miércoles, 17 de septiembre de 2014

Tres pasos para desmontar Nómada 2014 - Escuela Experimental de Arte, Tegucigalpa

Lucie Smith

Compañera Lucy, Compañero Léster: no hablaré del cómo se monta una exposición de arte desde un marco curatorial. Hablaré del cómo se desmonta desde el mismo lugar en que las obras se han colgado.

Primero se saca grapa tras grapa del bastidor y entonces da tiempo de putear en silencio a cada una de las instituciones artísticas de Honduras. Se va sintiendo el sudor aflorando en la espalda y así se recuerda que tenemos el arte sobre nosotros, con  todo el peso de un David de mármol quebrado, un brazo del David entonces o esa cabeza monumental Olmeca que se instala en el sueño cuando dormimos.

Luego se ven las grapas regadas por el piso y Arturito, solícito, te trae un poco de agua. Así va enrollándose la fotografía hasta que cabe exacta en el cilindro de pvc. Mientras se va enrollando da tiempo de acordarse de todo el proceso que llevó a Nómada 2014 y van cruzando las discusiones y las ideas de este juego de abalorios que Herman Hesse hubiera querido ver pero que es fácil de explicarlo: "a ver, don Hesse, el asunto es que aquí en Honduras se instaló el mayor cinismo que hubiéramos conocido y el arte no es lenguaje porque sólo es lenguaje lo que comunica y aquí todos estamos incomunicados cada quien en su celda monacal y el lenguaje no alcanza a comunicar ni entre los que deberían escribir sobre arte". Por ejemplo, hay un acto simbólico en el hecho de recorrer cada sala cargando cajas y pantallas que fueron las articulaciones de un gigante silencioso que se fue construyendo entre lxs artistas de Nómada cada sábado... no, mejoremos la imagen: son los huesos de una gigantona de Yuscarán que se despedazó en la pista del Estadio Nacional el 15 mientras saludaba a la tribu política en su estrado cívico. Ahí va la gigantona desmontada entonces, casi como un ensayo de Adorno en una sopa de res dominical, compitiendo por ser sabor entre la yuca y el ayote. ¿Comunica ésto algo?

Como segundo paso uno se permite breves minutos ante la pieza artística que pronto estará embalada. Hay que absorber la médula que flota entre tanta dignidad. Sorber por los ojos, inventariar el esfuerzo supremo de sobrevivirle al vacío, pensar, pensar, pensar qué más hacer para unir las neuronas del pensamiento académico con el acto creador del artista, cómo extirpar el alzheimer, cómo sacar de su cueva al cusucocoolsnobposmodernista sin que Habermas diga que está bien que salga a darse aire, que hace buena época para crear la mayor afrenta moral que haya existido jamás en un país de eterna crisis ética, urbanística e incluso gastronómica (vamos, vamos, no hay por qué sentirse mal con el lenguaje cantinflesco ahora, precisamente, cuando ya viene el estreno en el cine y que los curadores del sistema sí derrocharán ríos de tinta en reseñas, ensayos sobre cine y hasta en entrevistas a los nietos de Mario Moreno).

Como tercer paso, se levanta una grapa del piso, se le queda viendo largos minutos y se hace la pregunta fenomenológica del día: ¿cómo se manifiesta la indiferencia en su estado más puro dentro del arte hondureño? No habrá respuesta, por supuesto, pero la agenda del museo borrará y escribirá de nuevo algo parecido a un anuncio de circo, y bajo la nueva agenda quedarán como anécdota "lo entretenido que fue ver a los artistas creyendo que cambiarán algo de lo que no queremos cambiar". Llegados a este punto, la sala ya está vacía. Nómada ha sido demontada, Don Rómulo nos pasa sus martillos y los clavos salen rápido de los maderos. Algunas personas que vagan como fantasmas por los pasillos de la "Identidad Nacional" preguntan qué se estaba exponiendo y yo ni corto ni perezoso les respondo: los artistas, los artistas se estaban exponiendo al vacío y no hubo Kafka ni Barthes que tomaran nota y, sin embargo ¡qué gran muestra de codificaciones nuevas se observaron! ¡qué proceso más bello el del arte anónimo que se vuelve más anónimo mientras más se muestra en los espacios oficiales! Honduras y su arte han ganado otro vacío, porque de eso se trata, de vaciar, de vaciarnos desde adentro en los pulcros pisos, de hacer y que el producto artístico sea sístole y diástole natural.

