domingo, 4 de agosto de 2013

Entrevista a Federico Andahazi: “La imprenta de Gutenberg era una máquina fantástica para falsificar manuscritos” - Mario Casasús, El Clarín, Chile



México DF.- En entrevista con Clarín.cl Federico Andahazi (1963), escritor argentino, habla de El libro de los placeres prohibidos: “Son dos novelas en una, la biografía de Gutenberg y el thriller por los crímenes en el burdel, las dos historias se enlazan hasta el final. Fue una decisión deliberada: traté que la parte de ficción no contaminara la investigación histórica, por eso -casi- son dos libros separados, a mí nunca me gusta revelar cuánto es realidad y cuánto es ficción en mis libros; sí puedo decir que todo lo relacionado a Gutenberg está reconstruido de manera histórica y fidedigna con documentos; la otra parte podemos discutirla un poco. Necesitaba que la historia de las prostitutas no contaminara a la investigación histórica”. Andahazi confiesa: “La inclusión de Gutenberg fue accidental, todos los caminos me llevaban a Gutenberg; me encontré con un personaje oscuro, Gutenberg enfrentó juicios por fraude, falsificación y falsa promesa de divorcio, es decir, era un estafador, y eso lo convierte en un personaje delicioso, además era un genio”.
MC.- “El libro de los placeres prohibidos” está circulando en Argentina desde noviembre, a México llegó un semestre después. ¿Por qué no salió simultáneamente en el resto de Latinoamérica?
FA.- Cuando salió la edición argentina se programó inmediatamente la edición en el resto de Latinoamérica, cada país tiene su propia agenda, ahora están en camino las traducciones, eso implica armar una agenda de viajes, es un rompecabezas bastante complejo. Debo decir que es muy bonita la portada mexicana, es diferente a la tapa argentina, un libro comienza a ser leído por la gráfica de la portada.

MC.- ¿Cuándo nació la idea de escribir El libro de los placeres prohibidos?
FA.- Este libro es la zaga directa de mi primera novela, cuando escribí El anatomista era muy joven, tenía veintitantos años, era la época en la que un escritor supone que la literatura consiste en formularse preguntas y no en responderlas, ahora que acabo de cumplir 50 años descubrí que no sólo puedes plantearte preguntas, sino que a esta edad puedes dar algunas respuestas; de modo que en El libro de los placeres prohibidos respondí muchísimas preguntas que me formulé en El anatomista. La principal pregunta que hice en El anatomista: ¿en qué momento el sexo dejó de ser sagrado para convertirse en algo pecaminoso y prohibido?, suponía que esa pregunta no tenía respuesta, pero encontré el momento histórico: el sexo en Babilonia se ofrecía en los templos, quienes ofrecían el sexo eran las sacerdotisas en orgías rituales, cuando los hebreos caen cautivos por los pueblos babilónicos son obligados a practicar el sexo ritual, al principio los hebreos se resisten porque eran monoteístas, con el transcurrir de los años, al liberarse del yugo babilónico los hebreos van a repudiar con tanta fuerza al enemigo que identificarán la sexualidad con Babilonia, por la herencia judeocristiana repudiamos la sexualidad, cuando leemos la Biblia -en el libro del Apocalipsis- encontramos a la puta de Babilonia como “la causante del fin de los tiempos”.

MC.- Los dos planos narrativos transcurren en la ciudad de Mainz: el juicio contra Gutenberg por falsificación de manuscritos, y los asesinatos seriales en un burdel a orillas del río Rhin. ¿Cuál era tu vínculo con la cultura alemana?
FA.- Mi vínculo con el idioma alemán tiene que ver con mi formación como psicoanalista, Freud escribió toda su obra en alemán, afortunadamente yo dejé de ser psicoanalista. Mi padre era húngaro, de modo que en alguna época Hungría tuvo una relación muy estrecha con Alemania, pero en realidad mi vínculo es con la literatura y con el libro. Gutenberg aparece en esta historia casi por accidente, yo había imaginado una historia en la época del surgimiento de la imprenta, donde los protagonistas iban a ser los primeros imprenteros contra los últimos copistas de manuscritos, los copistas defenderían su coto a capa y espada, desde luego en medio quedaría Gutenberg, todos los caminos me llevaban a Gutenberg; me encontré con un personaje oscuro, del que se sabía poco, los únicos testimonios que existían de su vida eran los juicios a los que fue sometido, condensé los juicios en uno, pero en realidad Gutenberg enfrentó juicios por fraude, por falsificación y por falsa promesa de divorcio, es decir, era un estafador, y eso lo convierte en un personaje delicioso, además era un genio; no sólo él, sus socios y secuaces –Fust y Schöffer- eran geniales, Peter Schöffer establece las leyes de la tipografía moderna. El fundador de Apple, Steve Jobs, reconoció la obra tipográfica de Schöffer, cada vez que abrimos una ventana de tipografía en la computadora ahí está el legado de Schöffer. Gutenberg, Fust y Schöffer creían ser simples estafadores, pero eran genios que nunca imaginaron que sus aportes llegarían a nuestros días, y pensar que tenemos en nuestras manos el libro que inventó Gutenberg, no hay diferencia alguna, todavía se utilizan en algunas imprentas los linotipos y los tipos móviles.

