguir

y despertaba.

En el desayuno, me alimentaron con panecillos cortados de la santa cena. Desde ese día, el cuadro quedó incompleto. Roto. Hueco.









C: No te desesperes. Estudios recientes han demostrado que las pirahnas se sienten más atraídas por el movimiento que por la esencia misma de la sangre. Así que para minimizar los peligros, nada con movimientos suaves y fluidos.










11

Tengo pequeños conflictos en los cuales me es difícil razonar a tiempo.

Soy un perro rabioso entrenado para detectar el olor de la policía.

Por años, he sido encerrado y amordazado con la tela azul, entre pilas de uniformes y retazos de lona. En la calle detecto cuando alguien se acerca, y entonces comienzo a echar espuma por la boca y como araña, subo y espero en las paredes, como un grafiti cualquiera, intermitente, como un rótulo de neón.


Tengo pequeños conflictos, la mayoría de ellos inocuos.

Sentado frente al procesador de la oficina hago detonar micro bombas de hidrógeno.
Toda la oficina es un atolón en prueba perpetua.

No soy un perro en la oficina.

Soy esa luminiscencia que irradia un calor benéfico y que, de vez en cuando, provoca bajones de electricidad misteriosos.














12

Haz pensado en los ángeles de la guarda sin creer una sola pluma de ellos. Tal vez existen los dinosaurios tridimensionales, tal vez los héroes del Chinatown, pero los ángeles...

Apoyados en la barandas, los perdidos ven subir a la gente por las gradas eléctricas. Las ven bajar. Quedarse inmóviles. Cada uno es un Jacob arrobado que espera audiencia a mitad de la noche. Al pie de las gradas, y durante todo el día, combates encarnizadamente con tu ángel.



























13

Tengo la vista con más alta definición del lugar. Casi puedo atravesar el simulacro.
Casi podría señalar las grietas de lo invisible y bajar por ellas hasta encontrar la raíz tierna y jugosa y masticar, masticarla ceremoniosamente.

No soy alguien que se deje impresionar por los fragmentos. Jamás veo una ruina sin antes haber sentido el terremoto o la guerra que redujera su orgullo a la mínima expresión de la lástima.

Pues tengo la vista con más alta definición del lugar. Abarca unas cinco columnas vertebrales de ancho por tres aparatos digestivos de alto. Hay segundos en que cierro los ojos y al abrirlos han pasado todos los trenes de alta velocidad.


Todos,

y no he tenido la rapidez de elevar el pañuelo y decirles adiós.

Cada dos días hay menos pájaros en quién confiar. Han pasado semanas, así que sólo me queda leer sus vísceras, como buen augur, interpreto la forma de sus riñones y de sus detritos. Mascullo oraciones incomprensibles para un espíritu del siglo XXI.
En ellas, existen nada más lo mejores dioses, los más escépticos y enviciados con el video. Ellos se apiadan de mí y comparten sus archivos.

Nos quedamos viendo a David Lynch, toda la noche.






14

Mirando desde el brocal, no termina uno de saciarse. La sed baja de la lengua y se va haciendo espiral espiral pozo.

El primer brazo esparce un cúmulo de estrellas rojizas. Zumban los oídos mientras sigue el girar de asteroides, glóbulos, grumos, broza inútil.
El pozo bebe luz.

Pronuncia la o más contundente del oso. La más feróz.

La primera vez que fui al psiquiatra le pregunté sobre sus sueños y de ahí todo fue llanto. Sueños húmedos -le dije- piense mejor en un desierto donde usted sea el espejismo.

Así fue como regresé a casa con un cactus en lugar de un árbol de navidad.

























D: Mantente fuera del agua si tienes una herida abierta. Las pirahnas son sensibles a la sangre y por consiguiente es más probable que ataquen a un animal grande si piensan que está herido o muriendo.
Por consiguiente, no las tientes con una herida abierta.





















15

Al menos estamos muertos, y no sentimos el enjambre de balas que zumban en nuestras heridas. Muchas veces, se meten por la comisura de los labios como tábanos esplendidos, licuan plomo y epidermis, y luego, saciadas hasta el asco, salen disparadas hacia el sol.

Todos los cuerpos tienen colonias de balas bullendo entre sus huesos. Por la noches se multiplican, rotan silenciosas en los túneles, se sacan chispas unas con otras.

