martes, 19 de febrero de 2019

Cuerpo Plural: el cuerpo único de mi decepción




Cuando vemos que hacemos siempre lo mismo desde siempre no podemos ya pensar en el pasado sin rencor.  Esta revulsiva cita extraída del diario de Césare Pavese es una de las utilizadas por Ricardo Piglia en su relato Un pez en el hielo, metaficción que se construye de la última anotación que Pavese escribiera antes de suicidarse. Y sucede que no puedo más que aferrarme a esta cáustica revelación como me aferro a la acusación que hago hacia mí mismo en cuanto a poesía se trata. Porque de poesía se ha tratado siempre la certeza de que otros ligaran mi nombre a este delicado oficio de escribir poesía y de que yo, alevosamente, subestimara muchas veces la seriedad de mi nombre unido al de la poesía. No me lo había creído del todo, nunca. Antes del 2008 nunca había podido asumir que había logrado poiesis alguna más allá de aquella que fue perturbación y confusión lastimera -y pasajera- una vez me vi reflejado en su espejo roto. Llegaron a editarse los poemarios, sí, llegaron a salir sus tirajes, sí, pero llegó el momento, hace once años, en el 2008, que se me exigió estar a la altura de la expectativa y no pude advertir lo crucial por falta de seriedad.

Once años después tengo en mis manos la Antología de Poesía Hispanoamericana Cuerpo Plural, auspiciada por el Instituto Cervantes de Madrid y antologada por Gustavo Guerrero. La profesora de Introducción a la Literatura Española de la UPR Recinto Río Piedras, Carmen Pérez Marín, me ha dicho la semana pasada que la casualidad la llevó a encontrar mi nombre en esta famosa antología y que se ha sorprendido al encontrarme en ella. Prometió llevármela hoy y lo cumplió. Tengo en mis manos entonces el libro que debí ir a traer al correo postal una vez que se me envío y, sobre todo, tengo en mis manos la antología en que debí participar con toda la seriedad requerida. No es fácil sentir el peso de este libro, quizá el libro del que más he aprendido en mi vida de escritor. El peso de los poemas que la conforman es consistente durante todas las páginas hasta que se llega a los dos poemas que envié para “participar”. Hay un nombre ahí que no encaja, que desentona estrepitosamente, el mío. Donde se lee Fabricio Estrada inicia y termina la magia que se trae desde las primeras páginas de Cuerpo Plural. Más que merecida la lacónica caracterización que describe la Revista Literaria Letras Libres de México, en su reseña de la antología: hay lo mismo decepciones (el hondureño Fabricio Estrada) que hallazgos importantes… (https://www.letraslibres.com/mexico/libros/cuerpo-plural-antologia-la-poesia-hispanoamericana-contemporanea-gustavo-guerrero

¿Por qué no fui a traer la antología cuando se me envío? Podría aducir que no tenía dinero para el taxi, que me acababan de despedir del trabajo, que llovía un diluvio ininterrumpido sobre Tegucigalpa todo ese mes, pero la verdad fue que tuve vergüenza. Unas semanas antes había salido la nota de Letras Libres y la mayor vergüenza del mundo gravitaba sobre mi ánimo. No celebraría aparecer en Cuerpo Plural hasta que me redimiera, me dije, pero ¿cómo se redime de semejante decepción?
En 1993, el Taller de Poesía Casa Tomada completo, recibía la charla sobre poesía hondureña que el poeta José Adán Castelar nos daba con su eterna gentileza y cariño. Estábamos en el Paradiso que se ubicaba en el lugar que ahora ocupa la Librería Navarro, en el barrio La Plazuela. Terminada la charla, un poeta reconocido que se había bebido una buena tanda de vino, explotó en burlas hacia aquellos jovencitxs que éramos. No repetiré los insultos, pero entre ofendido y dolido prometí no regresar a Paradiso hasta no tener mi primer libro publicado. Eso sucedió hasta 1998, año en que el poeta Rigoberto Paredes y la Historiadora y Poeta Anarella Velez me presentaron Sextos de Lluvia. El pundonor y la inevitable naturaleza que me impulsaba a escribir lograron esa momentánea redención. 
Cosa paradójica, fue de Sextos de lluvia que seleccioné los poemas que envié para Cuerpo Plural.

