viernes, 28 de noviembre de 2014

La Gran Belleza

Viajar es útil, ejercita la imaginación
Todo lo demás es desilusión y fatiga
Nuestro viaje es enteramente imaginario
Ahí reside su fuerza
Va de la vida y la muerte
Personas, animales, ciudades y cosas es todo inventado
Es una novela, nada más que una historia ficticia
Lo dice Littre, él no se equivoca nunca
Y además, cualquier puede hacer otro tanto
Basta cerrar los ojos
Está en la otra parte de la vida
Louis-Ferdinand Celine
"Viaje al fin de la vida


Un día llegará el vacío y tendrá tu vacío. No importa que en ninguna parte de la película se mencione a Pavese, pero aquí están los diablos sobre las colinas de Roma, bailando entre ruinas sofisticadas.
Que al final aparezca el sello de Medusa Films te quiere decir tantas cosas que Fellini ya dijo en su Roma, pero que Paolo Sorrentino quiere contestar desde estos años de enorme desenfreno a lo Berlusconi.

Ahí está toda la vieja fiesta patricia de Lucio Cornelio Sila y las chicas de la camorra más fina ¿y adivinemos quién dirige la orquesta? El escritor más desencantado del mundo, Jep Gambardella, organizando rumbas con todxs aquellxs que quieran agarrarse de su cintura. Nada ha quedado en pie. Los nuevos vándalos vienen vestidos de Armani y los escritores flotan en las terrazas en busca de la motivación esencial, adornos exquisitos de la alta burguesía, grandiculentes en su cuidadosa puesta en escena, indispensables hasta en los funerales, pero... tan estatuas mutiladas como los restos colosales de Constantino y llorando la antigua lluvia ácida que recorre al ecuestre Marco Aurelio en el Museo Capitolino.

¿Qué ha quedado de Roma aparte de sus miles de turistas? ¿Dónde caben los poetas si ya el museo cubrió con plástico la palabra poetas? Jep lo sabe y toda la narrativa de la película lo va señalando en constantes acronías que desdibujan el espacio donde los protagonistas quieren permanecer sin lograrlo. La mirada va veloz y apenas se detiene en los cruces de palabras. Es la palabra el tiempo entonces, es la espera inquietante de que los personajes hablen y dejen de ser simulacros.

La Grande Bellezza es para mí una de las más grandes realizaciones que se pueden encontrar actualmente, un portentoso acto creativo (desde el inevitable Fellini) que echa mano de toda la contemporaneidad posible y que dialoga, en cierta forma de enfocar el movimiento de los escenarios, con El Arca Rusa, de Sukorov, como si en el cine actual los grandes directores estuvieran insistiendo una especie de continuum, en el que se puede explicar todo sin necesidad de darle demasiada importancia o detenerse en los acontecimientos que privilegia la historiografía académica. La humanidad va siendo arrastrada por la noia, el aburrimiento existencial primigenio que necesita de una explosión, un destello muy cercano a lo que provoca el gran momento en que surge la atracción estética, ese punto, entonces, que Gambardella sabe definir como La Grande Bellezza.

F.E.