Una bala es una palabra impaciente. Su impacto desencadena crónicas brutales que van aglomerándose en el papel hasta ser estrujadas por la multitud, vueltas bolas inmensas, noria siniestra, nuevo santuario para el panal vibrante. Una bala supera las sentencias de cualquier filósofo o profeta. Precisa. Encuadra. La perfecta y última palabra.

















16

Largamente posada, la postura es incómoda y no deja ver por dónde entra el balazo de almidón. Te sorprende la curva que hace correrse a las estrellas. Toda la galaxia corre hacia el rojo que nace en tu costado, como un río manso, como una larga víscera que luego ovillan las hormigas.

Haz sido demasiado impaciente en el conteo de las nubes. Estas gotean y van abriendo un pozo verde en tus ojos. Ahí abrevan todos los dibujos que mi pequeño guardó bajo tu almohada.

Para vivir, tendrás que sacar una ampliación de cada fotografía donde aparezca la felicidad.





















17

Nada he visto. Nada he visto que no sea un monumento inagotable. Parquedad. Inexorabilidad. Un inmenso juego escultórico para erigir la maqueta del diablo, demonio azul e infantil que satisface su ocio con repulsa.
Tres niños pidieron dinero por semanas para atiborrar de petardos su muñeco de Año Viejo, pobres niños, para reventarlo, para meter en él toda la malicia y el vacío.
Milicia ingenua, pidieron dinero por semanas, al pie de las gradas del peatonal, y nadie, nadie dio ni un centavo.
El obeso muñeco de trapos se inflaba por el viento mientras cientos aprovechaban para hacer su viaje al norte, con una cantimplora y cientos de dólares marchitos.

Foto # 1: El obeso muñeco de trapos junto a los niños.

Foto # 2: El caudal de personas indiferente y los niños halándoles la costura de los pantalones.

Foto #3: Los niños se miran. En Segundo plano, el triste trapo antropomórfico sueña con un corazón de mortero, con unos intestinos de metralleta, con un cerebro de cebollas que reviente como punto y estruendoso final.

A esa hora y de nuevo, en algún lugar de México, la diáspora es conducida a cautiverio. Sueño con el Ezequiel que saldrá de entre ellos para cantar la nostalgia, el pavor. Sueño con Daniel y no sé interpretar lo que veo. Nada he visto en los leones hambrientos que lo rodean. Nada. Todo secuestro terminará en masacre y puedo ver en los rostros que voy recolectando en la calle a los mismos que de un momento a otro decidirán seguir la huella de los cautivos. Una aseadora con su trapeador en el centro comercial, un mensajero con su moto bajo el semáforo, una recepcionista  intensa de mirada, un pálido cajero, todos, todas se irán para el norte, en un momento cualquiera, sin aviso. Sólo se irán y regresarán en avión pagado, deportados, felices de su primer vuelo, de regreso al vacío.

Los niños están en el pasamanos del puente peatonal. A su lado, el raquítico muñeco de trapo tiene vértigo. Ellos lo levantan en vilo. Piensan en la navidad, en la vanidad, en la dádiva huraña. Pero no hay navidad ni vanidad en el acto que ahora realizan.

Hay rabia, hay desilusión.

Foto # 4: El muñeco suplica por piedad.

Foto # 5: El tráfico de la hora pico.

Foto # 6: El muñeco es lanzado del puente y arrollado hasta sacarle sus viejas cobijas, sus almohadas renegridas, las franelas limpia parabrisas.

Foto # 7: Los niños levantando las manos con el anular erecto: fuck maldita navidad!

Titulares en la prensa: AÑO VIEJO ES ATROPELLADO EN BULEVAR CAPITALINO.














18

No hay dos metros de recorrido que no presente un cuadro para Fellini. Bastaría poner la cámara en la ventanilla y dejarla correr. En ella registrarías a la banda de perros que retozan después del frío, a su amo, sentado en una piedra, con la boca abierta y el hilo de la saliva formando un espejo en su pecho. Luego la cámara te enfoca, mirás por el retrovisor y te ves pasmado, con una frase de Bukowski que de pronto ha hecho del libro un bloque de mármol. Querés volver a leer la frase y no podés levantar tanto peso; las marmóreas páginas ya se metieron en tus venas, y la frase, ¡por la gran puta! ¡la frase!: “Sus mentes están llenas de algodón . Se tragan a Dios sin pensar, se tragan la patria sin pensar. Muy pronto se olvidan de cómo pensar, dejan que otros piensen por ellos. Sus cerebros están rellenos de algodón. Son feos, hablan feo, caminan feo. Ponles la gran música de los siglos y no la oyen. La muerte de la mayoría de la gente es una farsa. No queda nada que pueda morir.”

