jueves, 13 de octubre de 2011

Una dimensión desconocida


La primera vez que supe de la Publicidad como forma de empleo fue en la serie de misterio The twilight zone (La dimensión desconocida), donde los capítulos eran una serie de ficción, terror y fantasía, algo que calca perfectamente con la atmósfera de la publicidad, así como la conozco después de trabajar 15 años en esto. Definitivamente.

En ese capitulo fechado en 1988, un director creativo se veía de pronto ante los clientes importantísimos intentando vender una campaña de publicidad que no había podido terminar, así que se decide a improvisar. Parado junto a la ventana, a la altura de un rascacielos, el creativo ve de pronto -instigado por la angustia de no saber qué decir- una valla gigante con el slogan enorme de "La vida es la misma", y lo copia, trastocándola nada más hacia "La misma vida". El producto que vendía era agua, así que el slogan le quedó cerrado.

Pero sucedía algo a partir de esa reunión: el hombre comenzó a notar que un vecino tenía la misma rutina que él realizaba cada mañana al salir de casa, incluyendo oler las mismas flores del jardín que él mismo también olía... En síntesis, luego de varias comprobaciones y seguimientos, nuestro personaje se da cuenta que todos en la ciudad repetían lo mismo que él y que, por supuesto, todos compraban las mismas cosas y que claro, todos tenían las mismas necesidades. No faltará decir que todo de pronto se convirtió en una pesadilla, en una dimensión del horror.

Hace unos días, en plena ráfaga de la noticia sobre la muerte de Steve Jobs, entré a la oficina y comencé a notar que varias y varios compañeros iban demasiado elegantes para su propio gusto. Algo les afligía y yo no sabía que Steve Jobs había muerto. Todos estaban inmersos en sus I Phones, se mostraban páginas de internet y sí, me preguntaron del por qué no había ido vestido de negro. "Ayer se pasó el correo en la que se pedía que llegáramos todos de negro para hacernos una foto grupal y subirla al FB en homenaje de la agencia a Steve (...)" ¿En serio?- les pregunté. Y hubo un momento de honesto estupor en ellas y ellos. Se recompusieron y olvidaron que me habían dicho algo y de que yo había preguntado algo.

Entré a la sala de conferencia y me senté frente al ventanal. En la calle, casi a la altura del edificio en que estaba, una valla gigante me decía: "Enjoy... conéctate", "Enjoy... Conéctate..." y la musiquita de Twilight zone comenzó a sonar en el viejo caracol de mi oído.

F.E.