La diferencia entre un hombre inteligente y uno tonto es que el primero se repone fácilmente de sus fracasos y el segundo nunca logra reponerse de sus éxitos”, dijo Sacha Guitry, y sin duda, hasta el 2008 estuve ciego en el oficio de escribir mirando ¿mirando qué? Pues mirando alrededor y no solo a mi ombligo talentoso. El libro que no fui a recoger llega hoy a mis manos que no querían ni tocarlo a pesar de que todos estos años lo he leído en mi imaginación, jugando siempre con todos los posibles poemas que debí haber enviado y a la vez escribiéndolos, sí, porque mi fracaso personal en Cuerpo Plural  significó para mí empezar a escribir con sentido total del oficio y de los pasos que daba, entender que la construcción de la belleza en mí, para compartirla con los demás, necesitaba algo más que la espontánea ebullición de la palabra sino que también urgía elegir la palabra que daba sobre el papel, esa nación intemporal donde estar presente significa hundirse o flotar sobre un abismo blanco.

Existe otra paradoja en esto: a la par de Cuerpo Plural ese mismo año fui antologado en La Herida en el sol, Poesía Centroamericana Contemporánea, de Sergio Ramírez (Editorial de la UNAM) y en ésta última, los poemas que envié están llenos de un contenido y forma que supera en creces la muestra anacrónica que mandé para Cuerpo Plural ¿Cómo se explica este dislate personal? Quizá la respuesta venga de otro dislate: las fechas en que recibí ambas invitaciones difieren en la condición anímica temporal en que me encontraba. En una estaba pleno y estable y en la otra era un monigote de la sobre explotación laboral en la agencia de publicidad en la que trabajaba. Si la poesía es intemporal -pienso ahora- el carácter y responsabilidad para con la poesía debe ser imperturbable siempre una vez que se asumió el oficio. “El tiempo y la época siempre tienen razón cuando existen y no la tienen cuando desaparecen” replicaría Sartre ante esta conveniente mirada desde once años después, pero no tengo otra forma de explicar que Cuerpo Plural es en realidad mi parte aguas respecto a dimensionar quién soy y en cómo la banalidad llega a mí, muchas veces, en oleadas tentadoras que luego solo me ofrecen costillares de naufragios.

El caso es que ahora, libro en mano, veo con claridad cuántas veces he estado al borde del suicidio literario y cuántas otras he decidido aprender a vivir de nuevo desde el comienzo, advirtiendo nuevas formas y ampliando el contenido humano de lo que escribo. Mi nombre no merecía estar en Cuerpo Plural, pero el hombre que soy sí ha merecido entender todas las implicaciones de aquella decepción.

F.E.

domingo, 17 de febrero de 2019

Algunas consideraciones sobre “Sextos de lluvia” de Fabricio Estrada (extracto)

Desconocía este texto crítico que la investigadora y académica Karla Herrera (Honduras) escribió sobre mi primer poemario, Sextos de lluvia (1998). Lo he leído como se lee un mapa antiguo que conduce al oasis donde alguna vez fundé toda mi sed. Comparto el enlace hacia Diario La Tribuna, donde fue publicado el estudio:

http://www.latribuna.hn/2014/11/23/algunas-consideraciones-sobre-sextos-de-lluvia-de-fabricio-estrada-extracto/