Sigue la mirada, globular cinta que aprieta hasta llegar al zumo lacrimal.
Barberías, estancos, polleras, tortilleras, colegios de secundaría, tiendas de ropa usada, todo apretado en una sola cuadra, 100 metros planos en el record de los mil negocios en una misma calle. Queserías, puntos de taxi colectivo, hotelitos, parejas clandestinas, asados de carne, secretarías high life, pateritos, gerentes encumbrados, enumerados, parodiados.

Y nada de eso quiere aceptarse, nadie quiere hablar que forma parte del casting, modelo en los grafitis, en la pátina del olvido restregada donde se mean los perros y los deslumbrados por el amanecer.



19

No sé cuánto se practica para lograr esa cara de asco refinado.
Los android se broncean en algún tipo de zen minimalista que escapa a mis rastreos.
Hay un asco para cada cosa, para el cansancio de las dos, para el hartazgo del lunch, lo importante es hacer el mohíno y desplazarse rápido por los pasillos, sin mirar a los lados y con los nudillos del puño bien pegados a la costura del pantalón.

Unas veces se habla con total camaradería y otras veces se odia, con una intensidad láser que desconcierta. Estiro el cuello sobre el corral y puedo ver los puntitos rojos en la nuca del vecino. El jefe es un francotirador avezado, con su pulso inconmovible bien pudo disputarle un par de medallas a Vasili Záitsev. O sos el lobo o sos el nazi caído con los pantalones abajo.

El decorado cambia constantemente. Frío verde, pájaros que vienen, dan su charla en los cables y se van. No hay noticias y si las hubiera, se recibirían con el sentido de extrañeza que un astronauta percibe cuando, flotando en la estación espacial, ve la tierra y se pregunta ¿existe la muerte? ¿to be or not to be?

El asunto es que la mueca debe ser perfeccionada a diario, frente a todos, face off.
De lo contrario, se corre el riesgo de que los espejos revienten y que los teclados se conviertan en blancas piranhas tatuadas, alfabéticamente.






20

Cuando amanezca, tendremos al sol en oferta.

Cuando amanezca tendrás cuádruple saldo en tristezas, vida en red, satisfaction.
Has visto pasar 14 san nicolases a dieta, 14 frentes fríos y todos los asedios de la melancolía en ataque frontal o en movimiento de pinzas.

No hay oberturas ni cañonazos, pero basta interpretar el vibrar de las hojas para entender la música de los sordos. De esta forma, una arboleda arrancada de cuajo viene a ser como un Vivaldi desatando el verano.

Cuando entre el día y el sol aburra, promocionaremos la luna, sortearemos las estrellas.

Dulzura, dulzura, pequeña dulzura, no existe niño al que no se le haya perdido su mejor juguete, por lo general un trozo de madera, una caja insignificante, una cápsula de munición que a sus ojos se presenta como el santo grial de los enanos.










21

Cuando busqué imitar a las casas, bandadas de pájaros se estrellaron contra las ventanas. Era un firmamento lo que mostraba en mi frente y los jardines levitaban sin remedio.

Mi hijo juega con su sombra toda la tarde. Yo le he cedido amplios corredores para crear su reino y sin más, él incrusta caracoles en los mapas de la humedad. Sus castillos resbalan o huyen. Algo vivo quedó en el nácar que no se resigna a ser espejo de las maravillas.

Nada puede evitar que choque contra los postes del alumbrado una vez que decido irme al bosque. Los pájaros me siguen, susurrándome viejas nanas que escuché cuando era mi hijo quien jugaba en mí, como una visión.

Un salto y han temblado las frutas en suspenso. La mordida es un eclipse funesto que revela gusanillos blancos e irresistibles.

















22

Ayer por la noche te vi, escualo blanco, merodeándome. Algo sangraba en mí que te atraía inexorablemente.

