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miércoles, 7 de febrero de 2024

Entrevista a Dark Barahona: Tegucigalpa como una milf

 


Tegucigalpa como una milf.

Dentro de un par de semanas Darwin Barahona (Tegucigalpa, 1980) presentará su libro Un dios underground, que es parte de la trilogía de la que también forma parte Uncle crazy y Sex devil, ambos inéditos.  Estaciones del hambre punk sería como su tour de force. Me ha dado la estafeta para que sea yo quien lo presente. Ya estamos buscando lugar, lo hacemos a lomo de caballo, disparando el arco a galope como los hunos o los cosacos de las estepas. Y de las estepas habla mucho Darko, incorregible viajero que se sumergió una buena temporada en Rusia, Ucrania y Alemania, para luego recalar en esta nuestra milpa, como tanto le gusta decir de Honduras.

Conocí a Dark (sí, tiene múltiples diminutivos: Dark, Darko, Xibalba Star…, así de polisémico como los apelativos que los eslavos le dan a sus seres cercanos) allá por el año 2002, cuando me invitaron a dar una charla creativa al Grupo literario ADAN, que también incluía a Carlos Palma, Dénnis Ávila, Carlos Ordóñez, Rodion Martínez, Guillermo Brune, Zadick Córdova y otros que, desde entonces, siguen siendo para mí piezas insustituibles de la realidad creadora literaria que me motiva a seguir haciendo memoria viva. Luego la noche fue el safari, la plática, el oráculo que hablaba a través de las amistades que convocaban y siguen convocando los bares del centro de Tegus. La narrativa de Darko está hecha de esta transhumancia casi dantesca y llena del abordaje gonzo que tanto apreciamos cuando se trata de darle crónica a la Tegucigalpa oscura que viaja con nosotros, hasta en las pesadillas.

Fabricio

Lo que tendremos ahora es una plática. Hoy es 4 de enero del año 2023, estoy con Darko, Darwin Barahona, narrador, cronista de crónica negra, así como su alias, un xibalba star.

Este término lo acuñaste en tus crónicas en Facebook, ¿verdad?

Darko

Claro, porque a mí me gusta llevarme mucho en el centro de Teguxibalba. Amo Tegus. Y una vez estaba en el Hoyo de Merrian y e poeta Novoa mencionó a Teguxibalba, y empecé a ver todas las escenas de un Xibalba Star… (risas, Rod Stewart en los parlantes de Paradiso: “Da ya think I’m sexi”) Y Florián… gracias que lo mencionés… Flor fue uno de los que más me apoyó, él me enseñó muchas cosas que yo no sabía cómo iba encontrar, libros como el de Christopher Bram, El padre de Frankestein. Digamos ese feedback que es importante para mí, a mí no me importa que seas millonario o no, si tenés un feedback conmigo todo va bien, porque sin crueldad no hay fiesta, como dice Friedrich Nietzche, y volviendo a remosntar ese tema de Xibalba Star es como… bueno, yo pensé que se lo había inventado el poeta Novoa, pero dicen que fue el poeta Vindel (Javier), nunca he hablado con él, pero es un término que ocupamos porque es un realismo sucio-patastera.

F.

¿La patastera por qué?

D.

Es que un día miré a mi padre en su camioneta. Por cierto, ese día lo chocaron, le pegaron por atrás y empezó aquella hecatombe de golpes y todo eso, porque le pegó un BMW y mi padre conduce una Ford tranquila, del año del culo y el tipo que lo chocó me deja sorprendido porque le dice a mi papá que él tiene un pijazo de títulos, y después los dos se perdonaron, entonces yo quedé pensando “wow, estos majes qué energía malgastada”. Es así. Patastera.

F.

¿Sos de Sabanagrande, del sur?

D.

Sacahuato, Sabanagrande, Los Infiernitos, inframundos y todo eso.

F.

Pues no tenías que ser diferente si venías de un lugar cercano a los infiernitos.

D.

Claro, Fab.

En ese momento interrumpen las cervezas, pero Darko también ha pedido un té. Tears for fears canta “Everybody want to rule de world”.

F.

Bueno, aquí estamos viendo la famosa combinación té con Piba (cerveza, en ruso), si los británicos le echan leche los rusos le echan cerveza -apunta Darko.

Contame como fue el proceso de Estaciones del hambre punk. ¿Está basada exclusivamente en Pio Rico (bar del centro, muy visitado por la movida del centro de la capital)?

D.

No necesariamente del todo, porque hay estaciones de cuando viví en Berlín, en Estados Unidos. Esa es una crónica de cómo era mi mundo… ahora soy más tranquilo.

Mientras sigue tomando su Piba-Té, hago la reflexión de que en las lecturas de Dark lo primero que se encuentra es una fragmentación de los tiempos y espacios en que él se mueve. A veces está hablando de un pub en Belfast, de una calle en Berlín, igual que de un estanco puro en el centro de Tegus. Le pregunto entonces ¿cómo asumís esa fractalidad?

D.

Mirá yo lo asumo como un camaleón. Yo soy un camaleón que agarra el color del momento, soy un escritor de método, me gusta experimentar, porque también ha sido muy curioso que he visto ultras, revos de todos los países (barras bravas de fútbol. En este caso se refiere a las barras de los dos equipos más importantes de la capital: Olimpia y Motagua), y hay un respeto que tienen conmigo por este libro de Estaciones del hambre punk.

En toda la entrevista nos acompaña silencioso Eddie Menzi, un músico de combate underground que por cierto momentos me escanea, como si Darko fuera el interrogador bonachón y él la oscuridad que me espera si trastabillo en una pregunta. Al final es un muy expresivo y entra en confianza comedida. Un gran artista. Darko lo mira cuando sube a su vaso de Piba-Té y lo mira de reojo. Lo presenta cuando le pregunto sobre sus relaciones o interacciones en Tegucigalpa.

D.

Eddie Menzi es uno de mis mejores amigos, es pianista (“estudio música clásica”, interviene Menzi), hace de todo.

No falta en ese instante mencionar a Zadick Córdova, el gran Valzak, duo dinámico de las noches de principios de siglo en la que junto a Darko y él nos embarcábamos en la noche de Tegucigalpa sin dejar de hablar de cuentos, zafaris y poesía mad max.

D.

Mirá, él es uno de los pilares, ha creído mucho en mí.

F.

Sí -le confirmo-, siempre te menciona. Me leyó hace mucho rato unas experiencias que tuvo en una plataforma petrolera en el Golfo de México. Decía que eso era bueno para agarrar carácter.

D.

No, es que lo que pasa, Fabri, es que cada quien sabe qué pedo.

Veo hacia la calle, reflexiono a profundidad sobre todo ese silencio que construye esta última frase. Dobo decir que he visto mi propia mirada en muchos cuando una comprensión inasible llega al grupo al decir esta frase lapidaria. “Cada quien sabe qué pedo” es una frase de sabiduría a la altura de un samurai que se apresta a dejar su familia para enfrentar su última batalla, o por igual, es un silencio íntimo que nadie puede indagar más allá, por pudor, por solidaridad. Algo así como en Saving Private Ryan el Cabo Upham -el peor soldado-aprende el trora [1]de la tropa (código cerrado, conjuro grupal para alejar amenazas o afianzar camaradería).

A mí me gusta tanto Teguxibalba, es mi ciudad -continíua Darko- , yo camino por todos lados aquí, nunca me ha pasado nada, “hey, ahí viene el Dark… pum!”, allá otro me saluda. Me gusta escuchar a los chikis. “¿Me puede regalar un libro?”, esto esto esto… ¡amo Teguxibalba! Para mí es como una Milf que quiere ser niña y anda con los ojos bizcos como Oh Fortuna. Mi abuelo siempre me decía este es tu país y a cualquier lado que vayás sentite seguro.

