martes, 17 de junio de 2014

Dos monumentos

 Talleres de construcción de la Estatua de la Libertad, 1884.

Pretendemos monumentalidad. Hay un error de apreciación: no queremos inmortalidad. La monumentalidad condiciona, es un presente para enanos, para gnomos, para aquella gente que Orson Welles miraba desde la noria en El Tercer hombre: tan pequeña la gente desde el gigantismo, tan pequeña la humanidad queriendo verse en las tres dimensiones de pequeñez siempre. 

Monumento Batalla de las Naciones, Leipzig, Alemania, 1945.

"Se acostumbra, para tentarnos, a desplegar ante nosotros la sombra clara de un gran ideal. Sin embargo, la edad de oro prometida no podría serlo sino en el presente. ¡La perspectiva de un paraíso ha inflado al hombre!" (René Char)

2 comentarios:

adidoj datrebil dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=jelfZufzpJ0 Saludos Hermanos, también es un placer sentir-leer sus palabras. Antes de las palabras de la esperanza, nadaba más solo que salmón contracorriente; al atravesar sus palabras y dejar que las palabras de la esperanza me atravesaran comenzamos a nadar en las sabrosas arenas del infinito. Encontramos regocijo en la nada y el todo de las personas y los reflejos. Nos encanta leer ciencia ficción, nos encanta cuestionar a las flores. Ahora somos dientes, mañana seremos la carne del perro, pasado mañana hongos...ahorita somos rojas flores...Abrazos hermanitos! http://www.youtube.com/watch?v=4x18ukKY3m4

Fabricio Estrada dijo...

Eso es, regocijo en nuestras propias elucubraciones sobre la grandeza. La humanidad, desde la Ilustración, ha venido creando un enorme globo sonda. Saludos!