miércoles, 20 de noviembre de 2013

El álgebra sólo es posible en los ojos de los gatos - Salvador Madrid, Honduras



El álgebra sólo es posible en los ojos de los gatos, no hay exactitud en nada, pero si en la mirada de los gatos. 
La curvatura de la luz, los instantes del resplandor antes de la noche, los pianos abandonados, el agua rozando la piedra que sirve de puerto al mar, tu cintura moviéndose en las sombras, el deseo de mirarte cuando me miras con los ojos del deseo, una luna encriptada en tu ombligo, tu mano izquierda rozando apenas las enredaderas, tu perfecta mano derecha en mis parpados antes de la siesta, la blancura de tu desnudez como lámpara dispuesta para la noche voraz que cumple puntualmente con sus luciérnagas y con la suma de los gemidos que de los bosques ha guardado tu pelo, una noche de relámpagos que quiero ver desde los ventanales, las tortugas detenidas ante una lluvia de meteoros, la página abierta y leída de un árbol; esas cosas, fueron dispuestas al azar en el mundo, igual que los gatos.

Yo protesto por las veletas, serían mejor las Gatelas en los tejados. Pocas escenas son perfectas, pero esta lo es: un gato, algo de jazz y ese libro; afuera haría frío, sabrías que todo está en su lugar hasta el fin de nuestro tiempo.

Los gatos nunca exigen saber un secreto, aunque los humanos les cuenten sus cosas sagradas. Pobres humanos, no saben que los gatos lo saben todo.

S.M.