lunes, 10 de junio de 2013

De Marcial a Marcia

Fenomenal el absurdo que acaba de suceder en el programa de Jorge Aldana en Canal 13: Marcia Villeda, la ultra-fiel de Micheletti, jugando a firmar de nuevo la carta de renuncia que el golpismo afirmó había sido enviada por Manuel Zelaya.
Señalada directamente de falsificar la firma, Marcia asegura que no supo nada y que por cosas de "autodefensa mental" tiende a olvidar los momentos dolorosos (...) Así, precisamente, inició la entrevista, más kafkiana que absurda, rectifico, pues su posición era la de una ciudadana más que no sabía lo que estaba sucediendo ese 28 de junio, domingo al amanecer. Impresionante el nivel de autismo en que se inhiben estos seres, muy humanos, por supuesto, pero tan básicamente mímicos y brutales.

Decidí hacerle unos epigramas a la manera de Marcial porque siento que una actuación de tal calibre sólo puede ser interpretada actuando el papel de otro.

I

De Marcial a Marcia.

Juro solemnemente 
escribir la mejor pieza de absurdo 
de la historia del teatro, 
pero pido, por favor, 
que seas tú, Marcia, 
la que firme la obra.

II

Yo escribiré las palabras
y tú las borrarás, Marcia,
llamaremos a Mel para que tome tu mano,
para que la dirija
y que sepas
cómo se siente firmar un exilio.

III

Ya que tú
olvidas los momentos dolorosos
oh, Marcia,
déjame recordarte siempre
que nunca te mandé esa carta
donde tú eras la musa
que partía en caballito blanco.

IV

Eres tan tierna
como alguien que llora
porque se fue la luz
en el momento más triste de la novela,
pero tú, Marcia,
dejarás a los poetas
tanta tinta
como para hacer mil cartas
en todos los golpes de Estado
que de ahora en adelante vengan.

V

Nerón no firmó su incendio
ni Tiberio sus orgías,
pero tú, extraña Marcia,
tú si firmaste
la rabia que yo siento.

VI

Yo soy responsable
tú eres responsable
nadie es responsable
todos somos responsables...
¡Cuán bellas palabras
para iniciar una carta
donde se juega al amor incomprendido
mientras tu amante, oh Marcia,
es todo un pueblo
al que has mandado a cortarse las venas.


Fabricius Estrada