sábado, 3 de octubre de 2009

Un mundo para todos dividido - Roberto Sosa - HND- 1971

Las sales enigmáticas

Los generales compran, interpretan y reparten
la palabra y el silencio.

Son rígidos y firmes
como las negras alturas pavorosas.
Sus mansiones
ocupan
dos terceras partes de sangre y una de soledad,
y desde allí, sin hacer movimientos,
gobiernan los hilos
anudados a sensibilísimos mastines
con dentadura de oro y humana apariencia, y combinan,
nadie lo ignora, las sales enigmáticas
de la orden superior mientras se hinchan
sus inaudibles anillos poderosos.

Los generales son dueños y señores
de códigos, vidas y haciendas, y miembros respetados
de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.


El aire que nos queda



Sobre las salas y ventanas sombreadas de abandono.
Sobre la huida de la primavera, ayer mismo ahogada
en un vaso de agua.
Sobre la viejísima melancolía (tejida y destejida largamente)
hija de las grandes traiciones hechas a nuestros padres y abuelos:
estamos solos.

Sobre las sensaciones de vacío bajo los pies.
Sobre los pasadizos inclinados que el miedo
y la duda edifican.

Sobre la tierra de nadie de la historia:
estamos solos,
sin mundo,
desnudo al rojo vivo el barro que nos cubre,
estrecho
en sus dos lados el aire que nos queda todavía.


Los elegidos de la violencia

No es fácil reconocer la alegría
después de contener el llanto mucho tiempo.

El sonido de los balazos
puede encontrar de súbito
el sitio de la intimidad. El cielo aterroriza
con sus cuencas vacías. Los pájaros pueden
alojar la delgadez
de la violencia entre patas y pico.
La guerra fría
tiende su mano azul y mata.

La niñez, aquella de los cuidados cabellos de vidrio,
no la hemos conocido. Nosotros nunca hemos sido niños.
El horror asumió su papel de padre frío. Conocemos su fuerza con lentitud de asfixia. Conocemos su rostro línea por línea,
gesto por gesto,
cólera por cólera. Y aunque desde las colinas admiramos el mar tendido en la maleza, adolescente el blanco oleaje,
nuestra niñez se destrozó ne la trampa
que prepararon nuestros mayores.

Hace ya muchos años
la alegría
se quebró el pie derecho y un hombro,
y posiblemente ya no se levante,
la pobre.

Mirad,
miradla cuidadosamente.







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