La inclusión de Gutenberg fue accidental, me costó muchísima investigación, viajes a Alemania, estuve en los Archivos de Berlín, en los Archivos de Mainz, también viajé a Holanda, porque Gutenberg fue discípulo de Laurens Janzoon Koster, a quien se le atribuye la fundación de la imprenta. La invención de la imprenta fue una pequeña guerra en Europa. Lo más notable es que todos tenemos una idea escolar de Gutenberg, lo consideramos el padre del libro, pero Gutenberg no fue el inventor de la imprenta, la invención de la imprenta es un momento mítico de la historia, lo que inventó Gutenberg era una máquina fantástica para falsificar manuscritos, un manuscrito valía una fortuna, eran años de trabajo por parte de copistas, iluminadores y encuadernadores. En 1455, muy pocos tenían el privilegio de acceso a los libros: la Iglesia, los reyes, los príncipes y algunos acaudalados comerciantes. Quienes hemos tenido el privilegio de ver una Biblia de Gutenberg, lo primero que salta a la vista es que no hay diferencia con un manuscrito, está claro que la intención de que el libro parezca un original manuscrito. A poco de andar con esta estafa, Gutenberg y sus secuaces -Fust y Schöffer- son descubiertos y sometidos a juicio; cuando la Iglesia descubrió la imprenta en el taller clandestino -alucinante, casi onírico- se encontraron con un panorama aterrador, la jerarquía católica se preguntó: ¿qué pasa si el libro sale de la órbita de pertenencia de la Iglesia?, los únicos que leían la Biblia eran los religiosos, la gente en general no sabía leer, un sector de la Iglesia decía: “no estaría mal que en poco tiempo se puedan fabricar cientos de Biblias”, pero había una lista de libros prohibidos, el gran temor de la Iglesia es que se hicieran públicos los libros prohibidos, en especial el Libri voluptatum prohibitorum.

MC.- ¿Por qué elegiste al artesanal copista de libros como antagonista de la trama?
FA.- Es una figura muy elocuente, era un tipo que se la pasa copiando letra por letra; los mejores copistas no sabían leer, así los prefería la Iglesia porque la comprensión del texto lleva a la polémica, lleva a la intervención, a la discusión voluntaria e involuntaria, y se corría el riesgo de que se alteraran los textos. Me interesa mucho esta persona que hace actos mecánicos, que repite algo que ignora; yo me preguntaba: ¿hasta qué punto nosotros no repetimos el esquema de los copistas?, pasa todo el tiempo, incluso con la sexualidad, ejercemos ritos por costumbre, ignoramos el sentido de lo que hacemos por herencia, pasa con el sexo, pasa con la lectura, leemos lo que todos leen, vemos en los aeropuertos que todos los pasajeros leen un Best-seller, hay un acto automático que me aterra, pienso que a veces somos copistas analfabetos, repetimos sin saber muy bien lo que hacemos, el propósito de El libro de los placeres prohibidos es intentar indagar en el origen del libro, en el origen de la lectura y escritura, por eso te decía que aquí respondo varias de las preguntas que hice en El anatomista (1997).

