martes, 26 de febrero de 2013

Verónica Teomitzi - San Cristobal de las Casas, Chiapas, México



Berona, en primer plano

No es fácil crear silencio en la poesía. El silencio es una melodía inconfundible. Y Berona lo hizo, regresando al canto. Mucho se dirá de lo que debe leer un poeta ante el público. Hay textos para los ojos otros para los oídos otros para las cuerdas del ser otros para lanzarse al asalto del cielo. Creo -y así lo sentí- que los poemas de Berona están hechos para las mismas frecuencias con que uno escucha una melodía profunda, y no sólo es el texto discurriendo, es la voz que envuelve su palabra, el vehículo de las tesituras. Tengo presente su silueta ante los ventanales de Unión Juárez, en la última lectura del Festival Mesoamericano de Poesía de Soconusco. De pronto ha cantado todo un San Pascualito Rey como epígrafe, y ha seguido, inmutable, con el mismo silencio con que llegó a Tapachula, el silencio en su poesía que es como un cortinaje de teatro ocultando la escena que vendrá: una mujer en el proscenio diciendo adiós.



Cuando el hastío invade cualquier día que pasa



“Porque hay momentos tan miserables en la vida
que ni las palomas se atreven a cagarte”
 “Proverbio del hombre condenado a la hoguera de la montaña inexistente”



Me desdibujo en las penumbras terrenales,
 los  engranes desgastados de mi cuerpo
 no soportan más la velocidad de los años.

El paso y peso  de los segundos en mis manos
hacen cráteres mis ojos
hacen ojos siempre  a mares
hacen ciegos con ojos
hacen ojos suplicantes de ojos
hacen nuestros ojos los sueños
y nuestros sueños no hacen a nosotros.

En la punta de la lengua tengo el nombre del delirio

Me desdibujo

Somos dos manchas borrosas
disipándose a la premura del universo

Me
desdibujo

Se va mi voz
emigra a tierras menos pantanosas
menos  fértiles de angustias

Allá, donde somos lo antiguo del mundo
Allá, donde cultivamos versos
y sus frutos llegaron
a todos los rincones
a todas las cantinas
debajo de las sabanas
en las calles nauseabundas
a las puertas del abismo
constantes se escucharon nuestras voces
todo, para no desdibujarnos
todo, para no olvidar nuestros nombres
nombres de hombres
que criaron  ilusiones
con leche de invierno
con las manecillas siempre al acecho
con el  tren siempre avanzando
avanzando hacía el horizonte
que oculta la mirada
y no vuelve …

La ciudad nebulosa se desdibuja conmigo
le abre las piernas a los intrusos
se vende barata a los desgraciados
a los que pueden pagar sus dulces senos
a los que pueden beber de sus fuentes
 sólo a los que pueden
 y se alimentan de otros 

Los otros somos nosotros
con las alas agotadas
siempre tratando de volar
de ocultar la tristeza del estómago
la pesadez de las piernas
los ojos temerosos de ver
de vernos
alejándonos del mundo
de donde nacimos
para que la ciudad sea nuestra.

Me desdibujo

Mas no sé
¿Quién se robó los cantares etéreos
vivaces destellos nocturnos
bailes espontáneos de miradas
fuentes perennes de vid?

Me desdibujo
Lo sé

Hoy mi lengua entumecida
no pronuncia más letras
todas
             caen
                      como
                                     cristales
                                                                  cortando todo a su paso

Sangre son los silencios
sangre irreversible
sangre que dulcifica a los orgullosos
a los engreídos mástiles de mar

                                                                         Seca mi morada
vierte su sangre en cada huella
entre mi vientre
entre mis piernas
entre cada uno mis pasos trapecistas

Me desdibujo

Los faros ahogados
no  guían más tripulantes
la muerte atraviesa sus pulmones
colma su sed
se alimentan de algas
o de sueños antepasados.

Algo de sabio hay en el lenguaje de las pasiones
todas rebosantes y vacías a la vez
las avenidas desoladas son testigas iracundas
entre las manos áridas  como la tierra
se desdibuja su destino
todo es fuego como al principio
todo arde en las palabras cuando son ciertas
su mágico espejismo  incendia los mares
multiplica los verbos en los versos
hace germinar nuevos pensamientos.

Me desdibujo
pienso en todas las creaciones
en su olvido
en lo vivas que parecen y perecen
en como todo se desdibuja conmigo
formando a   los nuevos arrecifes
al  plumaje de la carroña
a la espiral del caracol
al aire y la canción
que sólo vive
en la memoria de los que vienen
de los nuevos
de los otros que serán nosotros
ahí yace la melodía
se hincha de significados
jamás se desdibuja.