F.

Tegucigalpa termina aceptando a los seres de la noche, los protege de alguna forma ¿verdad? (Deff Leppard asume la música ambiente, “Hysteria”)

D.

Oime! La última vez estuve bebiendo ahí con los chikis, y me dijeron Darko… te protegemos.

No puedo dejar pasar la referencia de los chikis comentándole a Dark sobre los textos que abren mi libro de cuentos La Era Pre Schuman, Las crónicas del chiki. “Su lenguaje es autodeterminativo” -le digo- “una consigna espacial”.

D.

Ese es el futuro. ¿Por qué creés que cuando me dice un chiki, “hey Darko, mera pija, me gusta lo que hace”… yo siempre planteo un post. Me pierdo un mes y los chikis están de que u, hey Darko, qué pasó. Hacer lo que hago es como un acto de rebelión, es decir, hey, este es mi aporte a la sociedad. Anarquía, nihilismo. Hay momentos en que uno quiere desaparecer como Rimbaud, quiere ser como Gauguin. En post de Facebook he tirado tres novelas, en sincronía. No me quejo. He hecho otra reedición de mis tres libros. Flor (el poeta Edgardo Florián, ya fallecido) siempre me decía: puta maje, si yo vendo confites… lo extraño, porque si no hubiera sido por él no publico ni mierda.

F.

Contame, ¿Cómo se miraba Honduras desde el bar más perdido de Kiev?

D.

Hermoso. Sabés, Honduras significa nada en ruso. Y los majes me decían siempre Yuri, Yenka, Sasha… Sasha es un nombre privado, en público es Alexander… y me decían por qué putas no me llamaba Hugo, porque en ese tiempo estaba Hugo Chavez. La depresión que cargaban ellos es muy poderosa, pero yo sobreviví a eso. Yo los miraba leyendo a Pushkin, es un león… respeto mucho a Chejov y a Perlman, el creador de la ciencia ficción. (Suben el volumen en Paradiso, Guns n’ Roses toca las puertas del cielo}

F.

La intertextualidad es muy notoria en tu narrativa. Decime la intertextualidad que te brinda Tegucigalpa.

D.

Pues sí que tiene: ¡todas las personas con que me llevo… soy un ladrón de historias! Yo no puedo venir y ser puro, los chikis me dicen ¡ay, escribís sobre mí! Y tengo influencias de Waltz, hay que gente que dice de Bukowski, pero no, quizá Michel Houellebecq… Günter Gras también, leerlo en alemán es bien complicado. Yo estuve estudiando alemán por siete años, lo hablo. Y ni qué hablar de La Divina comedia. En mi círculo íntimo hablamos de cine, de música, pero tengo mis otros amigos que me van a llorar porque no saben ni pija, y tengo los otros que son buitres.

F.

Lo que has visto de cine ahorita ¿qué te interesa?

D.

Miré esa de Reptiles (dirigida por Grant Singer), me gustó. A mi me gusta el cine bien lento… sale Alicia Silverstone, y por cierto le mando un saludo a mi novia que se parece a Silverstone.

F.

Uy sí, el regreso de Alicia desde los video clips de Aerosmith, en su gran salto mortal de las musas resucitadas. Pues bien, Dark ha estado siempre presente en una generación muy mía. Puede ser como un Plutón del sistema solar, definirse si existe o no como planeta. Darko siempre ha estado en el circuito poético y narrativo de Tegucigalpa desde que yo tengo memoria. ¿Cómo te has sentido de no estar en el centro?

D.

Yo me siento complacido, porque crecí en un ambiente muy intelectual. Mis tíos les dieron clases a ellos. Mi tío poeta Fausto Maradiaga, Alexis Hernández, fueron profesores de ellos y eso marca un privilegio que tuve al crecer con las personas correctas.

Justo en este punto de la entrevista, por telepatía, Anita, la administradora de Paradiso, pone Crazy, de Aerosmith. Los retratos en las paredes del patio se estremecen, como hojas del árbol del bien y el mal enfrentando las ondas herzianas de aquello que no tenía previsto cantar Pablo Milanés, Serrat y todos aquellos que eran el fondo musical del Paradiso de los años noventa. Y no es que Aerosmith sea la moda hoy, es que cada quien carga su música, como si una ouija relevara la aguja de un viejo long play y a pura música adquiriera sentido este lugar de reecuentros y fantasmas. Darko retoma:

Crecer con mis tíos era increíble porque a mi primo Leo lo castigaban leyendo a Charles Dickens… pues entendí que no es que me sienta como Plutón, pero si entendí el mensaje. A mi me gustaba mucho leer a Dostoyevski, a Solyenitzin. Me gustan las maratones, no me gustan las carreras de cien metros, y yo nunca le dije a los amigos que seleccioné (que escribía), ellos se dieron cuenta por sorpresa.

F.

Definitivamente la literatura rusa es tu predilección.

D.

Davai, davai! Definitivamente tengo mi cultura vertebral en ellos. Me gusta mucho Mayakovski pero la mera V. es Pushkin. Leí El Doctor Zhivago de Pasternak, a Nabokov.

F.

¿Y cómo sentís cuando vas allá, a la aldea?

D.

Amo a Honduras. No publicaría en otro lado. Amo todo lo que produce Honduras, aunque sea gangrena. El Dios Underground trata de un tipo que es millonario y quiere estar en estado de coma. A veces creo que El Dios Underground son las drogas… el quiere estar en estado de coma y le pegan la vivida de su vida porque se encuentra a un doctor ruso, y lo engaña, y le roba los órganos. Entonces se vuelve un super héroe. Es el primer libro de la trilogía. Siempre está hablado en primera persona, como memorias.

F.

¿Qué necesidades ves en la literatura hondureña actual?

D.

Vivir. Vivir y viajar.

F.

Viajar no solo es imaginar, ¿no es así?

D.

Si vos tenés la oportunidad de ir a Tela debés imaginar la creatividad, porque sino te volvés operario. Ya porque sepás usar Photoshop o Illustrator no te hace diseñador gráfico, solo porque alguien te dice que sos mera V creando si no tenés feedback no tenés nada. Al viajar activás tu visión periférica, tu intuición se vuelve más tigre, más jaguar.

F.

Bueno, tenemos cuatro conceptos aquí: Tegucigalpa como una Milf, tenemos a Teguxibalba Star, tenemos el entender a Darko inseparable de la literatura rusa y alemana, y tenemos el sentido del viaje. ¿Cuánta de esa literatura que has leído has encontrado en Honduras?

D.

Mirá, eso es lo hermoso de Honduras. Es como mirar a Picky Blinders desde el ángulo de Arthurs, estamos en esa época. Vos sabés muy bien que todos somos un barómetro social, cada sociedad va a tener su narco pijudo o su artista pijudo. Vos tenés al narco que refleja lo que sos en tu país, y también tenés al artista que refleja a tu país (Dust in the wind, de Kansas, inicia sus arpegios. Casi veo la ventisca de polvo entrar por el portón, como aquellos polvos del Sahara que atestigüé en Puerto Rico). Eso es Darko Barahona. Me gusta ser como yo. Sin límites, pero también pienso en los niños, en la juventud y todo eso. Porque decime vos, ¿Cómo se llamaba el man que llevó la nodriza hasta la luna? Todo mundo piensa en Armstrong. Una persona se hace famosa cada diez minutos en el mundo, no sé, tenés al Facebook. Yo he conocido gente que sacó un préstamo para sacar una Toyota Prado y vive en el Hato de En medio (residencial capitalina)… somos la patastera.

