lunes, 4 de marzo de 2019

Iris Alejandra Maldonado: prólogo de Alexandra Pagán para El abismo silba una canción de vaqueros, Ediciones Aguadulce, 2019


UNOS CUANTOS PIQUETITOS: PRÓLOGO

a nadie se le ocurrió ser poeta
y escribir la constitución propia
-Iris Alejandra Maldonado
 «Unos cuantos piquetitos» (1935) es un óleo sobre metal ejecutado por la reconocida pintora Frida Kahlo, se exhibe en Museo Dolores Olmedo de la Ciudad de México. En el cuadro figura de modo macabro la escena del asesinato por violencia de género que sufre una mujer, desconocida ya. «Unos cuantos piquetitos» fue la explicación que dio su marido (el asesino) en los tribunales. Los «piquetitos» fueron 20 puñaladas violentas, brutales. En la pintura el hombre sonríe, parece estar satisfecho, guarda su pañuelo en el bolsillo mientras mira el cadáver con una tranquilidad malévola. Kahlo inmortaliza la violencia de género, la denuncia. Kahlo sufrió también violencia de género, su labor pictórica se une al reclamo histórico por los derechos de las mujeres. A este reclamo se le une Iris Alejandra Maldonado, cuya voz poética presenta la violencia de ser mutilada, apuñalada y sobrevivir.
Maneja este poemario con cuidado; no importa qué, saldrás cortade. Dolor, miedo, encierro, angustia… las sensaciones que se evocan en este poemario son incómodas y no permiten sino solidarizarnos, hermanarnos, revestirnos y a(r)marnos. Iris Alejandra Maldonado es una alquimista. Su poemario El abismo silba una canción de vaqueros tiene el poder de transmutar la violencia en canciones poderosas de reivindicación, ajuste de cuentas y liberación. Mas esto no lo digo desde un dejo new age espiritualista de cable tv, sino que me refiero a que su alquimia se vale de las palabras para que, mediante metáforas y referentes literarios, bíblicos y populares, se construya un universo poético que sirve también de manifiesto feminista. Y no digo esto como quien dice «en las siguientes páginas leerá un panfleto de lucha feminista», no porque considere que eso hace del poemario uno menos valioso, sino porque este libro es una búsqueda, una remembranza; es poesía. Su lectura provoca unas miradas y reacciones que yo cualifico de este modo porque el contenido conjuga el amor y el horror, la belleza y el espanto. El poema «Después del tajo», por ejemplo, despliega un catálogo de violencias que resultan grotescas y repulsivas, pero que al tiempo son denuncias poderosas que conmueven.
El poemario registra la caída que lleva a un punto originario: todo y nada; el lenguaje como espacio de transmutación. Nos anuncia la voz poética: «dejé de ser el vómito de dios». Contundentemente los textos metapoéticos marcan el ejercicio estético como parte del secreto de esta alquimia que me empeño en plantear. Sin embargo, es una experiencia enmarcada por el horror, insisto. Una constante del poemario será conjugar el espacio conyugal con fosas; las sábanas nupciales se tiñen de sangre y la voz poética ajusticia, devuelve el derecho de ser, de vivir, de estar entera, segura, incólume, feliz y libre. Los espacios domésticos son cárceles, sepulcros; están cargados de toxicidad. Allí precisamente la poeta se enfrenta a la amenaza de su anulación con los poderes alquímicos de la poesía. De la determinación de la sobrevivencia y el amor propio surge un discurso estético, una obra de arte que sirve a su vez de homenaje a la resistencia femenina, al poder de las mujeres. Declama en «Abanico de mano»:
cuatro paredes
barrotes de piel
una fosa king size
es mi cama

yo no juego con la muerte

no quise morir
Y se vive, se sobrevive, con heridas y cicatrices, declamará:
una mujer y cicatrices
que se ofrecen a un dios
con los ojos abiertos (destaque mío)

pero también acciona con metáforas, conjuros y relatos unos más fantásticos que otros, unos bellos, otros horribles. Así el poemario recoge y conjuga extremos y centros, los prepara como elixir, los vuelve artificio liberador. Camino y búsqueda. Encuentro con el lenguaje, reproche:
«El nombre no hace la cosa» titula un poema/advertencia/reproche; las cosas preexisten, como el ser espejo. Mas subrayo, es un poemario que corta, que duele. Nos violenta al hacernos testigos del más cruel de los terrores, el que sufren las mujeres como resultado de la violencia de género en manos de sus parejas. Iris Alejandra Maldonado toma el mito bíblico de la mujer de Lot[1] para enmarcar la violencia a su cuerpo de mujer, víctima de la violencia patriarcal:
no mires hacia atrás
ordenó otra voz
y no pude evitar voltearme

allí estaba yo
en el espejo 
en el hielo y su imagen
                                               piedra

