miércoles, 27 de abril de 2011

Rafael Menjívar nos deja



No pude llegar, Rafael, este trabajo esquizoide me lo impidió. Te lo dije y vos fuiste comprensivo. "Tranquilo, será la próxima", me dijiste. San Salvador seguía ardiendo. Yo quería verles, a vos, a Krisma, verles quizá con la memoria clavada en aquel 2003 durante el taller de poesía. Así los miraba y te escuchaba. Fue un honor para mi tu condescendencia y observaciones luego que leí.

Recuerdo tu tono de voz como una trilladora avanzando sobre milpas, cosechando, cosechando. Mayra estuvo con ustedes y mucha de mi preocupación iba con ella. Me contó lo que hablaron, lo que te hacía reír en estos últimos días, pero sobretodo, me contó sobre ese momento en que te incorporaste de la cama en el hospital y dijiste: "Aquí no hay tristeza, vamos a irnos de aquí y vamos a armar una gran fiesta".

Todo ha sido fiesta, Rafael, la fiesta brava en la que todos estamos metidos, esa muchedumbre zumbante en la que te encontraste dando mandobles a diestra y siniestra sin dejarte amedrentar. Eso es de toreros, de segador de mieses, eso es de torbellinos y de cantores arrechos, Rafael, no le parés bola si no estás, vos sabés que la música y la letra la pone Krisma y tus hijos, la poesía pues, la que tanta vida te dio.

Colgué el teléfono y me quedé pensando en ustedes. San Salvador era una enorme hamaca donde vos te bamboleabas. Mis respetos, compa, y gracias por esa cercanía que nos tuvo cerca y coincidiendo, misteriosamente, en todo este tiempo. Mayra lo sabe, Krisma lo sabe, la poesía lo sabe.

F.E.



Rafael Menjívar Ochoa es salvadoreño y habla con acento mexicano. Esa ya constituye una pauta sobre lo que, a veces, le depara el exilio a un escritor. Si bien nació en San Salvador (1959), cuando el ejército ocupó la Universidad Nacional de la cual su padre, Rafael Menjívar Larín era rector, tuvo que abandonar el país y llegar a Costa Rica. En 1976, la familia se instaló en México donde Menjívar Ochoa vivió durante 23 años. Estudió música, teatro y letras inglesas.

EL EXILIO
Desde 1978, ejerció el periodismo. Fue jefe de la sección internacional del periódico mexicano El Día entre 1983 y 1984. Ahí y entonces conoció a un ícono de las letras bolivianas: René Bascopé Aspiazu. “René fue amigo mío en México, y curiosamente yo fui su jefe”, cuenta Menjívar. “Digo ‘curiosamente’ porque yo tenía 21 años y él cerca de 30. En el periódico El Día, de México, nos quedamos de repente sin redactores, por una renuncia masiva. Publicamos una convocatoria y entre otros llegó René, a quien por supuesto contratamos de inmediato; ya había sido subdirector del semanario Aquí”. La relación entre jefe y redactor se afianzó hasta cobrar un nivel de confianza y amistad muy sólidos. Tal vez compartir el desarraigo y la soledad del exilio permitió entre ambos una rara empatía que pudieron desarrollar hasta el retorno de Bascopé Aspiazu a Bolivia.

EL RETORNO
Rafael Menjívar retornó a El Salvador en 1999. En 2001 fundó La Casa del Escritor, proyecto para la formación de escritores jóvenes. Pertenece a la llamada “Generación del Cinismo” o “Generación del Desencanto”, junto con Horacio Castellanos Moya y Miguel Huezo Mixco, entre otros que comenzaron su producción literaria en la época de la guerra. Es compañero de vida de la poeta salvadoreña Krisma Mancía.

PRODUCCIÓN LITERARIA
En 1984 obtuvo el Premio latinoamericano de Narrativa de la Editorial Universitaria Centroamericana con la novela Historia del traidor de Nunca Jamás, que fue traducida al francés por Thierry Davo. En 1988 obtuvo una presea del Centre National des Lettres de Francia.
En 1986 publicó en la editorial Claves Latinoamericanas, de México, un poemario titulado Algunas de las muertes. En 1990 ganó el premio latinoamericano Ramón del Valle Inclán, del Instituto de Cooperación Iberoamericana y Educa, por la novela Los años marchitos.
En 1996 publicó Terceras personas, un libro bastante que escribió de 1985 a 1990. Hasta ahora es el libro del cual se siente más orgulloso aunque, sostiene, “no necesariamente es el mejor”.
En 1998 publicó la novela Los héroes tienen sueño. Un año más tarde, publicó Del amor, de la muerte, una antología de relatos clásicos sobre la muerte, en traducción propia. En 2000 publicó el Manual del perfecto Transa. Lo más reciente de su producción es la novela Trece, traducida al francés; Miroirs, relato; y Cualquier forma de morir, novela. Figura en numerosas antologías tanto en castellano como en otros idiomas.

SOBRE SU PRODUCCIÓN
De Cualquier forma de morir se ha dicho: “la novela de Menjívar se adentra en la zona del humor negro que nos lleva a los abismos de la mente masculina misógina… la violencia es mayúscula y el ingenio, aún más cruel”. Fragmento: “Todo el mundo se suicidó ese año. Morirse se puso de moda. Hay épocas así. No es que la gente hiciera cola para saltar de los edificios, pero la cosecha fue buena… Igual terminé suicidado, pero pudo ser peor”.


http://estanteboliviano.blogspot.com/2008/08/rafael-menjvar-ochoa-invitado.html