martes, 18 de octubre de 2011

Pamuk y el cigarrillo



"... En situaciones así lo importante no son las palabras, sino las actitudes, la autenticidad de nuestro dolor,  ni siquiera su intensidad, y la capacidad de adaptarse al ambiente imperante. A veces pienso que si el tabaco gusta tanto no es por la fuerza de la nicotina, sino porque en este mundo vacío y sin sentido te da con facilidad la impresión de estar haciendo algo que tiene un significado. Mi padre, mi hermano y yo aceptamos cada uno un cigarrillo del paquete de Maltepe que nos ofrecía el mayor de los hijos del difunto, lo encendimos con la llama de la cerilla que sostenía con habilidad y, como si estuviéramos haciendo lo más importante del mundo, empezamos a fumar cruzando las piernas curiosamente los tres a la vez..."

(El museo de la inocencia - La mano de Rhami Efendi)