miércoles, 18 de junio de 2014

El tapiz del Wallhala

Rusos examinando el mueble donde se suicidó Hitler, 1945.


En la otra vida, Adolf pasea en su bosque estampado. Tan pequeño se hizo que ahora puede darle la mano a Federico el Grande y acariciar el pelaje de su caballo fantástico. Los rusos buscan al otro Adolf y se equivocan. Lo buscan de su estatura pero Adolf se ha hecho una fina costura, una floritura imperio, una lluvia roja que salpica el piso. Era inflamable Adolf y ahora ya no lo es, pero los peritos rusos no lo saben, pueda que la lluvia roja tenga todavía algún tipo de octanaje y esa vela esté demasiado cerca. Friedrich no es Friedrich y el caballo fantástico no se asustó con el trueno. Friedrich es Adolf que siempre quiso una chaqueta con bordados prusianos y un sombrero de caza elegante.

Bonito paraíso al que te fuiste, Adolf. Prístino Wallhala tapizado en el fondo de un bunker.