lunes, 10 de diciembre de 2018

La generación cambiante ante el cambio urgente - Fabricio Estrada


Foto: Sandra Milena Arias


Víctor Hugo ha debido ser menos idealista al momento de legarnos su famosa frase: “Nada más poderoso que una idea cuando le ha llegado su tiempo”. A la luz de la historia de la humanidad, lo que debió decir es que no hay nada más poderoso que el formato que pone en movimiento la idea de nuestro tiempo. Porque en la praxis son los formatos los que definen la viabilidad de una idea aún difusa. La concretan. Y esto vale tanto para la ciencia como para las sociedades.

Hace un par de años, quise hacer una pequeña prueba sobre esta afirmación. Me tocaba dar un taller sobre el tema Cambio en una serie de conferencias Creative Mornings en Tegucigalpa. Repartí entre los jóvenes asistentes diferentes soportes para que escribieran lo que pensaran cambiar de su propio futuro o el de Honduras. Un pedazo de arcilla cocida y un punzón, un trozo de madera y un clavo, una hoja en blanco y un lápiz grafito; una máquina de escribir y su respectivo papel y una laptop con impresora fueron los soportes que repartí a varios jóvenes seleccionados al azar. Les pedí que me entregaran lo escrito hasta el final de la conferencia y cuando llegó el momento pudimos leer la aspiración de cambio en cada uno. Quien recibió la laptop me entregó un párrafo completo lleno de una clara enumeración de objetivos para cambiar su forma de pensar laboralmente. El de la máquina de escribir fue un poco más parco y, entre tachones o errores de tecla, escribió sobre la necesidad de un país sin corrupción. La muchacha del papel y lápiz grafito esbozó una idea de cambio personal en el que necesitaba estudiar mucho. Por último, la pareja que recibió el pedazo de tabla y el pedazo de arcilla cocida apenas pudieron escribir dos o tres palabras con el punzón y el clavo, pero en ambos soportes decía, con grafos casi paleolíticos: urge cambiar todo, cambiar o estallar.

El resumen final que sacamos entre todos esa mañana, fue que podemos sentirnos muy jóvenes o contemporáneos, pero si no tenemos el soporte social o tecnológico a mano toda idea que tengamos del futuro o del presente no pasará de ser una difícil y costosa exposición de nuestras ideas. El cambio puede costarnos un proceso doloroso a nivel social o puede ser una experiencia tan fácil y trivializada como escribir sobre el teclado de nuestro smartphone o laptop, con una rapidez tal que no nos demos cuenta del cambio operado en tan pocos años tanto en las comunicaciones como en los movimientos sociales donde impactan todas las tecnologías. Asumidos como naturales entes del cambio ya en curso, creeremos, contradiciendo a Aristóteles, que el simple moverse dentro del espacio de tiempo que vivimos es el tiempo[1] -época- o, en el mejor de los casos, afirmaremos con cierta pena lo que Lenin advertía a los revolucionarios de vanguardia: La prisa de un tonto no es velocidad.

Los soportes que se demuestran efectivos para echar a andar la época[2], han desencadenado una serie de cambios profundos en todas las esferas de las ideas: desde impulsar la sofisticación de la lengua[3]hasta el vaciamiento de realidad que ahora contemplamos a través de los smartphones y otros aparatos que en principio aparecieron como un complemento de la realidad comunicativa hasta convertirse ahora en la realidad, ya no como eufemismo virtual, es justo decirlo: el soporte que traduce la realidad. Lo virtual ha devenido en la realidad que antes creímos punto de partida para proyectarnos en el desarrollo de las posibles ideas.

Esta inversión del punto de fuga ha creado una realidad silenciosa donde el cambio efímero establece su señorío a través de innumerables aplicaciones. La identidad solo se define en lo trending y lo que aspira a una mínima estabilidad representa el vacío. De manera pasmosa se ha acelerado la conciencia de que el ser es el soporte mismo ya que todo ocurre en un paisaje interior diseñado para ser infinito en su capacidad de repetir nuevos efectos anímicos. Por supuesto, no es la primera vez en la historia de la humanidad que una invención para la colectividad se convierte en un incesante provocador de imaginarios y espiritualidades. La historia de las religiones con todo y sus nomenclaturas metafísicas lo demuestra, pero lo que sí sucede es que el tiempo de atención a cualquier idea se ha acortado al ritmo de las constantes ventanas emergentes de nuestros dispositivos. Quizá por ello la avasalladora crisis del cambio climático suene tan lejana, lenta y dispersa, jamás concentrada en un punto donde se pueda advertir su inexorabilidad destructiva y ni qué decir de los procesos políticos que se rechazan de inmediato cuando estos requieren de una profundización paso a paso.

