martes, 13 de noviembre de 2018

La rendición


Me parece esta una de las mejores representaciones de la rendición incondicional alemana, el 8 de mayo de 1945. Todo el patetismo resuelto en tomas largas que buscan escarbar a fondo lo que Keitel, Doenitz y Runstedt pensaban de sí mismos, más que de Alemania. Ahí estaban los tres aristócratas de rancia tradición prusiana ante un Zhukov de extracción campesina y sin embargo, héroe absoluto de la URSS. La escena de la cena es sencillamente genial y el detalle de los soldados de los tanques rusos es brutal. Disfrútenla.

De la peícula White Tiger.

Las Crónicas del Capitán Snorkel 8 - Fabricio Estrada



Te has estado conteniendo porque es falso
es mentira.
El barco no flota el avión no flota solo está el aire, solas las aguas. Solo flota el vacío sin crear verbo
ni el ron perfecto con el que brindan los muertos. Saludás al guardia y éste responde a tus buenos días, saludás al pastor del rebaño y éste bala como oveja risueña.
Te has estado conteniendo
porque es falso
es mentira.
Ves películas en centros comerciales inmensos, películas de crionizados que despiertan antes de tiempo pero sos vos quien despierta y vagás por los pasillos buscando la grieta que reventará todo. Te vas y no hay meteoros, saludás las banderas que te salen al paso cantás el himno a la guayaba, ves tres dientes en las palabras de los mendigos y te preguntás por qué no ha ido al dentista, quizá podría podar la grama de tantas lluvias, quizá mantener limpio el cristal de los cajeros automáticos,
el caso es que vos no flotás es ese pobre hombre quien flota de hambre mientras saluda a las estatuas que te llenan de envidia. Vos quisieras ser de mármol o de bronce
 pero sos de envidia
y de ojos mirones girando en la nada, amás el calor que llega de las postales aunque rodés bajo cero en los autos que borran paisajes; y así es que la nave espacial va regresando a tu cuerpo y la butaca se acopla a tus vértebras como un traje a la medida de todas tus ausencias, te sostiene un minuto y luego te deja ir,
Ingrávido extra para todo guión en busca de un looser.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Islandia, de Cindy Jiménez-Vera: una isla para despertarse tarde y perderse las pocas horas de sol.




Durante los siglos posteriores a la caída de los dioses grecolatinos, la gente mantuvo en su memoria muchos de los impulsos telúricos que los empujó a identificar y a regresar a ciertos lugares concretos donde alguna vez, según las creencias paganas, se revelaron los hechos de las divinidades. Así, la aldea de Eleusis, en Grecia, perduró como el lugar donde estaba la cueva de aparición de Perséfone, secuestrada y hecha esposa por Hades. El lugar de las sombras tenía entonces su referente físico entre las escarpadas laderas cercanas a Atenas y a él se podía ir como precoces turistas del mundo antiguo que iban construyendo un misterio alterno al de los eleusinos. También están otros lugares sacros que abandonan la nebulosa referencial de la religión y se plantan como tótem en las llanuras y horizontes comprobables dentro de la geografía de la realidad: el Monte Ararat -para citar algunos-, la explanada en Jerusalén desde donde Mahoma ascendió a los cielos, las ciénagas norteñas del Aztlán mexica y, para el caso que nos compete, la legendaria e hiperbórea Tule, hoy conocida como Islandia.

Cindy Jiménez-Vera ha decidido en su poemario Islandia, devolverle a la isla actual su condición de Tule-No lugar para que en ella habite su madre fallecida -quien aparece sutilmente a veces a lo largo del libro y en otras, rotundamente-, no como un lugar en otra dimensión, sino como una lejanía geográfica donde, como en la misma vida, sea tan difícil ir, pero imposible de borrar de los mapas entre los destinos posibles; parafraseando a Victoria Saw agregaría que, para entender su verdadero contenido -el poemario- hay que invertirlo, porque el mito no permite una lectura clara, transparente, sino a la inversa.[1]

Quise esconderla
en veinte bóvedas chinas.
Quise abrigarla
como si se fuese
a Islandia. (Guantes)

De esta forma, Puerto Rico e Islandia se vuelven equidistantes en la ausencia y, además, susceptibles de abandonarse o llegar a ellas cuando el tiempo lo permita. Las fronteras del Hades se borran así y la madre está más cerca, susceptible a ser considerada una turista en un largo, aunque doloroso viaje.

