martes, 7 de mayo de 2013

La verdadera cara de “la Libertad de Expresión” de la burguesía contemporánea - Edgar Soriano




A las puertas del golpe de Estado termidoriano del 28 de julio de 1794 Maximilien  Robespierre lanzaba un simbólico discurso sobre  el control mediático y conspirativo  de la burguesía en alianza con los viejos sectores de la nobleza para evitar la profundización de la revolución- que en palabras de Marx era el intento de subordinar el poder económico al Estado- que aunque tenía tintes de popular no estaba asentado en las dinámicas socio-culturales de la época. Pero lo que si estaba claro era el surgimiento de la “Sociedad civil burguesa”.
La “opinión pública” en manos de la clase burguesa - vinculada directa o indirectamente al Estado tras la revolución en Francia- es un elemento crucial para poder tener una mejor comprensión, según Gramsci,  sobre la hegemonía de la cultura burguesa en el sistema capitalista. 
En otras palabras la famosa “libertad de expresión” de la que tanto se ufanan las elites que controlan los medios de comunicación a nivel local e internacional es la representación dominante de burguesía para mantener el sistema e impulsar a toda costa el modelo neoliberal, donde el mercado corporativo controla la vida de los miles de millones de habitantes del planeta.  
 
Desde hace dos siglos la burguesía en alianzas con otros sectores de la aristocracia y pequeña burguesía han logrado edificar una serie de códigos que se difunden a través de las estructuras mediáticas. Dichas estructuras mediáticas: tv, cine,  radio, presa escrita, internet y asoc. de “sociedad civil” (incluyendo a la iglesia) se encargan de mantener la “moral” y todo orden establecido por la reglas del liberalismo burgués.
 
En Honduras el régimen “cachureco” (de derecha) impulsa una nueva “ley de telecomunicaciones” que plantea una serie de premisas que a primera vista pueden llamar la atención de mucha gente sobre el tema de los monopolios que ejercen los grupos facticos que tienen secuestrados el Estado hondureño, pero en realidad es una farsa montada por el grupo “disciplinario de la derecha hondureña” que se ha lanzado agresivamente a profundizar el modelo neoliberal.
 
En realidad dentro de la derecha hondureña  hay una contradicción  entre dos grupos que han mantenido conflictos por el control del monopolio y oligopolios que por décadas han edificado en el país. La Burguesía hondureña se ha conflictuado en el contexto neoliberal, que tras el golpe de Estado de 2009 el grupo que gobierna con respaldo de un sector oligárquico y de la embajada estadounidense intentan disciplinar la gobernanza a través  de políticas autoritarias que garanticen el mantenimiento del orden neoliberal establecido. 
 
La propuesta de ley que los medios de comunicación de los grupos de poder le han tachado de “ley mordaza”  tiene la característica de una gran farsa, por un lado el régimen Lobo-Hernández tratando de reorganizar el camino para que el nuevo grupo político hegemónico (claro en alianza con sectores inversionistas nacionales y multinacionales)  instaure un régimen viable a los intereses de los poderos y de las saqueadoras multinacionales; por el otro lado, tradicionales grupos burgueses –incluyendo miembros de derecha del opus dei- que han mantenido el control de un desgastado bipartidismo y de grandes privilegios por las concesiones leoninas que los gobiernos, que ellos controlan, les han llenado los bolsillos por millones mientras las mayorías poblacionales viven bajo la línea de pobreza. 
 
El tema de una verdadera participación comunitaria –como la ejercen frente a la represión del Estado las pocas radios comunitarias que operan en lagunas regiones del país- en la libertad de opinión e información que garantice el debate y la responsabilidad frente a las históricas manipulaciones de la presa nacional, no está en agenda del régimen. El tema de apoyo y rechazo a esta propuesta de ley no aborda con claridad meridional los problemas de un país golpeado por la clase dominante y sus estructuras de poder.
 
El movimiento social se ha visto débil, la izquierda también frente un tema que debe ser visto desde las entrañas estructurales de la llamada “opinión pública” que desde sus orígenes burgueses europeos ha sido la mayor farsa para mantener el control de las mentalidades colectivas de los pueblos.
 
En conclusión la ley para reformar la estructura de telecomunicaciones debe partir de garantizar la destrucción de los monopolios mediáticos, pero no para sustituirlos por otros perniciosos, sino para impulsar la participación comunitaria en el derecho a la educación, información, participación democrática, que en Honduras en el cercano futuro está lejos, lo digo por la amplia capacidad manipuladora de los grupos políticos y sus relaciones serviles con la estructura socio-económica y la superestructura ideológica que día con día garantizan la esclavitud mental y material  del pueblo hondureño… 

Edgar Soriano