domingo, 14 de junio de 2015

Viernes 12 de junio, Tegucigalpa.

 Recordé la clasificación de Honduras al mundial de fútbol de Sudáfrica 2010. A todos nos agarró por sorpresa. El gol del gringo de último segundo y la cara de derrotados asumidos de la H en el Cuscatlán. Todas las tornas se dieron vuelta en un momento que nadie quería celebrar nada por estar en pleno golpe de Estado. Fue a finales del 2009, entonces, cuando no importó quién era Blanco o Resistencia y nos fuimos para el Bulevar Morazán en correntadas de personas, en miles y miles que celebrábamos un milagro deportivo. Mel Zelaya seguía encerrado en la Embajada de Brasil y la represión no respetaba nada. Pero ahí estábamos, celebrando, aunque de a poco íbamos reconociendo que el que iba al lado era un Blanco a todas señas y viceversa.

Primero era la mirada al carro en que iban celebrando. Una Prado, una Hummer, esos juguetitos, eran claramente pertenecientes a las tribus del golpe. Una camioneta Toyota, un taxi colectivo atestado, una manada a pie éramos nosotros que mirábamos pasar las Hummer y las Prados. ¿Y cómo celebrábamos? Unos cantaban el himno nacional y los otros el pueblo unido jamás será vencido, pero nadie se corrió a pesar de la tensión, nadie quiso amilanarse hasta que el pueblo más humilde comenzó a llegar y el balance se rompió a favor de la Resistencia futbolera, algo que advirtieron los blanquitos. Su repliegue fue inmediato, pero que celebraron un rato sí que celebraron. Quedó la infinita serpiente de bocinas y gritos y burlas al micheletti que salió en cadena nacional anunciando que el día siguiente era declarado feriado nacional. Todos nos emborrachamos y todos salimos aprisa cuando recordamos que aún estaba en vigencia el Estado de Sitio y que bien nos podían llevar a las siniestras postas de la policía.

Recuerdo todo esto porque algo así sentí en la movilización del pasado viernes 12 de junio, con la salvedad que esta vez sí estoy de acuerdo en que hay que darle oportunidad de maduración a las mismas clases que antes apoyaron el golpe pero que hoy se ven acorraladas en la misma humillación que sentimos en el 2009. Estamos en la misma olla de presión y nos hervimos hombro a hombro, pensaba mientras caía la fría lluvia de junio. Todo mundo tendrá que darse cuenta que basta cambiar de canal en la televisión para despertar en otra historia muy distinta a la que cuentan por ahí. En aquel 2009 era devolverle al presidente su sitial, hoy es poner al presidente en su sitio, devolverlo a su simple condición de candidato chueco y vacío. A la llanura, a la nada. No estoy nada seguro de que haber llevado la movilización a la embajada yanki haya sido acertado, pero igual recuerdo que en los primeros días de Resistencia al golpe de Estado también se hizo una movilización a la embajada para agradecer a Obama por haber dicho que lo que pasaba era golpe. Doble acción de colonizados. Doble play de los yankis y ningún gol de la selección de fútbol ahora.

Algo se mueve, sí. Deslizarse también es moverse. Desplazarse también. ¿Hacia dónde? Pero por los momentos hay una feliz electricidad en el aire.