lunes, 18 de marzo de 2013

Marvin García - Guatemala


Yo imaginaba que Marvin tendría un manojo de cordeles en sus manos. Que de sus manos se extenderían las líneas y que al final de ellas se suspenderían barriletes. En los barriletes habrían nombres de poetas, versos como señuelos a las nubes-peces. Marvin es un pescador, me dije siempre antes de conocerlo, va de orilla en orilla, especie de Govinda que explica el río a quien desea pasar. No es un monje pero tiene algo de asceta bizantino: puede pasar todo un año subido a un pilar, oteando a la poesía centroamericana y sus poetas. Desde ahí nos llama y nos reúne y nos presenta a otras y otros que van llegando desde toda América.

Eso es lo que imaginaba, pero resultó mucho más. Encontré a un hermano, a un amante de las rocolas y sus desmanes, a un fino y consumado amante de la poesía. No resulta fácil encontrar buenos gestores de festivales con buena poesía para crear el imán, así que cuando lo fui leyendo lo fui transfigurando, y lo encontré amoroso, pendenciero como un solitario que espera un gesto para irrumpir desde la sombra y quebrar botellas y bailarles un compás de boda griega. La nostalgia, caramba, la nostalgia de Marvin cuando  traduce todo esto a poesía... eso fue lo que encontré en él, el dolor y el amor juntos, el hombre que puede extrañarlo a uno precensialmente, el que puede callar en el adiós y acumular poemas de ello para que sirvan de bienvenida en la próxima irrupción del frío, del frío y noche de Xela, su musa transparente e imbatible.



Los perros aúllan todas las noche
Ha de ser su forma de  detener el tiempo
Cuando mi perro llegó a casa
Era solo un cachorro
Bobby, era su nombre
-que  nombre tan común para un perro-
Pero de lo común nace lo importante
Y pasaron los años
Los perros  tampoco pueden contra el tiempo
Lo despedimos una noche de enero
Enero es un mes extraño
Quince años  después 
Ya no era un cachorro
Era  un perro viejo que lloraba con nosotros
Las despedidas son el preludio de la muerte
Cada vez que cierro los ojos
Pienso en todo lo que he perdido
También veo el patio de mi casa
Me veo niño, veo a mi madre y a mis hermanas
Jugando con el perro blanco
Es una mañana de domingo
Y el sol nos ilumina
Los rostros de otras épocas me saludan
La memoria juega conmigo
Como nosotros jugábamos con el perro
Que hoy no está.

                                                                                              A mi hermano Guillermo Naranjo,
                                                                                              Por  el valor de convertirse en  luz.
I
Cuando decidas volver
Recuerda cerrar bien la puerta
Apaga el radio
Deja los vasos en su lugar
Deja apagada la luz
Dale de comer al gato
Cuando decidas volver
Acuérdate bien de tu nombre
Recuerda tomar tus pastillas
Y calentar el agua para el té
Cuando decidas volver
No pienses tanto en el fracaso
Asi te evitaras la deprimente sensación que produce a ratos la vida
Cuando decidas volver
 la muerte será  una tarde nublada.




II
Los años pasan tan rápido
Se parecen a los carros
que atraviesan la calle
al otro lado de la ventana
uno reconoce todo
y sabe que el silencio es lo único que perdura
y que la calle no es más que una isla que se hunde
en la oscuridad del pasado
por eso es necesario ir de putas
y verlas a los ojos
por eso es necesario rebalsar las rocolas con monedas
oír cuarenta veces la misma cancíón
y sentir como si estuviéramos
en el mismo bar de entonces
cuando la vida era de alguna forma buena
los años pasan tan rápido
nuestro rostro madura
y se nos va  todo
como se van
los amores
veo a mis amigos
somos luz opacada por el tiempo.




III
Si
A lo mejor somos
coronas tiradas al mar
Flores de cementerio
Ángeles decapitados
Veladores en la noche
Vasitos de agua
Lápidas





Antes de las Seis


No vengo a pedirte
Que te quedes conmigo
Solo vengo
A ver tus manos de lejos
A ver como el sol cae sobre nosotros
Vengo a mirarme en tus ojos
A contar cuanta gente nos mira
A esperar  el momento
Cuando toques a mi puerta
Y  preguntes por mi
No he venido a decirte
De los dolores  en mi memoria
No vengo a pedirte nada
Solo vengo a mirarte
Como un niño
Se sienta a ver su juguete favorito.