MC.- En “El libro de los placeres prohibidos” recurres al pie de página para las traducciones de palabras en alemán y holandés, también para documentar el juicio contra Gutenberg. ¿Cuál era el criterio para incluir los documentos históricos de tu investigación?
FA.- Investigar no es fácil, lleva mucho tiempo, es un trabajo casi burocrático, ahora bien, hacer este trabajo burocrático en Alemania fue muy grato porque es un placer hacer investigaciones en Europa. En la edición argentina aparece la reproducción facsimilar del documento con la firma del notario Ulrich Helmasperger y la imagen de una caja de madera, donde emerge una mano que sostiene una flor; me traje la copia del documento desde Alemania como un tesoro. ¿Cómo armar un libro a partir de tantos documentos?, es muy complejo, a veces terminas enamorado de tu trabajo de investigación, de los hallazgos, -tú lo sabes mejor que yo, por el Caso Neruda-, cuando encuentras un documento entras en éxtasis y no te quieres desprender nunca de los documentos; pero debes tener en cuenta al lector, eso que a nosotros nos encandila y enamora, para el lector puede ser información tediosa, debemos ser muy cautos. Los pies de página reemplazan el documento entero, la tentación sería reproducir el documento entero; el primer trabajo es: seleccionar los documentos, trabajarlos para que la investigación histórica no sea tediosa al lector, después me gusta trabajar con capítulos breves.

MC.- ¿Capítulos breves para contar dos planos narrativos?
FA.- Son dos novelas en una, la biografía de Gutenberg y el thriller por los crímenes en el burdel, las dos historias se enlazan hasta el final. Fue una decisión deliberada: traté que la parte de ficción no contaminara la investigación histórica, por eso -casi- son dos libros separados, a mí nunca me gusta revelar cuánto es realidad y cuánto es ficción en mis libros; sí puedo decir que todo lo relacionado a Gutenberg está reconstruido de manera histórica y fidedigna con documentos; la otra parte podemos discutirla un poco. Necesitaba que la historia de las prostitutas no contaminara a la investigación histórica.

MC.- El papel del copista despierta cierta antipatía, al oponerse a la difusión de la lectura, “Sigfrido de Mangutia” sigue al pie de la letra los dogmas de la Iglesia. Ahora que confiesas una decisión deliberada en la estructura de tu novela, ¿lleva alguna intención implícita la empatía que despierta Gutenberg y la antipatía del copista?
FA.- En la literatura y en mi vida personal no intento ser juez de nadie, creo que a medida que voy envejeciendo soy menos prejuicioso, la literatura a veces sufre por los prejuicios de los escritores, de modo que no es una novela de buenos contra malos, aunque lo parezca. El fiscal “Sigfrido de Mangutia” parece un malo de película y la madre de Gutenberg parece una buena de película, pero en esta novela nada es lo que parece, Gutenberg aparece como un estafador que lo único que persigue es hacerse millonario, pero murió pobre y sin reconocimiento. Al final es un héroe, Gutenberg nunca se enteró, pero fue un héroe. Por más que uno se crea una buena persona, uno puede ser un hijo de puta creyéndose un gran tipo (risas), y existen grandes hijos de puta que terminan siendo buenos tipos y haciendo buenas obras; yo busco el contraste de los buenos y malos para ponerlos en duda, sólo hay una cosa que no perdono: la estupidez, me parece que no son peligrosos los malos, muchas veces “los buenos” son más peligrosos que los malos, pero los que son realmente peligrosos son los estúpidos, la estupidez es el peor flagelo de la humanidad.

Cuando decimos que Gutenberg democratizó la lectura es una suerte de anacronismo, lo cierto es que puso los libros en manos de todo el mundo. Esto es muy complejo, no es que ahora todos tenemos acceso a todos los libros, después apareció el mercado que terminó regulando la lectura, el mercado se convirtió en lo que hacía la Iglesia, el mercado te dice qué tienes que leer. Habría que pensarlo en términos filosóficos: la discusión que se produjo en 1455 con la aparición de la imprenta es la misma discusión ante la invención del E-Book, en 1455 se decía que la aparición del libro impreso sería la muerte del libro porque se pensaba que debía ser manuscrito, al punto que en la actualidad para los judíos, la Torá tiene que ser un rollo manuscrito. La humanidad no perdió nada con la imprenta, coexisten los manuscritos con los libros; hoy en día, todo mundo habla de la muerte del libro y no es así, el surgimiento del libro electrónico es el nacimiento de otro formato, desde luego que cambiará la forma de leer y escribir, cambiará la forma de comprar los libros y falsificarlos, ahora todo mundo está peleado con la piratería, yo tengo el enorme privilegio de ser el autor más pirateado de la Argentina (risas), claro que es un privilegio, conozco autores que se quejan al ver sus libros pirateados, deberían preocuparse si sus libros no están pirateados en las calles, quiere decir que no le interesan a nadie. El libro impreso surge como una estafa, toda la industria editorial se montó sobre la estafa de Gutenberg, Fust y Schöffer, el primer libro fue pirata, después llegó la industria y la ley. El E-Book es lo mismo, nació como una forma de piratería, y sobre el nuevo formato se montó la industria editorial.