Vigilia

De la garganta de una hormiga nací
mi boca era un tren distante
un desierto mis ideas
¡Cómo le cuesta a la existencia apagar la luz
y quitarse la ropa!
Sorbo cielos naranjas
una y otra vez las pequeñas mentes de la tierra
cruzan la calle con sus tesoros
de aquí allá
emitiendo desde el espacio
sólo una luz de su presencia
sólo un hálito de su duración
y sudoración por el peso los días
de los años que se agotan en sus vidas
como un pabilo a punto de la oscuridad.
Y me pregunto a dónde van las personas que no conozco
las palomas gordas del parque
las hojas caídas del árbol
las palabras que ya se olvidaron
el alcohol adulterado
mas todas esas cosas terrenales
¿son iguales a las gotas que de mi rostro emergen?
¿Se evaporan?
¿Se pierden?
O continúan ocultas misteriosas y se encienden
Igual que la ciudad que cable sobre cable ilumina
a perros, hombres, grillos y basura que no duerme
Como un gran salón vacío
donde algunas veces
todos festejaron la salida del sol.
.


Herencia de Sabios

¿Quién te enseñó a ver las estrellas?
¿Aquél condenado a muerte
que le robó a los dioses un poco de su magia
para obsequiártela?
¿O el que en lo más alto de su casa plantaba un poco de rocíos invisibles?
Fue el de la tierra desértica
o el orgulloso erudito de las máquinas parlantes
el de ayer
que con ojos como gato en medio de la tarde
te recuerda a Orión y a los números de Egipto
es aquél que viaja por las noches con fuego en mano
comprobando que nada es de nosotros
llevándose en el bolsillo un poco de tu libertad
El gran maestro del olvido
fundador de inspiración eterna.
Es tu primer aleteo y retozo en las manos
son tus primeras letras
fruto compuesto de químicos completamente similares
reunidos en el mismo instante
con la misma información
uniéndose de la misma forma
por el mismo motivo.
¿Ya no escuchas su música que te golpea?
¿Desearías que sus dientes matemáticos te mordieran?
Ahora lo recuerdas porque se ha marchado
dejándote su legado astronómico, sus letras
y la incertidumbre de no volver a verlo:
Sí, es él,
gran señor de las moscas.


Caminamos sobre la arena

“Si hay algo que nos salva en este mundo, es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una isla de ignorancia en medio de los mares negros del infinito, y no estamos hechos para viajar lejos.”
H.P LOVECRAFT

¿Quién ha de ser culpable?

Si tus ojos fueron juegos ganados
suerte en un día de perro mojado
pan en el centro de la mesa vacía
rayo de sol en las cavernas del ignorante

Me imagino tus primeros pasos
aquellos  pies torpes e indefensos
las primeras armas de tu naturaleza
los disparos fallidos  en contra
de la unión de nuestros pasos
¿Y de qué han servido todos los girasoles
del medio día?
Si he de olvidarlos automáticamente en tus brazos

Hoy que es día de muerte por estas zonas
quiero contarte una historia que jamás escribí
habla de lo fácil que llega todo a su fin
pronto olvidaremos  el lenguaje materno
aquel que nos enseñó como ver las estrellas
a matar silenciosamente al enemigo
a subir a lo más alto de la montaña

Pronto el agua y tu vida será un diamante
ofrecido sólo para aquellos que fueron invitados
Pronto los cielos serán como la profundidad del mar
o las calles de la mafia
pronto nuestros cuerpos se separarán
a distancias exorbitantes
como los continentes
o los barcos en medio del océano

¿Quién ha de ser culpable?
si tengo las manos como un tesoro enterrado
en medio de la nada
si el viento incesante me devolvió tus labios
mientras el mundo sólo me ofrecía dictaduras
profecías hablando siempre del fin
más con tus ojos volvía a nacer 
a empezar la mañanas sin ver
las soledades anidadas en los ojos de los transeúntes
las explosiones de infelicidad en los corazones inocentes
Tus palabras me hicieron olvidar
el silencio que provoca un arma
la quietud de miles de personas inconformes

¿Quién ha de ser el culpable?

Si en las noches ya no tengo pesadillas
y sueño nuevos mundos
Si el fin a de venir
Ya tengo puestas mis mejores galas
la frente en alto
la sonrisa falsa
los discursos correctos
la despedida elegante
los brazos abiertos

¿Quién ha de ser el culpable?

Si las sentencias han de cumplirse
antes que los perros ladren
entonces suelto a mis palabras
como perros a buscarte
aunque sólo me traigan tu nombre.



Verónica Teomitzi  (Berona Teomitzi)

(San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 1986). Licenciatura en “Lengua y Literatura Hispanoamericana” en la Universidad Autónoma de Chiapas.
Ha participado en varios encuentros literarios nacionales y estatales de los que destacan:
 “Feria Nacional de las culturas”, “Proyecto Posh”, “Encuentro de escritores Sancristobalences”, “Carruaje de Pájaros”, Invitación a “Horas de junio” (Hermosillo, Sonora), “Festival Mesoamericano de poesía” entre otros…
Ha incursionado en el teatro con obras como “El censo” de Emilio Carballido, “El tiempo en el lienzo” (Performance, Cervantino Barroco), y “Teatro espontáneo” (“Casa Luz”, San Cristóbal). Actualmente participa en la revista virtual “Vozquemadura”.

Ha publicado de manera independiente “Primera llamada” donde expone algunos de sus poemas  y se encuentra trabajando con su primer poemario “Parto de versos”.