jueves, 15 de mayo de 2014

Crecimiento infraestructural de Tegucigalpa

El principio de Arquímedes también se aplica al "agua de la psiquis" colectiva. El peso de los proyectos de infraestructura masiva van creando un desplazamiento a todo nivel en la ciudadanía de Tegucigalpa. Se percibe mejor la ciudad y su re-ordenamiento de capital, porque de capital se tratan los proyectos: captar con mejor orden el consumo.



A medida que van haciéndose realidad los puentes, edificios y estadio anunciados, los antiguos núcleos comerciales como el casco histórico van quedando relegados como generadores de capital y, en cierta forma, abandonados. Es la reinvención que un día me explicaba el extinto Ramón Villeda Bermudez, aquí mismo, en un comentario a una entrada de mi blog, la muda de piel. Este es uno de los desplazamientos, el otro es a nivel político. Cuando el ciudadano de a pie observa que la ciudad crece de un día para otro comienza a interiorizar el hecho de que las acciones del capital son incuestionables y que superan las urgencias a nivel social.







El Distrito Central ha tenido siempre un crecimiento bifurcado: por un lado la desproporción demográfica y sus gravísimas secuelas de exclusión, marginamiento y miseria y, por el otro, la autista visión de una clase política empresarial de antiguo y nuevo cuño que va diseñando su hábitat en respuesta a los estímulos aspiraciones de las demás orbes mundiales.




La clase política-empresarial no es tonta y tampoco la presión social ha sido en vano. La gravedad política de los últimos años ha enfocado la planificación -que debió darse hace mucho- en ofrecer soluciones impostergables para el uso público y lo va haciendo muy bien. Otra cosa es la construcción privada y la posibilidad de una burbuja de bienes inmuebles que tan solo sea el traslado de la crisis inmobiliaria desde Europa hacia Latinoamérica, en conjunto. Total, el capital se va moviendo como una nube de langostas. Esa es su dinámica. Lo que es incuestionable es el surgimiento de una nueva mentalidad en el ciudadano: el traslado de aquella vieja imagen bucólica que se creyó eterna no es la imagen mental que tiene el ciudadano del Distrito Central de sí mismo, ahora se percibe otra vibración en su lenguaje, en su actitud de empoderamiento espacial y en las diversas formas de su ritmo a través de la ciudad.
Esto ya es otra Tegus, otra Tepas, otra cimarrona con aspiraciones de modernidad real.




1 comentario:

Suseth Sierra dijo...

Tegucigalpa y su desorden, bendito corredor peatonal que ha despertado los deseos de mejorar la salud de adultos y sus mascotas...