jueves, 27 de diciembre de 2012

Moisés Pascual - Panamá


Foto: Fabricio Estrada


Daba tres pasos y el pez que llevaba por corazón se agitaba, falto de oxígeno. Venía del mismo nivel del mar, iba hacia el mismo nivel de las nubes. Pura lógica, Guatemala era tentadora en agosto y Moisés quería hablar desde el mismo principio de las mareas. Lo conocí en el sorteo de habitaciones hecho por Marvin García y no dejamos de contarnos la vida a pura poesía, recién dormidos y recién despiertos, como si el sueño hubiera sido un intervalo de respiraciones obligado. Eran las seis de la mañana y comenzamos a leernos los poemas que llevábamos para el festival de Xela.

"Salgamos a caminar broder" me dijo, y la amistad estaba hecha, con risotadas tan grandes como la Plaza Central de la ciudad, sobre la que dimos dos vueltas antes de entrar a la catedral y reírnos de nuevo ante la placa antigua en la entrada "esta catedral fue erecta...", ¡Pero qué coño es esa explicación! se divertía Moisés, y así llegó la ida a Xela donde compartimos unas cuatro lecturas y unas cuatro decenas de cerveza, reconociéndonos verso a verso y dándole lentitud al ritmo de los días y el frío, para crear la sensación de más tiempo, de más Panamá en  el sol precario. Y ahí se desgranaba su poesía y la entonación, la musicalidad de los barrios viejos bajo el sol abrasador y la dulzura del ron hecho vapor o tinta, la cadencia de quien sabe que el lenguaje nació de sutiles imprecaciones, como la sílabas silenciosas de un pez que se ahoga, cegado de puro esplendor.


EL ÚLTIMO SOL   

1
arrinconado,
perseguido por la lluvia

me encarcela
me detiene
me abraza

y me moja

el amor.

2

penetro la noche
como una vela apagada
en la taberna de las viejas desdentadas,
hasta el fondo de las horas vividas,
con un silencio de inertes pasos
de nocturno pájaro
hasta romperme en sombras,

polvo las piedras,
con un grito de cautivo oleaje
mis palabras se deshacen
en las humedades tibias de
tu planeta ardiendo
en flamas
de líquido oro,
volcán de mieles

una catarata de nieve
espesa
se desliza
en tu horizonte
de recta sangre
donde un sol devora estas ansias
de vivir en tus abismos
adentro
tu cielo


y entonces de golpe
me vuelvo mar
indócil,
ancla enmohecida
y espada,
en tus dos orillas,
perlas y algas

y sin más
nos hacemos multitud y agua,
como esos galeones rotos por el tiempo,
habitados por los sonrientes fantasmas
del delirio.



3

puede que te esfumes en un ocaso
de inviernos como candelabros de nubes
y yo no sepa qué hacer
con tus heridas,
estas mínimas palabras
de musgo
para salvarte de la muerte que te lleva
contra mi voluntad sin armas

puede que el viento te deshaga en mis manos
y yo me ponga a llorar
inútilmente
sin saber
amar
los números exactos,
el ritmo de las ostras
al desovar sus acuáticos destinos ,

sé que eres tú esa luz que sin alas
en el aire danza
como luciérnaga,
de puntillas y lápiz,
como un niño que con la arena juega
a vivir
crucigramas
y construye relojes, mapas y sueños,
hace versos,
y estrellas siderales,
circunferencias de hielo

puede que te esfumes en un ocaso
y yo no sepa vivir
mañana
tan atento al aliento
de los astros impuros
en su materia oscura,
con esta carga de ausencias,
cuando hostil me escupa el alba,
y yo como un animal adolorido
huya
del mundo y sus placeres,
y solo sepa maldecir las reliquias de las cenizas
con estos ojos de miedo,
escondido en mi cofre de lagartijas pálidas

¡júrame, que nunca morirás
como ese inmóvil árbol
sin hojas,
donde aprendí a besar mariposas y calandrias,
Venus, estatua de mi amor,
triste tiranía sosegada,
mi agonía!

4

cegado por un amor de infinito velo
no tiene puerto mi luz en la derrota
y me desnudo en tus peciolos de
rosa furiosa,
atolondrada ciudadela sin relojes,
niebla y humo,
cómo sostenerme en vilo ardiendo,

y en la densa oscuridad del día que se desmorona
entre copas de locos vinos
te robo un beso como un simple ladrón de panes

cegado por un amor de infinito velo
lentamente me hundo en el pozo de todos mis deseos
y me vuelvo
roca de años
entre arpones y escafandras,
un pez de alta mar
y azul espuma,
una puerta cerrada y un submarino,
una cruz y un deshabitado nido,
un cóndor sin garras,

y ciego en mi mazmorra sin un obelisco de ángel níveo,
me dejo caer a la calle
de tus ojos,
fulgor de lámparas,
como una figura de papel
en vuelo de abandono,
llegando al ónix bajo el sur de tu vientre,


kilómetros y más,
está la vida…
lejos.

