miércoles, 17 de octubre de 2012

Jonatan Lepiz - Costa Rica

Con Jonatan se habla poco y se entiende todo lo que sobra en las palabras. Para mí fue gratificante reencontrarlo en Xela después de pasados tres años, tiempo atrás en que estuvimos en una lectura extrañísima en La Sabana: no había público y asumimos el papel de la teatralidad del absurdo en su máxima expresión.
Ese día bastó San José, el estar junto a Mayra y conocer a Jonatan, de quien me llamó mucha la atención su fluida poesía conversacional del tipo documental o mejor dicho, de filmina rota, porque las historias que iba contando seguían viéndose aún cuando la tarde se había agotado y la luz había saltado sobre el carrete. Puras imágenes para escucharlas con un tipo de ragtime o blues de bar perdido en Dusserdolf , el mismo donde tocó Gunter Grass o en todo caso, las barras segovianas donde Nacho Vega y Enrique Bunbury garabatean sus canciones.

Compartimos camarote con Jack Sparrow y Kravitz, eso es lo que recuerdo, y pudimos hablar de poesía y de proyectos. Luego era la brisa fría de San Cristobal Totonicapán dentro de la piel y el no poder creer que nos recibieran con tanto respeto. Jonatan disparó algunos poemas a Clint Eastwood y luego conversó en kakchiquel en las esquinas. El hombre es transrealista a la hora de los tiros, como diría Sergio Badilla, pero pocas veces se planta en la realidad un ser humano tan sereno como Lepiz cuando lee. De ahí en adelante sólo queda encariñarse de él, entender que la poesía tica ha encontrado un ser humano dispuesto a batirse en duelo por la palabra.




leonard  recuerda a janis

tenemos la música dijiste
y ahí nos atrapamos
por esa noche en el elevador
de un viejo hotel donde nos olvidamos de las sombras
una canción de tres minutos
que le dio la vuelta al mundo
una loca historia de dos cuerpos
que se toman por asalto
y miran la ciudad y la gente
desde el cristal de la habitación
junto a una botella de southern comfort  
 abajo   una lenta marea que deambula
y se mueve aquí  allá
sin llegar a ningún sitio  
autos  buses y taxis
un paisaje amarillo
en el que se refracta la luz y la sangre

en esta ciudad enloqueció lorca
entre el espanto y el insomnio
enloquecimos nosotros
sellados al vacío de la música
y de un sudor de diez pisos en caída libre    
como si alguien hubiera cortado los cables del elevador
en el que viajamos
y todo el ruido de afuera
las armas  el hormigón que se desploma
los flashes de las cámaras
las personas
cuyo único testimonio es que mueren y han  muerto
y ese crujir
donde se filtra el humo de las cosas
no pudiera contra nosotros

estábamos y estamos de lleno en el camino
vos te bajaste antes
nos arrebataste tu loco ronroneo alucinado
en el cual creímos encontrar
la respuesta a los secretos
—estoy seguro que ahí está—

tenemos la música dijiste
antes de marcharte
aún espero mi turno
y es también
lo único
que tengo



confesiones de una máscara

soy un velo
y otro velo
que tiendo sobre el juego de sombras de la noche
de lo que parecen sombras
y no es más que el desamparo que habita en todo lo que vive
y en él
nadie logra verme
ni osa respirar mi aroma de sándalo
aspiro el humo
en el que regresan y se repliegan 
vapor oscuro que anida en los pulmones
como un pez como el frío

escribo como una locomotora
como mailer sentado frente a su máquina
en pleno trance de los desnudos y los muertos
aún
en los minutos
en que las palabras desaparecen
en medio de la danza de tinta sobre el papel
salgo a cazar a las malditas
envuelto en el silencio
y el sudor
con los que cincelo mi cuerpo

busco la poesía
arrodillado
bajo las hojas
las palabras burbujean
y vierten sobre el mundo
su amenaza
soy su amenaza
su redención
el filo de la espada
el último invisible