Compañero Léster, Compañera Lucy, la sala está vacía, como siempre. Lo que lograron montar junto a todxs lxs que participaron en Nómada 2014 ha sido inventariado entre lo mejor de la expresión artística colectiva de este año en Honduras. Sellemos las cajas.

Sucede que estamos en inventario.

Estamos desmontando un mundo, estamos desmontando el artificio. 

Ocurre que estamos borrando el número de serie y volviéndonos artesanos, llenos del barro de los días, amasados por el golpe, nos estamos haciendo irrepetibles.

Cada cosa, cada concepto es devuelto a una categoría básica y sustanciosa.

Trilobites, sílabas unicelulares: piedra, grito, alma.

Sucede que Eva sacó la cara y Adán la acompaña con su listado de novedades: esto es alegría, esto es tristeza, esto es mañana y esto olvido.

La mirada, los árboles, la hondonada de una herida brutal, ya son otros paraísos los que buscamos, nos hemos hartado de todos los frutales.

Esto es dolo, ésto es ángel inverso, ésto es flor y ésto un hombre desollado.

Ocurre que estamos inventando el tiempo y el sueño debe esperar, con su capa rota el sueño, con sus brillos el sueño, con su descanso mortuorio el sueño.

Hemos abierto -de un solo tajo- el vientre pulposo del bien y el mal y lo entendemos frío, áspero, entendemos que el viento silba nuestros nombres y a él nos entregamos llenos de ramajes.

Sucede que nos sabemos nuevos


y estamos en inventario.


Fabricio Estrada.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Volver de El Salvador y traerte un nombre

Volver de El Salvador y traerte un nombre, pequeño, lleno de viento y lluvia: Juayúa. Volver de Nahuizalco y traerte un baile que va escribiendo sobre las baldosas con roces secretos, de manera discreta, una lengua sólo conocida por quien la baila. Leerla es bailarla, entonces, y los círculos se van dando suavemente y de ellos sube el color hasta los labios rojos de las bailarinas.



Había visto los volcanes desde niño. Hubo una carretera desde donde se miraba, muy adentro de Honduras, el perfil dorado del viejo Chaparrastique. Antes de subir al bus sorbía de él su bruma de ensueño hasta que mi abuela me halaba presurosa. El volcán silencioso quedaba en un territorio lejano e incógnito desde el cual nos llegaba el fragor de punzantes detonaciones.  Cierta noche pasaron las imágenes de una plaza donde hormigueaban miles de personas bajo el fuego de francotiradores. El noticiario hablaba de cientos de muertos provocados por los comandos urbanos de la guerrilla y nada decía de los escuadrones de la mano blanca que disparaban a discreción, tumbados en las terrazas alrededor del funeral de Romero. Eso me traían las bolas de fuego, eso era lo que recordaba en Nejapa junto al Duke. Volver a El Salvador, me decía en una especie de rezo, volver y seguir las bolas de fuego casi quemándome en sus idas y vueltas, ígneos recuerdos que sólo la lluvia, llamada de emergencia, logró apagar cerca de la medianoche, antes que Popo Arreola dejara de darle al tambor más triste de los garífunas en el exilio. “Fabri –me dijo-, Fabri, qué joven estás, y yo tan lejano, tan viejo, aquí tocando”… No dijo más porque la lluvia caía en serio y apagaba todo y el último quiebre del cuero sonaba ya como entre olas que rompían en El Metalío, allá en Acajutla.




Luego Otoniel –pastor sin equivocaciones- arreándonos hacia la poesía, a todos los que fuimos, conduciéndonos a pesar de su fiebre que lo hizo contar menos chistes que antes, casi la misma fiebre con que logré verlo en el video del Museo de la Imagen y la Palabra”. ¡Ahí está el Oto, ahí está el Oto! Me dijo Marisol emocionada mientras señalaba una toma contrapicada donde aparecía el poeta volando candela en la ofensiva Hasta el Tope de 1989. Y ahí fue donde volvieron los fuegos de Nejapa con todas las conversaciones que Otoniel me ha dado desde hace tantos años. Estallaban sus risotadas y caían chispas por todos lados, se quemaban las buenas convenciones, regresaba la huida hacia El Ocio en aquel ya lejano 2003, con Saul Ibargoyen, Allan Mills, Lauren Mendinueta, Raúl Zurita y aquel Fabricio que no sabía gran cosa acerca de los protocolos y se moría de felicidad de estar por primera vez en San Salvador.