Tengo claro que cuando escribí el poema Archipiélago, que forma parte de este libro, no lo hice con pretensiones cartográficas. Pensé en el agua que comparten las islas de las Antillas con Islandia; el océano Atlántico. Sólo propongo una pequeña reflexión hidrográfica. Los pronombres, vistos desde lejos son manchas. (Apéndice XXIII sobre cartografía)

El mar se revela como la materia de la eternidad que mantiene en un mismo territorio a la soleada Borinquen y a la crepuscular Islandia en una geografía emocional que va siendo descrita a manera de soliloquio, haciendo uso de todo el instrumental referencial de una poeta cuyo oficio profesional es el de ser bibliotecaria (hay varios poemas en los que la cotidianeidad de la atención en la biblioteca nos transmite el cómo se forja una sensibilidad tan amante de los irónicos detalles, como la tiene Cindy[2]) Por ello, su voz va atravesando los poemas en el mismo tono en voz baja que se debe a los silenciosos salones y casi se puede percibir el siseo de las páginas donde va leyendo la propia historia que ella va evocando sin ayuda de lirismo alguno. Este registro anula cualquier intención de identificar desde qué género se ha escrito Islandia pues las fuentes de información que utiliza para potenciar su gran símil del No lugar, la carencia y la ausencia, son transversalizadas y puestas a disposición absoluta de la poética coloquial y de tono cómplice.

Islandia ha adquirido al final del poemario su estatus de patria de la ausencia -matriz de la madre- a la cual podemos arribar, con la misma disposición anímica de aquellos que, llegando hasta Eleusis siglos después del abandono de los dioses, veían sin ver que Perséfone aún esperaba ahí, en lo que todos consideraban una referencia de tiempos ya idos.

Fabricio Estrada


[1] Maternidad, en el Diccionario Ideológico Feminista, Victoria Saw.
[2] Cindy Jiménez-Vera, San Sebastián del Pepino, Puerto Rico, 1978. Libros publicados: No Lugar -2017, Islandia -2015, 400 Nuevos Soles -2013, Tegucigalpa -2012, El Gran Chessburger y otros poemas con dientes -2015. Es Directora de Ediciones Aguadulce.

viernes, 26 de octubre de 2018

I'll be gone in a day or two

Si hubo una canción ochentera que me dio a entender la dimensión paralela de la música pop fue Take on me. Era imposible dejar de ver su video  una vez que se me presentó como "muñequitos". Entraba a su atmósfera y quería vivir ahí. Ya una vez adulto, la imaginación aquella se me convirtió en nostalgia y a veces siento que puedo ir a la hemeroteca para entrar a través de los periódicos a aquellos años en que los juegos mecánicos del ahora extinto Campo de la ENEE, ponían como ambiente musical esta canción de A-ha intercalada con Funky Town. Mi hijo sabe que a las dos de la tarde, si va en un taxi de Tegus, las viejas radios con sus viejas programaciones pondrán Take on me. Las veces que hemos coincidido en unos de esos taxis que sintonizan exactos la brecha del tiempo, Esteban me ha dado un suave codazo en las costillas diciéndome: Escuchá, papi, la misma hora, la misma canción, tu canción...

Lo que a mí me dice Take on me es el anuncio de todas las distopías musicales ya que siempre la tomé como un tema futurista. Ahora, ya en el futuro, me doy cuenta que será muy difícil que regresen esos sonidos experimentales tan frescos, transparentes y, a la vez, tan llenos de desasosiego, porque sencillamente fueron creados para la generación que desaparecería bajo el bombardeo nuclear soviético. El romance que ahora veo ahí es el que se estiló en aquella visión apocalítica en la que series como Logan: Fuga del Siglo XXV mostraba a parejas enamoradas huyendo de las máquinas, así que cantar en un día o dos me iré... llévame! no suena a despropósito, al contrario, es el beso de las cigarras y la última fantasía de los últimos niños que habrían de amar sobre el mundo.




Will you call my name?

