La pérgola está dispuesta para que a ella baje la lluvia y
cualquiera de nuestros estados sobrenaturales. Quezaltepeque viene ardiendo
desde El Playón y con Rainier ya nos hemos perdido en una intersección que casi
nos lleva a Ahuachapán. Alfonso Fajardo dirige la operación de búsqueda del
poeta y nos apresura. Llegan todos, poco a poco. El poeta está a punto de
lanzar su reciente poemario, Nada, pero eso no impide que hablemos del todo.
Sencillo y pausado, vamos girando el carrusel, el carrete, la noria de los
elementos hasta que la lluvia por fin explota. Mi romería ha sido considerada
-he decidido viajar desde Honduras para conocerlo-, tanto como cuando llegué a
su poesía y me dejó penitente de ella hasta la fecha. Me siento ante uno de los
poetas más importantes de Centroamérica, respiro hondo y lo dejo callar, crear
el silencio más prístino de El Salvador.
Foto: Fabricio Estrada
F.E.
Estoy con el Maese Alfonso Kijadurías, quisiera saber sobre
sus convicciones acerca de la poesía… desde aquí, desde su casa en
Quezaltepeque, El Salvador. Estamos Alfonso Fajardo, Erick Chávez, Rainier
Alfaro, Osvaldo Hernández, Vladimir Amaya y hace poco se acaba de retirar el
Maese Ricardo Aguilar. Hemos venido a visitarlo porque nos urge saber
lo que opina el Maese Kijadurías, antes de partir hacia Vancouver, Canadá -donde
reside-, sobre este tiempo de poesía que se mueve dentro de la promoción y de
la auto-promoción (ese tiempo que nunca ha sido el de la poesía). Queremos
saber entonces, desde un poeta de su estatura, cómo valora la poesía y qué
sigue diciendo la poesía y cómo su convicción acerca de ella sigue haciendo que
genere libros.
A.K
Comencemos con las palabras. Cada palabra encierra un
misterio. Es igual que los números, que las cifras. Como poeta, cuando era muy
joven, yo nunca me planteé esas preguntas. Comencé a escribir de una manera
espontánea y creo que en eso influye mi origen campesino pues siempre he estado
ligado a la naturaleza y, como tal, mi poesía se ha desarrollado igual que una
planta, una semilla que se siembra y germina y esa germinación a veces da
frutos inesperados. Puede dar flores o no. En ese sentido, he seguido
insistiendo y, luego -creo-, en mi caso particular pues vengo de un origen muy
humilde, influyó en mí la lectura de los poetas clásicos. Si a alguien debo
agradecerle es a Roberto Armijo que tuvo esa brillantez, esa visión de decirme
que un poeta se desarrolla a través de los clásicos, siguiendo una tradición.
Para ser modernos tenemos que ser tradicionales pues romper la tradición es ser
modernos… no podemos ser modernos si despreciamos la tradición. Ese fue mi
punto de partida: los que vienen retoman lo que para mí fue moderno. Un giro
dialéctico lo convierte en lo moderno. Ese es el reto del poeta y, como alguien
decía, la honestidad ayuda en ello, la honestidad de saber lo que quieres
expresar. El compromiso del escritor es para con la poesía misma porque qué más
compromiso que ser escritor, y no comprometerse con una ideología porque al
final obedeces a un patrón que puede cegar tu visión.
F.E.
¿Qué es poesía?
A.K.
Podría decirte “La poesía eres tú”… (risas), pero recuerdo
algo bien sobrenatural que me pasó en México. Iba con otro escritor y éste me
preguntó qué cosa era la poesía, y en ese momento, de una manera mágica y
misteriosa, se aparecen como diez mariposas y yo no dudé en responderle que esa
era la poesía. Pero ese es un punto estético de la poesía porque la poesía es
lo real, lo cotidiano, claro, hay que procurar siempre mantener la calidad en
tu expresión, en el cómo vas a decir esa cosa cotidiana, cómo reducirla a un
poema. Y eso es igual en todos los aspectos de la vida: tu actitud como
político, como funcionario.
F.E.
¿El texto refleja una actitud?
A.K.