La voz poética tornará su mirada hacia sí misma en ese espejo que es la poesía. La reflexión tendrá propiedades caleidoscópicas que transmutarán en versos violentos y firmes, hermosos. Continúa el poema:
me diluía
entre el aceite y el humo
me diluía
en aquel hombre
[…]
en él fui agua
Esa mirada de ojos abiertos se detiene en su genealogía: madre, abuelo, padre. Cada poema escudriña orígenes y desvelos, discursos (de)formativos, microviolencias que comienzan en el núcleo familiar (como esclavizarse por amor al padre) y establecen precedentes a las violencias que les suceden. Leeremos versos como:
comienzo a vivir para la muerte
como antes

y unos muy transgresivos que acusan:
mi madre me parió a los 25 años
lo recuerdo bien
y desde que me parió traquetea en la cocina
despescueza gallos        gallinas conejos hijas

Los reclamos son también íntimos: «Te pedí fuego» se titula el poema cuyo primer verso declama: «y tú implantaste fiebre». El fuego, elemento de la alquimia será también presentado en otro poema: «Es de fuego este país», en el cual el país es fuego, agua, aire, tierra; un puente que: «nunca será mío, es solo fosa». La denuncia individual se colectiviza y nos incluye a todes. Resuena la pregunta: «¿cicatrizarán las heridas/ aun estando varios metros bajo tierra?»
En «El mismo poema», usa la metáfora del espejo para destacar el poder de la experiencia poética:
te nombro espejo
y te eriges frente a mí
observas a tu mujer cortada
                              deseas mis cicatrices

                         detienes el tiempo
                                tu
beso
                                       p
                                            a
                                                r
                    a
       
                                             cada una
ellas dejan de ser papel
serpentean rojo púrpura
se colocan el sombrero de la noche […]

Las mujeres violentadas dejan de ser papel, estadística, noticia del periódico sensacionalista, pero están muertas. La mirada a la experiencia nos da un mismo poema; ¿acaso no todes queremos el mismo poema? ¿Uno en el que no exista dicha violencia? Y es la mirada, que se vuelve nuestra en el poemario, que es el elixir de la alquimia de la voz poética la que finalmente nos transmuta.
me nombró ojos
y fui feliz

leemos y repetimos «fui feliz»…
Este poemario resulta de la cuidadosa labor editorial del equipo de Ediciones Aguadulce, es el primer poemario de la autora. El libro está dividido en 5 secciones: «In medias res», «Un retrato familiar», «Estudio legal de mariposas», «Vita brevis» y «Archivos». A elles y a Iris Alejandra Maldonado le extiendo mi agradecimiento por la valentía y el amor. Me queda repetirles la advertencia a les lectores: «Maneja este poemario con cuidado; no importa qué, saldrás cortade.»

Alexandra Pagán Vélez
Santurce, Puerto Rico




[1] Me refiero en específico a los poemas «Estatua» y «Peregrina de la sal». En estas coordenadas coincide con la poeta Carmen R. Marín y su poemario Cosmogonía y otras sales. La coincidencia temática entre estas poetas (Carmen R. Marín también trabaja el tema de la violencia en Salvahuidas) las vuelven poetas que deben leerse juntas.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Tegucigalpa en el tiempo

Estatua de Valle, guerra civil de 1924

Cuartel San Francisco, guerra civil de 1924


Tegucigalpa a vuelo de dron, 2019

Vista hacia el Cerro Juana Lainez y el Estadio Nacional, 2019

Parque La Leona, 2019

Los Walther, La Leona, 2019

Iglesia Los Dolores en la década de los 20

El Lazarillo de Tormes, su mayor deseo


Foto: Fabricio Estrada


No era yo señor de asirle una blanca todo el tiempo que con el viví o, por mejor decir, morí. De la taberna nunca le traje una blanca de vino, mas aquel poco que de la ofrenda había metido en su arcaz compasaba de tal forma que le turaba toda la semana, y por ocultar su gran mezquindad decíame:

“Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber, y por
esto yo no me desmando como otros.”