Tengo algo íntimo con esta canción de Simply Minds, no me avergüenza decirlo -ya he escuchado a otros decir que El Tenampa los quiebra-, pero cuando escucho ciertos pasajes líricos de Don't you, call my name or walk on by, por ejemplo (dirás mi nombre o caminarás con él) no dejo de recordar las oscuras caminatas con walkman por las calles de Tegucigalpa, intentando enviar una señal psíquica al amor de esos días, un amor que no me esperaría en la esquina siguiente y que al verme intentaría fingir algo para darle postal a la luz que caía pálida en su rostro.
Tengo mis himnos y este es uno -todxs lo tenemos- , y es que desde muy niño, cuando pasaban el programa de videos Hola Juventud, me intrigaba el acting de Jim Kerr transmitiendo un ruego que en realidad era el adiós al amor de joven. Su Look my way, never love me dicho con el hilo de voz que los sintetizadores alargan al igual que el video va girando en torno al hipnótico cantante, crean un vértigo tremendo, tristeza, angustia, no puedo definirlo y es lo mejor, toda la melodía y video clip ha debido siempre aspirar a ello: a ser inaprensible.

Veo y escucho una vez más Dont'you, y se viene el aroma a café tostado que flotaba desde el barrio Guacerique, el frío y el silencio de Tegus en los 80, la voz de la Myrna María Barahona que jamás logré separar de esta canción lanzada en primicia desde Stereo Mil, como una lluvia que no se detendría jamás.

Rain keeps falling
rain keep fallin
down, down, down... will you call my name?


sábado, 20 de octubre de 2018

Honduras: ¿Quién y cómo se organiza el éxodo?




¿SE PREGUNTAN CÓMO SE ORGANIZA EL ÉXODO HONDUREÑO, QUIÉN ESTÁ DETRÁS? Se los responderé en confianza: Resulta que un día se amanece sin haber conseguido ayer el préstamo de 5 dólares (100 lempiras) para poder comer algo hoy. Te quedan tres huevos, dos lempiras de tortillas y un voto que ir a dar tipo 10 de la mañana en la escuela de tu barrio... Resulta que prendiste la tele y están pasando la masacre de la madrugada. Vas a la pulpería a pedir fiado y te das cuenta de que ya no abre más porque le dispararon al dueño por no pagar el impuesto de guerra. 

Camino a la escuela, cientos de personas están haciendo fila para votar. Das tu voto pensando que tal vez se arregla algo cambiándolo todo de una buena vez. Al regreso a casa ves un inusual movimiento de tropas en cada rincón de la ciudad, la mayoría de ellas encapuchadas. Llevás diez años asistiendo a las movilizaciones en las calles. El golpe de Estado del 2009 movilizó a millones y vos estuviste entre ellos. Es de noche ya. El conteo da como ganador a lo que elegiste democráticamente en lugar de agarrar un fusil e irte con miles a una revolución incierta. El voto era incierto, pero esta vez el conteo habla con certeza absoluta: se ha barrido con la élite que secuestra al país desde el 2009 y medio mundo comienza a celebrar y celebrando se da el fraude. 

Se revierten en un parpadeo alrededor de dos millones de votos y resulta electo por la fuerza y bajo la bendición de la Embajada estadounidense un patizambo que de inmediato se convierte en dictador. La rabia es brutal. La alegría es tan precaria. Miles y miles salen a las calles a protestar y son bombardeados, asesinados, torturados, encarcelados... las tropas enmascaradas invaden los barrios pobres y sacan del pelo y a patadas a los jóvenes, a las mujeres... vos tenés hambre, pero es mayor el hambre de la indignación. Se protesta, se protesta, pero desde Washington se manda a decir que debés aceptarlo, que eso es democracia. 

Tras noches de desvelo te das cuenta que ya no podés conseguir empleo, que los noticiarios van aumentando su cuota de asesinatos, que los estudiantes son asesinados, perseguidos, que los campesinos son desalojados por miles, que encarcelan a los campesinos, que los bancos te niegan el préstamo, que no tenés educación más que para trabajar por horas sin derechos laborales, que no tenés derecho a un seguro social que fue saqueado por los mismos que se han reelegido y que desde los púlpitos te piden aguantar y aguantar y aguantar. 