No podemos olvidar que todo el siglo XX, con todo y sus devastadoras guerras mundiales, fue el gran forjador de una neurosis global sin precedentes, con las excepciones que se dieron en Europa por causa de la peste negra en el siglo XIV e.C. y el impacto de la invasión europea a América en el siglo XVI. Esta globalizada condición psicológica ha derivado -heredado- en el abandono de la competencia dentro de la realidad cotidiana (entiéndase: ir al trabajo, al centro universitario, al supermercado, lavar la ropa, etc.) y en la consecuencias alarmantes que dieron paso a la actual generación, una masa joven que muestra graves signos de inhibición que contrastan con la agresiva forma en que el sistema de consumo alienta al éxito, aunque sea una victoriosa vida dentro de las redes sociales o video juegos en línea, un afán que, paradójicamente, provoca una angustia tal que conduce al abandono de la competencia[4].

Las ideas que “prendan” en la generación cambiante tendrán que abordarse desde este nuevo punto de huida, más que de fuga, porque hasta la fecha, precisamente, han sido las ideas que cambiarían el siglo XX las que ignoraron el soporte humano sobre la cual se erigiría la época. Las tablas, las arcillas cocidas, las máquinas de escribir, los papeles, clavos, punzones, grafitos y laptops están siendo devueltos en fuego granado y a discreción a todas las políticas públicas que intentan erigirse como totem. Ese lenguaje hacia adentro[5] que tanto comunica a esta generación, puede ser el mayor de los silencios ante el vacío sobre el que están trabajando los Estados y movimientos sociales aferrados a una socio-lingüística ya ineficaz, que casi raya en el paleolítico.

Mientras tanto, las nuevas apps están surgiendo, el nuevo amor, los más rabiosos y silenciosos odios que van y vienen entre las redes sociales y los gamers on line.
El cambio jamás necesitó ser más 3D que en nuestra época.



[1] El movimiento solo se da en aquello que cambia, el tiempo se da en todas las cosas, y mientras el movimiento puede variar su velocidad, el tiempo no puede hacerlo, puesto que la velocidad de las cosas que cambian se mide en función del tiempo en que transcurren, pero el tiempo no puede medirse en función de sí mismo. "Es evidente, por tanto, que el tiempo no es movimiento" (Aristóteles, 1995b, p.86). La Concepción del Tiempo en Aristóteles, Jorge Vidal Arenas, Universidad de Chile.
[2] La época entendida aquí como la individualista y efímera vida cambiante que Bauman detalla en su concepto de la vida líquida.
[3] El vocabulario inglés, antiguamente limitado a unos pocos miles de palabras, se amplió hasta más de un millón con la proliferación de los libros tras la invención de la imprenta de Gutenberg. “Los límites del lenguaje se expandieron rápidamente a medida que los escritores competían por la atención de unos lectores cada vez más sofisticados”. Nicholas Carr, Superficiales ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?
[4] El inescrupuloso perseguidor del éxito no se cuida en absoluto del afecto ajeno; nada desea ni espera de los otros, sea ayuda o la menor generosidad… desde luego, aprovecha del prójimo, pero únicamente se preocupa de su buena opinión en la medida en que pueda servirle para lograr sus fines. El cariño en sí mismo carece de significados para él. Sus deseos y defensas siguen líneas rectas y definidas: poderío, prestigio, posesiones. (Karen Horney, La Personalidad Neurótica de Nuestro Tiempo)
[5] Referencia a la expresión de la poeta y novelista argentina, Andrea Zurlo, cuando al preguntársele en qué idioma escribía al vivir tantos años en Italia, ella respondió: escribo en ese español adentro que llevo siempre conmigo.