viernes, 8 de febrero de 2019

No, no puedo cambiar mi molde - Bitter Symphony, The Verve

Puedo jurar que busqué la acera más parecida a la del video y arranqué, siendo yo muchas veces, el auténtico Richard Ashcroft caminando hacia toda la gente de los noventas que se atravesaran, meteoro en órbita de colisión con la estación espacial bien diseñada por el trabajo y las vueltas e idas sin sentido por Tegucigalpa. Pude ir tras la carrera que años antes, a nivel de calentamiento generacional, hiciera Forrest Gump, pero elegí seguir esta Bitter Simphony así como mis amigos la seguían, con audífonos desde donde  The Verve lanzaba las coordenadas de la deriva, un año antes de que el huracán Mitch nos hiciera escombros, picadillo, ruina pop. Ya había caminado aquella oscuridad de los apagones del 94, desde las aulas universitarias donde las sombras aprendíamos a amar; subí a los buses como los cientos que de pronto éramos ciegos y aún insistíamos en ir a clases, con estoicismo de ciudadanos en guerra que se les pedía no encender nada, solo caminar, ir, regresar. Por eso no fue Forrest Gump el que nos convocara con sus paisajes luminosos y su barba de asceta bizantino, fue el flaco de Richard Ashcroft el espejo y la chaqueta negra, fue su estampida sin prisas y su melodía de hipnosis. Mismas calles, misma sensación de nacer en otro mundo y de seguir un llamado inequívoco. Frío, oscuridad, smog a todo nivel y nuestra cara también menguando palideces. Sin duda esta canción estaba hecha para nuestro molde, los noventeros más sintonizados con el derrumbe que vendría.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Kike Zepeda - El Salvador


Foto: Fabricio Estrada


Poema con barba

Mi barba se escribe desde que me salen poemas
se desnuda el nudo que me ajusta una corbata de silencio
se alargan las palabras que salen de mi boca: me crecen los poemas

lo dice una página blanca poblada por palabras que dictan mi reflejo
lo saben mis manos, me lo dijo mi boca, lo sé por mi lápiz

esto que digo lo escribo con toda mi barba:
está hecha de puras palabras
ella puso desnudo todo mi silencio:
no me crece la barba, me crecen los poemas





Los santos amuletos

Mi abuela colgaba detrás de la puerta el salmo 91
era para evitar según me dijo
tormentas, huracanes y otros tormentos
que en verdad nunca turbaron nuestro hogar.

Yo que jamás colgué detrás de mi puerta
una herradura de caballo
la santa cruz de madera
o ningún otro amuleto sagrado para defenderme

nunca tuve la dicha
de verte cruzar el umbral de mi puerta.





La amarga memoria

                        “Nunca nos realizamos.
                        Somos dos pozos – un pozo mirando
                        fijamente al cielo.”
                        Fernando Pessoa

Jamás nos volvió a suceder aquél sofá
tampoco el café
mucho menos nuestras bocas

de ninguna manera otra vez nuestra risa

Que absurdo:
Ahora
lo único que nos sucede todos los días
es este silencio





Alza de la violencia

Te juro que El salvador
tiene las esquinas
más peligrosas del mundo:

Roban
Violan
Asaltan
Y matan
En ellas

Hasta los amantes
Se besan violentamente ahí

Viernes 17 de Abril 2015

*

No olvidaremos el día que mi padre nos presentó su miedo
no lo entendíamos bien:
hasta aquel día inolvidable en que nos mostró una foto:
brazos, cabeza, tronco y piernas de un hombre
estaban dispuestas de manera macabra en una bolsa

errados, creímos que nuestro padre
temía a los descuartizados:

entonces lo confesó:
le daba miedo sabernos un día
entre la estirpe de los descuartizados

contarnos entre la lista de los muertos
no contar a sus hijos entre los vivos





Penelopea

Este es tu verdadero dolor, Penélope:
nadie viajó veinte años para reencontrarte
nadie quiere volver a tus labios

nadie es el verdadero dueño de tu amor

Todos los días
subes por una escalera de hilos
hasta un vestido que nadie bajará

Para ningún hombre te guardas tanto
como para Nadie





Síndrome de Prometeo

                        “Pero el diablo me hizo poeta
                        Para que ardiera en plena vida”
                                              Jotamario Arbeláez

Los poetas fueron lanzados a un abismo también
son devorados vorazmente desde su hígado 
por un cuervo   todos los días   mirando el mar

Están condenados
por haber robado el verdadero fuego de Dios

la palabra




Deseo original

Te dije Eva
Que en otra vida fui Manzana
-  dijo Adán –
Ella le dijo que las Manzanas
no reencarnaban
mientras le mordía el cuello




Antiverso a un retrato

Te amenazo
Te declaro la guerra
Prometo fielmente
Desdibujarte con mis manos
Si no dejas de traer recuerdos.