Ves las filas en western union y money gram... largas filas que a veces solo van a retirar 100 dólares enviados desde algún lugar de la yusa... 2000 lempiras que nadie te regalará en tu día donde solo necesitabas de 5 dólares para sobrevivirle al día... lo calculás, ves la diferencia ¿y si gano allá, aunque sea 200 dólares a la semana es más de lo que ganaría en todo un mes? Te cuentan que se reunió una caravana para salir hacia el norte. Que esta vez los zetas no podrán secuestrarla ni fusilar a nadie como aquel año en Tamaulipas donde asesinaron a 76 mojados. Me iría, pensás, pero no podés porque ya estás en silla de ruedas, sin las dos piernas que cortó la bestia hace un año. ¿Cómo se organiza tanta necesidad? ¿Lo explico de nuevo?

F.E.

viernes, 19 de octubre de 2018

Border Us - Fabricio Estrada

No encuentro palabras y de pronto me da  por traducirlo a caricatura. Esto es lo que voy viendo sobre la gran migración masiva hondureña hacia Estados Unidos. No hay signo estético, comprendan eso: es pura catarsis.







domingo, 14 de octubre de 2018

Honduras en oleadas

Se me hace muy difícil traducir en palabras lo que mis emociones dicen con tanta claridad y espanto. Habla -ese, mi interior- desde el sentirse desplazado de Honduras junto a los miles que están huyendo de la dictadura neo-fascista que apoya Estados Unidos en mi país. Repaso opiniones sobre la segunda caravana que se ha organizado para iniciar un éxodo hacia el american dream y de inmediato encuentro que la trivialización entrona sus regla bajo las frases "siempre fue así", "no hay de otra", "el que quiere trabajo lo busca donde sea"... toda esa facilidad con que la hiper-dictadura (la dictadura interiorizada) oculta lo que es la causa directa: Honduras vive una dictadura montada bajo diversos mecanismos que han sido activados a la vista de la comunidad internacional; desde un golpe de Estado, hasta dos fraudes electorales que elevaron la barbarie a institucionalidad. El nombre de juan orlando hernández flamea como la bandera de barras y estrellas más reciente en la luna desolada y asolada por el paramilitarismo y la represión frontal del ejército.



Si esta traducción tuviera una representación gráfica, necesitaría de una foto donde aparezcan todas las amistades que van desapareciendo, borrados del marco aquel donde reíamos y soñábamos un país. Yo mismo desaparecí de esa fotografía que ahora miro desde Puerto Rico. Pregunto a los que van quedando en mi pueblo y cada uno de ellos me asegura que está a punto de salir del país, que solo espera un último impulso anímico. Las imágenes de esta segunda caravana puede ser el impulso esperado. Estoy seguro que comenzarán a aparecer altisonantes argumentaciones sobre cómo se organizó esto, que cómo es que de pronto miles saben dónde reunirse, y estas opiniones dejarán de lado el ejemplo natural del agua que siempre encuentra la grieta dónde reunirse para salir del espacio confinado. Y no solo es un espacio confinado mi Honduras. Dentro de ella se lleva a cabo una de las masacres institucionales más graves del planeta, masacre que no solo incluye el atropello o aniquilación física, sino que se extiende hacia la desaparición sistemática de cada uno de las normas jurídicas con que se construye la ciudadanía, unas veces burlada, otras veces encarcelada masivamente, en otras torturada bajo la nube de gases lacrimógenas más invariable y continua de las que se lancen hoy por hoy en América y, repito, en el mundo.



Que esos argumentos vengan y digan que eso no incide en estas caravanas y que son las maras la que expulsan y desplazan, es, sin duda,  una de las mayores alevosías de la hiper-dictadura. Se oculta el desempleo y el empleo politizado, se oculta el negocio de la gran empresa privada (COHEP) con su exitoso logro pos-golpe de Estado al terciarizar por horas el empleo; se oculta el desalojo de campesinos y la pasmosa acumulación latifundista en los valles más productivos del país; se oculta la persecución y asesinato a lideresas como Berta Cáceres y Margarita Murillo, mujeres valientísimas que han defendido los recursos de una soberanía ancestral que ahora pretenden borrar con hidroeléctricas y minería a cielo abierto (más de 300 concesiones han sido dadas apor juan orlando a empresas transnacionales); se oculta el horror represivo de la protesta contra el fraude que implantó la dictadura en diciembre pasado, todo esto apoyado por los flameantes Estados Unidos de América, el mismo lugar a dónde se dirige la segunda caravana con una lógica histórica incontestable:

 SI ESTADOS UNIDOS QUIERE Y ALIENTA LA SITUACIÓN DE MASACRE A TODO NIVEL EN HONDURAS ES PORQUE QUIERE QUE LOS Y LAS HONDUREÑAS VAYAMOS A ELLA EN BUSCA DE REFUGIO. SI LOS ESTADOS UNIDOS QUIERE EXPLOTAR TODO NUESTRO TERRITORIO ES PORQUE TIENE PARA NOSOTROS UN MEJOR TERRITORIO PARA RECIBIRNOS. SI ESTADOS UNIDOS QUIERE UN CAMPO DE BATALLA CONTRA EL NARCOTRÁFICO, PUES SE LO DEJAMOS PARA QUE LIMPIEN BIEN Y LUEGO REGRESAMOS. SI ESTADOS UNIDOS NO QUIERE MÁS INMIGRANTES POBRES PUES NOS IREMOS A ENRIQUECER MEDIANAMENTE PARA PONER NUESTRO NEGOCIO AL REGRESO Y NUNCA MÁS VOLVER AL AMERICAN DREAM.



Pero bien sabemos del negocio de los bancos con las remesas. Todo ese ahorro y envío es acaparado por el sistema bancario que es conformado por las mismas familias que han creado el escenario dantesco. Lo decía en mi muro en Facebook: las fronteras se han descosido, toda la movilización social que hemos tenido la última década pos-golpe, ha probado su incapacidad de ir más allá de las movilizaciones pacíficas en las calles de todo el territorio nacional. Sin intenciones de una revuelta armada, pues sigue la lógica de marchar y marchar. Una vez lo escribí: las movilizaciones de la Resistencia hondureña eran un éxodo de un desierto que podía estarnos ofreciendo 40 años sin asentamiento pero que el simple hecho de que toda Honduras estuviera en movimiento, sacaría de la molicie y determinismo mental a tantxs que ha considerado a Honduras inmutable. La dictadura no gobierna a una nación, eso hay que aclararlo, intenta aplacar por la fuerza un desplazamiento de placas continentales. Dicho de otra forma: la situación de gobernabilidad en Honduras es como si un capitán de barco que perdió su nave se empeñara en gobernar las olas.

Y esa segunda oleada es la que va hacia las costas supremacistas de Trump. Su golpe silencioso pero obstinado, pondrá en una posición de recambio a la dictadura. De eso estoy seguro. Ya Trump se lució con las jaulas para niños... ahora quizá el mismo Trump, como segunda respuesta, meta en la jaula al dictador y a sus guardianes. En los hechos del imperialismo, también esa es una lógica fácil de intuir.

F.E.


domingo, 7 de octubre de 2018

Las Crónicas del Capitán Snorkel 7 - Fabricio Estrada


Foto: Fabricio Estrada

Tardes completas en que esto se va a pique y los platos giran sobre la mesa sin caerse.
La proa anegada como la cama al que el cuerpo baja, en sueños, para enredarse en las redes mal hechas por una multitud de ancianos y piratas desarbolados.
La última hora captada por la antena habla de trescientos ahogados en el galeón ConcepciónIgual que hoy, 30 de octubre de 1641 algunos construyen su balsa y cruzan La Mona desde República Dominicana e intentan no convertirse en estadística de tiburones. El asunto es que la tarde sigue escorando y los tripulantes de mi bochorno hacen lastre y demasiados nudos para las velas.
 Cada quien sabe el calado que resta.
Cada quien sabe dónde cruje la quilla.
El huracán parece hermoso si se canta -vagas anotaciones en mi bitácora cuando la cerveza corre
y su aluminio es boya que ubica al ahogado. Tardes completas en que esto se va a pique, carabelas, naos, canoas, bergantines o falsos cruceros nocturnos que se desprenden como pedazos de ciudad.
 Importa poco la forma de los buques cuando hay aviones para alejarse y mirar el ojo de Arecibo
desde arriba, percibiendo con su radiofrecuencia hasta el último latido de nuestro pulso acelerado, registrando el último parpadeo de nuestra señal roja casi satélite casi constelado abandono junto a mil puntos rojos de igual número de aviones perdidos en la oscuridad que se alejan, se alejan hasta posarse, quizá, en el viejo cometa de níquel en que se fue convirtiendo nuestro corazón.

F.E.