martes, 4 de diciembre de 2018

Consumir y Consumar: los deberes del nuevo obrero - Fabricio Estrada




“R. Gerónimo hizo una pausa. En sus manos se produjo una ligera vibración. Baley lo advirtió y comprendió que in­dicaba un cierto grado de conflicto en los mecanismos positrónicos del robot. Tenían que obedecer a los seres humanos, pero era muy frecuente que dos seres humanos quisieran dos tipos distintos de obediencia”. El pasaje anterior se encuentra en el libro de ciencia ficción Los Robots del Amanecer, del célebre autor Isaac Asimov; más adelante de la historia, dos robots se preguntan por qué el ser humano es tan difícil de definir. “Aún no encuentro el libro que me diga con claridad qué cosa es lo humano”, dice uno de los robots, rompiendo con ello la frontera existencial impuesta por lo humano entre ambas entidades que comparten espacio y tiempo, pero no motivaciones. Esencialmente, los impulsos de un robot de Asimov son delimitados por Las Tres Leyes de la Robótica, especie de tabla de deberes que suplantan a la ética y la moral, de las cuales carecen los robots por no estar sujeta su evolución de conocimiento a la cultura y sus vicisitudes.
1.   Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
2.   Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
3.   Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.
Estas leyes le dan poco espacio de maniobra al ser artificial, claro está, pero el conflicto del ser termina llegando a una inteligencia que aprende, en cada novela que Asimov hizo sobre el tema, a comprender que lo humano -el amo- tiende a traicionar sus propios valores hasta volverse un ser voluble que ya no merece respeto. Esta reflexión es la misma hizo que Cicerón en el siglo I a. E.C[1]., escribiera en Los Deberes una serie de codificaciones éticas y morales para el buen gobernante, en su caso y época César Augusto. Podemos aventurarnos a crear una analogía entre estos deberes y Las Tres Leyes de la Robótica porque en sí, lo que Cicerón trataba era “programar” al encargado fundamenta de sostener la buena marcha de la vida ciudadana, algo que, si bien no pasó de ser un consejo sano para Augusto, terminó convirtiéndose en matriz cultural de occidente, presente en la mayoría de las constituciones republicanas y de las cuales se derivaron todas las leyes de protección del ciudadano, al menos en teoría. Cicerón aconsejaba lo siguiente:
1-   Que los apetitos obedezcan a la razón.
2-   Advertir qué importancia tiene lo que queremos hacer, a fin de no tomarse ni más ni menos solicitud y trabajo que los que la cosa pide.
3-   Que en todo lo que se relacione con las apariencias exteriores de la vida libre se guarde la medida. Ahora bien, la mejor medida está en atenerse precisamente al decoro.
Estos deberes fueron paradigma durante siglos, pero como dije anteriormente, las vicisitudes culturales en la historia humana crearon las condiciones para que los líderes que debían ajustarse a ellos terminaran por ignorarlas. Esos deberes han quedado solo en el papel, como un bello ideal del poder humano, y sin embargo, se recurre a ellos, como esencialidad represiva, no para los gobernantes sino que para el ciudadano. De esta forma el ciudadano común se encuentra confinado a una pervertida matriz cultural, misma que ha hecho de él un robot.
En El Manifiesto Comunista, Marx expone con claridad el cómo ese poder pervertido codifica y potencia su existencia a través de las nuevas leyes que va creando sin apartarse del aparente uso continuo de la tradición jurídica, espejismo ya roto del humanismo clásico: “(al romperse la producción feudal) se estableció la libre concurrencia, con una constitución social y política correspondiente, con la dominación económica y política de la clase burguesa”’. Es decir, las avasalladoras fuerzas de producción del capitalismo incipiente necesitaban de un nuevo marco legal que le permitiera definir el espacio de maniobra de los obreros, siempre, para ellos, tan inestables y problemáticos.
Todo lo que ha ocurrido desde entonces es de sobra conocido, la historia de las revoluciones en el siglo XX, las reivindicaciones obreras y el ascenso del hiper capitalismo global, cada uno de esos pasos abundantemente previstos por Marx, tanto en El Manifiesto Comunista como en El Capital  , pero acaso ¿no se nos está escapando lo que piensa el nuevo obrero ya asumido en sus nuevos instrumentos de trabajo[2] y desligado de la conciencia moral[3] por aprendizaje mimético de las alevosas actuaciones del patrono?