Para olvidarte

Yo no sabía en qué lugar poner tu recuerdo
A qué camino mandar a perderse
las sandalias que dejaste en mi ropero
En qué pútrido mal olor olvidar tu aroma
O en qué sordera embolsar el recuerdo de tus gemidos.

Ahora sé
Que todo
         todo
         todo tu recuerdo

Cabe en mi silencio.





Kike Zepeda (Julio Edgardo Zepeda Vargas, Santa Ana, 1990), VIII premio centroamericano de poesía IPSO FACTO (2018), por “Laura punto com y otros links”. Premio único en el certamen universitario de poesía “Ítalo López Vallecillos” por “Esta manera de olvidar” (2016). Tercer lugar del Primer Certamen Estudiantil Universitario por “Llanto de la infancia extraterrestre” (2018),  Tercer lugar en el primer certamen “José Rutilio Quezada” por “Oficio de Pájaros” (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2015), ha publicado: “Para que la muerte no te encuentre” (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2016), “Los nadantes” (Editorial Poe, Guatemala 2019), su trabajo aparece en la antología “Torre de Babel. Antología de poesía joven salvadoreña de antaño: Los apócrifos salmón; volumen XV”, así como en revistas nacionales e internacionales, como el número 11 de la revista Cultura, o el Suplemento Cultural 3000 (Co-Latino), Vecindario (Nueva York, 2013), y distintas revistas digitales.

domingo, 27 de enero de 2019

Fray Ramón Pané, Cómo fue hecho el mar según los taínos de La Española

Capítulo IX 

Cómo dicen que fue hecho el mar Hubo un hombre llamado Yaya, del que no saben el nombre; y su hijo se llamaba Yayael, que quiere decir hijo de Yaya. El cual Yayael, queriendo matar a su padre, éste lo desterró, y así estuvo desterrado cuatro meses; y después su padre lo mató, y puso los huesos en una calabaza, y la colgó del techo de su casa, donde estuvo colgada algún tiempo. Sucedió que un día, con deseo de ver a su hijo, Yaya dijo a su mujer: "Quiero ver a nuestro hijo YayaeF'. Y ella se alegró y bajando la calabaza, la volcó para ver los huesos de su hijo. De la cual salieron muchos peces grandes y chicos. De donde, viendo que aquellos huesos se habían transformado en peces, resolvieron comerlos. Dicen, pues, que un día, habiendo ido Yaya a sus conucos, que quiere decir posesiones, que eran de su herencia, llegaron cuatro hijos de una mujer, que se llamaba Itiba Cahubaba, todos de un vientre y gemelos; la cual mujer, habiendo muerto de parto, la abrieron y sacaron fuera los cuatro dichos hijos, y el primero que sacaron ere caracaracol, que quiere decir sarnoso, el cual caracaracol tuvo por nombre [DeminánJ; los otros no tenían nombre.


Capítulo X 

Cómo los cuatro hijos gemelos de Itiba Cahubaba, que murió de parlo, fueron juntos a coger la cabalaza de Yaya, donde estaba su hijo Yayael, que se había transformado en peces, y ninguno se atrevió a cogerla, excepto Deminán Caracaracol, que la descolgó, y todos se hartaron de peces. Y mientras comían, sintieron que venía Yaya de sus posesiones, y queriendo en aquel apuro colgar la calabaza, no la colgaron bien, de modo que cayó en tierra y se rompió. Dicen que fue tanta el agua que salió de aquella calabaza, que llenó toda la tierra, y con ella salieron muchos peces; y de aquí dicen que haya tenido origen el mar. Partieron después éstos de allí, y encontraron un hombre, llamado Conel, el cual era mudo.