Te vi acercarte, detenerte. Sobre ti, dos rémoras se aprestaron a bajar pero la corriente del golfo se hizo poderosa y tortugas, mantarrayas y cangrejos pugnaron hacia adelante y te obligaron a alejarte.

Mi herida coaguló.

Fui como un esqueleto de pez abandonado en la arena. Te seguí con mis cuencas vacías y supe de pronto que regresarías y así lo hiciste, girando sobre ti mismo, enfilaste de nuevo hacia mi torpe rincón de mar. Bajaste la velocidad, mantuviste la sonrisa en tu cromada dentadura y te marchaste.

Fui un patético esqueleto de pez husmeado por el espanto.


























E: Haz un sacrificio. Como último recurso, puedes intentar crear una distracción al colocar el cadáver de algún animal o un gran pedazo de carne corriente abajo del lugar por donde deseas cruzar.


























23

De pronto es el desierto y su vórtice invisible. De pronto las nubes, con sus lanzas retraídas, hacen el círculo y nos dejan enfrentados, al sol y a mí.

El sol gira en su carruaje chirriante, me azuza a escupitajos. Las nubes responden a cada estocada con trompetas de luz.  Ahora peso doble y me hundo hasta las rodillas. 

No he pedido que me desnuden, cuando abatido, converjan las hienas en mi carne.
No he pedido más pira que las palabras atroces. No he pedido más podredumbre que mis palabras jamás dichas.

Algo sé del silencio que se enrosca en las madrugadas y que luego salta, relampagueante, hacia el rostro de las estatuas; algo sé del silencio, no me lo expliquen. Ya las nubes reiniciaron la marcha. 

El sol se sube a los cerros. Grita enloquecido, exige un nuevo muñeco de sal.








24

Dos hombres con camisetas naranja se cruzan en la esquina.
Ninguno de los dos tenía que ver con el otro. Se apestan, como antiguos fantasmas egipcios.
Uno lleva un diario enrollado bajo el brazo y el otro unos papeles de tramitador que le sirven de parapeto contra el sol.

El de camisa naranja lleva hambre. Y el de camisa naranja va saciado.
Ambos ven la explosión del día y son empujados por su onda expansiva.
Su caminar es a media prisa. Nadie los espera pero el asunto es caminar hasta el filo de la tarde y luego sentarse. No reparan en la coincidencia.

No se imaginan el uno al otro.

Sus camisetas naranjas son de segunda y las prefieren para los días de sol.
El periódico enrollado trae malas noticias y algunas veces se empuña, como arma. Otras veces es una estafeta para llegar en equipo a la muerte.

Dos esquinas no pueden reunir tanto albedrío a la misma hora.
Cuatro esquinas no pueden convertirse en cuatro espejos. Sólo el hombre se repite. Sólo dos tipos desconocidos podrían vestirse igual y encontrarse y no suceder nada.





25

Cada día un nuevo plan.

Regresar río arriba, a contracorriente de los árboles talados por la inmensa sierra del horario.

Salto de una rivera a otra y todo se va acumulando en la sorpresa de verme, equilibrista magnético, con el libro de la selva rehaciendo el descombrado.

Los troncos se van apretando y alzándose alrededor de mis pies. La corriente los empuja y sin saberlo, forman un dique de amplias luminiscencias, una pared para roer, agua y clorofila empujando, empujando.

En unos minutos todo se probará demasiado frágil.

Arrastrado por el estruendo, estaré de nuevo en la transparente cárcel de burbujas.














26

Prefiero las terrazas que están cerca de los aviones. Cierro el libro y pronto siento cómo aterrizan uno a uno en mi pecho.

Las garzas suben como blancas llamas en la hoguera de los cipreces y los aviones las arremolinan hasta hacerlas polvo.

En 1857 el Cosigüina echó cenizas durante muchos días. ¡Y tantos pájaros erraron sus rutas, atravesando el cráter, consumiéndose!

Cuando pasaron los temblores cayó nieve y Willian Welles escribió que no había conocido ciudad con tanto viento y gente tan curiosa por los acentos. Todo era superlativo: las comadronas, la tristeza de las calles, el enorme sentido de la vacuidad y del comer en el suelo. Pero las miradas, las miradas desde las ventanas como hervidero de pirahnas, eso sí que llegaba hasta los huesos.