En las actuales condiciones laborales posclásicas[4], bien podríamos hablar del obrero zapping, “cultivado y programado” para saltar de un empleo a otro con la misma velocidad que consume información y ofertas. Esta aceleración que hemos venido viendo en los últimos veinte años, ha creado nichos de alto blindaje en la primera generación joven que, muy probablemente, se convertirá en la última generación en comprender la realidad a través de la linealidad temporal con que se medía el tiempo de producción. El mismo Frederick Taylor, con toda y su gestión científica de las horas/hombre ha quedado muy atrás en el manejo del recurso humano, un recurso que el algoritmo de las redes sociales y la programación de la robótica industrial ya han superado.
Si de entre todos los grandes y acelerados avances de la tecnología que estamos recibiendo se anunciara que ya tenemos la posibilidad de viajar en una máquina del tiempo, sería muy interesante confrontar a Cicerón con un jefe empresarial o gobernante actual. Cicerón tardaría mucho en reconocer en el pensamiento de éste algunas trazas de lo que él considero eterna pauta para las relaciones entre poder y ciudadano. “Es preciso que el simple particular viva en igualdad y paridad con sus conciudadanos; ni sometido y abyecto, ni tampoco dándose importancia; y en el Estado debe querer la paz y lo honesto (Este es el buen ciudadano)[5] A pesar de no comprenderle del todo, este empresario o gobernante estaría en toda la disposición de jurar que su desorientación es tan occidental como accidental, ya que se siente orgulloso de ser heredero de la jurisprudencia romana -con la cual aún monta el simulacro constitucional- pero que no está dispuesto a desestimular la verdadera dinámica con que se mueve la sociedad poshumana: El simple particular debe sentirse diferente a su conciudadano, pero a la vez debe estar sometido y abyecto, aún y cuando le de toda la importancia a su imagen a través del Facebook, Instagram, Twitter, etc. La realidad ya no pertenece, entonces, ni al pensamiento clásico ni a la constructo más posmoderno del obrero, lo que vendría a darle la razón a Marx, una vez más, en cuanto a que el carácter distintivo de la propiedad burguesa -ahora en fase hiper capitalista- es la abolición de la propiedad para mantener una constante transformación histórica, vital para minimizar el arraigo, el sentido de orientación, el patrimonio, la idea de la colectividad como fuerza ciudadana, en fin, el barrido de la memoria que permita la nueva codificación o programación. ¿Cuál puede ser esta? Benjamin Noys se aventura a decirnos: “La idea de una vía extendiéndose hacia el futuro convierte a la revolución en un momento que se pierde en la distancia: la estación a la que nunca llegaremos. La consecuencia, contraria a la intervención revolucionaria, consiste en alimentar constantemente las calderas del tren, es decir las fuerzas productivas. Este es otro ejemplo del aceleracionismo que, o bien trata de aumentar activamente la velocidad del capital, o simplemente se convierte en pasajero del tren, permitiendo la constante destrucción del trabajo vivo y su sustitución por trabajo muerto.”[6]
No es para menos que, ante esta programación, el ciudadano joven -o lo que resta de él- no vea con alarma la desaparición de los derechos laborales y sus fondos de retiro, dado que en una simple app puede encontrar el láudano diario que necesita para entretener el ocio -desempleo o falta de productividad- entretanto llega el próximo salto en el pop up de las ofertas digitales. Una vez logra un empleo, de pronto se ve ante las implacables cadenas de montaje maquileras, produciendo sin descanso para un consumidor abstracto que exige más, que compra por docenas, que “estrena” piel textil con enorme gula. También puede, en el caso del joven tercermundista recién graduado de escuelas bilingües, encontrarse ante un teléfono de Call Center, practicando su inglés horas y horas en llamadas insospechadas que le reportan un salario que le da lo suficiente para comprarse la versión más reciente del smartphone de moda y así continuar ante los grilletes de la pequeña pantalla en las horas extras en que se convierte su vida normal.
Consumir y consumar son palabras que bien pueden ser los mellizos estrellas de esta época hiper capitalista, algo así como Asimov nos ha advertido que puede confrontar a lo humano respecto a la inteligencia artificial de los robots. El ser humano podrá quedar entonces del lado del consumo, mientras que los robots nos verán desde el lado de la nueva producción, donde la moral se mide por el tipo de imágenes que se nos da a consumir a través de algoritmos y la ética es una estadística perfectamente medida. Así, no resultará extraño que un robot afirme, sin ningún atisbo de nostalgia: “Aún no encuentro el libro que me explique con claridad qué es lo humano”.