Claro que sí, una vocación, una formación también. Y refleja
tu instinto porque la poesía es instintiva como la naturaleza. Uno puede decir voy
a escribir este texto, sobre esto, voy a mantener esta estructura, y es
mentira. Al momento de escribir se rompe esa estructura porque cada vez que te
sientas ante la máquina de escribir o la página en blanco tú no sabes nada de
lo que va a pasar. Esa es magia que viene de la nada, del subconsciente, como
lo quieras llamar.
F.E.
¿Es literatura la poesía?
A.K.
Sí, yo creo que sí. La literatura encierra todos los
géneros.
F.E.
Aprovechando que en estos momentos se acaba de ir la energía
eléctrica, poeta, ¿la luz de la poesía qué nos devuelve?
A.K.
Oscuridad, iluminación, caos… esos son los fenómenos que
debes tratar como poeta. Pero regresando a lo que dije al principio, yo le debo
mucho a las lecturas que hice de niño, las lecturas de la biblia, por ejemplo,
sin caer en la ortodoxia, leída como un texto literario esos textos me
alimentaron como por igual hicieron Las Mil y Una Noches donde hay un espíritu
creativo que trasciende todo. Ambas pueden ser obra de un díos pero sabemos que son obras de los hombres y esos son los
orígenes de los cuales partimos todos los poetas, que no sabemos nada y morimos
sin saber nada porque la poesía es un misterio.
F.E.
En su caso, ¿por qué escribe poesía?
A.K.
Uno escribe por catarsis, por desahogo. No siempre se puede
escribir poesía y no todos los días… hay una acumulación de una experiencia que
ni siquiera la razonas, pero hay un momento de sequedad, pero vas acumulando
emociones que un momento dado te hace estallar como un volcán. Y en ese momento
sí creo que la psicología toma parte junto a los aspectos formales en cuanto a
qué estructura le vas a dar a esa catarsis, porque no toda catarsis es poética.
F.E.
Intentemos reflexionar sobre cuánto tiempo necesita el poema
para construir la poesía y cuánto espacio necesita ese producto.
A.K.
Creo que eso es infinito, no se puede medir así. Lo que la
poesía requiere es mucha paciencia y ciencia a la vez, mucha reflexión, mucha
experiencia. Pienso que es como toda cosa en el universo que se mueve de
acuerdo a su ciclo, no puede forzar nada en el lenguaje porque eso resulta en
que sale algo forzado. Hay que adaptarse al giro natural de las cosas y si las
partículas que están en el universo está en nosotros entonces debemos oírnos,
oír nuestro cuerpo, nuestras vibraciones y de acuerdo a eso fijar nuestras
metas. Es decir, sobretodo en este momento en que vivimos en un mundo
desnaturalizado hay que regresar a nuestros orígenes y si lo hacemos vamos a
encontrar ahí un eco, esas voces que aún están, los ritmos que están en el universo.
Cada esfera transmite un ritmo, todo está hecho de música, de armonías… todo es
cosa de escuchar y de callar, porque la poesía no solo está hecha de palabras,
está hecha de grandes silencios.
F.E.
La poesía ha sido una de las voces de aquello que llamamos
texto y que se volvió lenguaje estético; ha sido una de las mayores reveladoras
de las intuiciones, evocaciones y aspiraciones de esa esfera de sensibilidad
que no puede ser reglada para la acción ciudadana, ya sea en la política, en la
economía… eso que suele suceder en esta época tan determinista. Sigue siendo la
poesía la afirmación de Borges: ¿la
inminencia de una revelación que nunca se da? ¿Sigue señalando algo en en
medio de un mundo tan positivo?
A.K.
Pienso que siempre se tuvo la visión que el poeta debía de
servir a un ordenamiento político y ahí se pierde la visión de la poesía como
tal y se vuelve en un órgano publicitario. Creo que en eso debemos tener mucho
cuidado, no caer en eso porque se desdice de la poesía misma y la poesía, creo,
es de las expresiones más libres… el sentido de la libertad es regido con la
poesía. Es tan libre la poesía que puedes expresar en ella tus contradicciones,
tus culpas… siempre guardando un equilibrio en tu manera de decir.
