miércoles, 18 de mayo de 2011

Opalarina


Cuando me encuentro a Lito en la Avenida Cervantes, siempre me veo conducido por él a la librería desde donde Casablanca Editores sigue resistiendo al vendaval.

"Venga, hombre, un ratito nada más. Le voy a mostrar un libro que tiene que leer y que Rubén me ayudó en el diseño". Sé que Rubén y Lito son compinches, y que cada vez que se reúnen o se encuentran, entre broma y recuerdo de andanzas, termina saliendo una publicación, porque ¿qué consecuencias puede dejar una amistad que tiene a los libros y a la memoria como comparsa? un libro, por supuesto, un libro siempre saldrá de ese malabar infinito, de esa molienda de chistes amorosos y de ácidos sulfúricos. Y aquí está de nuevo Pez Dulce, entonces.

Opalarina calza exacto en el contexto actual del golpismo, porque a través del testimonio de Juan Alger, vamos viendo la cotidianeidad de aquellos años en que se fundó nuestra humillación como país, cuando los trenes traían la humareda que sigue persistiendo hasta hoy y cuando de los enormes barracones de mozos, surgía una identidad mezcla de nostalgia y falacia pintoresca.




Opalarina se encuentra en la Librería Cervantes, centro de Tegucigalpa