martes, 1 de noviembre de 2011

J.A. Arcediano (España) - Los bosques de Wisconsin

Tenemos en casa una colección de poemarios editados por La Garúa, de España, y desde hace algunos días, este poemario escrito por el español José Antonio Arcediano (Barcelona, 1964) venía ejerciendo sobre mi una especie de magnetismo, y así, sin más, lo tomé y comencé a leerlo en voz alta... y definitivamente fue todo un placer leerlo en su propia salsa de versos líricos -en la primera parte- y luego con un desenfado ácido en la segunda parte, conduciendo una historia de amor de últimas palabras y vientos lejanos que van rasgando la imagen, delicadamente.

Rozas con el dedo los lugares
a los que nunca viajaremos juntos.
Luego pasas el dedo por mis labios
en señal de silencio.
Sabe a blanco papel y queratina,
a satén y lejanía,
a parajes desiertos.
Aquí,
tan cerca de nosotros.
                                 Tan juntos.
                                                  Tan solos.



Los bosques de Wisconsin

Allá dejé los bosques,
los árboles caídos
y la madera triste de los días;
el canto de los grillos
en la lenta figura de la noche estrellada;
la silueta perpleja de los míos;
el encendido rubio entre tus hombros
y el verano de moscas incansables
en el que, muy despacio,
fuimos reconstruyendo nuestros nombres.
Recuerdo vagamente los bosques de Wisconsin,
aquel ardiente sol de media tarde
y tu lengua abrasando mi silencio.
Ahora lucho con todas estas calles vacías
e intuyo una frontera de gemidos
perdidos para siempre
en la colcha raída de los tiempos.

No volveré a Wisconsin...
pero no dejes nunca de esperarme.

Adiós

Decirte adiós ha sido
como sacar billete de vuelta
hacia mí mismo


Profunda reflexión de un neoyorkino acerca de los bosques de Wisconsin

Cada vez que me siento sobre el water
pienso en los verdes bosques de Wisconsin,
que existen para la gloria del señor,
para solaz de los humanos
y, por qué no decirlo, finalmente,
para que yo, en New York, me limpie el culo.
¡Dios conserve los bosques de Wisconsin!

Constatación vital en Washington Square

In torno, il tacito morire delle foglie

Alrededor se mueren las hojas en silencio,
delante de millones de testigos
de un fracaso vital en este otoño
que insiste y se repite eternamente.
Así dejan la vida las hojas y los hombres,
sitiados por millones de miradas
del todo indiferentes.


Huyamos a Wisconsin
a ocultar nuestros crímenes,
a respira sin miedo.
Huyamos
de los artistas y de los pirómanos,
de ángeles caídos y grises policías,
de las armas cargadas de buenas
intenciones,
de los saldos y de las rebajas,
de Lou Reed, Woody Allen
y su psicoanalista,
de la penicilina y de los spaghetti,
del casero y de la golfa de su hija,
de Barby y de la bruja de su madre
que dios traiga a su gloria cuanto antes,
del inquietante humo de las calles,
del levitar incierto de los puentes,
del brillo artificial de las estrellas,
de los zombies y de las jeringuillas,
de los cuerpos tomados en falso y a traición.
Huyamos a conciencia y sin reparos
de la sombra que no nos abandona,
de su fidelidad insobornable.

Huyamos con el rabo entre las piernas,
con nuestro mejor traje,
con la lista de la lavandería,
con la petaca llena,
con la mejor sonrisa;
sin ella,
sin su fotografía,
pero con su dinero y con sus joyas.
Huyamos
todos
juntos,
en
manadas
de
a
uno,
en la más solitaria compañía.
Degustemos el vértigo
del placer miserable de la huída.
Huyamos a Wisconsin
a ensuciar el pasado
repleto de señales seminales
y áridos fluidos,
a lapidar cualquier feliz recuerdo
ene en el que sustentar una esperanza,
por el que pretender una caricia,
a injuriar cada imagen, cada rostro
donde podamos vernos reflejados,
a indagar sobre aquel que no seremos
y aquel que no quisimos nunca ser
por miedo, por verguenza o por desidia.
Huyamos a Wisconsin
en busca de quien pueda,
por fin, facilitarnos una pista
sobre la que ensayar un epitafio
y unos palmos de tierra silenciosa,
profana y sosegada, entre los árboles.