 Capítulo XI 

De las cosas que pasaron los cuatro hermanos cuando iban huyendo de Yaya. Estos, tan pronto como llegaron a la puerta de Bayamanaco, y notaron que llevaba cazabe, dijeron:" Ahiacabo guárocoel", que quiere decir: "Conozcamos a este nuestro abuelo". Del mismo modo Deminán Caracaracol, viendo delante de sí a sus hermanos, entró para ver si podía conseguir algún cazabe, el cual cazabe es el pan que se come en el país. Caracaracol, entrando en casa de Bayamanaco, le pidió cazabe, que es el pan susodicho. Y éste se puso la mano en la nariz, y le tiró un guanguayo a la espalda; el cual guanguayo estaba lleno de cohoba, que había hecho hacer aquel día; la cual cohoba es un cierto polvo, que ellos toman a veces para purgarse y para otros efectos que después se dirán. Esta la toman con una caña de medio brazo de largo, y ponen un extremo en la nariz y el otro en el polvo; así lo aspiran por la nariz y esto les hace purgar grandemente. Y así les dio por pan aquel guanguayo, en vez del pan que hacía; y se fue muy indignado porque se lo pedían ... Caracaracol, después de esto, volvió junto a sus hermanos, y les contó lo que le había sucedido con Bayamanacoel, y del golpe que le había dado con el guanguayo en la espalda, y que le dolía fuertemente. Entonces sus hermanos le miraron la espalda, y vieron que la tenía muy hinchada; y creció tanto aquella hinchazón, que estuvo a punto de morir. Entonces procuraron corlarla, y no pudieron; y tomando un hacha de piedra se la abrieron, y salió una tortuga viva, hembra; y así se fabricaron su casa y criaron la tortuga.


Fragmento de Fray Ramón Pané, Descubridor del Hombre Americano. THESAURUS, Tomo XLVII, Num. 2 (1992) José Juan ARROM. Centro Virtual Cervantes.

https://pueblosoriginarios.com/textos/pane/intro.html

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22012014000200004


martes, 15 de enero de 2019

33 Revoluciones para Rodríguez - Salvador Madrid

Salvador Madrid, poeta y crítico hondureño, compañero de muchísimos años (lo conocí en 1994, entre la desorientación y angustia que me causaba el asistir a la primera exposición de pintura en mi vida, dentro de una vieja casa presidencial que apestaba por los efluvios del río Choluteca cruzando Tegucigalpa), me ha dado el gesto, siempre hermoso, de escribir una reseña sobre mi último poemario, 33 Revoluciones para Rodriguez. Me alegra, sí, como esa imagen que tengo de él, cuando Rubén Izaguirre me lo estaba presentando en la entrada de la exposición: mirá Fabricio, él también viene de tierra adentro como vos... desde Naranjito, Santa Bárbara. El apretón de manos y el abrazo sigue durando hasta hoy, así como el enorme sentido del humor que nos hizo reconocernos y hacernos cómplices, algo que sé guardar celosamente.



lunes, 14 de enero de 2019

Alex Darío Rivera - Honduras





XI

Y de nuevo la lluvia acariciando el barro rojizo de los tejados. Humedeciendo los secos líquenes, lavándoles el polvo. La luminiscencia metálica del zinc es abofeteada. El golpeteo lentamente se extingue: no soy del todo consciente, algo en mí, cree que ha comenzado a morir, y no temo. Percibo una indescriptible placidez al abandonar la conciencia de las cosas, la extinción de las formas, y el acabose de los pensamientos.

Amanece; abro los ojos, y pienso que la muerte debe tener algo de dulzura, robada al sueño.




XIV

El polvo sólo es un largo bostezo que perdió el delirio de acercarse al mar. Las zanjas eructan sopores y nublan las miradas que interpretan los caprichos de las nubes. Un viejo encino muere recostado en una cerca. Nadie logró ahuyentar la tristeza de los jardines.

Los pájaros la llaman, la lluvia no llega.