F.E.
Esta civilización globalizada por el mercado toma con sumo
agrado tanto el texto publicitario como el texto discursivo político. Cuando el
poeta español Juan Carlos Mestre escribía que la poesía ha caído en desgracia se refería quizá a los arquetipos
humanos que crearon el texto. ¿Usted considera que la poesía sigue siendo un
baluarte de la condición humana?
A.K.
La poesía no ha caído en desgracia, probablemente los que
cayeron en desgracia somos los poetas, porque la poesía siempre está viva, es
la trascendencia… y el mundo sigue girando, las flores floreciendo, las
semillas germinando… eso está vivo. Es el ser humano el que cae en desgracia o
se deja caer en desgracia. Pero un poeta siempre debe vivir dotado de gracia.
F.E.
Ahora, como pregunta de cierre, qué formatos y formas
advierte -el formato en el aspecto de
tránsito del papiro al libro impreso, por ejemplo, y la forma en su metamorfosis continua en el caso de las corrientes
estéticas como el modernismo en su ruta a la vanguardia- en la poesía para los
años que vienen?
A.K.
Yo soy muy tradicionalista. A mí me encantan los libros,
tocar sus páginas. Siento que puedo ser muy primitivo pero rechazo leer en
pantallas. Para mí el deleite es tener un libro en mis manos, hojear, y creo
que eso no va a morir, eso va a ser eterno, como en el origen los papiros. Esa es mi esperanza.
F.E.
¿Y qué diría de la oralidad?
A.K.
Ah, claro, toda literatura en su origen es oral y, nosotros los poetas y narradores, tenemos a la abuelita, al abuelito a los tíos
que nos cuentan historias, y eso lo llevamos. Nuestro espíritu es oral.
Seguiremos contando historias como las de Scherezada para evitar la muerte.
F.E.
Mors ultimo ratio…
(la muerte es la última razón de todo), o el yo escribo para que la muerte no tenga la última palabra… ¿para qué
escribe usted, Maese?
A.K.
Para seguir viviendo porque estoy cerca de morirme. Mis
textos no son inmortalidad, tampoco creo en eso, pero cuando uno llega a viejo
pues uno se acuesta con la muerte sin temor. Claro, el miedo es no saber qué es
y yo tengo curiosidad. Desgraciadamente no voy a poder escribir sobre esa
experiencia (risas).
F.E.
El Salvador. ¿Qué significa para usted El Salvador?
A.K.
Ah, qué pregunta tan difícil. Más dura en estos tiempos
porque El Salvador ha dejado de ser lo que fue, está hoy en una encrucijada muy
difícil donde los valores humanos son menospreciados, hay mucha corrupción y no
hablo de la corrupción económica sino de los valores, de nuestro ser, y es
doloroso vivir en El Salvador cuando las tasas de crímenes crecen cada vez más
y cuando las instituciones ya son incapaces de responder a esa violencia. Es
muy doloroso y muy difícil de aceptar esta realidad complejísima, donde yo creo
que necesitamos volver a nuestros orígenes, al saber de dónde venimos. De ahí
depende toda esta dificultad que viven nuestros países, no solo El Salvador
sino que también Honduras… Guatemala… países que fueron hermosos, bellos, y ya
nadie habla de esa belleza. A nivel internacional somos conocidos como países
donde impera la violencia. Y eso tenemos que romperlo, debemos de luchar por dar
una imagen diferente, y yo pienso que eso lo podemos lograr los artistas porque
no estamos involucrados en toda esta maldad que se desarrolló en nuestros
países sin saber de dónde viene. Porque a alguien le conviene esta violencia
que no es gratuita. ¿De dónde vienen todas esas armas? Quién arma a las
pandillas? ¿Quién mantiene este negocio? Otro de los problemas gruesos de este
país es la educación, la cultura. Como una muestra un botón: el presupuesto en
El Salvador para Educación y Cultura es el más débil y eso te puede llevar a
una reflexión y ya no creer en las clases políticas porque los políticos nos
han llevado a este atolladero. Entonces este es el momento en que la poesía,
por lo menos, puede llevar un rayo de esperanza, una luz dentro del túnel.
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