Cicerón, sin duda, llorará dentro de la cápsula del tiempo.


F.E.



[1] Era Común.
[2] “La Burguesía solo existe a condición de revolucionar los instrumentos de trabajo, es decir, todas las relaciones sociales.” C. Marx, El Manifiesto Comunista.
[3] Sigmund Freud, El Malestar en la Cultura: “El hombre moral mantiene una conciencia más severa y vigilante”.
[4] “Los confines entre las categorías de lo natural y lo cultural han sido desplazados y, en gran medida, esfumados por los efectos de los desarrollos científicos y tecnológicos”. Rosi Braidotti, Lo Posthumano.
[5] Los Deberes, Marco Tulio Cicerón.
[6] Benjamin Noys, Velocidades Malignas, Materia Oscura Editorial.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Las Crónicas del Capitán Snorkel 9 - Fabricio Estrada



El día en que aprendamos a caminar sobre las aguas sabremos que el mar siempre fue
un planeta líquido incrustado en el nuestro, que Jesucristo fue su primer astronauta
y que debemos agradecerle a Pedro haber sostenido tanto la cobardía y el miedo.

De haber tenido valor millones hubiéramos ido tras sus pasos, miles de millones que de pronto
vagaríamos sin sentido sobre el mar. Aún es tiempo de ver la inmensidad sin mancharla.

Ningún mar merece la multitud que somos cuando estamos solos.

Ningún mar aceptaría una civilización de cobardes.

martes, 27 de noviembre de 2018

El exterminio y esclavitud de los nativos en Argentina

Los sobrevivientes de la llamada “Conquista del Desierto” holocausto argentino
fueron “civilizadamente” trasladados, caminando encadenados 1.400 kilómetros, desde los confines cordilleranos hacia los puertos atlánticos.

A mitad de camino se montó un enorme campo de concentración en las cercanías de Valcheta, en Río Negro. El colono Galés John Daniel Evans recordaba así aquel siniestro lugar: “En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia. (…) Estaban cercados por alambre tejido de gran altura; en ese patio los indios deambulaban, trataban de reconocernos; ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos aferrados del alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco de castellano y un poco de galés: ‘poco bara chiñor, poco bara chiñor’ (un poco de pan señor)”.1
La historia oral, la que sobrevive a todas las inquisiciones, incluyendo a la autodenominada “historia oficial” recuerda en su lenguaje: “La forma que lo arriaban…uno si se cansaba por ahí, de a pie todo, se cansaba lo sacaban el sable lo cortaban en lo garrone. La gente que se cansaba y…iba de a pie. Ahí quedaba nomá, vivo, desgarronado, cortado. Y eso claro… muy triste, muy largo tamién… Hay que tener corazón porque… casi prefiero no contarlo porque é muy triste. Muy triste esto, dotor, Yo me recuerdo bien por lo que contaba mi pobre viejo paz descanse. Mi papa; en la forma que ellos trataban. Dice que un primo d’él cansó, no pudo caminar más, y entonces agarraron lo estiraron las dos pierna y uno lo capó igual que un animal. Y todo eso… a mí me… casi no tengo coraje de contarla. Es historia… es una cosa muy vieja, nadie la va a contar tampoco, ¿no?...único yo que voy quedando… conocé… Dios grande será… porque yo escuché hablar mi pagre, comersar…porque mi pagre anduvo mucho… (…)”. 2

De allí partían los sobrevivientes hacia el puerto de Buenos Aires en una larga y penosa travesía, cargada de horror para personas que desconocían el mar, el barco y los mareos. Los niños se aferraban a sus madres, que no tenían explicaciones para darles ante tanta barbarie.
Un grupo selecto de hombres, mujeres y niños prisioneros fue obligado a desfilar encadenado por las calles de Buenos Aires rumbo al puerto. Para evitar el escarnio, un grupo de militantes anarquistas irrumpió en el desfile al grito de “dignos”, “los bárbaros son los que les pusieron cadenas”, en un emocionado aplauso a los prisioneros que logró opacar el clima festivo y “patriótico” que se le quería imponer a aquel siniestro y vergonzoso “desfile de la victoria”.
Desde el puerto los vencidos fueron trasladados al campo de concentración montado en la isla Martín García. Desde allí fueron embarcados nuevamente y “depositados” en el Hotel de Inmigrantes, donde la clase dirigente de la época se dispuso a repartirse el botín, según lo cuenta el diario El Nacional que titulaba “Entrega de indios”: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”.3
Se había tornado un paseo “francamente divertido” para las damas de la “alta sociedad”, voluntaria y eternamente desocupadas, darse una vueltita los miércoles y los viernes por el Hotel a buscar niños para regalar y mucamas, cocineras y todo tipo de servidumbre para explotar.
En otro articulo, el mismo diario El Nacional describía así la barbarie de las “damas” de “beneficencia”, encargadas de beneficiarse con el reparto de seres humanos como sirvientes, quitándoles sus hijos a las madres y destrozando familias: “La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia”.
Los promotores de la civilización, la tradición, la familia y la propiedad, habiendo despojado a estas gentes de su tradición y sus propiedades, ahora iban por sus familias. A los hombres se los mandaba al norte como mano de obra esclava para trabajar en los obrajes madereros o azucareros.
Dice el Padre Birot, cura de Martín García: “El indio siente muchísimo cuando lo separan de sus hijos, de su mujer; porque en la pampa todos los sentimientos de su corazón están concentrados en la vida de familia”.4
Se habían cumplido los objetivos militares, había llegado el momento de la repartija del patrimonio nacional.

