jueves, 23 de mayo de 2013

Una identidad que puede hacer revolución



Abordado el tema. Ahí en el COPEMH, ante los compas de FRACC y de otras organizaciones de "juventud" me he enfilado contra la gerentocracia que pulsa y orienta marchita en todas las organizaciones políticas del país. Estoy claro que es un tema que necesita de mayor insistencia y continuidad porque se trata de un tema tabú tanto para "la dirigencia adulta" como para "la juventud voluntariosa". Esta última asume el papel alienante que le monta todo tipo de dirigencia, para quienes el joven debe solo tratar temas que competen a los jóvenes, y es así que los mismos jóvenes defienden a ultranza -y de manera mecanicista- la necesidad que sean los jóvenes que forman a los jóvenes, que sean los jóvenes que se organicen en ghettos dialécticos auto-controlados, que sean los jóvenes los que siempre plantean "sus problemas" ante el poder orientador asumido. A propósito, Armand Mattelart nos dice: "A través de la fijación de sus diversos públicos, el poder burgués e imperialista ordena el funcionamiento de su sociedad, corporiza la división entre los individuos y las clases y concreta las dicotomías de su lenguaje y cultura de dominación privilegiando para estos usuarios sectorializados esferas y reglas de acción y comportamiento, tabúes y dominios reservados."

Comencé, precisamente, por profundizar en esto esto. La población hondureña es en su gran mayoría joven. La sectorización es anti-natural aquí (¿qué se supone que se equilibra al sectorizar?) y la enorme presión joven dentro del FNRP-LIBRE es una demostración de ello. No obstante, la dinámica gerentocrática  a lo interno relegó a espacios de confinamiento a las organizaciones, tanto como los sioux fueron llevados hacia las reservas para contener su vigorosa libertad. Una de las consecuencias de activar en este espacio restringido al verdadero poder de dirigencia revolucionaria es el espontaneísmo, lo que viene a mostrarse en tomar el desenfado como virtud política o en la necesidad de ser radicales a toda costa en todo momento en un afán intrínseco de presentarse activos ante el momento político. En la práctica del poder gerentocrático esto no interesa más que para alardear de una reserva enérgica en un relevo que jamás llega ni cede.


Para abordar el debate sobre la organización y la unidad decidí hacer referencia de Habermas y su apreciación de la modernidad, recordando -a través es este hilo- que la modernidad tiene un sentido temporal, exactamente igual a lo reflejado en nuestra demografía nacional donde, como dije anteriormente, es inmensamente joven y aún no consciente de ello. Esta coincidencia generacional que, según estudios sobre Honduras, comenzará a decrecer a partir del 2020, obliga a tomar el toro por los cuernos para realizar el genuino acto revolucionario de relevo, una ruptura que cambiaría las estructuras culturales y todos los modos de entender y practicar la ideología asumida. Es una oportunidad realmente histórica, casi un deber irrenunciable. Toda organización de la lucha pasa por la conciencia de clase dentro de una poderosa identidad de clase joven. La nueva lucha de la izquierda estaría signada por esta re-organización del poder orientador que dejaría atrás -a cambio de una apuesta descomunal- a todos los liderazgos avejentados que frustraron la revolución en Honduras durante los 60s, 70s y 80s. Esta sería nuestra unidad: la identidad generacional.


Respecto a la Guerrilla Comunicacional, tuve que ser tajante. La revolución se planta en la realidad, no en los nichos de las redes sociales. No se explotará al sistema "desde adentro utilizando sus mismas herramientas". Esa lucha también es un confinamiento puntillosamante calculado, sistematizado para hacernos la ilusión de que es un frente amplio. La fórmula de ilusión sería hacer creer que estar informado es estar participando cuando en la realidad la democratización de la información no entra ni en los más pequeños actos del poder fascista, cuyo único mensaje y pasmoso acto es el  yo tengo el poder y eso basta.


La compañera Gabriela Díaz dio la sentencia: "Yo ni puedo imaginar una juventud que no sea radical, tomando en cuenta que el poder fascista y su capitalismo es radical en todo, frío, monstruosamante anti-humano". Esa radicalidad, pensé yo al escucharla, debería estar creando una avalancha incontenible que sature todos los espacios políticos, toda la organicidad de los movimientos populares, todas las grietas que vamos haciéndole al pensamiento conservador y a la ortodoxia histórica. De ser así iniciaríamos, en la realidad, el barrido de taras, consignas, sospechas, etc. y le daríamos campo al movimiento puro de nuestra naturaleza generacional. Al concretarlo, revertiríamos la contradicción que hace que sean los jóvenes los que cierran los espacios organizativos a otros jóvenes, es decir, a la población que está siendo asesinada a diario por la espantosa violencia que vivimos. Como bien lo dice el compañero Nelson Arambú, en esta masacre no se está matando solo a la juventud sino que se está acabando con la revolución. Y la masacre, agrego, no solo está sucediendo en el plano de la sangre, sino que también en el de las ideas.

F.E.