sábado, 30 de enero de 2016

The Revenant: con dolor mestizo.



Dos cosas hacen que sobreviva Hugh Glass en The Revenant. La primera es que es un hombre nacido en la frontera, uno de los cazadores de pieles que iban explorando el territorio indio que luego ocuparían las tropas colonizadoras. La segunda es su dolor mestizo.

La película se sitúa en la última década del siglo XVIII*, en medio del caos que impusieron las incursiones de los recién independizados americanos y la presión que ejercían las compañías francesas en su larga pugna por controlar los territorios que les restaban en el centro-norte del actual Estados Unidos. La nación pawnee estaba hecha girones y ya había dado muestras de apoyo directo a los americanos en su guerra de independencia contra los británicos –quienes los trataron con crueldad y son los que arrasan la aldea donde muere la esposa pawnee de Glass en la película-  y, los arikaras –la nación que sigue la pista de la princesa raptada por los franceses y que es el torbellino de venganza- no están dispuestos a tratar con nadie, al igual que lo hicieron los iroqueses, wyandotes, shawnees, delawares, miamis, ottawas, chupppewas, potawatomis, etc…

Glass era entonces, uno de aquellos cazadores de pieles que el historiador Ray Allen Billington** caracterizó de la siguiente forma: “por lo común eran hombres que preferían las soledades de las selva a la compañía de sus semejantes. En consecuencia, se amoldaron  al modo de ser de los nativos, adoptando su indumentaria, sus hábitos de vida, sus conocimientos sobre la selva y hasta apropiándose incluso muchas veces de sus mujeres". De esta visión descarnada sobre los intrépidos cazadores se fue formando aquello que terminó arrasando a las naciones indígenas: “anticipándose siempre a la civilización, los traficantes en pieles atravesaron el continente con tal rapidez, que dejaron pocas huellas perdurables sobre el territorio virgen”. 

La romántica visión de la película de Iñárritu –que bien pudo ser, no se puede excluir esta posible relación amorosa pura-, trata con benévolo esfuerzo, sostener esa línea donde se entrecruzan todas las desesperaciones y que, sin embargo, no termina de contar lo que Billington sí señala sin cortapisas: “(los traficantes en pieles) terminaron con la autosuficiencia del indio, acostumbrando a los pieles rojas a las armas de fuego, los cuchillos y el aguardiente, productos todos ellos de la “civilización” más avanzada del hombre blanco”. Quizá ya se ha dicho en otras películas de este género, es cierto, pero habría que ver una gran cantidad de ellas para que, entre tantos y fragmentados esfuerzos benévolos, lográramos por fin encontrar la película que diga toda la verdad acerca de la carnicería montada por la colonia.

Algo de ello se sugiere en The Revenant ( el osario de búfalos*** y la llegada de las tropas a la aldea pawnee que aparece en los sueños de Glass, que en ese momento era explorador de la corona inglesa), siendo el sorpresivo diálogo en francés del jefe arikara donde Iñárritu se las jugó con más claridad, aunque esto tuviera mucho riesgo en los patrocinios.

Nous sommes tous sauvage y Fitzgerlad kill my son (todos somos salvajes, Fitzgerald mató a mi hijo) son las únicas palabras escritas que aparecen en un film con mucha economía de diálogos pero con bastantes  lenguajes yuxtapuestos. El que sea así es algo que se agradece porque logra realzar la ancestral sabiduría oral –memoria que le da la fuerza de voluntad a Glass- que se deja escuchar en off de boca de la esposa pawnee muerta. Esas dos frases o sentencias, aparecen con fuerza demoledora sobre la impresionante fotografía de Lubezki, tanto como sucedió cuando el lenguaje textual se impuso a sangre y fuego sobre las cientos de naciones de una América eminentemente oral.

No creo que esta sea la mejor actuación de Di Caprio, pero sí la que más esfuerzo físico le exigió. Sin duda el fenómeno energético por las condiciones bajo las cuales se filmó, le dio organicidad a su actuación, tal como lo sugiere Grotowski, aunque lo que yo vea ahí es un condicionamiento externo y no lo que trata de argumentar el mismo Di Caprio en cuanto a que su actuación pasó por la mística que imponían los paisajes. Hay modas en Hollywood, época de actuaciones collections, y lo de los sobrevivientes está muy en boga desde que El Náufrago Tom Hanks relanzó este tópico actoral. 

Aun así, The Revenant ha logrado superar –como lenguaje fílmico- todo lo que este año anterior haya puesto sobre el tapete. Pero otra cosa, definitivamente, es lo que la historia pone sobre la moda.

F.E.


*El tipo de armas que la utilería expuso así lo confirma https://es.wikipedia.org/wiki/Mosquete

**La expansión hacia el oeste, historia de la frontera norteamericana, Libro I, tercera edición, Bibliográfica Omeba. Ray Allen Billington.

*** Antes de la llegada de los europeos a Norteamérica, la población de búfalos se estimaba entre 60-100 millones de ejemplares. Para 1890 quedaban sólo 750 ejemplares. Actualmente se estima que viven en estado salvaje 350,000 ejemplares. En cuanto al exterminio de nativos, se calcula que antes del año 1500, la población ascendía a 12 millones que para 1900 estaban reducidos a 237,000 personas confinadas en reservas. https://unmundodeluz.wordpress.com/2013/10/18/el-genocidio-de-los-nativos-americanos/