El Cosigüina lanzó polvo transparente durante muchas noches. Desde entonces, Tegucigalpa fue una especie de Pompeya, ruina hipócrita.














27

Existen días especiales para descender correctamente o para lanzarse en un boongie infinito. Cuando esos día llegan, debe conectarse al sistema nervioso todo el aparataje de Pink Floyd y cortar con las noticias, que en sí, se deciden siempre por lo viejo.

Hay mayores razones cuando se cae en un boongie; el vértigo es, esencialmente, la velocidad del futuro, el carrete roto, el rompecabezas que se arma en contra del viento.

Se han visto tiranosaurios rex entre los velos de la caída, se han visto trenes repletos de indocumentados, clase palco, clase voladora con máscaras de la lucha libre.

Con la fuerza centrífuga se pueden hacer hermosos diseños. Con la sangre a borbotones y la fuerza centrífuga de todas las mandíbulas.
















28

Esto de arrancarse los botones del esternón y mostrar el forro de los pulmones.
Esto de romper el cinto de la pelvis y deshilar la costura de los muslos e ir siguiendo la rotura y amarrar, y crear el puente muscular a pura fibra, hilada tras hilada tejiendo la manta cruda del invierno artificial.

Esto de imaginar al pescador del Ulúa que no imagina, que sólo percibe la blandura de un cadáver que platica con los peces, burbuja a burbuja en su morse triste, el pescador del Ulúa o de la miasma del Choluteca, que se imagina regresando a casa con un cadáver para el sembradío, espantajo descosturado, prócer de los pájaros, amuleto para cuervos.

Esto de sacar la cabeza del bolsillo y fumársela con cautela. Esto que amarga el almuerzo y es un grano de arroz donde está escrito tu nombre, tu nombre en la feria antigua bajo la rueda, la rueca, la perilla que abre todos los misterios.

Esto

es

impracticable.














Messenger entre Ray Bradbury y Arthur C. Clark
 (…holy shit, conseguimos el password)