Volver del corazón de América Central, volver de vos El Salvador, de tu Sonsonate-Salarrué, de tu Santa Catarina de Masahuat, de tus 32 mil fantasmas de Izalco. Volver y traerme un nombre: Juayúa: lleno de viento y lluvia, y de la poesía de Roberto Arizmendi, de Ricardo Ballón, Anarella Velez, Rigoberto Paredes, Alejandro Urizar, Ramón Torres, Edgar Alfaro, Marco Tulio del Arca, Manuel Ibarra y Anthony Molina. Subíamos hacia la lengua que quieren matar los mismos de Daubisson, bajábamos hacia el Nahuat-Pipil que se sigue hablando a despecho de tanta bomba y fusilamiento. No vi la mano blanca pintada en las puertas de Nahuizalco ni de Salcoatitán, pero hay una mano transparente que sigue oprimiendo la respiración de las abuelas y nietas de Ama. La pude percibir. Las velas de colores se apagaban temerosas y el incienso a veces olía a pólvora. No hay descanso aún para tantas y tantos, algo quedó enredado entre los matorrales, algo como un hilo desprendido de un refajo multicolor pero sangrante.





Te traigo un baile secreto, entonces, la suela debe rozar apenas las baldosas de barro crear pequeños círculos e impulsarte suavemente el salto. ¿Así es la cosa, Marvin Paula? Doña Merceditas asiente y me dice que Marvin estuvo en el ballet folclórico salvadoreño y que nadie mejor para enseñarme a leer los pasos. Rosarito ríe junto a Lucy. Marvin continúa y baila allí mismo casi al mismo tiempo en que llega el busito para regresar a las lecturas. Pero yo sigo con lo del baile. Veo el paisaje y el paisaje sigue en el baile, la suela de los cerros roza las cenizas dejadas por los volcanes y, por breves momentos, se lee algo que las marejadas borrarán de inmediato. Llegamos ante los estudiantes, nos escuchan y comparten la poesía de lo indefinible. Sube el amigo de la marimba de arco y nos habla en nahuat-pipil en un acto de resistencia más, en un silbado dulce que hace florecer palabras alrededor nuestro, como collar de garmendias, como polen salido del cráter del Izalco.

De vuelta en San Salvador. El polen antes disperso regresa y los rostros de Krisma, Alfonso, Willian, Noé, Pedro y Alberto hacen rueda y vida. Nos vamos despidiendo de a poco, así como hiciera ante la tumba de Morazán, de Farabundo Martí, de Shafick. Nos vamos viendo desde la ventanilla, cierro los ojos y vuleve la tumba muda de Maximiliano Martínez sin ninguna inscripción. Vuelvo a ese momento en que decidí escupirla para dejarle una lápida de desprecio. Floto en la piscina de Juayúa y vuelvo a rehacer la plática con Rigoberto y las olas de Acajutla que le hacen recordar  su hijo a Roberto, vuelvo al instante en que conocí por fin a Santiago con todas las frecuencias radiales resumidas en su Radio Venceremos.  Allí mismo, donde bate la mar del sur se sumerge Alejandro Urizar, allá mismo, desde las ventanillas Vladimir Baiza me da su tono triste, de hermano de todas las guanaxias en el torbellino silencioso en que ha quedado El Salvador.



¿Querías que te trajera algo, Esteban, mi pequeño trotamundos? Te traigo un nombre: Juayúa, te traigo lluvia y viento, un país pequeñito para que lo cuidés como aquel Chaparrastique que guardo siempre desde niño, en la orilla de toda carretera. 

lunes, 25 de agosto de 2014

Arturo Martínez Galindo, La tentación - Honduras


La Tentación
(Arturo Martínez Galindo)