F.

Como los dandys de Nigeria vestidos de alta costura entre los charcos. Full guajeados.

D.

La ideosincracia de nosotros es un fenómeno. Yo que he viajado, que entro y salgo de aquí, lo olvidás. Ahora que hay mucho venezolano y haitiano seremos un montón de fucking razas mezcladas. ¡Amo eso!

F.

¿Has leído la ciencia ficción de Javier Suazo? (“Cuentos de ciencia ficción del tercer mundo”)

D.

No fíjate. Por eso te digo que hay que conocerse, hacer feedback. He leído un cuento de Calton Bhrul, de Albany. A Giovanni Rodríguez. A Darío Cálix… Gustavo Campos es la mera V. Sólo te digo algo más: mi chica sabe que Dark Barahona odia los calcetines blancos y las luces blancas. Ella sabe que mis bandas favoritas de Black Metal son Satyricon y Darkthrone. Ella sabe también que no me gusta la impuntualidad y para rematar le gusta que hable varios idiomas. Fanculo tutti! La ONU!

El cierre musical ambiental no es de Black metal en Paradiso, pero no hay duda que algo de nostalgia romántica hizo que Darko recordara a su novia, así que los herz que carga de sí mismo le han dicho a Anita que ponga Whitout whitout you, de U2. La cosa termina al suave, entonces, fiel al sabor de la Piba-Té. Indefinible underground.



[1] Trora es la frase de “desactivado” que utilizabamos los niños hondureños para igualar una acción o recuerdo compartido. Por igual neutraliza una penalización en el juego de la patada en el que se debe gritar la palabra trora para evitarla.

domingo, 5 de marzo de 2023

Episodio 105: Karora, un relato de La Era Pre Shumann


Un crítico de arte contemporáneo se apresta a escribir un artículo para Karora, el montaje de un enigmático artista australiano, sin sospechar que al hacerlo entrará al horror que espera a los que desconocen el tiempo del sueño.

Este relato forma parte de La Era Pre Shumann, libro de cuentos que me publicó Editorial Casasola (Honduras, 2021) y la Editorial La Secta de los perros (Puerto Rico, 2022).


https://drive.google.com/file/d/1o1MuQ0QBPEE_1fRRvvwlBnqK_WNBASQE/view?usp=share_link



 

domingo, 5 de febrero de 2023

Episodio 103: Aquí no vuelan las alondras, un relato de La Era Pre Shumann


Nada le hará creer que su guerra ha terminado. Un relato de la Segunda Guerra Mundial que insiste en continuar en el presente, en un montaje cinematográfico que te hará ver -escuchando-  las ciudades incendiadas hasta los sótanos.

De mi libro de cuentos La Era Pre Shumann, publicado por Editorial Casasola (Honduras) y La secta de los perros (Puerto Rico).


 

domingo, 29 de enero de 2023

Episodio 102: Siembra nueva, un relato de La Era Pre Schumann


 El amor y el odio son flores y a la vez malas hierbas que se reflejan en ese campo único que somos. Desde lo más imprevisto y pequeño, hasta lo más insano y violento, nuestra piel -la frontera del ser- se vuelve reflejo, como una luna girando alrededor del planeta nota roja. El himno de Galadriel compite con el rock más despechado.

Bienvenidxs a este relato incluido en La Era Pre Schumann, mi libro de cuentos publicado por La Secta de los Perros (Puerto Rico) y Editorial Casasola (Honduras). Adelante, porque en este podcast !tu memoria pone la música!.

https://drive.google.com/file/d/13Kmk4mlthrDNt3iUt4siLzmosWEpOo9H/view?usp=share_link

domingo, 4 de diciembre de 2022

Episodio 100: Ctesifonte, un relato de La Era Pre Shumann


 Una aparición imprevista, en medio del amor y del invierno, nos recuerda la zona más oscura de lo que somos. Un relato incluído en mi libro La Era Pre Schumann, con la colaboración especial de Frank Sandres desde España, y la música de Doug Maxwell. 


!Bienvenidxs a la quinta temporada del podcast donde su memoria pone la música!

https://drive.google.com/file/d/1E76hC3blqKgSHEaoc3dhFo6q-0onq2Et/view?usp=share_link

domingo, 4 de septiembre de 2022

Episodio 92: España 82 y el grito más fuerte de Honduras


 De antemano, les pido disculpas por las omisiones en nombres de algunos importantes protagonistas. Algo tan portentoso como el primer mundial de fútbol para un país como Honduras hace que las neuronas salten de felicidad al recordar y se pongan delirantes (como ya lo comprobarán). Confío en que su memoria llene esos vacíos y que, por igual, me acompañen en la reflexión sobre nuestras taras identitarias. Buscar esas taras es lo mismo que la niña que se busca tras el espejo en el poema de Antonio José Rivas.

Bienvenidxs a esta máquina del tiempo donde su memoria es la que pone la música.

https://drive.google.com/file/d/1eIjUYpEGxVBIg2DCi6KTEJePRhHfaPsD/view?usp=sharing

domingo, 31 de julio de 2022

Episodio 88: El miedo de mi abuela María

 

En este episodio narro el por qué de mis palabras en la cortina de entrada a cada episodio de mi podcast, una memoria con mi abuela y mi familia, vital para saber sobre el discurrir de mi poética.

https://drive.google.com/file/d/1ZRMbfehYXJ5ydXGVx8MyjkNBOEsnlFxF/view?usp=sharing

martes, 1 de marzo de 2022

Aquí no vuelan las alondras


 La segunda guerra mundial se desarrolla en la mente del protagonista. Todos deben saber a qué lo ha llevado.

"Cuando abrí los ojos empecé a ver con detenimiento las junturas del encielado de la habitación. Seguía las líneas hasta sus intersecciones y luego continuaba al siguiente panel en una mirada rápida que se fijaba en las hormigas que iban y venían hasta perderse en los pequeños agujeros.
De pronto, la mirada se fue haciendo más veloz. De los agujeros donde se metían las hormigas salía humo. Panel tras panel, mis ojos iban moviéndose como un altímetro enloquecido. Algo me decía que tenía que fijarme en una de las hormigas para detener aquello, pero no lograba hacerlo. Las hormigas se achicharraban como si una lupa gigante pusiera el sol en sus cuerpos. Mis brazos, por el contrario, se comenzaron a poner fríos justo en el momento en que una sombra diminuta empezaba a flotar con un aparente despliegue de forma que bien podría jurar se parecía a la de un avión.
Desde diferentes paneles surgieron, en una sincronía que no dejaba lugar a dudas sobre su cometido, unos brillantes haces de luz similares a finísimas varillas plateadas que se movían como palpando a ciegas mi cama. Me buscaban. Poco a poco fueron coincidiendo en mi pecho y luego subieron hasta mi barbilla. Mientras esto iba sucediendo, no podía moverme sin antes sentir una fuerte resistencia del aire alrededor de mí. Una presión surgida de no sé qué ventilador me apretaba de una manera descomunal y me hacía vibrar, convulso. Quise gritar pidiendo ayuda, pero en lugar de eso salieron de mis labios una serie de cifras e instrucciones que, con voz cada vez más apremiante, urgía a cerrar las puertas de las bodegas y romper formación, romper formación, romper formación."
Cómprelo a través de Amazon.com
o en las librerías de Tegucigalpa y San Pedro Sula en la edición de Editorial Casasola.

jueves, 14 de octubre de 2021

Episodio 60, Pólvora serás

 