La banca frente al teatro

Soy el hombre que se pierde en todas las ciudades
Soy  el hombre  que  mira a todos lados
Soy el hombre que se enamora con cualquier cosa
Soy el hombre que no sabe  romper un corazón
Soy el hombre que nadie voltea a ver
Soy el hombre que oye a los BEATLES una y otra vez
Soy el dolor y el amor juntos
Soy el hombre que imagina todo y no espera nada.




*
Y hablamos de los poetas que se fueron
De la locura y de la forma en que murieron
Cuando un poeta muere
Deja un rastro de luz
Hablamos y tomamos cervezas
La tarde se consume como se consumen las velas
Recordar es tan sencillo
Las palabras son hojas que caen de los árboles.





Calle real
I
Ahora es cuando me toca sentarme
En la línea que divide la muerte de nosotros
La calle real es la que atraviesa la ciudad
La que termina en el cementerio
Toca  sentarse, encender un cigarro
Y ver pasar a los muertos
¿Cómo es que el dolor cabe en un lugar tan estrecho?
 los árboles se abrazan
y se confunden con los  niños que no saben
[ lo que significa un calvario
 ¿por qué el sol se oculta siempre del mismo lado?
¿Por qué somos tan pequeños?
¿Por qué olvidamos la hora en que la tarde se desvanece?




                                                                                       Xelajú, 5 de mayo de 2012

II
Si hubieras decidido venir
Estarías fumando
Jugando con la pulsera verde que siempre llevas en la mano
Estarías
Con los ojos perdidos
Y tratando de olvidar que los hospitales son sitios fríos
Si estuvieras conmigo
Llevarías tu collar rojo
Tu pelo amarrado
Tu blusa negra
Escucharíamos una y otra vez  “stella by starlight”
Probablemente me tomarías de la mano
Porque no hay nada más poético y amoroso
Que tomarse de la mano y hablar de música
Aquí no hay taxis rojos
Y la gente no hace fila para subir al bus
Aquí Solo estoy yo
Extrañándote.




La eterna guerra contra el reloj

Vaya condición humana de llegar tarde
Maldición  la nuestra de perder el pulso de las horas
Un minuto es un minuto
Pero es más fuerte que todos nosotros
El hielo tiene tiempo exacto, Por ejemplo
Pero nosotros
Nueve meses en espera
y el retraso nos sorprende
Tarde llegamos siempre a la vida
Tarde llegamos
Uno quiere soñar, soñar siempre
Aunque  llegar puntual a los sueños
Es más importante
Que el mismo hecho de soñar
Las ideas llegan tarde
Los amores llegan tarde
se aprende la canción, tarde
se aprende a sonreir, tarde
se llega a los parques, tarde
se llega a las citas, tarde
se sufre, tarde
se entiende, tarde


todo se aprende cuando ya no se necesita
vaya condición la nuestra
de pelear contra el tiempo
de culpar a los relojes
siendo nosotros  los que llegamos tarde
los que vamos dejando la huella imborrable
de sentir cuando es demasiado tarde.






Marvin Samuel García Citalan (Quetzaltenango, Guatemala 1982.) Poeta, gestor cultural, editor y en ocasiones DJ. Fundó junto a otros poetas quetzaltecos el grupo literario «Ritual» con lo cual inicio el nuevo movimiento artístico-cultural de Quetzaltenango. Desde 2003 dirige la asociación Metáfora y el Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango, único evento de su tipo en Guatemala, considerado como uno de los mejores festivales de poesía en América Latina. Ha colaborado en varios movimientos artísticos y proyectos editoriales de Centroamérica. En 2010 junto a varios poetas fundó la red «Nuestra América» de festivales de poesía, actualmente ha iniciado el proyecto editorial Metáfora editores.
Varios de sus textos han sido incluidos en antologías de México, Cuba, Colombia, España y República Dominicana. Sus poemas han sido traducidos al inglés e Italiano, ha participado en festivales y encuentros de poesía en varios países de América Latina.
Obras
  • No somos los mismos (Editorial Catafixia, 2010)
  • Solamente el cielo (Editorial Vueltegato, 2011)
  • El tiempo no se vende (Editorial Casa de poesía y Editorial UCR 2012)