En el centro del valle se destacaba la aldea. Desde la cumbre de un otero, media oculta en el follaje, yo la había adivinado. A la proximidad del villorrio mi mulo alargó, el paso. Llegué a eso de las cuatro de la tarde, cuando el mordisco del sol tendía a la clemencia.
Hallábame hospedado en casa de gente cristiana. Dióseme aposento en la sala de honor, muy blanca de cal y alfombrada de pino fragante. ¡Qué encanto el de estas casitas aldeanas, limpias como ropa lavada y hospitala-irias como un corazón! Al atardecer, una chica de pies desnudos vino a mi cuarto. Sonrojóse hasta los ojos bajo el pecado de los míos que la escudriñaron y me dijo con cantarína voz:
Se le ruega, mi señor, la merienda está esperándole.Fui tras ella hasta el extremo de un corredor, donde sobre una mesa sin mantel humeaba el candido yantar.
Al caer la noche, una muchacha robusta y despeinada se ocupaba de rajar una pesada troza de pino. Yo la ofrecí la fuerza de mi brazo:
—Déjame la tarea, muchacha. —¡Ay no, señor, no! Si yo lo puedo hender y hay ya bastante ocote para la luminaria. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano regordeta y rió agradecida. Pude ver la blanca salud de sus dientes, y cuando se inclinó a recoger las astillas resinosas, vi también, por el amplio escote de su camisa almidonada, la rotunda verdad de sus senos.
En el centro del patio chisporroteaba ya la fogarata; era una suerte de sahumerio para ahuyentar la plaga; era además el viejo hogar, el viejo calor doméstico grato a los corazones. Todas las gentes de la casa, en cuclillas, formaban noche a noche una ronda cordial cabe la luminaria; relataban leyendas; toda una tradición de aparecidos y duendes danzaban su danza fantástica; era la hora clásica de la conseja; la llama roja y palpitante ponía en todos los ojos un extraño fulgor, y el estupor que despertaban los relatos, agrandando los ojos, agrandaba el fulgor. Yo, en tanto, desentumía mis piernas dando lentos paseos a lo largo del corredor; el taconeo de mis botas producía un sonido isócrono y amodorrante; mi sombra trepaba por la pared enjalbegada, en locas embestidas, tan locas e inquietas como las mil lenguas rojas de la luminaria.
Tras el naranjo del patio una luna achatada asomó su desteñida faz, y, a lo lejos, de algún corral distante/ un perro aulló. Era un aullido prolongado y quejumbroso como un grito. Un escatefrío de terror recorrió a las gentes congregadas y hubo un silencio que duró lo que el aullido. Luego alguien explicó:
Sí confirmó otra voz, los perros ven muchas cosas que los hombres no ven.
Un anciano de manos sarmentosas, hundidos los carrillos, desdentado, largas y blancas las pestañas que parecían punzarle los discos apagados de sus iris, terció con gesto patriarcal:
—No es un alma en pena, es que ha visto pasar la Tentación. —¡La Tentación! clamó una voz medrosa de mujer; y un mocetón recio y brutal, inocente o estúpido, se persignó. —Sí, la Tentación confirmó el anciano—. Primero se siente un gran viento frío y luego baja de la montaña una bola de fuego... Cuando esto pasa, aullan los perros y caen las flores de los árboles que están en flor y a las mujeres embarazadas las prende la -calentura... Cuando pasa la Tentación es que el Enemigo Malo anda suelto...
Un zagal, los ojos de asombro y la voz aflautada, con tono presuntuoso exclamó:
—¡Mérito ayer no más al mediodía que yo venía del rastrojo! Hizo un gran viento, un gran viento frío, pero no vi la bola porque se me voló el sombrero y medi la estampía a recogerlo.
—¡Animal! agredió el corro. La Tentación sólo tienta de noche. —¡Verídico! sentenció el viejo de las pestañas. La Tentación sólo tienta de noche. Yo sí que la vi allá en mis mocedades.
Era una noche negra, negra... Cuando yo regresaba de rondar la casa de una muchacha, que ahora ya es abuela, terciada la vihuela con que me acompañaba las coplas, y unos buenos tragos entre pecho y espalda, medio adormilado, íbame derechito a mi champa, cuando desde un corral un perro aulló y vino un gran viento frío...
—¡Asús, qué tribulación! —¡Sea por Dios! ¿Era la Tentación, abuelo? —¡Era la Tentación! repuso el viejo. Y al ver venir desde la cumbre del Pinabetoso la gran bola de fuego, me puse a temblar... pero me acordé del escapulario del Carmen que llevaba en el pecho, y agarrándolo con la mano izquierda, me persigné tres veces con la derecha. En ese momento la bola pasó sobre mí sin tocarme...
El mocetón recio y brutal se levantó calladamente para atizar la fogarata; la luna parecía, naufragar entre un oleaje de nubes plomizas; yo continuaba mis paseos a lo largo del corredor; el taconeo de mis botas producía un ruido isócrono y amodorrante; mi sombra trepaba por la pared enjalbegada, en locas embestidas, tan locas e inquietas como las mil lenguas rojas de la luminaria; la muchacha que sabía hender el ocote se destacó del corro y al dirigirse hacia su cuarto, pasó cerca de mí; iba muy pálida y los ojos le brillaban extrañamente; recordé sus dientes blancos y el amplio escote de su camisa almidonada, dentro de la cual yo había sorprendido la doble verdad de sus senos: y sentí frío en la médula y como una bola de fuego rodó por mis venas, la Tentación...