Desde el fondo del papel periódico que lía la pólvora de los petardos se nos revela el inquietante surgimiento de un sicario. Les comparto "Pólvora serás", uno relato incluido en mi libro "La Era Pre Schumann" y le damos inicio a la temporada 3 de su podcast. Al respecto, el maestro y artista conceptual hondureño, Medardo Cardona, opina:



https://drive.google.com/file/d/1e4639JyUIdSwn9yGx814TICCVRocBZNO/view?usp=sharing

viernes, 24 de septiembre de 2021

Episodio 57, El movimiento de los chasis


 Este episodio es dedicado a mis amigos de la zona 3 de la Cerro Grande, Comayagüela, D.C., donde pasé mi adolescencia. Mi primer relato escrito con idea certera de que era un cuento, en 1994. Aquí entonces me acompañan Oliver, Léster, Héctor, Manuel, Walter, Willian, Carla, Elba, Mirna, Jéssica, Rosa, Suyapa, Isbela, Marlon, Emerson, Everzon, Ricky, Luis, Mario, Alonso, Armando, Johny, Aníbal, Marvin, Elvis, Jaime, Carol, Gisela, Conrado, Carlos, Roberto, Wolfran, Jairo, Sony, Waleska, Juan Carlos, Erick, Natán, Mandito, Beto, Yadira, Salma, Mando Montiel, doña Gilma y por siempre Marcodi, alma del taller mecánico que arregló las piezas de nuestra idea del trabajo para toda la vida.

https://drive.google.com/file/d/1cXPAOY6AhRYm6w74CeIcZhhCCiISmp5q/view?usp=sharing

jueves, 23 de septiembre de 2021

Günther Grass y Patrick Süskind equidistantes nos señalan el fascismo y su fascinus

"La gente normal no sabe que todo es posible" (Superviviente de Buchenwald citado Por Hanna Arendt)


 Las dos escenas comparten una multitud enardecida. La una por el fervor nazi y la otra por la indignación de atroces asesinatos en serie. En ambas multitudes hay algo que las une. Las dos suceden en una dimensión de la narrativa alemana donde los autores, ambos alemanes, conjuran el deseo oculto y las pasiones más desenfrenadas del aparente caracter alemán domesticado: el ethos pagano de la germanidad pre-cristiana.

Hablo de las escenas donde el pequeño Oscar Matzerath, en El Tambor de Hojalata, y Jean Baptiste Grenouille en El Perfume, se vuelven los orquestadores de la ruptura de todas las reglas que la legendaria disciplina alemana ha querido imponer sobre ese pueblo semejante a bosques infinitos, como diría Elías Canetti (nacido en Bulgaria pero escritor en alemán), o quizá, en una inversión más alarmante de ese orden aparente, es el poder el que ha trascendido la simple fascinación y ha ordenado liberar todas las pasiones y perversidades:

"Es sabido que quienes actúan bajo orden son capaces de perpetrar los actos más atroces. Cuando la fuente de la que emanan las órdenes  se agota y se les obliga a  voilver la mirada sobre sus actos, ellos mismos no se reconocen. Dicen: eso no lo he hecho yo, y no siempre son concientes de que esán mintiendo. Cuando son confrontados con testigos y empiezan a titubear, añaden: yo no soy así, eso no pude haberlo hecho yo. Buscan en sí mismos las huellas de sus actos y no logran encontrarlas. Es sorprendente ver lo intactos que han quedado. La vida que llevan más tarde es realmente otra y no está teñida en absoluto por esos actos. No se sienten culpables ni se arrepienten de nada. Sus actos no los han penetrado." (E. Canetti, Masa y Poder)

Cuando Günther Grass, en El tambor de Hojalata, hace que el pequeño Oscar toque el tambor y rompa la cadencia de la marcha triunfal de la banda que recibirá al representante nazi, impone sobre las notas triunfales el redoble del jazz, ese representante del "arte degenerado" prohibido por el régimen del Tercer Reich, pero a la vez señala que la degeneración está más bien en el incontrolado fanatismo de las masas, que en su forma más caricaturesca y extrema, acompañan el ridículo paso del poder hasta el punto del baile. ¿No es acaso el paso de ganso de las tropas prusianas algo patético de ver individualmente, pero fascinante cuando se trata de un batallón completo en marcha ceremonial? Una vez impuesto el jazz sobre los tambores de la banda de recibimiento, la masa enardecida se mueve a su compás, todo se disloca y termina disolviéndose. El nazi a cargo queda solo en la plaza sin saber qué hacer. Su pueblo, su gloria lo ha abandonado.

Patrick Süskind, en El Perfume, opta por la orgía, quizá porque el perfume del poder haya sido el que enloqueció a las masas nazificadas hasta llevarlas a expresar su propia depravación y vulgaridad en el gran desnudo colectivo proyectado e infligido a los prisioneros de sus campos de concentración. La masividad de cadáveres desnudos que el mundo atestiguó tras la derrota alemana en la segunda guerra mundial, fue la orgía sádica que el nazismo-fascismo desató primero en su imaginación, enloquecidos por un poder sin límites (http://fabricioestrada.blogspot.com/2015/04/salo-o-los-120-dias-dentro-de-honduras.html ) , y luego en la realidad, fríamente, racionalmente, puntillosamente en las grandes fábricas de muerte y obsenidad desplegadas para aniquilar y hacer producir muerte a sus prisioneros. Y sí, el perfume del que hablamos fue percibido por millones de olfatos y millones de olfatos sintieron la putrefacción vulgar del asesinato colectivo. Respecto a él, Hanna Arendt nos dice lo siguiente:

"Cuanto más se haga valer la vulgaridad de una desenfrenada autoalabanza en una sociedad que en términos generales aún se ha formado en las reglas de la buena educación, tanto más fuerte resultará su efecto, tanto más fácilmente se dejará convencer la sociedad de que el valor para romper algo tan sagrado como las reglas de la educación, sólo puede provenir de un "gran hombre" que está más allá de todos los patrones y medidas". (H.A., A la mesa con Hitler, Ensayos de comprensión 1930-1954)

Grenouille no es un gran hombre, todos lo saben al verlo. Es patético, retorcido. Es grotesco e imagen de los pusilánime a la vez, pero tiene el perfume que desata, y eso la masa no lo sabe aunque esté preparada para oler su mandato. De ahí que Süskind también decidiera que fuera esa misma masa avergonzada la que devorara vivo a su perfumista de la atrocidad al final de la novela, hasta no dejar una sola huella en las calles que todos vacían, escondiéndose.

Las escenas son equidistantes, entonces. Aparentan estar lejanas en la línea temporal (lo lejano, a la vez, le sirvió muy bien a los nazis al resucitar el mito de superioridad racial teutón), pero al ser Grass y Süskind de la misma nacionalidad, el contenido empuja a la forma y crea sus límites. Es Alemania en bandeja de plata, y desde Alemania, somos todos los emfebrecidos. El populacho se hace humanidad y esa humanidad se vuelve cósmica. Al ritmo de un tambor o tras la esencia de un perfume, vamos mordiendo e imponiéndonos a la otredad. 

Queda para otra ocasión reflexionar si El Flautista de Hamelin (desde otra línea temporal alemana) se une al selecto grupo de la hipnosis colectiva que tan magistralmente nos dieron a conocer Patrick Süskind y Günter Grass.

