miércoles, 26 de octubre de 2011

Ofrenda - Fabricio Estrada


Estoy seguro que otros tendrán un mejor corazón que yo. 

El mío es adiposo y durante muchos siglos fue la caverna donde Perséfone esperó escapar de su infierno.

Los sacerdotes, sin embargo, me rodean, como a un viejo guerrero caído al cual disputan sus armadura. 

Mi corazón es una armadura que oculta un latido extraño y lento y supremo a la vez. Es una baraja marcada que inicia la riña o el presagio.

Estoy seguro que otros podrán tener colecciones. 

Mejores que el mío, por supuesto, tan enfermo.