Mas el lacerado mentía falsamente, porque en cofradías y mortuorios que
rezamos, a costa ajena comía como lobo y bebía mas que un saludador. Y porque
dije de mortuorios, Dios me perdone, que jamás fui enemigo de la naturaleza
humana sino entonces, y esto era porque comíamos bien y me hartaban. Deseaba
y aun rogaba a Dios que cada día matase el suyo. Y cuando dábamos sacramento
a los enfermos, especialmente la extrema unción, como manda el clérigo rezar a
los que están allí, yo cierto no era el postrero de la oración, y con todo mi corazón y
buena voluntad rogaba al Señor, no que la echase a la parte que más servido
fuese, como se suele decir, mas que le llevase de aqueste mundo. Y cuando
alguno de estos escapaba, !Dios me lo perdone!, que mil veces le daba al diablo, y
el que se moría otras tantas bendiciones llevaba de mi dichas. Porque en todo el
tiempo que allí estuve, que sería cuasi seis meses, solas veinte personas
fallecieron, y éstas bien creo que las maté yo o, por mejor decir, murieron a mi
recuesta; porque viendo el Señor mi rabiosa y continua muerte, pienso que
holgaba de matarlos por darme a mí vida. Mas de lo que al presente padecía,
remedio no hallaba, que si el día que enterrábamos yo vivía, los días que no había
muerto, por quedar bien vezado de la hartura, tornando a mi cotidiana hambre,
más lo sentía. De manera que en nada hallaba descanso, salvo en la muerte, que
yo también para mí como para los otros deseaba algunas veces; mas no la vía,
aunque estaba siempre en mí.

Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo, mas por dos cosas lo dejaba:
la primera, por no me atrever a mis piernas, por temer de la flaqueza que de pura
hambre me venía; y la otra, consideraba y decía:

“Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre y, dejándole, tope
con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura. Pues si deste desisto y doy
en otro mas bajo, ¿que será sino fenecer?”

lunes, 25 de febrero de 2019

Guillermo Bianchi - Argentina




ORFANDAD





hace noches que arrastro este cadáver

hemos bebido juntos del furor y la bruma

hemos acariciado la muerte a contrapelo

aliviado el dolor en madrigueras

donde la realidad pasa de largo

un ala negra sobre el cielo puro

batiendo contra el pecho

su avidez de relámpago


casa por casa fuimos

a derramar la hiel de nuestra angustia

hemos visto la calle sin ventanas

donde van a besarse los suicidas

antes de transformarse en certidumbre

hemos amanecido con un tiro en la frente

y un puñal escondido en la garganta


hace noches que intento abandonarlo

envolverlo en mi abrigo

y acostarlo en su espanto

como quien deja a un niño

a los pies de una iglesia.



LA TAPA DE LOS SESOS





pensar en vos como un anzuelo

pensar en vos como una copa rota

salir de vos

a la orfandad del tiempo y su ruleta

al peso del insomnio

sus mastines


pensar en vos como una letanía

pensar lo irreparable

lo imposible

pensar la soga al cuello


pensar en vos como una vértebra

o como un espolón

o como un túnel

estar pensando en vos de pies y manos

y hundirme en los diluvios del pensarte.







PETROGLIFOS




mi infancia fue dibujada a lápiz
mordida por los perros
azotada por lluvias torrenciales

huyó del mundo un día saltando medianeras
oculta en el fragor de la costumbre
atravesó la noche
febril y cautivante
con una huella efímera
como de pies mojados

mi infancia fue alcanzada mar afuera
hundida a cañonazos
salvada del naufragio.











RECURSOS DE LA SOMBRA

            Quizá sea en el país de los desaparecidos
            el único aparecido que llamamos fantasma
                                                  Juan Manuel Roca


¿de qué están hechos los fantasmas?
¿son vaguedad?
¿presagio?
¿llamarada?
¿detrás de qué espesura se lavan las heridas?
¿dónde van a llorar
tumbados boca abajo
arrasados en lágrimas de humo?
¿son un golpe de viento en la ventana?
¿atraviesan paredes?
¿resplandecen?

¿a qué le temen los fantasmas?
¿a penar para nadie?
¿a morir para siempre?
¿qué llevan en sus manos?
las cartas sin abrir
el tejido feroz de la memoria.










TRANSFORMACIONES





         
en la tierra de todos

    el viento ya no sopla

duerme cruzado de alas

    sobre la piel del aire

el lenguaje rechaza su condición de humo

hay ríos que se alzan como mares

hay mares que convergen como ríos

la serpiente

      le exige a dios sus patas

      los poetas reclaman su corona de espinas

y el cordero le clava

                        los colmillos al lobo.
















¿QUÉ POESÍA?





¿la atravesada por el humo?

¿la herida de arma blanca?

¿la que sale de noche a emborracharse

en manos del feroz tristán tzará?

¿ la que reparte panes y solloza?

¿la que agita las alas del albatros

que baudelaire dejó sobre cubierta?

