martes, 27 de mayo de 2014

Sur del Mediodía, una reseña de Rodolfo Girón, México


Compartimos la dicha desdichada de habitar en países donde la plutocracia,oligarquía, entre otros, ha monopolizado el poder político, a los fallidos estados nación, al republicanismo, al federalismo, al centralismo, etc., mientras las ramas vitales o sostenes de toda cultura en el planeta son opacadas, dejadas en la inactividad: secuestrada la educación, la indiferencia a la ciencia y la investigación, las artes al desamparo de una cauda de rumiantes. Durante la administración pasada en el estado de Chiapas se concedieron 54 concesiones mineras, en diferentes municipios, aprox. 38, a cielo abierto. Y se efectuó el asesinato de un líder minero en Simojovel, vaya contrariedad; vaya similitud de los fraudes perpetrados, en este lado del orbe 2006 y 2012, en aquél 2013 resuena todavía, por eso cuando afirma nuestro amigo Fabricio que las conversaciones no deben ser siempre todas de poesía. Es entonces donde el poeta tiene la certeza que como agentes de cambio social, éste tiene un lugar y un rol privilegiados en el sentido que se es receptor para lograr la organización que requieren nuestros pueblos. La poesía sirva para dar señales, mensajes, manifestar toda clase de expresiones; la poesía en Fabricio Estrada no se limita a estratificar el rol poético dentro del proceder cotidiano, ambas se ayudan y cooperan, no se limita al puro ideal de la estética hallada en sus versos. Por eso AL SUR DEL MEDIO DÍA pudo haber sido escrito justo tiempo después del golpe de estado en los 60's o más reciente hace ya casi un lustro. O en un internarse a territorios familiares, donde la memoria colectiva está presa entre la apatía, el libertinaje, la decidia, la desesperanza, "lo imposible". Siguiendo esta línea Fabricio, a contrari sensu, se apega a lo que bien dice nuestro hermoso Atahualpa Yupanqui:
"pa cantar bagualas no cuenta la voz
solo se precisa poner en la copla todo el corazón";
Esta poesía que busca coaccionar, con su lenguaje "clásico" pero sin que acontezca desapercibida esa carga de desenfado, ese movimiento hecho abstracción como condición social dentro de una experiencia colectiva inmanente. Al monadismo al que le han apostado los empresarios, las finanzas y toda esas necesidades innecesarias que ahora pueblan los deseos personales de una aplastante e incisiva voluntad por caminos nocivos. Estos intereses, esta red de poder y supremacía (Pretorianismo como teoría política demasiado inestable, confusa) son privilegios de esta clase cupular, que resuelve sus negocios en la sala de espera donde los senadores y diputados descansan o se reúnen luego de haber culminado sus labores. Poesía escrita registrando un fenómeno social de migración, el poeta nos entrega su imago mundi:
"por las noches
la gente del sur afina el oído
y sabe por el zumbido qué tipo de pez
flota en el corazón de los autos";
es así como el colega Fabricio Estrada (Honduras, 1974) en "Más vital que el río es la carretera" ofrece esa sináptica descripción del impacto que han sufrido y quienes se suman a cada instante, año con año, a la escisión de la familia, el entorno cultural, el régimen económico y otras calamidades de orden mayor. Además presenta la particular batahola de esas voces de la emancipación. De autonomía necesaria, de carácter saludable o benéfica para el curso y desarrollo en las deterioradas relaciones sociales, con fenómenos que hace siquiera 20 años atrás muy pocos sospechaban o ya estaban en el estudio de dichos objetos; pero en el automóvil fronterizo que resguarda a la bandera tricolor, alguien introdujo un pez que recuerda, aunque no lo desee, un pez sanguinario, una urbe de tilapias famélicas, un libre tránsito que se quiere erradicar, donde lo absoluto metafísico no encuadra con esta observación que hace Vico, acerca de la espiralidad temporal. Una versión que se ajusta a los intereses de los estados político- religiosos, una cultura por la sumisión y por otorgar las mejillas de un solo probete, al cobarde acto del golpismo. Un pez que rezuma ya demasiadas costras de sangre.

También nos da fiel ejemplo cómo se puede construir poesía durante un viaje hecho rumbo a la perla del soconusco (Tapachula), cómo el escritor de versos debe experimentar diversos ambientes sociales, aunque esto me remita mucho a Marc Augè (Espacios del Anonimato) los no lugares: aeropuertos, centrales de autobuses, lugares de paso. lugares o espacios donde no se concebía como herramientas para seguir creando nuevas condiciones de relaciones sociales ("civilización"), puntos muertos de donde tal vez Fukuyama o Nietzsche optaron por concluir el fin de la historia. Con este tipo de poesía hay que recuperar los espacios: universidades, paredes. Armonizar parques, estaciones de transporte, mercados; medirle el territorio al fundamentalismo en el orbe. Es la educación en las artes, basada en los ejercicios artísticos, como los individuos moldearán sus valores, su conducta y su carácter ético y otras tantas experiencias que son necesarias para forjar cierto modelo de bienestar, pero desligándonos de esa frase en el sexenio pasado VIVIR MEJOR, no, mejor a quién, quiénes, a cuenta de qué. Se trata de VIVIR BIEN, todos, consiste en eso. Es por ello que en este trabajo breve Fabricio nos indica su modelo, su intencionalidad para desvelar a algunas inconformes conciencias populares, esas manchas de aceite que han sido colocadas, por ese alguien caucásico, en el radiador para inmovilizar a la hermosa América Central desde hace mucha cronología atrás.
La poesía como técnica para deconstruir, la reeducación basada en modelos alternos, uno de ellos el canal del poema: Puente entre dos ríos.

R.G.

Foto: Fabricio Estrada