miércoles, 19 de junio de 2013

La inexorabilidad como dilema

Estoy explorando la posibilidad de dar una ponencia sobre la conducta violenta y sus argumentos históricos, o lo que sería igual, la conciencia histórica como argumentación individual. Existen tantos momentos cruciales para dar ejemplos, como la destrucción de la Abadía en Monte Cassino, y en ellos un hilo conductor irrenunciable: la consideración humana de la soledad e incertidumbre ante el devenir, la necesidad de adelantarse al vacío o de sustituir las imágenes de humillación pasadas por otras victoriosas. Por mientras, este artículo de la paz armada europea previa a la primera guerra mundial, me ayuda a hilvanar:


“Francia aún no está preparada para el combate; Inglaterra vive atormentada por dificultades interiores y coloniales. Rusia teme mucho la guerra, porque tiene miedo de una revolución interior. Vamos a esperar que nuestros adversarios estén dispuestos o debemos aprovecharnos del momento favorable para provocar la decisión He aquí la difícil cuestión que se trata de resolver. El ejército austríaco es todavía fiel y útil; Italia está todavía fuertemente comprometida con la Triple Alianza e incluso si prefiere aún, por el momento, el mantenimiento de la paz, para curar las heridas de la última guerra, sabe sin embargo muy bien, que si Alemania es derrotada, ella será entregada sin remedio a la violencia de Francia y de Inglaterra y perderá su posición independiente en el Mediterráneo; se mantendrían, pues, hoy por hoy fielmente a nuestro lado. Podemos, igualmente, contar llegado el caso, con Turquía y Rumania. Tenemos así todas las de gana podríamos dirigir los mandos de la política europea, mediante una ofensiva decidida, y podríamos asegurar nuestro porvenir. Esto no quiere decir que debamos provocar la guerra, pero allí donde se produzca un conflicto de intereses (…) no deberíamos retroceder, sino hacerlo depender de la guerra y comenzar ésta por una ofensiva resuelta; poco importa el pretexto, pues no es de esto de lo que se trata, sino de todo nuestro porvenir, que está en juego. Artículo publicado en Die Post, diario pangermanista, el 24 de febrero de 1914.”