F.E.








viernes, 3 de septiembre de 2021

Episodio 55, Stephen King nos habla


 Stephen King nos acompaña desde una entrevista que le diera a El País, España, en el año 2013. He trasladado su voz con la magia del podcast para acercarnos a uno de los escritores que mayor impacto ha tenido en la cultura del cine y del imaginario global del terror. No se pierda esta memorable entrevista, suscríbase a Ivoox.com, Anchor.fm y Spotify, y démonos la oportunidad de escucharnos en medio de la época donde ya no escuchamos, ni hablamos, y ni siquiera bailamos pegado. !Póngale música a su memoria!

https://drive.google.com/file/d/1XEB-Z8Yt3x9EZYesPoyZCxxKdpzpDbsr/view?usp=sharing

lunes, 26 de julio de 2021

La Era Pre Schumann, reseña Iris Mencía

 LA ERA PRE SCHUMANN.



"La cosa es que se malea, y no hay nada que hacer"; el chiki, el diablo, el alero: "no dejés que se vuelva zalamero porque te pierde"; en menos de cuartilla y media y en un máximo de seis, por cuento, Fabricio Estrada, narra, poetiza, profundiza en contextos y nos hace ver qué el corazón palpita pero no tiene la forma que se le asigna❤️ talento requiere tejer tus sueños a otros sueños (dicho así), y en tres renglones más, hilvanar un hijo. He leído y disfrutado el conjunto de 12 cuentos, de F. Estrada, ricos en figuras, escenarios, sensaciones, emociones, lenguaje invertido, ironía, algo de la guerra silenciosa callejera y las otras guerras, igual de invasivas y desiguales, dónde las fotos de los muertos no aparecen en los periódicos. Ninguno de estos escritos comienzan con érase una vez, pero es una y otra vez, este mundo, el nuestro aquí, igual que estos textos de los que me apropié al leerlos y de quién los asuma también. La "Era PRE SCHUMANN", trabajo de Estrada, alza vuelo hasta aterrizar en esa fiebre que no cesa mientras se escribe, dicho -leo, en tono irónico, satírico, mordaz, pero porque no, también cierto? He allí la lectura y la interpretación, que inicia con un contexto de la Teguz; de esta capital "especie de isla exiliada" y luego avanza y adquiere profundidades de "tentaciones por el vacío" y confrontar la creación, el mito, y desaparecerlo con solo borrar lo escrito, arrancar la página, cortar la figura del 🌳 y con ello desdibujar la tentación. Más temprano que tarde , sé que Fabricio Estrada, "asumirá imperativos" de su pasión por la literatura para que "florezca en la piel" la esencia del respeto y la trascendencia de la palabra, en este país que tanto lo necesita y referente en nuestra América Latina.
Me concedí el permiso, celebrando, el juicio a favor de Bertita Cáceres, y siguen los Atala! el cumple de la hija segunda, ayer, y la lectura de este libro.

viernes, 30 de abril de 2021

Episodio 41, La Grande Bellezza


Aprovechando la motivación que causa el desastre de la belleza -porque también existe ese desastre- les comparto aquí la reseña que escribiera para la gran película de Sorentino, La grande Bellezza, acompañado de un pequeño fragmento a Memorias de Adriano, de Yourcenar.

 https://drive.google.com/file/d/1a2kMnZc0k8xC8yQ_LxYVtju0Vut-epPc/view?usp=sharing

domingo, 13 de diciembre de 2020

Ser - Fabricio Estrada, relato

 

                                                                     Foto: Fabricio Estrada


Ser

 

La necesidad es insoportable. La Piedra. Tiene que ir adonde está la piedra. Busca el martillo y algo parecido a un cincel. Pedazo de hierro. Tosco, migaja de antiguas minerías. Servirá. La piedra despunta roma y lo llama. Sube corriendo hacia la pequeña colina en medio de la urbanización y llega resollando frente a ella. Al primer martillazo espanta a los niños que elevan barriletes en la cima. Segundo martillazo y los barriletes se alejan sin sus niños. Tercer martillazo y muchas horas después, astillada la noche y la piedra de la piedra surge la forma de un rostro humano gritando. Quijada abierta, se traga cada martillazo y surge bello y terrible, el grito. Mudo, el grito.

Baja sudoroso y los vecinos siguen sus pasos a prudente distancia. Toda la noche los martillazos. Cualquiera haría de su rostro un pedazo de piedra para picar, destrozar, derribar lo humano de su gesto embrutecido. Se desploma en el sillón, cierra los ojos y de nuevo siente que mira hacia afuera. Un árbol de tallo grueso. La respiración empieza a tensarlo como vela en una balsa hecha de los restos de naufragio. Toma un hacha y siente del árbol, por primera vez, toda su exigencia de ser cortado. Corre hacia él. Mientras avanza ve las nubes, y desea alas para llegar a ellas y amasarlas. Alcanza a ver el río atravesando la colonia, allá abajo, puentes y grandes postes y cables. Mis tendones, piensa. Mis costillas. Sigue corriendo y los vecinos lo ven pasar con su hacha apuntando al centro del tronco. El primer hachazo. El segundo. Las primeras llamadas a la policía. El tercer hachazo y la hora siguiente haciendo un arco limpio en su espalda brillosa. Debe respirar y continuar luego de aguantarse todo lo que ve en la tierra. Quiere tener más de dos brazos y manos, escarbar, buscar el agua, moldear, hacer todos los objetos del barro pegajoso. Cántaros, ollas, estatuillas, una máscara para dormir tras ella. La tierra, ay, la tierra que se ofrece. Está muy agotado, pero ahora falta lo último. Otro hachazo y ofrece la primera idea de un hueco. Astilla por astilla se abre paso hacia la forma de un espacio exacto donde cabe de cuerpo entero. Mira a todos. Desde las puertas de sus casas murmuran y se van ocultando al ser vistos. Sus ojos empujan, remachan, hunden hacia las sombras sus presencias. Sombras. Ausencias -piensa-. Nunca estarán. Serán. Solo eso. Regresa a casa, toma el libro que lleva leyendo y releyendo una semana entera y con él llega al hueco del árbol derribado. Entra en el hueco y coloca sobre su pecho el libro abierto. La frase subrayada. Quiere dormir antes de pasar a la siguiente página. Antes de ver el mar y querer destrozarlo y abrirlo en canal. Dar un paso adentro de él. Correr dentro de él. Desecar el Pacífico.

Alguien se atreve y se asoma al hueco donde duerme. Lee con el rostro flácido. El libro es de un tal Heidegger -alcanza a medio gritar. ¿La frase? “Ser es explotar en el universo”.


F.E.

viernes, 3 de marzo de 2017

Pólvora serás, cuento - Fabricio Estrada, Honduras

 

 Este es el relato que la revista Maga, de Panamá, me publicó el pasado diciembre 2016. Agradezco a su director, Enrique Jaramillo Levi.