XXII

Las aguas reivindican el viejo andar sobre los zanjones. El polvo solamente es un recuerdo terracota untado a los barrancos. La sequía persiste en el fósil corazón de una roca atrapada por  la   lluvia.   El   agua   cincela   la   memoria   colonial   del   calicanto;  lima,   desdeñosa,   la persistente   raigambre   del   estuco.   Tiemblan   dos   gotas  presumiendo  ser   estrellas   en   el universo de una telaraña. La bruma lame el paisaje. Una hoja de papel sueña ser barquito sorteando la corriente. El maíz moja sus pistilos y rememora la génesis - casi olvidada- del hombre. Los cercos de púas son cuerdas ejecutadas por las manos del viento. Los árboles, ebrios, tambaleantes, olvidan la profecía escatológica de la ceniza y el carbón. Se nublan cristales, espejos y miradas. La tormenta impone silencios.

Las aguas, reivindican su viejo andar en los indescifrables misterios, de lo que callamos.


XLVII


Habitamos en una pesadilla de la que pataleamos por despertar, o una realidad de la que quisiéramos escabullirnos en un dulce sueño. Envejecemos, donde a veces, con frecuencia, nos cuesta determinar si somos víctimas o victimarios, si debemos gritar o que lo haga el silencio, si salir a la calle desangrándonos por las aceras o morirnos de impotencia en la pasividad de la sombra del tamarindo en la esquina del patio. No esperar trompetas ni el ruido inflamable de un infierno vivido. Esperar a que nuestros despojos se junten, y que los petulantes dioses vuelvan a ser creados en la memoria sobreviviente del hombre (no de la mujer), para que ellos, patriarcas, omnipotentes, omnipresentes y omniscientes, después, libres de culpas y pecados, con sus varoniles manos vuelvan amasar nuestros barros para que -nuevamente- tengamos la certeza que nos crean a su inmaculada imagen y semejanza, y que nosotros, simples mortales, sometidos a su eterna voluntad, nos volvamos a creer el cuentecito.






EL PRELUDIO DE LAS CENIZAS


“La muerte es una vida vivida. La vida una muerte que viene”.
J. L. Borges

Un leve augurio susurra a mis cansados oídos
en esta habitación clandestina.
Los quejidos
arrancados por las llamas a la leña en la chimenea
y el olor de la resina sacrificada en incienso
traen consigo un presentimiento fatal:

Este intenso fuego pueril
con el que ahora me abrazas,
más temprano que tarde
me convertirá en simples cenizas.



EVOCACIÓN CORPÓREA

“En la circunferencia,
el comienzo y el fin coinciden”.
Heráclito

Reconozco el olor de mi arcilla
              levitando en la primera lluvia de mayo.
Símbolos nos retoñan por todas partes,
se nos convida la reminiscencia del agua en la génesis del todo,
y una gota de lluvia
resbalando sobre la hoja de un árbol cualquiera
no solo perpetúa esta procedencia del barro
sino la impostergable necesidad de retornar a él.



EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN
“En la lucha de uno y el mundo,
          hay que estar de parte del mundo”.
Franz Kafka

Los sábados por la mañana
saco a asolear mis dudas,
espero con fe
a que los vecinos me ofrenden respuestas.

Lo triste ocurre por la tarde,
al ir a recogerlas, las dudas,
se me han multiplicado.



MEDIANOCHE

A estas horas suelo ser silencio.

Los ruidos no llegan a mis oídos,
nacen y mueren en mí.

El universo:
una aletargada afonía
apenas rota
por el insidioso gorjeo
                             de un guecko.



Alex Darío Rivera M.

Alex Darío Rivera M. (Santa Bárbara, Honduras, 1975). Licenciado en Ciencias Sociales. Poesía: "Introspecciones extintas" (2008), "Desde los balcones" (2011), "Mortem" (Ciudad de México y El Salvador, 2017), y “La lluvia no llega” (Muestra poética, El Salvador  2019). Y el libro de microhistoria "SITRAMEDHYS, medio siglo de lucha" (2015). Cuento: "De fugas y acechanzas" (2012) y "Recuentos a media luz" (2013). Antologado en "Honduras, sendero en resistencia", "Poetas en los confines", "Kaya Awiska, Antología del cuento hondureño", "Antología del cuento hondureño Siglo 21", "Tratado mesoamericano de libre poética: ecos náhuatl Honduras-México" y en "Letras sin fronteras II". Parte de su trabajo se ha traducido al vasco y al rumano.