sábado, 2 de marzo de 2013

Poesía habitada

Fotos: Scarleth Romero


 Ayer, en Paradiso, decidí llevar a la práctica algo que venía pensando hace mucho: una serie de lecturas de poetas que he conocido en festivales. Magdiel Midence me acompañó y nos compartió las lecturas que, según su apreciación, deben sobrevivir del reciente Festival Internacional de Poesía de Granada. Por mi parte, transmití los textos de los y las amigas poetas que conocí en mi visita a Tapachula, durante el Festival Mesoamericano de Poesía del Soconusco.

Imposible fue, claro, lograr el nivel de lenguaje no textual que un poeta comunica con la textura de su voz, con sus gestos, con su presencia, pero sí pude dar la alarma de aquello que resulta de guardarse las grandes impresiones poéticas que se van conociendo en los festivales. Las consecuencias de ese continuo hermetismo -y negación del diálogo extra fronterizo- es prolongar el aislamiento de nuestras voces, es fomentar la idea de que el ámbito nacional es auto suficiente y que el diálogo es con ese silencio contemplativo que termina convirtiéndose en canibalismo. Pude advertir, por igual -y ahí mantuve la insistencia más descarnada- en la necesidad de "salir" de Honduras utilizando las redes que ya existen, buscando publicar en otros países y por lo tanto en otros ámbitos metafísicos, o en su defecto, buscando participar en premios internacionales.

¿Por qué la insistencia? Mantengo mi tesis de la íntima relación de la voz poética con la estructura social. En Honduras sobrellevamos una debacle que está arrastrando todo espíritu humanista, si en algún momento los y las poetas estuvimos llegando a la superficie de esa estructura y pudimos ser visibilizados en este momento sucede todo lo contrario. Nos hundimos, y el canto es el primero en sufrir las consecuencias. Utilizo la palabra canto recurriendo al más puro sentido del poeta como narrador de la época. Habrá que "salir", y salir significa más todavía: tendremos que arrancar a mordidas el cordón cívico-umbilical que nos une a esa eterna loa a la nacionalidad y a lo circunspecto.

Recuerdo muy bien todavía la cantinela de "escribir hacia lo contemplativo", "no publicar, esperar que el tiempo lo decida", "mientras menos escribas más condensada saldrá tu voz" (...), todas esas frases castradas y ablasadas que en el fondo deseaban que las nuevas voces no intentáramos nuestra liberación de la tradición.

Habrá que salir porque el espíritu humano siempre sobrevive y reaparece con más impulso, porque "la vida siempre se abre camino". Salir destruirá la indiferencia, lo sobreentendido, la idea de que "en Honduras salen poetas de cualquier piedra que levantés"... Habrá que probarlo entonces, con desparpajo, con humildad, con lo que sea pero habrá que ir a dialogar masivamente para regresar y levantar la debacle humana que somos.

Leer en voz alta es posesionarse del otro u la otra que se revela en un texto, servir de medium, creer y volver a poner de moda lo humano (sic) como afirmaba Homero Aridjis. Si logré esa intención ayer, entonces, junto a Magdiel, hemos extendido en algo el territorio en el cual auténticamente -y sin Estado- habitamos.



Y a propósito, la perspectiva del poeta Juan Sobalvarro de Nicaragua: