domingo, 24 de abril de 2011

Cadillac Ranch - José Gonzáles, Honduras


El poeta me ha dado un lujo: "publicá la segunda parte si te parece" ¿Si me parece? ¡pero poeta, qué cosas dice! ¡Me encanta esa frescura que ha puesto a rodar en esos Cadillacs! Puedo ver incluso el paisaje de la Ruta 66 (la U.S. Route 66, The main street of America, The mother road, la Will Rogers Highway...) con su memoria descapotable y sus valvulas bombeándole al corazón todas las velocidades que uno es capaz de aguantar con la cara al viento.

En 1985 la Ruta 66 fue sacada de la red de carreteras federales, así como el cd fue elevando su auge y quitándole el ruido al long play del rock clásico, pero entonces, comenzó el mito, y los Cadilacs por siempre fueron aquella presencia alargada que atravesaba la libertad con sus fantasmas rebeldes.

Poeta Gonzáles, gracias, usted dirá cuándo subo el resto.

SEGUNDA PARTE


I

A mí me hubiera gustado haber manejado uno de esos Cadillac.
El blanco, por ejemplo.
Gregory Corso tenía uno.
“Fantasma” se llamaba.
En él escribía versos y hacía cabalgatas
al sur de las praderas.
Qué lástima que tuvo que venderlo
unos meses después
por culpa de una borrachera en la frontera.

II
DRIVING MISS DAISY

La señora Daisy tuvo uno del 55.
En él viajaba
tarde y noche
y cuentan sus viejas amistades
que hasta dormía en él.
Le gustaba subir y bajar
las empinadas
y bien podadas colinas de su pueblo
y visitar las tristed iglesias luteranas.
Lo vendió en el 62 en una subasta
a favor de los negros de Alabama.

III

El Pink Cadillac de Clint Eastwood
corrió millas y millas
hasta que quedó derrumbado
en una  acera de Hollywood,
con el motor sangrante
y unas bielas retorcidas en la memoria.

IV

No se puede confundir un Cadillac
con un T. Rex,
pero ambos en su tiempo,
fueron dueños y señores de sus mundos.





V
El  sueño de mi padre fue tener uno.
Pero tuvo que conformarse
con un Chevrolet del 56
en el que daba, siempre que podía,
la vuelta al mundo en soledad.

VI

Elvis Presley nunca tuvo un Cadillac.
Qué raro.
Pero tuvo un Mustang, un Oldsmobile,
un Ford celeste, un Serrano gris,
            un Pontiac del 50, un La Salle Benjamín,
un Terranova y una guitarra cromada
en el asiento de atrás,
pero nunca tuvo un Cadillac.

Algo verdaderamente malo
 tuvo que haberle pasado a su memoria.

VII
James Dean no murió en un Cadillac,
pero ese día,
en todas las carreteras y autopistas del mundo,
apagaron sus motores
 y se negaron a rodar por un instante.

VIII

Las funerarias de Alabama,
tenían unos Cadillac largos y brillantes
donde conducían a los negros
que se morían de viejos o de tifus.
Después
eran lavados, aceitados,
 y el perfume de los muertos
            desaparecía para siempre de sus loderas.



IX

En la Gran Ruta Blanca,
había un aparcadero,
tan grande como el Kremlin.
Cuando por fin cerró,
los Cadillac que quedaron
fueron devorados por el frío
            y las ratas del desierto
            encontraron bellas madrigueras.


X

En mi cama,
a unos centímetros de mi soñadora cabeza,
se levanta la gran puerta blanca
de un Cadillac 56  en picada.