Moon Watcher (Clark): Hola Ray
Fénix (Bradbury):Qué cuentas Arthur?
Moon Watcher: estaba pensando en el mañana y
Fénix: muy raro en ti, no?
Moon Watcher: hey! recuerda que la imaginación se desencadena libremente cuando se considera lo que podría ser la evolución última de la inteligencia…
Fénix: sí sí sí: “no en diez mil años, ni en cien mil años, sino en millones de años”, siempre lo repites…
Moon Watcher: ¡estás un poco escéptico hoy Ray!
Fénix: pues con tantos aviones tronando en el cielo y con tanta guerra acumulándose es cómo para creer que no llegaremos a mañana
Moon Watcher: si, te comprendo
Fénix:
Moon Watcher: Ding Dong!!
Moon Watcher: ¡sí que puedo asegurar que tu silencio lleva miles de años! te pasa algo?
Fénix: está bien, te contaré: ayer conocí a una chica, me ha aturdido
Moon Watcher: biológica o mecánica?
Fénix: melancólicamente biológica
Fénix: regresaba del Ciervo Blanco, ya bastante entrada la noche y, doblando la esquina hacia mi casa, una chica muy joven, casi un fantasma, me preguntó de pronto si yo era feliz
Moon Watcher: tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, Ray
Fénix: noo Arthur, en un mundo en el cual uno se despierta para ver la hora y descubre el reloj que le dice la hora, el minuto y el segundo con un silencio blanco y un resplandor, se aprende a ver las cosas con mayor lógica…no era un fantasma
Moon Watcher: desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta tierra y ahora te viene a tocar a ti una que hace la pregunta más antigua de todas!!!! a ver, continúa
Fénix: pues yo no he hecho más que parpadearle, hubiera querido contestarle inmediatamente que sí, que era feliz, pero las palabras se me quemaban entre el asombro y las sombras de anoche
Moon Watcher: sinceramente Ray, creo que ella debió haber sido una máquina de nueva generación, inconturbada por las codicias y pasiones de la vida orgánica te ha hecho esa pregunta con absoluta simplicidad mental de propósitos
Fénix: ummmmmmm
Moon Watcher: ya comienzas a dudar, eso es más saludable que aturdirte por tan sencilla pregunta
Fénix: escucha Arthur, en cierta época los libros atraían a alguna gente, aquí, allí, por doquier. Podían permitirse ser diferentes. El mundo era ancho. Pero luego, el mundo se llenó de ojos
Fénix: de codos y de bocas. Población doble, triple, cuádruple. Films y radios, revistas, libros, fueron adquiriendo un bajo nivel, una especie de vulgar uniformidad ¿me sigues?
Moon Watcher: creo saber por dónde vas
Fénix: pues bien, la mecanización llegó por esa vía, por la falta de hacerse, la disciplina se relajó, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonaron, el idioma y la pronunciación se descuidaron gradualmente…
Moon Watcher: claro, la vida se volvió terriblemente inmediata, sólo el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo
Fénix: ¡claro! y no va a ser un robot quien me haga esa pregunta de si soy feliz o no!
Moon Watcher: sin embargo cabe la posibilidad de que el computador de la “ahora supuesta robot” haya comenzado a cometer errores…
Fénix: no Arthur, esa era una pregunta deliberadamente humana, una pregunta que aún y cuando se hubieran quemado todos los libros y la Filosofía jamás hubiera existido, igual se habría hecho en lo más recóndito del ser
Moon Watcher: tienes razón, los homínidos, aunque no se dieran cuenta de los parentescos familiares, a la hora de la pérdida de uno del grupo debieron sentir un vago desasosiego que era el antecesor de la pesadumbre…la presencia del “otro” o de “lo otro” siempre ha sido la identidad de la felicidad.
Fénix: te lo juro que me quedé hecho un monolito
Moon Watcher: pero qué…te hizo la pregunta y se marchó, así, sin más?
Fénix: me habló de otras cosas, del absurdo de los turbo-reactores, de echar la cabeza hacia atrás y dejar que la lluvia cayera en la boca…de observar los pájaros y coleccionar mariposas…
Moon Watcher: interesante chiquilla
Moon Watcher: habrá que observarla y a ver cómo evoluciona
Fénix: te lo confieso: sentí un poco de temor y un sordo resentimiento, era como si me estuviera faltando al respeto
Moon Watcher: despertó tu conciencia, eso fue, esas manías no nos abandonan a pesar de todo el camino andado desde que inventamos el lenguaje
Fénix: puede ser
Fénix: fue como ir en el metro leyendo un libro prohibido y que de pronto alguien gritase: ¡Ea! ¡Ese hombre va leyendo! ¡llamen al guardia!
Moon Watcher: o como si alguien te estuviera probando…midiéndote…acechando tus progresos en humanidad básica
Fénix: ya veo que sigues creyendo que esa muchacha era un sabueso cibernético
Moon Watcher: jajajajajaja
Moon Watcher: y tu eres un hueso difícil de roer!!!
Fénix: jeje, en serio Arthur, esta chiquilla hizo que acudiera inmediatamente al diccionario para convencerme de que existía la palabra felicidad
Moon Watcher: al igual que los nueve mil millones de nombres de Dios la felicidad tiene nueve mil millones de rostros…tal vez esa chica era uno de ellos…el diccionario de la vida es infinito
Moon Watcher: y a propósito, te dijo su nombre?
Fénix: Clarisse, Clarisse McClellan
Moon Watcher: bueno, también pudo llamarse TMA-1 o HAL, una esfinge como ella es innombrable e indefinible
Fénix: me gusta más Clarisse
Moon Watcher: ok, así la llamaremos. Sabes, debo desconectarme
Fénix: igual yo, debo ir a comprar unos cerillos para la chimenea, hace frío. Ten cuidado y mañana no amanezcas dormido en un hotel de Saturno
Moon Watcher: pero Ray, si de eso te quería hablar!!!! mañana
Fénix: mañana será otro día, y ya nos conectaremos
Moon Watcher: de acuerdo, mañana hablamos
Moon Watcher: entonces por ahora no queda más que decir ¡al infinito y más allá!!
Fénix: jajajaja te gustó verdad! por algo te la recomendé!
Moon Watcher: las posibilidades de la inteligencia me hacen imaginar que la vida alcanzará mayores niveles. Sí, es una buena frase la de Buzz
Fénix: hay que cruzar los dedos para que nunca se queme…si los humanos guardamos silencio y dejamos hablar a nuestras fantasías es porque hay que pensar en todo y mucho que recordar
Moon Watcher: por supuesto Ray. Buenas noches
Fénix: Buenos días Arthur.