La ley de remate público del 3 de diciembre de 1882 otorgó 5.473.033 de hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1552 llamada con el irónico nombre de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares” del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.
Si hacemos números, tendremos este balance: La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período.
Desde luego, los que pusieron el cuerpo, los soldados, no obtuvieron nada en el reparto. Como se lamentaba uno de ellos, “¡Pobres y buenos milicos! Habían conquistado veinte mil leguas de territorio, y más tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador que la adquirió sin mayor esfuerzo ni trabajo, muchos de ellos no hallaron –siquiera en el estercolero del hospital– rincón mezquino en que exhalar el último aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y de verdadero patriotismo”.5
Los verdaderos dueños de aquellas tierras, de las que fueron salvajemente despojados, recibieron a modo de limosna lo siguiente: Namuncurá y su gente, 6 leguas de tierra. Los caciques Pichihuinca y Trapailaf, 6 leguas. Sayhueque, 12 leguas. En total, 24 leguas de tierra en zonas estériles y aisladas.
Ya nada sería como antes en los territorios “conquistados”; no había que dejar rastros de la presencia de los “salvajes”. Como recuerda Osvaldo Bayer, “Los nombres poéticos que los habitantes originarios pusieron a montañas, lagos y valles fueron cambiados por nombres de generales y de burócratas del gobierno de Buenos Aires. Uno de los lagos más hermosos de la Patagonia, que llevaba el nombre en tehuelche de “el ojo de Dios”, fue reemplazado por el Gutiérrez, un burócrata del ministerio del Interior que pagaba los sueldos a los militares. Y en Tierra del Fuego, el lago llamado “Descanso del horizonte” pasó a llamarse “Monseñor Fagnano”, en honor del cura que acompañó a las tropas con la cruz” 5.
Referencias:
1 Walter Delrio, “Sabina llorar cuando contaban. Campos de concentración y torturas en la Patagonia”, ponencia presentada en la Jornada: “Políticas genocidas del Estado argentinos: Campaña del Desierto y Guerra de la Triple Alianza”, Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Poder Autónomo, Buenos Aires, 9 de mayo de 2005. Citado por Fabiana Nahuelquir en “Relatos del traslado forzoso en pos del sometimiento indígena a fines de la conquista al desierto”, publicado en http://www.elhistoriador.com.ar/…/sometimiento_indigena_con….
2 Testimonio recogido en Perea Enrique: “Y Félix Manuel dijo”, Fundación Ameghino, Viedma, 1989. Citado por Fabiana Nahuelquir, op. cit.
3 El Nacional, Buenos Aires, 31 de diciembre de 1878.
4 Álvaro Yunque, Historia de los argentinos, Buenos Aires, Anfora, 1968.
5 Manuel Prado, La guerra al malón, Buenos Aires, Eudeba, 1966.
6 Osvaldo Bayer, “Rebelde amanecer”, Buenos Aires, Página/12, 8 de noviembre de 2003.
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Fuente: www.elhistoriador.com.ar

martes, 13 de noviembre de 2018

La rendición


Me parece esta una de las mejores representaciones de la rendición incondicional alemana, el 8 de mayo de 1945. Todo el patetismo resuelto en tomas largas que buscan escarbar a fondo lo que Keitel, Doenitz y Runstedt pensaban de sí mismos, más que de Alemania. Ahí estaban los tres aristócratas de rancia tradición prusiana ante un Zhukov de extracción campesina y sin embargo, héroe absoluto de la URSS. La escena de la cena es sencillamente genial y el detalle de los soldados de los tanques rusos es brutal. Disfrútenla.

De la peícula White Tiger.

