lunes, 3 de diciembre de 2012

Honduras, en la lista de espera



Yo no vi mayor ambigüedad -en persona alguna- que cuando se trataba de preguntar por Honduras. ¿Qué significa Honduras para usted? -preguntaba. Y la casa entera caía, los niños recogían sus pedazos y, como hormigas, se los llevaban a la parte más enredada de la milpa. Sólo quedaban en pie otras ruinas: sus padres, y éstos, estaban mudos, hieráticos para más señas, como la mujer de Lot al volver atrás su mirada. Conmovido por algo indefinible, esperaba que algo los animara y respondieran, pero no había forma, ni cívica, ni histórica, que les ayudara a definir que, ese espacio blanqueado donde ahora llegaba un desconocido con la insólita pregunta, era una fracción de un territorio llamado Honduras.

Y en verdad, ¿cómo puede nombrarse algo que no nació ni creció con uno? Sólo se nombra lo que se posee y ese olvido, esas extensas soledades sólo pueden conocerse como eso, precisamente, olvido y soledad. No Honduras, no país, no Estado... pero incluso, ¿puede uno hablar de olvido cuando nunca acompañó a alguien y ni siquiera se puede saber en qué etapa se ha quedado atrás? Para que existan olvidos deben existir primero atenciones, o una mirada de reconocimiento. En algún momento tuvo el campesino o campesina un reconocimiento proveniente de la difusa patria que lleva por nombre Honduras: en la lista de la escuela que no pudo terminar, en la lista de los reclutados para el servicio militar, en la lista de parroquianos a quien la iglesia distribuye ayudas, en la lista del bono estatal, en la lista de votantes donde su rostro aparece congelado como detrás del vidrio del ataúd. Pero... después de las listas, después de las contingencias civiles y de ordeñe electoral ¿cuándo existe esa relación donde no haga falta el "debo estar en esa lista porque si no pierdo"?

Yo preguntaba por Honduras y el campesino o campesina me preguntaba si la iba a anotar en alguna lista de ayuda. Yo preguntaba sobre su situación y ellos y ellas se preguntaban si yo era capaz de armar una lista. Armar una lista es iniciar la esperanza y quien la arma es el escriba de las posibilidades y quien maneja la posibilidades tiene poder, aunque sea mínimo, aunque sea para anotar los nombres del equipo de fútbol y así conseguir el uniforme. Si no hay eso, Honduras puede ser lo que sea.