Este es el lugar, en Sabá, Colón, donde fue asesinado Arturo Martínez Galindo, en el año de 1940. Destino espantoso para este gran escritor. Las fotos y el cuento me fueron enviados por el poeta Juan Carlos Zelaya, a quien agradezco inmensamente esta contribución.  

A saltos de canguro


Me ha gustado el video, tanto como el de Kangaroo court. Creo que reflejan muy bien el ritmo inquietante de lo que pasa alrededor y que la nueva generación siente. No es desasosiego, es una especie de divertirse a espaldas de todo, muy inteligente y sutil, una burla continua. Con mucha dirección artística de por medio, estos dos videos sacan la cara en medio de lo que voy viendo desde la perspectiva del video-arte.

Pájaros tatuados - Duke Mental, El Salvador


Ante ustedes, el Duke. Nos conocimos en Xela mientras él pintaba un brutal grafitti en pedazos de nuestra lucha en pedazos. Muy pronto estaba de poeta en el jam del bar y se divertía a lo grande escandalizando a las mansas palomas que llegaron a hacer malabares naif recostados sobre almohadones. Con Jonathán Velásquez eran la locura que a toda costa necesitaba ese lugar. Se tiraron los papeles de sus poemas cada quien desde su lado del frío, como dos duelistas que rien mientras se baten. Luego vi su pintura y carajo, porque el Duke también es un gran pintor, así advertí lo que iba detrás del óleo: el Duke limpiaba el color insulso de las paredes y les descubría los paisajes internos. Toda pared tiene un paisaje oculto, reflexionaba yo mientras me tomaba una Cabro, y bajo todo poema el palimsesto es crudo, con nervaduras, bizarro. Atentatorio ¿contra qué o quién? No hay que ser tan obvios, como decía un crítico ruso "no hay que insistir en explicar lo que la imaginación del lector ya superó".
 
Pajaros  Tatuados

El Evangelio Negro de Cristo   

"Miraré el cortejo de los vivos asomados a la muerte desde su infancia

Y escogeré el momento oportuno para enterrarla". Estella Diaz Varín

 

 

1.

 

En el principio el verbo era la palabra

que brotaban de sus manos

apenas se podía mover  dentro de las aguas

y este era el pequeño Dios

burocrático para nacer

castigado a pocos segundos  de vida

casi muerto en el altar

el señor de los cielos excretado de mierda

una partera sudorosa lleva  milagros en las manos

para poder salvar vidas

con cinco intentos de asesinato

sin haber nacido aun

y uno al recién nacer

llora después de un duro golpe

por la furia que lleva  dentro

a pesar  de su delicada vida 

que muchas veces  le quisieron quitar

desnutrido por el oscuro cielo

desnutrido por el bronce que atravesará su cerebro

al pasmar el viento del infierno en un suspiro

aturdido con la muerte que trae en brazos

colgado por la luz que irrumpe el juicio

el sabor agrio dentro de su  boca

una voz violenta rompiendo el viento

una turba de palabras frías

quebrando  el etéreo tiempo

que tragó por su garganta rota

el rugido de su voz

es el aire quemado con la luz del silencio

grita llorando por el primer golpe

inflando sus pulmones de furia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.

 

En el estaba la luz 

la muerte 

las medusas  con  las que había crecido

como aguamala clandestina

escondidas por ser ilegal ante la luz

en un cuarto oscuro  al ver la incandescencia de los ciegos

a los doce años huyo  con las  hierbas raras  que robó

después de haber   descosido

la vida  con una cuchilla vieja y mohosa

he  aquí el cordero de la miseria 

que juega con fierro.

 

 

En la esquina del destierro 

solo encuentra las sombras del tiempo

confiesa "soy adicto a la novedad de la muerte

de su espacio como para hacerla pasar a mi sala

esta sala  con paredes de bajareque

lodo  con  varas de caña seca y hojas entrelazadas

como las  palabras en las entrañas

que vomito al conversar  con ella sobre la vida

esperar su respuesta

sin sorprenderme al saber su negatividad".