Las Crónicas del Capitán Snorkel 8 - Fabricio Estrada



Te has estado conteniendo porque es falso
es mentira.
El barco no flota el avión no flota solo está el aire, solas las aguas. Solo flota el vacío sin crear verbo
ni el ron perfecto con el que brindan los muertos. Saludás al guardia y éste responde a tus buenos días, saludás al pastor del rebaño y éste bala como oveja risueña.
Te has estado conteniendo
porque es falso
es mentira.
Ves películas en centros comerciales inmensos, películas de crionizados que despiertan antes de tiempo pero sos vos quien despierta y vagás por los pasillos buscando la grieta que reventará todo. Te vas y no hay meteoros, saludás las banderas que te salen al paso cantás el himno a la guayaba, ves tres dientes en las palabras de los mendigos y te preguntás por qué no ha ido al dentista, quizá podría podar la grama de tantas lluvias, quizá mantener limpio el cristal de los cajeros automáticos,
el caso es que vos no flotás es ese pobre hombre quien flota de hambre mientras saluda a las estatuas que te llenan de envidia. Vos quisieras ser de mármol o de bronce
 pero sos de envidia
y de ojos mirones girando en la nada, amás el calor que llega de las postales aunque rodés bajo cero en los autos que borran paisajes; y así es que la nave espacial va regresando a tu cuerpo y la butaca se acopla a tus vértebras como un traje a la medida de todas tus ausencias, te sostiene un minuto y luego te deja ir,
Ingrávido extra para todo guión en busca de un looser.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Islandia, de Cindy Jiménez-Vera: una isla para despertarse tarde y perderse las pocas horas de sol.




Durante los siglos posteriores a la caída de los dioses grecolatinos, la gente mantuvo en su memoria muchos de los impulsos telúricos que los empujó a identificar y a regresar a ciertos lugares concretos donde alguna vez, según las creencias paganas, se revelaron los hechos de las divinidades. Así, la aldea de Eleusis, en Grecia, perduró como el lugar donde estaba la cueva de aparición de Perséfone, secuestrada y hecha esposa por Hades. El lugar de las sombras tenía entonces su referente físico entre las escarpadas laderas cercanas a Atenas y a él se podía ir como precoces turistas del mundo antiguo que iban construyendo un misterio alterno al de los eleusinos. También están otros lugares sacros que abandonan la nebulosa referencial de la religión y se plantan como tótem en las llanuras y horizontes comprobables dentro de la geografía de la realidad: el Monte Ararat -para citar algunos-, la explanada en Jerusalén desde donde Mahoma ascendió a los cielos, las ciénagas norteñas del Aztlán mexica y, para el caso que nos compete, la legendaria e hiperbórea Tule, hoy conocida como Islandia.

Cindy Jiménez-Vera ha decidido en su poemario Islandia, devolverle a la isla actual su condición de Tule-No lugar para que en ella habite su madre fallecida -quien aparece sutilmente a veces a lo largo del libro y en otras, rotundamente-, no como un lugar en otra dimensión, sino como una lejanía geográfica donde, como en la misma vida, sea tan difícil ir, pero imposible de borrar de los mapas entre los destinos posibles; parafraseando a Victoria Saw agregaría que, para entender su verdadero contenido -el poemario- hay que invertirlo, porque el mito no permite una lectura clara, transparente, sino a la inversa.[1]

Quise esconderla
en veinte bóvedas chinas.
Quise abrigarla
como si se fuese
a Islandia. (Guantes)

De esta forma, Puerto Rico e Islandia se vuelven equidistantes en la ausencia y, además, susceptibles de abandonarse o llegar a ellas cuando el tiempo lo permita. Las fronteras del Hades se borran así y la madre está más cerca, susceptible a ser considerada una turista en un largo, aunque doloroso viaje.

Tengo claro que cuando escribí el poema Archipiélago, que forma parte de este libro, no lo hice con pretensiones cartográficas. Pensé en el agua que comparten las islas de las Antillas con Islandia; el océano Atlántico. Sólo propongo una pequeña reflexión hidrográfica. Los pronombres, vistos desde lejos son manchas. (Apéndice XXIII sobre cartografía)

El mar se revela como la materia de la eternidad que mantiene en un mismo territorio a la soleada Borinquen y a la crepuscular Islandia en una geografía emocional que va siendo descrita a manera de soliloquio, haciendo uso de todo el instrumental referencial de una poeta cuyo oficio profesional es el de ser bibliotecaria (hay varios poemas en los que la cotidianeidad de la atención en la biblioteca nos transmite el cómo se forja una sensibilidad tan amante de los irónicos detalles, como la tiene Cindy[2]) Por ello, su voz va atravesando los poemas en el mismo tono en voz baja que se debe a los silenciosos salones y casi se puede percibir el siseo de las páginas donde va leyendo la propia historia que ella va evocando sin ayuda de lirismo alguno. Este registro anula cualquier intención de identificar desde qué género se ha escrito Islandia pues las fuentes de información que utiliza para potenciar su gran símil del No lugar, la carencia y la ausencia, son transversalizadas y puestas a disposición absoluta de la poética coloquial y de tono cómplice.