 

Pólvora serás

Por Fabricio Estrada
(hondureño)
I

Algo irreprimible le hacía leer cada pedacito de noticia que restaba de los petardos.
Siempre fue así, desde que aprendió sus primeras palabras en la escuela, sentía una especie de humo denso en la cabeza cuando las barrenderas iban con sus escobas por las calles después de cada veinticuatro de diciembre. Se preguntaba ¿y si la noticia más importante se está yendo a la basura? Entonces se interponía entre las escobas y agarraba puñados de esas florecitas reventadas en que se convierten los diarios hechos petardos y leía, leía ávidamente en voz alta …ganancias para la compañía, algo… a caballo entre la reinvención y la gloria… como ahora ¿pero sentimos el sentimiento del que sufre?... la conciencia popular con su ejemplo… el traje típico que modelará durante… las barrenderas le daban escobazos en las piernas mientras él iba metiendo el papel en una bolsa plástica y corría con ella hacia el patio de su casa.
Con las manos grises por los residuos de pólvora, desdoblaba los papeles y los desplegaba en un orden inexacto pero con mucho sentido para su ansiedad. El asunto era serio. Una compañía debió de crear algo importante, a caballo entre la reinvención y la gloria, algo que podrá darle a la humanidad la capacidad de sentir el sentimiento del que sufre y que entrará a la conciencia popular como un traje típico bien modelado representa a cada país. El sabor ferroso de la pólvora inundaba su desayuno. Tan deprisa como podía, tragaba como gigante y saltaba hacia la calle sintiéndose un cohete silbador de los que seguían escuchándose por todos los barrios de la ciudad.
Supo dónde reunían los bultos de papelillo más grandes por la lógica de dónde habían tronado con mayor fuerza los morteros y las cebollas. Y ahí estaban, sí, casi cordilleras hechas picadillo, los miles y miles de fragmentos y la posible gran noticia que sólo él podría descodificar. Se lanzó a reunir lo que pudo. Encontró muchos petardos sin reventar y sacando una cajita de fósforos, reventó cada uno de ellos con la ansiedad más desconcertante. Las señoras se reían desde las puertas de sus casas; escobas en mano también, apenas alcanzaban a decirle que no regara nada y que tuviera cuidado en reventarse él mismo los dedos. Él se molestó y les gritó que agradecieran lo que hacía, que les iba a dar una noticia un día de estos que las dejaría con las jetas abiertas. Ante esta respuesta una de ellas dijo, como si la intuición le susurrara algo: este niño sí que es chispa pero demasiado explosivo.
Y lo que dijo tenía mucho de razón, porque él sentía que sus venas eran como mechas y que la rabia fulguraba y encendía blanquísima en ellas si no comprendían lo que hacía. Ya su papá le había dejado ir varias tundas ante sus rabietas. ¡No lo ves! ¡No lo ves! ¡No me puedo concentrar si me están preguntando a cada rato!
Este bulto era prometedor. Los pedazos eran de morteros de a veinte y de a cincuenta. Muchas esquinas de publicidad, mucha sonrisa de misses y grandes extensiones de noticias de todo el mundo…la situación más complicada, ya que al mismo tiempo el origen de desplazados… la escalada de violencia por parte de… los congresos de ambos países se espera… el cual ya comenzó a pagarse… la agencia ACAN-EFE en horas de la noche… Hoy su madre y su hermana sentirán cómo su hogar se hace gigante… ¡Ahhhh, vaya! ¡Aquí está! Saltó por todos los cuartos y gritó desaforado a todos los que pasaban, tanto que tuvieron que calmarlo con profunda preocupación. Su mamá lo metió a la cama, dijo que tenía fiebre y no dejó de abrazarlo hasta no sentirlo absolutamente calmado. ¿Qué pasa, mi amor? Le preguntó. Con sus ojos en otra parte, él comenzó a decirle lo que ahora sabía. He leído casi todos los petardos. En los petardos se escondía una noticia que nos cambiará la vida. La mamá lo miró con ternura. ¿Para eso ibas a recoger todos esos papeles? Mi amor, sos tan bello. Pero al mirar que ella se enternecía con clara intención de considerarlo un juego inocente él se incorporó y se apoyó con tensión contra la pared; apretando sus labios le dijo: una súper compañía de investigación ha descubierto algo único, algo que tiene que ver con la forma en que sentimos el sufrimiento de los demás, no te riás… todos en este país cambiarán, los que se van del país regresarán todos al mismo tiempo y habrá mucha violencia, tanta que ni los congresos de los demás países podrán detenerla, lo pagarán, así lo informarán las noticias, por la noche, y vos y mi hermana, cuando lo sepan, sentirán que la casa se hace gigante gigantegigante. Abrió los brazos con gesto exagerado y su respiración se volvió agitada. Al comprender que era mala idea contradecirlo, su mamá lo dejó, fue hacia el patio y barrió con cuidado todos los restos que estaban regados. El olor a pólvora era penetrante así que roció desinfectante y lavó a profundidad el resto de la tarde. Nunca más pudo quitarse esa extraña sensación que le quedó de las palabras de su hijo. Ni el olor a pólvora de sus manos.
II
Reventaba a cualquiera por dos mil bolas o menos, según la necesidad. Luego los envolvía en papel periódico y los sellaba con masquintei. Así los encontraban al día siguiente y nadie imaginaba lo que ocurría cuando la última vuelta de la cinta apretaba bien el cuerpo: el sicario leía cuidadosamente las noticias que cubrían su encargo y anotaba en una libretita lo que leía …sin embargo comenzaría el juego de ida y vuelta… en un video publicado en las redes sociales… debido a la tardanza en la ratificación del protocolo… súper mega rematón… en busca de un candidato único… Luego de darle vuelta y revisar una y otra vez la noticiosa mortaja, se largaba de ahí pensando siempre que, viéndolo bien, el despachado parecía de largo un enorme petardo. Llegaba a su casa y se acostaba de inmediato. Soñaba que le ponía una larga mecha a uno de los tantos que había matado y que luego soplaba -con paciencia cercana al amor- la pequeña chispa que se iba agrandando y aligerando hasta detonar al muerto. PUM y los papeles flotaban y él corría casi como bajo el agua, despacioso, casi una escena melancólica que le angustiaba mucho porque trataba de leer lo que estaba escrito en los pedazos y no podía.
Por eso amanecía de muy mal humor. Repasaba lo anotado en la libretita, pero lo que resultaba de la descodificación no le daba continuidad a aquello que creyó revelador de niño. ¿Qué diablos podría significar que el juego de ida y vuelta comenzaría y que se vería en un video en Facebook? ¿Quién se estaba tardando en el protocolo por causa de las ventas extraordinarias? ¿Quién era ese candidato único? Apartaba las hojas de los periódicos que inundaban el taller de cohetería. Despacio, como lo hacía cuando pensaba profundamente. Ese era su ritmo desde que decidió meterse al negocio de la pólvora. Tomaba las tijeras con firme lentitud, y recortaba patrones justo a la medida del petardo que multiplicaría por miles, y no dejaba de observar las noticias y anuncios hechos trizas, aunque poco a poco sintiera que iban importándole menos. Debía hacer lo suficiente para vender toda la pólvora que acumulaba en la bodega, hacer que su madre y su hermana se fueran lo más pronto al puesto del mercado antes que llegara la competencia y la policía municipal a decomisarles el esfuerzo. Desde que murió su padre  tuvo que redoblar su capacidad de apretujar la pólvora. Su padre nunca estuvo de acuerdo en que pusiera un negocio que apenas duraba un mes y eso se lo pasaba repitiendo día tras día. Así fue como se encendió esa chispa que buscaba camino en la noche hasta estallar en la nuca del cliente de turno. Un mes sosegado y once meses desatado, se decía para adentro, no hay de otra, hay que buscar un cuerpo donde meter tanta pólvora encapsulada dentro de uno. Su padre nunca estuvo de acuerdo, ni cuando le contó del primero, ni cuando le contó del séptimo, ni cuando llegó a contarle del treceavo. Lo miraba con rabia y asco en medio del almuerzo, cuando raspaban el plato con una tortilla quemada y al fondo, la radio decía que habían encontrado otro cuerpo envuelto en papel periódico. Murió con ese azufre en las últimas palabras que le dirigió: te van a buscar, sufrirás lo que sufrieron ellos, vos serás la noticia, cabrón.
Vio cuando los ojos de su padre se fueron secando y salió rápido del cuartucho a avisar que ya se había muerto el viejo. Cumplió con cargarlo junto a otros vecinos, cumplió con enterrarlo y recibir condolencias, luego regresó a la bodeguita para seguir liando petardos hasta muy tarde, tan ensimismado estaba que dieron las seis de la mañana del siguiente día y apenas escuchó que algo había golpeado contra la puerta que da a la calle. Fue a abrir y se encontró con el cuerpo de su padre medio envuelto en periódicos llenos de tierra. Tierra fresquita. Negra. Se paró despacio a mitad de la calle para ver quién pudo ir a desenterrarlo. Su madre y hermana salieron a prisa a gritar el espanto y él no se inmutó. De pronto le vino todo el sueño que debió tener la noche anterior pero aun así tuvo las fuerzas para levantar el cadáver y ponerlo sobre una banca en espera de que los vecinos llegaran a ayudarlo. Fingió no escuchar nada cuando las doñitas empezaron a decir algo sobre el cuerpo envuelto en periódico, aunque le entró una gran curiosidad por ver qué noticias traía el cuerpo del más allá. Leyó despacio con un genial juego de luces… quería apartarse de los dramones familiares… si en persona ella resultase radicalmente distinta… los choferes tienen que descontar los gastos de gasolina… el diaconato femenino revelará… Nada nuevo para él que ya estaba poniéndose harto de esa manía descifradora. Volvieron a enterrarlo y de nuevo le regresaron el cuerpo a la puerta de la bodega, esta vez con el empapelado finamente hecho con cientos de recortes de pistolas salidas en las noticias. El rostro de su padre al descubierto, con su verdosidad porosa, daba una impresión que él no había sentido hasta ahora. Era lástima, era mutuo acuerdo en los ojos. Por fin se comprendían y ya era la hora que vinieran por él.
Fue en busca de su libreta y anotó las oraciones que leyó. Se desligó del segundo funeral y de los desgarradores gritos de su hermana que le decía que no podía dejarlas solas con ese dolor, que dejara de estar enrollando eso, que ya nadie le compraría. En ese momento cerró los ojos y se imaginó que sería mejor que en lugar de tierra cubrieran el cadáver de su padre con toda la pólvora que tenían allí para luego prenderle fuego, el fuego más breve e intenso que evitara un nuevo desentierro. Pasó la mañana y comenzó un calor infernal. Su madre y hermana se había encerrado en el cuarto detrás de la bodega y murmuraban lo que ya murmuraban en el barrio, que los iban a matar a todos por todos los que había matado él, que se habían dejado venir unos mareros desde el norte con el único fin de reventarlo y que con él se irían ellas también.
Cuando se escuchó el motor de la moto él había tomado una biblia y la hojeaba por el puro placer de sentir ese papel que no aguantaría ni para hacer unas chispitas del diablo. En la moto venían a toda velocidad dos sicarios que se cubrían el rostro con primeras planas, apuntaron sus akas y la lentitud fue tal que las chispas de las balas pudieron servir para ponerlas de estrellas sobre un árbol de navidad, tan lentas que las tomabas en el aire y sentías sus puyitas, tan precisas en buscar el grueso del polvorín que cuando todo estalló y él giró su rostro hacia atrás pudo ver a su hermana y su madre corriendo hacia el baño haciéndose gigantes junto a la onda expansiva de la casa mientras él se convertía en estatua de pólvora.
Eso fue lo que encontraron y lo que un bombero convirtió en viral en las redes sociales, una estatua perfecta de negra fragilidad a la que el primer viento hizo desaparecer. 

