sábado, 11 de mayo de 2013

Tres sonidos de Ameht Rivera - México

SONIDO I

Nadie, desde el oído precámbrico percibió, palpó, coloreó en su mente la fábula premonición de los sonidos. El Sol, entonces, era a penas un sol/feo y la Luna una albura intacta, silbido para fagot. 


SONIDO II

¿Fueron primero, los sonetos o las sonatas o las festivas sonajas del mexicano folclore?, fue muy antes el meloso circunloquio de Laúd blasfemo o aquel ángel —querubín soberbio—, expulsado con alhaja de jaspe, ónice, berilio, marfil oscuro, flanqueado de silbantes flautas y tronantes tamboriles, o el piano aún disperso por el cielo en gajos de menguante luna.  


SONIDO III

El molino eólico segaba trigales de sonidos, había un gorjeo de gorrioncillos alunados tejiendo nidos en la tierra arbórea, yacían y rasgaban, dulcían, decían. Despeinaba una guitarra la crin de ese toro enamorado de la Luna. Los tiestos rotos en el jardín, la ponzoña entumecida en la mirada arácnida, la raíz nutricia embriagando de luz el ojo de la gallina ciega: al fondo de esta escena, gime el violoncello un sexteto de notas dulces, pero oscuras.