Islandia ha adquirido al final del poemario su estatus de patria de la ausencia -matriz de la madre- a la cual podemos arribar, con la misma disposición anímica de aquellos que, llegando hasta Eleusis siglos después del abandono de los dioses, veían sin ver que Perséfone aún esperaba ahí, en lo que todos consideraban una referencia de tiempos ya idos.

Fabricio Estrada


[1] Maternidad, en el Diccionario Ideológico Feminista, Victoria Saw.
[2] Cindy Jiménez-Vera, San Sebastián del Pepino, Puerto Rico, 1978. Libros publicados: No Lugar -2017, Islandia -2015, 400 Nuevos Soles -2013, Tegucigalpa -2012, El Gran Chessburger y otros poemas con dientes -2015. Es Directora de Ediciones Aguadulce.

viernes, 26 de octubre de 2018

I'll be gone in a day or two

Si hubo una canción ochentera que me dio a entender la dimensión paralela de la música pop fue Take on me. Era imposible dejar de ver su video  una vez que se me presentó como "muñequitos". Entraba a su atmósfera y quería vivir ahí. Ya una vez adulto, la imaginación aquella se me convirtió en nostalgia y a veces siento que puedo ir a la hemeroteca para entrar a través de los periódicos a aquellos años en que los juegos mecánicos del ahora extinto Campo de la ENEE, ponían como ambiente musical esta canción de A-ha intercalada con Funky Town. Mi hijo sabe que a las dos de la tarde, si va en un taxi de Tegus, las viejas radios con sus viejas programaciones pondrán Take on me. Las veces que hemos coincidido en unos de esos taxis que sintonizan exactos la brecha del tiempo, Esteban me ha dado un suave codazo en las costillas diciéndome: Escuchá, papi, la misma hora, la misma canción, tu canción...

Lo que a mí me dice Take on me es el anuncio de todas las distopías musicales ya que siempre la tomé como un tema futurista. Ahora, ya en el futuro, me doy cuenta que será muy difícil que regresen esos sonidos experimentales tan frescos, transparentes y, a la vez, tan llenos de desasosiego, porque sencillamente fueron creados para la generación que desaparecería bajo el bombardeo nuclear soviético. El romance que ahora veo ahí es el que se estiló en aquella visión apocalítica en la que series como Logan: Fuga del Siglo XXV mostraba a parejas enamoradas huyendo de las máquinas, así que cantar en un día o dos me iré... llévame! no suena a despropósito, al contrario, es el beso de las cigarras y la última fantasía de los últimos niños que habrían de amar sobre el mundo.




Will you call my name?

Tengo algo íntimo con esta canción de Simply Minds, no me avergüenza decirlo -ya he escuchado a otros decir que El Tenampa los quiebra-, pero cuando escucho ciertos pasajes líricos de Don't you, call my name or walk on by, por ejemplo (dirás mi nombre o caminarás con él) no dejo de recordar las oscuras caminatas con walkman por las calles de Tegucigalpa, intentando enviar una señal psíquica al amor de esos días, un amor que no me esperaría en la esquina siguiente y que al verme intentaría fingir algo para darle postal a la luz que caía pálida en su rostro.
Tengo mis himnos y este es uno -todxs lo tenemos- , y es que desde muy niño, cuando pasaban el programa de videos Hola Juventud, me intrigaba el acting de Jim Kerr transmitiendo un ruego que en realidad era el adiós al amor de joven. Su Look my way, never love me dicho con el hilo de voz que los sintetizadores alargan al igual que el video va girando en torno al hipnótico cantante, crean un vértigo tremendo, tristeza, angustia, no puedo definirlo y es lo mejor, toda la melodía y video clip ha debido siempre aspirar a ello: a ser inaprensible.

Veo y escucho una vez más Dont'you, y se viene el aroma a café tostado que flotaba desde el barrio Guacerique, el frío y el silencio de Tegus en los 80, la voz de la Myrna María Barahona que jamás logré separar de esta canción lanzada en primicia desde Stereo Mil, como una lluvia que no se detendría jamás.

Rain keeps falling
rain keep fallin
down, down, down... will you call my name?