Otro Lunes me publica un cuento



Desde hace varios años, y paralelo a la escritura de poesía, he venido escribiendo relatos. Los he guardado como una lectura de mi propio diario, como un guión personalísimo donde esbozo historias que me rondan en sueños y que expanden ciertos narrativas que desbordaban mis poemas. A partir del año pasado decidí publicarlos más allá de los tres relatos que haya publicado discretamente en este blog. La revista Imaginación, que dirige Julio Escoto en San Pedro Sula, Honduras, me publicó en el 2015 El movimiento de los chasis, Maga -dirigida por Enrique Jaramillo- me publicó el pasado diciembre el relato Pólvora serás, en Panamá, y ahora, gracias a la puntual recomendación del poeta y ensayista méxico-salvadoreño, Antonio Cienfuegos, la revista Otro Lunes, de España, me publica el relato La cabeza.

Les invito a pasar:

http://otrolunes.com/45/en-la-misma-orilla/la-cabeza/

martes, 19 de abril de 2016

Un cuento que sale a luz, El movimiento de los chasis


Comencé a escribir cuentos hace mucho. Voy agrupándolos poco a poco y con mucho respeto, a tal punto que guardo la mayoría de lo que voy haciendo. Julio Escoto me preguntó hace un año si contaba con algo que narrara en sus atributos cierta desolación y obsesión amorosa. No lo dudé y le mandé este cuento, El movimiento de los chasis, especie de narrativa fetiche, feto armado de piezas mecánicas que hoy recorre la Revista Imaginación. Sonrío y me comprometo. Sí, es tiempo.

domingo, 17 de enero de 2016

Ctesifonte - Cuento de Fabricio Estrada



En ninguna de las traducciones sobre la tentación se ubica el lugar donde hemos sido tentados alguna vez. Sin embargo se coincide que el sitio debe tener una altura suficiente para abarcar de una sola mirada a las naciones, que debe soplar el viento y escucharlo en muchas lenguas, incluidas las muertas. Yo he hablado en lenguas muertas mientras duermo y también he sido tentado por el vacío. Muchas veces el lugar más alto fue a ras de suelo y ninguna nación se me presentaba adelante, sólo mi sombra como la sombra en picada de una torre insignificante que se iba abajo, socavada por las aguas.

De elegir un lugar para la mayor de las tentaciones -las tentaciones pueden ser inmisericordemente pequeñas- elegiría ese arco del antiquísimo palacio real de Ctesifonte. Desde ahí vería las ruinas de las naciones y el viento y la lluvia silbarían su tonada antigua. Quiero quedarme con esa imagen de Ctsesifonte antes de vaciarme en el espanto, sí, pero sobre todo, quisiera creer que la persona que está ahí, tendida en el patio, absorta y mal oliente ante la eternidad y su altura, puedo ser yo, en cualquier lugar, en cualquier hora insulsa.

El invierno ha sido tan denso en los últimos meses y ha hecho que de la sensación melancólica de las primeras ráfagas pase de inmediato a una sórdida repulsión por todo lo que las gotas pudren. En medio de una sensación ausente, cada gota de lluvia que escucho me va aplastando cada vez más y cada noche, cada tarde es el día en que Ctesifonte eleva ruinas y tentaciones para luego derribarlas lentamente, en una masa húmeda. He considerado necesario repetirme en voz alta lo que germina dentro de mí como hiedra mala y asfixiante. Escribirlo en las más altas horas de la noche mientras afuera se va sumando el sonido de los mangos que caen, podridos, llenos de agua, ya abiertos por sus gusanos transparentes. Caen con un golpe sordo, una tras otro, durante días y días. Caen y cubren el patio como bubones de una peste incurable venida del cielo.

Noche tras noche ese sonido seco de los frutos que esperábamos en casa desde el verano. La primera floración completa de un árbol que sembramos hace muchos años y que jamás tuvo la fuerza necesaria para hundirse en la plataforma arcillosa donde fue construida esta urbanización inhumana, yerma. 