—los cerezos envejecen
sus pétalos
sobre las calles de tokio
son el testimonio
de nuestra derrota—

busco la manera de vencer el polvo
derretir las cadenas
volver al Tiempo
soy
la última gran sombra
el último suspiro
la distancia que media
entre el ojo de la noche
y su presa

me marcharé
como una flor de sombras
me extenderé sobre la infamia
él repetirá mi nombre
y entrará en lo eterno



equipo de demolición
a alfredo trejos
y joan bernal

nadie nos llamó
pero aquí estamos
con unos cascos ridículos
como si fuéramos exploradores
de las minas del desahucio 
y unos lentes
que más que proteger
son  una advertencia contra aquellos
que osen arrebatárnoslos
porque no se le pide a alguien como nosotros
que desenfunde la mirada
sin que el mundo se avergüence

nadie nos contrató para esto
por eso es incómoda esta caja de herramientas
y mirar este edificio
víctima de los síntomas de la malaria

estamos solos
aún así
vinimos a cumplir nuestro trabajo
nadie lo asignó
porque nadie asigna estas cosas
operaciones que siempre flotan
en el invisible terreno
de los barrios peligrosos
de los suburbios a los que prendemos fuego

nadie gritó tierra abajo
pecho a tierra
o lanzó una botella al mar
de nuestras perversiones

nos gusta pensar que sí hubo llamada
que alguien desde algún sitio
espera este momento
y acá estamos
vinimos a poblar de dinamita
este lugar
adentro escuchamos ruidos
como si estuviera habitado
por la nada

gotera
grifo
fuga abierta en medio de la noche
acá está su goteo

atrás escuchamos sirenas
perros
los expertos en detectarnos
en husmear y olfatear
esta transpiración
parecida a muchas cosas

así hacemos nuestros encargos
dejamos pasar los trenes
que podrían salvarnos
y
aunque poco funcione como debería
seguimos el camino
hasta hacernos de otro sitio
que volar en pedazos



la distancia
a roberto bolaño

soñé que mis amigos hacían una pira conmigo.
con mis libros.
también   soñé con detectives.
uno de ellos planeaba mi muerte.
borraba las pistas.
pagaba sobornos.
el otro. nunca resolvió el caso.
se marchó a un bar
y lloró hasta que la ciudad fue el dolor.
un país muy pequeño para quedarse.
soñé con una playa desierta.
una playa que enflaquecía.
el mar se replegaba como si conociese la verdad.
o hubiese un duelo   en sus arenas.
alguien intentó recordar ese nombre
que flota como una despedida.
soñé que era un samurái y luchaba contra la nada.
el abismo.
y combatía y combatía y lloré. largamente. al atardecer.
cuando la derrota. era inevitable
side b

no existen caminos para llegar al fin del mundo.
ahí estamos.
lo sabés.
nadie conoce tu nombre
incapaz de repetirlo frente al mar.
los precipicios.
¿a dónde van las ballenas.
los pájaros cuando se marchan?
¿a dónde?
todo está distorsionado
la cámara tiembla.
buscás en la guantera.
¿a dónde van los mapas que nos pierden?
¿a dónde?



vidas inútiles

piensa en poetas.
encerrados en pequeñas buhardillas.
descifrando palabras exactas.
no entiende a los poetas vastos.
como si el olvido
fuera más lento por el polvo acumulado.
historias y tragedias de gente que conoce y quiere
se le acumulan sobre las suyas.
pequeñas tragedias. adornitos de salón.
pequeños artefactos que colecciona
para no confundirse con las sombras.
en días así. pocas cosas valen la pena.
pierde sus pensamientos en cosas tristes.
imagina cementerios de barcos
en rincones desiertos del planeta.
piensa en los poetas extensos
como el océano.
perdidos en esos cementerios.
envueltos entre herrumbre.
algas y alimañas que no reconocen.
los poetas desesperados.
recorren escotillas sumergidas.
ya el aire les empieza a faltar.
las hojas que escribieron
se deshacen en el fondo.
los poetas impotentes
en busca de su ego.
como un barco inútil en medio de las aguas.
piensa en los infortunados poetas
que buscan el secreto
y se hunden con sus voluminosos libros
y el olvido los acaricia
y ellos
lo confunden.
con la inmortalidad  


Jonatan Lépiz, 1981, Costa Rica. Editor y director de Ediciones Espiral. Ha sido miembro de varios talleres literarios, entre los que destaca el taller literario Netzahualcóyotl. Miembro del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica desde el 2005. Ha participado en los festivales internacionales de poesía El turno del ofendido en San Salvador en el 2008; el XV Festival Internacional de Poesía de la Habana en el 2010 y el VIII Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. Textos suyos aparecen en varias revistas y páginas web. Publicó Batallar contra la Noche con la Editorial Costa Rica en el 2007. 

1 comentario:

Lucy Cristina dijo...

De esos seres que se le escaparon al sistema...