 

 

7.

 Magdalena

ave de la calle

que volás por las venas de la ciudad

entre los olores pútridos de las alcantarillas

a punto de reventar por siete demonios que cargas en tu interior

un cuchillo que llevas en el bolso

con siete muertos encima

esa cara pintarrajeada para dibujar una sonrisa

y la muerte  venérea

que  cargas  entre las piernas

demonio  que fornicas  las ciudades enteras

por  alimentar  tus ángeles

con el silencio del día sobre tus oídos

a pesar del bullicio de la palabra

puta

que todos rumoran.

 

 

8.

Leyendo sobre la “no-mi-nación” al Premio Nacional de Literatura 2014 le hice este homenaje a Pedro Lemebel

 

Trans porte

trans nacional

trans acciòn

trans bordar

trans misiòn

trans mitir

trans mutar

trans cribir

trans parencia

trans versal

trans ferencia

trans gresor

trans formador

trans figuraciòn

trans genero

Trans sexual

Trans vestido

 

A los suyos vino

y los suyos no lo recibieron

plagió  la mujer

trans versionó la vida

con sus plumas  cayendo en el asfalto

como  palabras que se desprenden de los arboles

tatuadas de oscuridad en la noche

en las jaulas de viento

que llevamos clavadas en las muñecas

 

 

La  tristeza  vale la pena 

cuando llevas la jaula en el cuerpo

y tu alma  es un pájaro que vuela 

con los tatuajes de las rejas marcadas en la piel

que apresan tu soledad

A sus ángeles mandará acerca de ti

y en sus manos te sostendrán

Para que no tropieces con tu pie en piedra.

 

Venid en pos de mí

y os haré pescadores de hombres

durante la noche

con plumajes  de color fucsia

lentejuelas de palabras 

que ronronean mis oídos

es el sexo

tu mejor anzuelo

es  el amor  tu mayor piedra

de hombre a hombre

eres  tu que venís por mi.

 

Mas á todos los que le recibieron

les dió potestad de ser hechos hijos de Dios

tatuó el borde de la noche 

incrustada en papeles 

que muchas veces sirvieron

para limpiar el maquillaje

que dibujaba una sonrisa en la oscuridad

las aves  tatuadas volaron entre las tinieblas

como  humo que llega al cielo

deslizándose entre las cloacas de las esquinas

como  una pasarela de moda en cámara lenta

ante los flashes de las miradas que los condenan

ante el deseo  de lo prohibido que muchos callan

frente al tono ronco de su voz

y  el vistazo  cautivador de la melancolía.

 

 

 

 

10.

 

La paz es la continuación del genocidio  en común acuerdo

 

las madres  se resignan

verán morir  a sus hijos por una bala

sin importar la marca que lleven

de la pandilla

o del narco 

si será de la chota  (policía)

pero el cabrón  morirá

bajo las lagrimas de su puta madre

 

 

Todos hemos de tener el día de nuestra muerte

es ella quien nos acecha en la vida

la que nos hace correr en estas calles transitorias

donde caminamos como perros tras la carne

al ver la carne desgarrada de sus ajuares

decidimos vivir tras de ella

el revólver ennegrecido de su indiferencia

cargado con un solo tiro

lo enrolla girándolo en órbita

lo pone sobre su pecho como una flor de marzo

mostrándome la forma

jala el gatillo.

...
 
Duke Mental Nació en El Triunfo, Usulután en el año de 1979 estudio en colegios católicos hasta bachillerato, fundador del portal web Resistencia Musical en 2007. Ha participado en diferentes lecturas de poesía a nivel nacional e internacional. Algunos de sus poemas son publicados en la revista “El Mercado” León Nicaragua, al igual que en el “Suplemento Tres Mil” del Periódico Colatino El Salvador y En la Revista Ixpapalut San Miguel, El  Salvador. es parte de la antología en 2013 en “La generación del fin del mundo” Poesía centroamericana comprometida por la Revista Hispanoamericana de Cultura Otro Lunes, México. Al igual que en la Revista Intercultural Omni Bus N. 45 denominada “Un tapiz en el Centro”  (un coro de poesía contemporánea de América Central)  . Ha participado en exposiciones de pintura  en: El Salvador, Estados Unidos, Perú, Cuba, México, Honduras, Guatemala.