Cuando lo vimos crecer nos alegramos de saberlo el único que pudo hacerlo en toda la colonia, aunque sabíamos que su copa era desmedida para sus raíces y que su sombra era enferma, pálida, incapaz de dar frescura. Eso era lo que más nos intrigaba. Estar bajo él era como permanecer de pie ante un horno de brazas espectrales. Ni siquiera los pájaros se detenían en sus ramajes –al menos nunca los habíamos visto- ahuyentados por cierta vibración que comenzaba en sus hojas más bajas y que terminaba en la punta más quebradiza de su achatada silueta. Aún así lo integramos a la conciencia de la casa, como se le da espacio a una mascota informe, a una torva criatura que se asume a pesar de su  evasiva certidumbre. Muchas veces quise cortarlo y muchas veces desistí de ello pensando en darle más tiempo para que acumulara savia buena –eso pensaba en ese entonces-, aún y cuando hasta sus hojas recientes muy pronto iban adquiriendo manchas blancas primero y luego un creciente rubor café que las iba estrujando rápidamente hasta hacerlas polvo. Quedaba seco durante mucho tiempo hasta que de improviso regresaba su intento, como la profunda inhalación y exhalación de un viejo animal en agonía. Esta vez sí echará frutos, nos decíamos, pero la marea café regresaba desde su interior, las pústulas afloraban en su corteza, su lepra lo abrasaba en su viscosa fiebre. Y así, volvíamos a pensar en arrancarlo de cuajo. Hasta este fin de verano en que las pequeñas florecillas amarillas brotaron fuera de estación. Y luego las diminutas frutillas, como una colección de verdes corazones de aves que alguien fue colgando con suma delicadeza. Nos alegramos mucho ante el súbito portento pero, inmediatamente, al acercarnos a su tronco, tuvimos un sobresalto al encontrar alrededor de él restos de plumas ya convertidas en humus. Eran cientos de plumas de todos los tamaños.

2

Esa misma noche comenzó a llover. La lluvia caída sobre cada ruina del mundo desprendía los mangos que, en su oscuro percutir, nos iba sumiendo en una profunda tristeza. Apenas cerrábamos los ojos sentíamos la caída y la acuosa explosión de la valva, en mil gotas, esparciendo su sabor de asco. Los frutos se fueron acumulando, volviendo inútil el intento de recogerlos. Apenas llegaba la noche llegaba la lluvia y con ella la tumoración sobre las baldosas del patio. Cada día calculábamos cuánto mangos más quedaban por caer de las ramas pero siempre las cuentas nos salían mal y éramos testigos de la incontenible aparición de nuevos racimos.

Una tarde, comprobé que ya quedaban muy pocos, apenas una media docena, quizá, pero la sorpresa fue que al mirarlos de cerca todos ellos estaban en perfectas condiciones, no tocados aún por la enfermedad, brillantes  como el sol que anunciaba el fin del copioso invierno. Los mosquitos desaparecieron de improviso durante el final del día y, como si se tratara de una despedida, la última lluvia llegó sedosa, casi imperceptible, casi sombra liquida. Nos apresuramos al aseo del patio con todas nuestras energías, limpiamos las manchas que se fueron tatuando por semanas e incluso, cenamos ahí mismo, sacando conclusiones para decidir, de una vez por todas, cortar al día siguiente el árbol entero. Nada de podas, nos dijimos, cortarlo, sí, hundir la barra hasta la cofia y luego plantar una plancha de cemento sobre el lugar. Sintiéndonos muy cansados pero satisfechos por la decisión, nos dormimos temprano. Yo soñé que en un camino polvoriento y seco encontraba un cascote desprendido de un templo antiguo. Lo tomaba con curiosidad y llamado por una fuerza poderosa, levantaba la vista para encontrarme a los pies de una enorme construcción semi-destruida en la cual aún se sostenía la línea cóncava de una cúpula, partida de manera transversal. Justo en el punto donde las dovelas se unían con precario equilibrio, notaba que el hueco que ahí se formaba tenía la misma forma del cascote que había levantado del suelo. Al mirarlo de nuevo sentí que su peso aumentaba tanto que ya no podía sostenerlo y que a la vez, iba adquiriendo la silueta de una tosca figurilla humana, similar a una ofrenda votiva de incalculables años. Mi corazón comenzaba a latir con violencia y un enorme golpe se dejó escuchar en los muros, retumbando en el recinto entero.

Desperté a las sacudidas de mi esposa, quien asustada me preguntaba si había escuchado lo que cayó en el patio. Eran las cinco de la mañana. Le pregunté sobre lo que había escuchado y me aseguró que algo pesado, nada pequeño, había caído secamente. Dominando mi desconcierto ante el súbito despertar, me levanté y fui hacia la puerta trasera, abriéndola con mucha cautela. La luz del amanecer era plomiza y sucia, como un paño usado para refrescar a un moribundo. Había un completo silencio y en el centro del patio, un cuerpo humano. Un hombre desnudo y en posición fetal. Un hombre cuya palidez era agitada por violentos espasmos respiratorios.

Haciendo acopio de toda la serenidad y controlando todas las suposiciones que mi raciocinio exigía, me fui acercando a él sintiendo que la cabeza me pesaba el doble, pero fue ella quien, con prisa nerviosa, se acercó al cuerpo y lo observó detalle a detalle.
Está agonizando –me dijo casi susurrando-, tiene una enorme herida entre abierta en su costado.
¿Pero cómo? ¿De dónde ha salido? –fue mi estúpida respuesta.
El hombre continuaba ahí, absoluto en su forma, abrazado a su ignoto tiempo y dimensión, tan pálido que parecía estar cubierto por una fina película de agua de la cual emergía ya una necrosis avanzada, tumefacta en cada uno de sus miembros. Despedía un olor dulce y nada repulsivo que contrastaba con los lamparones café en las plantas de sus pies y con… la licuefacción orgánica que se alcanzaba a ver en la herida amarilla de su costado, una herida que iba desde la axila de su brazo derecho hasta la altura de la cadera. Y sin embargo, el hombre agonizaba cuando ya debería estar muerto. Emitía una débil queja que poco a poco se fue confundiendo con el zumbido de las abejas y mosquitos que iban llegando. Nos apartamos con asco, casi al límite del vómito y en ese mismo instante, el hombre se apretó más a sí mismo mientras sus quejidos se ahogaban, borboteantes.
La transparencia en que se había convertido su piel fue mostrando sus venas como una intrincada y vasta raíz que partía del pequeño tallo que comenzó a surgir de la herida. Iba creciendo con las últimas exhalaciones y, para horror nuestro, desplegó un par de hojas que se marchitaron de inmediato antes de que un fruto delicioso y maduro apareciera, inflándose de pronto como una burbuja roja y amarilla que por su propio peso y delicia cayó, desprendiéndose de la vida en el mismo segundo que el hombre dejaba de respirar.

3

En ninguna de las traducciones sobre la tentación –lo he investigado con mucha obsesión-  se ubica el lugar donde hemos sido tentados a la disolución alguna vez. Sin embargo, en algunas consideraciones  a pie de página de oscuros y vilipendiados sabios, se coincide que el sitio donde nace y muere ese segundo en que toda razón desaparece para dar reinado a la locura, debe tener una altura suficiente para abarcar de una sola mirada a las naciones, que debe soplar el viento como un desesperado que da respiración boca a boca a un cielo agonizante y que la lluvia, la lluvia entera, debe hablar alto, muy alto para escucharla en sus muchas lenguas, incluidas las muertas.

Aquella vieja imagen de Ctesifonte se encuentra en toda enciclopedia que se precie de sí misma. En ella, el hombrecito sobre la enorme bóveda se detiene en una contemplación infinita que hace dudar su caída. He arrancado esa página. Ya no existe más. He arrancado por igual el árbol.


Ya no hay tentación.