lunes, 25 de febrero de 2013

Domenica Domini

De vuelta y devuelto al fuego de la política o a los asuntos de la la liberación, me encuentro en un domingo junto a las y los compas de LIBRE, en el mismo parque Aurora donde una vez escuché mi primer rugido de león. El león se manifestaba en carne y hueso, en calentura y miedo, era una mezcla fabulosa. Allí conocí el amor de otros y la soledad de las bestias, sí, pero ayer domingo, estaba en la estructuración de un partido que, con propiedad, puedo decir que me pertenece en carne y hueso también.

Vi a los y las compas, y vi de nuevo a Batman, el eterno. Cuando en aquel 1987 supe que el rey se llamaba Batman me pareció una burla. Ha debido llamarse Hera-Ra, tal  como el amigo más cercano de Ramsés en Noches de la antigüedad de Mailer. Hera-Ra enseñándome el sabor de la carne cruda después de la batalla de Kadesh. Hera-Ra, el viejo hastiado que, casi ciego, saborea las sombras de los que se acercan y lo cercan. Pienso en el poder confinado a ser un despojo, pienso en el rugido que hace estruendoso el pecho de un león y que luego se va apagando hasta quedar en un ronroneo doméstico. Pienso.


 "Yo era un león sin piernas. Jamás estuve mas consciente de la miseria de mis orígenes que cuando medía la vacuidad de mi fuerza frente a su Ka..."

 Y lo bucólico del día al cerrar su luz, como en un poema de Shelley, el embarcadero y Caronte sutilmente disfrazado de ropa casual:



    ¡Insondable mar!, cuyas olas duran años,
    Océano del tiempo cuyas aguas de profunda pena
    Son salobres como lágrimas humanas.
    Tu inundada orilla, en tu marea y movimiento
    Supera los límites de la mortalidad.


    Y, enfermo de presa, aullando aún más fuerte,
    La furia que llevas dentro hace naufragar buques en tu inhóspita orilla,
    Traidor en la calma, y terrible en la tempestad,
    ¿Quién osará ponerse delante de ti,
    Insondable mar?