¿la que golpea la mesa del burgués?

¿la que muerde el exilio

con sus nervios de buey llenos de cólera?

¿la que anida en el árbol de alejandra?

¿la que pasta en la huerta de efraín?

¿la que mira el oriente con los ojos en blanco?

¿la que amanece espalda con espalda?

¿la que no dice nada

la que no calla nunca?

¿qué poesía?












HASTA MAÑANA






cuánto dura el segundo que se apaga

ahora que golpeo las puertas de tu alma

como un desangelado

como un muerto de frío buscándote las manos

cercado por las fieras que habitan mi prehistoria

tragado por el mar

         del día a día.



















EL ORDEN DE LAS COSAS






los muros los escombros me transmiten recuerdos

obedezco al lenguaje del cristal que trepida

respondo al juramento desleal del relámpago


la simple observación de una canilla

me provoca un intenso sentimiento de ahogo

el fuego vaticina mi futura memoria

los relojes me llevan de modo inevitable

a treparme a la copa de los árboles

para lanzar mi aullido a la intemperie


toda consternación me pertenece

toda felicidad me contradice


el silencio lastima mis oídos

contemplo horrorizado la belleza del día

y persigo a mi sombra para no despistarme

soy el ojo que rige mis bruscas mutaciones

el barco que establece sus propias tempestades


todas las realidades me parecen ficticias

todas las utopías me resultan posibles.




LA VIDA POR DELANTE

          Todos los desaparecidos son nuestros hijos.
                                                   Azucena Villaflor



el hijo que me falta
quería cambiar el mundo
con sus manos de arcilla
con su espada de palo
bajo un cielo rabioso
fue creciendo a pedazos
lloró de amor
quemó su pecho el aire despojado
la madrugada le tembló en los labios

cuando se lo llevaron
fui más madre que nunca
sosteniendo su rostro en el abismo
supe que contra el miedo
se lucha cuerpo a cuerpo
que el dolor envejece a sangre fría
me volví árbol frente a la tormenta
me volví mar a golpes de naufragio.









GELMAN
                        
                               Ahora Juan está en un patio
                                          Jorge Boccanera


ahora Juan está en un patio
ahora nos falta
con una falta hambrienta
desbordada
abre los pozos del dolor
revolotea en cada muerte
nos huerfaniza Juan
nos apenumbra
ahora que estamos solos
y no hay donde llorar
sin que nos vean
las aves de corral
los perros del morir
los entendidos.


Enero de 2014
                                                                        






PASAJERO

                                                            
                                           a mi hermano



Te traés, pasajero

desde atrás de la lluvia

tenés los dedos fríos de tocar los aviones

el corazón cansado de remolcar tu sombra


Habrá que precisar con qué ternura

se te arriman al ojo nocturnos ventanales,

te vienen a buscar los aeropuertos

para llevarte al fondo de vos mismo

a través de regiones abrumadas de espejos


Perdés todo en el viaje, pasajero

la identidad en tránsito,

tu inevitable whisky

y la filosofía del arrabal amargo

que ocasiona tremendas redundancias

cuando en la visa escriben

tus datos personales,

cuando querés llorar y no estás solo

cuando querés reír y estás sin nadie.







CONCLUSIONES





este amor que no empuño ni reclamo

este deseo que resguardo en vos

como una medallita de la suerte

este amor de sonámbulos y espías

de aliento contenido

de sangre en movimiento

una sombra pegada a la pared

trepando por la furia del espejo

amor que no es abrigo

ni sábana

ni oxígeno

sino una cuerda

que intenté sujetar

para no ahogarme

y repentinamente

se enredó en mi garganta.


Guillermo Bianchi

Nació en Buenos Aires en 1970.
Es integrante del grupo de poesía La Contracurva.
Fue finalista del Premio Videncia 2003 (Cuba), I Concurso Revista Axolotl, I Concurso Ruinas Circulares, Certamen Patagonia Sur del Mundo, Premio de Poesía Paralelo Cero (Ecuador) y Premio de Poesía Olga Orozco, con un jurado integrado por los poetas Antonio Gamoneda, Juan Gelman, Jorge Boccanera y Gonzalo Rojas.
Fue ganador del Concurso Nacional de Poesía Azahar de Plata y del Primer Certamen Internacional Orillera 2009
Participó en diversos encuentros y festivales de poesía en Argentina, México, Costa Rica, Nicaragua y Honduras.
Publicó los libros La luz de los vencidos (Enigma Ediciones, 2012), Objetos varios (Editorial Casa de Poesía de Costa Rica, 2017) y Callar los perros (Alción Editora, 2017)