miércoles, 11 de julio de 2012

Lección de ausencia - F.E.




Nada más enigmático que llegar ante la tumba de un oriental que ha muerto
tan lejos de su Tao, en medio de América.
Uno no sabe a qué prestarle más la atención: si a su foto desgastada o a sus grafos de hierba. Se comienza por sospechar que el retratado nunca vivió.“¿A dónde le vi?
¿A dónde cantó sin arpa y sin lamentos?” Pero nada, no puede uno imaginarle
en su Tai chi más íntimo, en las cartas donde escribió: “Amor, ¿a cuánto está la libra de incienso en Cantón?”“¿Te has sentido bien? Tu letra tiembla como una araña en su red…”

Sin duda, un oriental es deidad o sombra, o millones de formas para explicar la muerte,
o millones de distancias multiplicadas por otras, quién sabe, quizá la extrañeza, el rubor o la ausencia, sí, la manera más discreta de entender que marcharse es permanecer, como lo hace un lirio en medio de una fuente que se seca.

F.E.