lunes, 2 de marzo de 2009

El Salvador o la salvación de la memoria









Cada vez que voy a San Salvador, intento visitar la ermita memorial de la UCA. Cercana al lugar donde fueron asesinados los jesuitas durante la Ofensiva del 89, tiene en su haber las placas conmemorativas de los asesinados por los escuadrones de la muerte y que fue un punto de paroxismo en la guerra, equidistante al asesinato de Monseñor Romero.

Además de las placas donde está inscrito el nombre de Ignacio Ellacuria, -prominente teólogo de prestigio mundial y luchador incansable de la causa social- se encuentran los nombre de los demás que cayeron asesinados, en el sitio exacto donde ahora crece un rosal.

Sin embargo, son los dibujos de los levantamientos de los cuerpos realizados en el lugar de los hechos -y también gracias al registro fotográfico recuperado a los cuerpos de seguridad y tomados por audaces reporteros- los que le dan a esta ermita un silencio avasallador.

En lugar de los acostumbrados cuadros o altorelieves del Viacrucis de Cristo (las caídas, la flagelación, la crucificción, etc) se muestra todo el dolor del hombre y la mujer secuestrados y torturados, humillados hasta en lo más profundo de su dignidad, equidistantes (sí, de nuevo esta palabra) al martirio de Jesús, incluso superando al martirologio cristiano, incluso doblemente humillados los que fortalecidos por una fe extra en lo humano, se convirtieron en seres comprometidos tanto por su inocencia como por su beligerancia activa. ¿Y acaso no es la inocencia una forma de desplegar posiciones ante la barbarie?

El Salvador se encuentra ahora en una crucial y hasta cierta forma tenebrosa reiteración electoral: los fantasmas de ambos bandos han resurgido y se disputan los votos en una lucha enconada. Si la izquierda utilizara la misma desvergonzada práctica que la derecha está utilizando en su material gráfico en vallas y pauta de prensa, seguramente estos dibujos entrarían a la pauta política, y creo, con seguridad, que revertirían el llamado que ARENA hace insistentemente: "Vota con Sabiduría", con ese tono ecleciástico que pretende -ruidosa y destempladamente- sacarle a la población sus arquetipos más primitivos.


Regreso de El Salvador, entonces, relleno de los colores de campaña, muerto de la risa de la ignorancia intencional con que aborda El Diario de Hoy sus artículos de fondo... ¡no hubo kilómetro de carretera recorrido donde apareciera un poste del alumbrado público sin las pintadas de ARENA! Se entra y sale del país calculando los costos de esa campaña ¡sólo ha faltado que pinten el asfalto! y si uno se descuida termina con pintadas en la espalda. La derecha está apostando a fondo y bajo sus colores pretenden borrar todo lo que sus fundamentos niegan.

Una visita a la ermita de la UCA lo explicaría mejor.

4 comentarios:

Mónica Angelino dijo...

¿Hasta cuando la injusticia, hasta cuando el pueblo como víctima?
Hay que seguir gritaaaaaaando desde la palabra, Fabricio, hay que seguir.
Un beso.
Mónica

Saturnine dijo...

Mi viaje a El Salvador en las elecciones pasadas me dejó el mismo sabor agridulce. Me pareció hasta salvaje la propaganda de los areneros; pero en fin, todo eso cae por su propio peso. Marzo ya está aquí y ya veremos cómo se da.

Abrazos, Fabricio.
Suny.

Anónimo dijo...

Cuando un viaje a la ermita basta, sólo si sabemos de el legado escrito de estos muertos, que revivieron como estandarte para la Uca (y ahi paso, y sólo les cuento ... )

Atte. Mr. Bizarre, deseándole un refuerzo a su esmero ;)

Fabricio Estrada dijo...

Tiene razón, hay muchas más visitas obligadas para entender el aquelarre. A ver, cuénteme un poco más...