lunes, 10 de mayo de 2010

29 años después soy el padre de mi padre


Desperté en casa de Tía Lauren. Ella me despertó. La vi entrar a contraluz, llorando y dándo me la noticia de un solo tajo: "Fabrí, mataron a su papá". A mis 6 años aquello me resultó insaboro y quise reaccionar, lo recuerdo muy bien, era un lunes de mayo, como hoy, un lunes 10 de 1981.
Llegué a la escuela y la profesora Adalúz Martel me recibió llorando, claro, después de la rutina de revisar las uñas en la fila fuera del aula. Luego, todos los años, mientras alguien cantaba a Piero o a Roberto Carlos, venía otro y me decía: "esa eran las canciones de tu papá". Todo fue un inventario de sus gustos, de su carácter, y yo sólo recuerdo sus ojos verdes viéndome por el retrovisor, tal como ahora, que sobrepasados ya sus 32 años de vida, lo veo yo desde mi propio retrovisor, como un padre triste a su hijo que dice adiós.

Nadie me dijo de frente -a nadie de nosotros, los hermanos, nos lo dijeron- el por qué lo mataron. Sólo hacían referencia a una avioneta que cruzó el cielo del pueblo con él, Carlos Esteban, agonizando con dos plomazos en su nuca.

Nadie nos dijo: "a tu padre lo mató un chafa por cuestiones políticas", no, lo vine a saber con exactitud casi 19 años después, por medio de un ex-militar borracho hasta la coronilla: "tu papá era un ñángara, un perro comunista... a un amigo le dieron el encargo, el capitán Billy Joya y Balí Castillo lo ordenaron, allá, a los del Batallón de San Lorenzo... y mi amigo era francotirador que no fallaba."

Era 1981 en pleno vendaval de desapariciones y asesinatos. En las rocolas de Sabanagrande el rey era Piero, en su habitación, mi abuela Cristina nunco supo la verdad y murío esperando al hijo malagradecido que jamás regresó a visitarla. "Cómo te parecés a tu papá" -me decía tocándome la cara desde su lecho convaleciente- "tu papá tan malagradecido..." Se decidió ir a buscarlo, entonces, en 1985, justo en el momento en que yo iba a entrar de cambio en mi primer juego de fútbol en cancha grande. "Venga Fabri, lo mandan a llamar de su casa -me dijo la profesora justo en la línea del campo- su abuelita acaba de morir... "La vida se nos va como la tarde/ y nos quedamos apagados, muy apagados...". Nunca más intenté jugar.

Con Roberto Carlos, César y Carlos, nos hemos encontrado desde hace varios años después de una inmensa ausencia. César vino y me regaló el Poema de Amor de Dalton que nuestro padre guardaba en su cuarto, y es así que la muerte de Dalton para mí es paralela a la de Carlos Esteban.

Luego de eso, César y yo sonreímos, nos vemos con insistencia, buscando las palabras que ha debido guardarnos de una u otra forma nuestro padre. Todas las palabras que debió decirnos cada día.

Y yo, sólo sé interpretarlas en la lucha.

F.E.

4 comentarios:

La Polilla Cubana dijo...

¿Qué puede decir una, desde la impunidad de una Patria sin desaparecidos ni torturados, sin asesinados y soportando a una piara de plañidoras pagadas por el imperio, si no: querido Fabricio... nuestra lucha es para que no haya otros niños de 6 años que lloren a su padre asesinado, para que no haya madres que penen esperando a un hijo, para qeu no haya olvido ni perdon.
Te abraza desde Cuba
Rosa

Boehmaya dijo...

Fabricio, he leído esto y me ha perturbado y entristecido mucho al punto del llanto.

Comparto mucho su dolor y creame que comparta esto nos da más fuerzas para luchar aún con todo en contra de esta dictadura eterna que hemos tenido en Honduras y la impunidad que arrastran estos bárbaros, despiadados inquisidores llevándose a la gente más valiosa y más humana que tanto necesita el mundo y en especial Honduras.

No tengo palabras para expresarle la indignación y la rabia que este acto cruel que le hicieron a un nino(y quién sabe a cuantos muchos más), que ahora es una persona que seguro su padre esté donde esté está orgulloso de usted, y no me puedo comenzar a imaginar lo que usted siente. Pero sepa que estas palabras tontas e inútiles no expresan cuanto estoy con usted y sé que muchos lo estamos.

Le mando un abrazo, Fabricio y gracias, gracias por compartir estas cosas con todos, que aunque dolorosas, la verdad es la que más fuerza da, gracias por ser usted, una persona talentosa y valiente.

Fabricio Estrada dijo...

Ni una palabra está de más, son nuestras perlas, nuestros tesoros amasados laboriosamente en la memoria.

Yo estoy seguro que el pueblo, nosotros, no dejaremos que ni uno solo de nuestros hondos pesares quede flotando como referencia de lucha. Sé que junto a nosotros van nuestros muertos, la sombra de lo que amamos realmente.


Ustedes me conmueven, profundamente, lo que viven y saben por qué vivir.

Romeo dijo...

Mi estimado Fabricio: Me ha conmovido su evocador escrito, conmemorando un aniversario mas, del vil asesinato de su padre. Con èl, ademàs de contemporaneos y paisanos, nos uniò una sincera amistad. Por eso al recordar esa fatidica fecha siento arder en mi pecho la indignaciòn de ese infame proceder, que hoy dìa pareciera se està recrudeciendo, con la finalidad imposible de amedrentar y callar, esas voces que claman por un destino mas humano de este paìs irredento- Hasta luego