viernes, 8 de julio de 2011

Encuentros en Tegucigalpa - Juan Carlos Zelaya, Comayagua


Las ilustraciones son de Allan McDonald, incluidas en el poemario de Juan Carlos

ENCUENTROS EN TEGUCIGALPA
Toda la vida nos han mentido. Nos han dicho que ya no hay lugar para la nostalgia, para la poesía, para el amor, para la amistad, que esto a lo que algunos llaman todavía mundo es una selva, pero los acontecimientos que hoy evoco dejan desfasados esos criterios, recién anduve en Tegucigalpa la del poeta Molina, la ciudad adoptiva de Rigoberto Paredes, la ciudad incrustada en Paradiso y en Cinefilia, la ciudad donde –con asombro-descubrí que hay mas carros que gente, la ciudad donde ya no hay espacio aparente para el sosiego, ahí donde asisten todos los laberintos posibles, tuve encuentros con seres especiales y los enunciaré por el orden de aparición (como cuando existían aún los cines) a Rigoberto Paredes, con su estampa barbada, el de la palabra apacible pero dura como debe de ser-según mi criterio-(tan de moda ahora con los jueces en apuros) la palabra de los poetas en estos momentos post golpe.

El Maestro Paredes me ofreció su estancia como si ese preciso momento en que lo volví a conocer, hubiese permanecido intacto toda la vida, (o tal ves la muerte) a la cual me confesó de viva voz que no le preocupaba y lo cuento aquí porque no fue secreto de confesión y aunque soy de Comayagua donde abundan los curas y las enfermedades no aspiro al sacerdocio, luego conocí a Novoa en el lugar menos esperado; en el trajín de un periódico con un nombre digno “El Libertador”, quien tuvo la gentileza de recordar mi nombre, el que  a veces hasta yo lo olvido, quien me atendió muy gentilmente pero con el cual quedó el compromiso de una plática pendiente.

Ya para finalizar el día y después de varios intentos conocí a Fabricio Estrada, el poeta que no tuvo otra opción histórica de escribir “Poemas contra el miedo” y descubrió con valentía que aquí: “Imposible un ángel”, pero poco hablamos de literatura sino de todo lo que significa la atrocidad retrógrada del golpe bajo del 28 de Junio del 2009, la persecución verdeoliva de aquí y de las tierras “uribes y santas” que nos intentan someter y no han podido; los verdugos que tienen la ley pero no la razón y que el pueblo hondureño después de tanto letargo se levanta y no cree ya en ningún pichinguito púrpura, ni en comisionados de aquí o de allá, bueno de tantas cosas hablamos que a él y solo a él le confesé que la poesía “Este volver a Honduras” de Jaime Fontana no me dejaba salir de estas “tierras de pan llevar” y doy fe de su gentileza y desprendimiento de ponerme al día de la novísima poesía nacional, me brindó de forma transparente su amistad algo que para mi fue los mas valioso que me sucedió en esos días de ajetreo y cansancio para gente como yo de provincia, acostumbrada a una ciudad triste; que  por la poesía a tiempo y la compañía invaluable hicieron renacer la esperanza y la solidaridad.