MC.- Si mal no recuerdo, es tu séptimo viaje a México para presentar una novela, o para iniciar una investigación histórica; en junio de 2010, Eugenio Aguirre publicó -en colaboración contigo- el libro: “Pecar como Dios manda. La historia sexual de los mexicanos”. ¿Cambió tu percepción del país después de estudiar la historiografía sexual de México?
FA.- En principio, tengo una relación de afecto muy particular con México, una de mis novelas transcurre en México: El conquistador (2007) y Quetza es mi personaje preferido. México es enteramente familiar para mí, cuando escribí La historia sexual de los argentinos dije: “no se puede entender la historia de un país si se desconoce la historia de su sexualidad”, porque los países son como nosotros: hijos de una trama sexual, literalmente. Efectivamente, me dio mucho gusto colaborar con Eugenio Aguirre, después de estudiar la historia sexual de los mexicanos por supuesto que ahora conozco mejor al país, me parece que la sexualidad no es un dato pintoresco en la historia, atraviesa el centro de la historia, y mucho más en México, aquí el mestizaje fue más fuerte y complejo que en la Argentina.

MC.- No habrá presentación formal de “El libro de los placeres prohibidos” en México, sólo concediste entrevistas, pero no interactuarás con tus lectores. ¿Queda interrumpido el placer de un escritor al no conocer las diversas lecturas de su nueva novela?
FA.- Exacto, es un lectorum interruptus (risas). Yo establezco con el lector un vínculo muy estrecho, me gusta estar frente a frente con el lector, el sentido último del libro siempre lo da el lector; pero también es cierto que a través de la prensa se sintetiza el espíritu de los lectores, tengo muy buena relación con la prensa, disfruto conversar con los periodistas, creo que en este momento de la historia los periodistas son indispensables. Me hubiera encantado organizar una presentación con los lectores en México DF, lamentablemente fue imposible por cuestiones de tiempo, pero dentro de poco estaré en el Hay Festival de Xalapa, ahí tendré la oportunidad de compartir con los lectores y seguramente en la Feria del Libro de Guadalajara.

MC.- Finalmente, en Chile se cumplieron dos importantes aniversarios luctuosos: la primera década sin Roberto Bolaño y los 40 años de la muerte de Pablo Neruda, ¿qué piensas ante la pérdida de dos genios de la literatura latinoamericana?
FA.- No puedo creer que se cumplieron 10 años de la muerte de Roberto Bolaño, para mí había pasado poco tiempo; en un congreso que se realizaría en Guijón me habían invitado a compartir una mesa con Bolaño, me hubiese encantado conocerlo. Bolaño es uno de los grandes referentes de la literatura latinoamericana, es un autor que con el tiempo tendrá más justicia y más lectores, en la medida que pasen los años se podrá valorar su literatura.

Neruda es un personaje tan entrañable por distintos motivos, yo provengo de una familia de comunistas, mi abuelo era un viejo militante del Partido Comunista de Argentina; crecí entre los libros de Neruda, cuando era niño iba a una colonia cooperativa donde leíamos la poesía de Neruda, después lo tengo asociado a un hecho luctuoso: al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, mi abuelo era editor, tenía una biblioteca fantástica y marxista, debido al miedo, mi abuelo decidió bajar los libros de los estantes y cruzar a un terreno baldío para quemar su biblioteca, recuerdo haberlo visto inmolarse de espíritu, entre los libros incinerados estaba Neruda, para mí fueron dos muertes de Neruda: la noche del 23 de septiembre de 1973 y la madrugada del 25 de marzo de 1976.