jueves, 11 de diciembre de 2014

Manuel Luna - Costa Rica



"Camarada, si la revolución lo requiere habrá que estar preparado para todo", me dijo Manuel entre las prisas de quién presentaba o no en el cierre del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Me reí pero sabía a la vez que Manuel estaba hablando muy en serio, como seriamente divertida eran sus presentaciones junto a Ernesto García ¿Divertidas? No, corrijo, ¡tan humanamente frescas!Porque así se destruía el mito de la pose y comenzaba a correr la savia poética entre los presentes, como licor de menta o de puro Cacique tico. El asunto era saber en qué tiempo iba Manuel, porque bien podía haberse escapado de una toma de carretera o de un mitin obrero-estudiantil, todo con tal de llegar a tiempo a la lectura y darle continuidad a una militancia más cercana a la piel que a la consigna. Y claro, cuando me leyó sus poemas no pude reaccionar más que con la felicidad de haber encontrado a un amigo que podía contarme, con natural lenguaje poético, lo serio que es una ruptura amorosa, sin dramas ni perversas dilataciones. Bukowskiano amor de serie B que liga perfecto con un cognac cortazariano, pura cultura novissima de versos casi cantados... Catulo en una taberna de Tatooine mientras la puerta se cierra y ella se va.

Los siguiente poemas pertenecen a su poemario inédito Los hombres mentimos en centímetros.

Adolescencia

I.

Esos escombros que llevan
las hormigas al abismo,
son mis sueños,
resulta que si podían masticarse,
como las ganas que exhibe mi abuela
cuando no tose.

La bandera de mis suburbios
lleva como escudo algún recuerdo,
Alicia en bikini,
Berenice observando la ciudad tras sus montañas
Carolina haciendo un grafiti de uñas
en mi espalda,
Salomé recogiendo algo del piso
para ver como pierdo la cabeza,
o cualquier otra ilusión
que hizo amaneciera más tieso que de costumbre,
cada día aparece una más linda que el resto,
y siempre termina con un guapo cualquiera.

II.
Debajo de mi panza
la lujuria de veinticinco libélulas suicidas
levanta mi sexo,
y emula la trayectoria
del columpio de mi infancia,
en el parque donde quienes estudian para yonkis
se entierran en la nariz, 
el polvo que hace las navidades,
de la ciudad abismo donde un poeta deambula
por la vereda del hartazgo 
ante la atenta mirada de los niños.

Hoy recuerdo las grietas
en los ojos de mis amigos muertos,
a mi padre vigilante en la parte de atrás de un carro,
aquella noche mamá quiso ser de piedra
la gemela de su alianza
le rompía los botones
a un vestido que nunca llegó a estrenar.

III.
No sé qué fue de los besos del colegio
cuando jugaba al escondite americano,
esperando que Maga por fin renunciara
a las envestidas de guapo del grupo,
pero no fue,
siempre me toco repasar los elementos
de la periódica tabla de mis ganas en soledad,
nunca piernas largas alrededor de mi inocencia
o un arrebato para ensuciar algún calzón blanco,

Suspiraba por las tetas enormes de María
mientras perfeccionaba
el arte de masturbarme a mano torpe
solo para llorar,
soñaba que esa mano era su mano.

Eva se quedó en los quince años de inocencia
chupando barriletes de diferentes dueños
coleccionando leche de colores,
aprendí a fumar solo
perdí la cuenta de las veces que no pude con ella,
Cacique, aguardiente, contrabando
y cuando había dinero vodka,
siempre terminé en un charco inmenso
como el pez más pequeño
tragando el agua de su manantial de mentiras.

Pasear con vos
era como perderse en una calle sin salida
todas las veces quedé anónimo,
sujeto a la mano de la luna,
bajo las lámparas del Camino de los Perros,
haciendo versos sobre cómo reventar tu escote,
asistir al espectáculo
del aire frío endureciendo tu pezones,
ya estarás jadeando lista para guardar mi nata
en la nevera de tus cuatro labios,
tal vez hasta se despabilen los libros
de mi posible herencia,
pero lo único cierto era aquel gato cabrón,
que me observa mientras hablo solo,
a diario se burla de mi lado tierno.

IV.

Ahí lo tienes
eso es todo,
lo que fui,
que es lo a veces soy,
de esa forma cubrí mis años
con esta piel de hombre,
y cada día

sé menos que hacer con ella.



-“¿No te llamas Alicia?“-
lo peor no fue su respuesta
o esa sonrisa cómplice
que se colgó mientras se sonrojaba,
sino fue la negativa de siempre,
no ando provocando nada
busco algo cierto.

Vivo sin que a nadie le importe:
soy ingeniero de toboganes
busco bajar y terminar
encima o bajo una mujer,
en un sillón, una cama, un colchón,
el suelo que más da,
eso siempre asustó a mi madre,
y creo asustaría a cualquier madre.

-“En serio: ¿no te llamás Alicia?“-
no hubo ofensa en la confusión,
me puteo cuando le pedí se llamara Alicia,
las mujeres son muy complejas ciertamente.

Existen muchas Alicias,
pero solo una vuelve pasadizo mis ojos,
bota mis llaves para que no me salga de la cama,
sabe el arte de bailar,
y luego mentirme como toda una dama,
sabe renovar cualquier sonrisa de perfil,
hija del mar y la luna,
gemela ilegítima de Mafalda,
condón umbilical que conecta mis dedos al sexo.

-“En serio: ¿no sos Alicia?”-
el café que chorree en la mañana
me sugirió que podías serlo,
qué obra de arte la cachetada que me planto
encontré odio extremo,
como un chino cuando entras a su tienda
y no le compras nada,
a las últimas tres les pregunté
si se llamaban Alicia,
a las siguientes
por respeto en la segunda cita,
si querían ser Alicia.





Tengo prohibido recaer,
a pesar de que todas la noches
lo único que cambie
es el día al que pertenecen,
hace un año me abrí las muñecas,
el suicidio en mi caso es ridículo,
pero las heridas
son excepcionales para no olvidar.

No sigo enamorado,
ahora estoy lejano y tranquilo,
como la luna cuando olvida la ciudad
y busca el mar para recostarse,
hoy parece te quiero conmigo,
pero beso mis cicatrices
y el invierno te queda grande.

En fin,
ya pasaron calles,
los desfiles de nuevos y viejos amigos,
todos los ríos cambiaron por sal sus aguas,
y no volví a majar los cristales
que lloré unos ojos antes,
ese verano que siguió a su retiro,
ahora me gusta imaginar que lo único que estalla
a la distancia es su risa,
es ella tranquila y lejana
que ya no dependo de dios,
o del azar,
para crear imágenes nuevas.

No he olvidado
pero ya perdoné cada reclamo,
sé que fallé,
que fallaste,
que nos fallamos,
juntos a final de cuentas
fuimos una ingrata colección de fallos,
pero ya no hay nada en el aire que parezca tristeza,
mi mundo ya no depende de tu boca
o de la guerra de nuestras pieles,
las mujeres de mi vida,
desfilan en una huelga de caricias.