5

otra vez volverá la lluvia
con su himno de triste terciopelo
y fango
a sonar su cítara griega,
a ocupar tu sexo de golondrina dormida,
en mis manos de trigo viejo y dulce,
alcohol para tu boca,
cárcel de lujuria limpia,

bebiéndote
de a poquito,
hasta morir en el cuerpo tibio del crepúsculo,
alquimia de mi última embriaguez,

en pie
resistiendo
mis presagios.

6

extraña aparición entre los grifos de los libros
me deslumbras
y me atas
como a un invisible unicornio.

ya nada puedo hacer
si tu cálida desnudez me deshace
como los hilos de una araña,
devorándome
los huesos del enigma y el alma,

así,
me voy…  
a los países indescriptibles,

y a las últimas murallas.



7

roto cristal donde veo sonreír mi alma
de imperfecto ciervo,
esa aldea en el paisaje,
canción a todo pulmón como truenos felices,
combatiendo el hastío,
un coro de lamentaciones,

tú mi espejo como un diamante de agua que se incendia
en mi carne de odio vencido,
por tus caricias de olas como palomas de dulce fuego,
me rompo
como vidrio
para ser
sin ti
estos últimos escombros
de mi feliz ditirambo.


8

verbo luminoso que no necesita
palabras.

desnudez  de gaviotas en vuelo
cerrando este destino
de morir
en la mitad de un sueño,

una selva
oscura,

un laberinto por donde no volver a ir
al mismo dolor de siempre amando
esta aguja en el corazón del pájaro.

esta tierra
a la que no has de volver jamás,

sol y agua,

desnudos y tristes,
esperando el desliz la metamorfosis del semáforo.

9

te quedas quieto y respiras
toda la muerte
que se ha ido
apaciguando
de súbito
en la lluvia que cae como piedra
en el arcoíris,
en el indecible abrazo
del nunca adiós

aquí
donde te amé como un esclavo
sin monedas.

10

ya no es un secreto este amor
de besar tu boca
mi vivir
sin olvidar
este roto sueño
de árbol en llamas

este crecer y crecer
en el regocijo
de los oleajes
y las olvidadas ternuras
en la penumbra

los pasos en la sombras
de las bellas acuarelas del cielo y la  hierba,
destiñéndose,

en las páginas de otro mundo
por vivir en la luz del insomnio,

esta casa deshabitada
por los últimos hijos,

penetrando poco a poco
el misterio del amor
y sus augurios

y también el orificio cerrado
de todos mis mundos
mi cielo
y mis lobos

donde mordí tu cuerpo,
lava dulce,
¡con adiós de afónicos asombros!


y gritos humanos
sobre grises ciudades iluminadas por el estúpido horror,
en la cúspide de la pirámide roja
del último sol

habitando este infinito fuego sin agua,

hasta arder
y arder
sobre este cuerpo viejo y desnudo
y con rabia,

loco atardecer entre tus piernas

y sobrevivir a los fuegos
del amor.

todo se desvanece
en el interior del marsupial feroz.

¡sí, infeliz, el último sol brilla!


Moisés Pascual (Panamá, 1955). Ganador del Concurso Literario "Ricardo Miró" 2003 y 2010, sección poesía; Premio "Pablo Neruda" de Poesía 1977; y ganador del Torneo de Poesía de Verano 1983 (INAC). En 1975 obtuvo Mención Honorífica en el Premio Universidad, en 2006 en la sección cuento del Concurso Literario "Ricardo Miró".

Aparece en las antologías "Ancón liberado" (Panamá, 1979) y "Poetas jóvenes de Panamá" (Editorial Signos, 1982). Ha publicado, entre otros, los poemarios "Los infelices" (1982), "Los versos de Alejandra" (Ed. Formato Dieciséis, Panamá, 1983); "Proclama del amor en guerra" (INAC, Panamá, 1991) y "Jugar a la vida" (INAC, Panamá, 1991), "La casa del pececito" (1986), "Estas ciudades se han puesto a adorar el sol" (Universidad de Panamá, Panamá, 1977), "Monólogo del naufrago" (España, 2003); "Traganíquel" (INAC, Panamá, 2003) y "En el país de los pajaros aburridos" (INAC, Panamá, 2006).