domingo, 14 de diciembre de 2014

Raro, de Fer Rey - Fotos: Fabricio Estrada.

Muchas bandas y cantautores van sonando por Tegucigalpa, de una manera que pocos perciben sino se sumergen en los años duros que han pasado. Así la música surgida de ellos, su rock, su trova, traen poco a poco el sonido consolidado de las poderosas presiones que ha tenido el artista en todo su espectro anímico. De manera personal he disfrutado el nacimiento de Marvin Valladares, Nelson Pavón, Karla Lara, Yeco, Café Guancasco, de Sidartha, de Royal Blues, Radio Zativa y de Simón, que son, digamos, mis afectos directos por conocer de primera mano la amistad y compañerismo que dio lugar a sus producciones. Pero es con Fer Rey (Fernando Reynoth) con quien más he vivido el doloroso y alucinante proceso de su música, sus lecturas, sus arrebatos geniales y sus más profundas destrucciones. Dicho en pocas palabras, es mi hermano, y así fue como llegó aquella tarde de diciembre del 2011 a casa, en medio de un frío brutal como el de estos días, listo para que le tomara las fotos de su disco, Raro.

Tomamos café, Mayra se fue con nosotros (Linda se quedó en casa, aterida por el frío) y así encontramos, también con el ojo de la poeta, el mirador de la Cerro Grande recién calcinado, fuera de época pues es en marzo y abril donde todo se incendia. "Camine por ahí", le dije, "como meteoro que acaba de caer ahí mismo", porque así siento que viene siendo la música de Fer para el medio del rock hondureño. No pudo ser mejor la luz y los carbones sobrantes del incendio. La tarde fue feliz, tan feliz como tener su disco entre manos ahora, tres años después, con las fotos que nos hermanan aún más, incrustadas en el tiempo de todos los tatuajes arrasados por el fuego.

Un bello disco que pondré en loop hasta dormirme. ¡Emilio Álvarez, el Gran Diablo Negro y su estudio se anotaron un hit!





Y ahí estábamos, también Esteban había dado su opinión.