sábado, 18 de mayo de 2013

El antiguo paraninfo de la Universidad Nacional: de la ocupación artística al desastroso control burgués - Por Edgar Soriano Ortiz



Iniciaba la década de 1970 y el país estaba azotado por el golpismo y sus artimañas, pero no fue obstáculo para que Rafael Murillo Selva irrumpiera en la escena al convocar a varios artistas para ocupar el antiguo paraninfo de la Universidad Nacional, que había estado abandonado por varios años. Sin duda la influencia del movimiento estudiantil más importante del siglo XX, la “generación francesa del 68”, peso en la energía del intelectual y artista hondureño, Murillo Selva. La acción decidida del Teatro Experimental Universitario La Merced (TEUM) propició que se impulsara uno de los movimientos pictóricos más importantes de la historia artística de Honduras, ya escritores de la talla de Rigoberto Paredes, Alán Núñez, Carlos Lanza o Ramón Caballero han abordado el tema.


El movimiento artístico de la Merced en la década de 1970 simbolizaba una propuesta fresca frente a la dinámica violenta de la imposición del departamento de Estado y de las elites serviles a los intereses del capital multinacional. Sin embargo quiero hacer una breve reflexión en términos dialécticos, partiendo del concepto de “hegemonía”, vital para poder interpretar el control cultural que ejerce la burguesía en los últimos siglos. Tras la revolución francesa el liberalismo burgués instauró una serie de códigos ideológicos que han penetrado en la mentalidad colectiva de diferentes formas, propiciando el mantenimiento de un sistema injusto. La injusticia es adornada y canalizada a través de las fuerzas mediáticas: desde las organizaciones “civiles” pasando por la iglesia hasta los grandes medios de difusión de propaganda y de control informativo.


Pese a las profundas reflexiones hechas en el siglo XX por figuras tan importantes del arte mundial, como Brecht, Bretón, Mariategui, Rivera, Trotski, entre otros, los artistas han entrado en la dinámica del “Estado-Nación”, lo que el poeta hondureño, Fabricio Estrada, llama “el homenaje” edificado por las elites liberal-nacionalistas para controlar e impulsar el individualismo de la sociedad del espectáculo. La penetración de los y las artistas en la dinámica ideológica, la superestructura del sistema, debe tener amplias reflexiones sobre la poca acumulación de estructuras materiales al servicio de la creación, la censura disfrazada y la dispersión de las y los sujetos creadores que han fragmentado y debilitado los intentos de organizar movimientos fuertes capaces de vencer la lógica retrograda respecto al arte de las elites que han gobernado a lo largo de la historia hondureña.


A mi criterio, los movimientos artísticos-culturales como el de la “Merced” en la década de 1970 son vitales para la acumulación de conocimientos y reflexiones capaces de preparar caminos a la construcción de una nueva humanidad. Los y las artistas presentes en aquel espacio de sueños y realidades, de vida frente a la barbarie que instigaban, como hoy, elites en potrero, como siempre ha dicho Rafael Murillo Selva, llenas de rapiña y oscurantismo. Los militares y la derecha pusieron el país al servicio del imperio durante la década de 1980, la represión creció y los artistas fueron atacados salvajemente, la dispersión fue aguda y las artimañas mediáticas se impusieron. En lo económico se avanzaba rápidamente al neoliberalismo, Callejas hizo el ajuste estructural y vendió la idea de crear una nueva forma de “dinamizar el arte y la cultura” el traspaso de espacios patrimoniales a manos de la viejas familias criollas, porque no decirlo: decimonónicas periféricas. Muchos artistas ávidos de tener los espacios necesarios para impulsar el desarrollo de arte vieron con buenos ojos la iniciativa de la derecha neoliberal. Lo hegemónico de este paso y el desprestigio de la débil institucionalidad pública fortalecieron la posición cachureca de mantener fundaciones burguesas para tutelar el arte y propiciar espacios controlados. La Fundación Galería Nacional, La fundación del Hombre Hondureño y el Museo de la Identidad Nacional son el reflejo de esa hegemonía de la clase dominante que por lógica atropella la dignidad de los creadores e intelectuales.


La reflexión final que hago y que invito a las demás personas involucradas es trabajar en exigir el derecho ciudadano de tener espacios públicos sin control de pequeños grupos. Hoy que la Galería Nacional de Arte está siendo cerrada por dos cosas: la indiferencia de los gobiernos y la mala administración de la fundación a cargo, que aun con dinero del Estado, por lógica ha generado un letargo en el espacio. Se debe desaparecer la frase “apoyo al arte y la cultura” ya que este es un derecho del pueblo, que sostiene con trabajo y con cargas fiscales el país. El cierre de este espacio inerte a las nuevas dinámicas de la juventud creadora debe llamarnos la atención, que se debe trabajar en propiciar espacios, ganar terreno frente al desastre que impera en Honduras. No será el Estado controlado por píos neoliberales quienes soluciones el problema de espacios de creación y conocimiento libertario, será el trabajo colectivo de los y las artistas operando dialécticamente con la población en general quienes tendrán el camino para tomar la libertad de construir una nación democrática…





E.S.