martes, 13 de septiembre de 2011

Tránsito del espíritu

Puede amanecer el día en que los sacerdotes se decidan por servir como agentes de tránsito, en cada cruce indigesto en cada esquina hereje de esta ciudad.

Los taxistas y los buseros suelen ser estandartes del fatalismo y así lo expresan con su stickers más antiguos: "Sólo Dios sabe si volveré", "Si Dios conmigo quién contra mí", y con ello mantienen alejados de sus carrocerías a los más abigarrados conductores, quienes al leer la leyenda se sienten reprendidos por una voz cromada.

Pero hoy es el colmo. Veo un taxi que dice: "Blindado por la sangre de Cristo"... el taxi es un Datsun 2-10 que aún trastabilla entre baches y peatones. Imagino al cura de tránsito dándole prioridad entre las enormes filas sin necesidad de que amenace con aceleraciones, corcoveos o simplemente con los gritos más heréticos. No, sólo hace falta esa leyenda y el cura levantará el bastón para partir en dos el mar de caucho y lata, y nuestro beato automotor cruzará el maremagnum con piadosa prestanza, incólume, libre de las ataduras del asfalto.

"Blindado por la sangre de Cristo" llegará a casa como un hombre que se atrevió a andar desnudo en medio de una balacera. Se reirá del precio de los carros blindados que cuestan millones y se acostará satisfecho con el dios que lo guía cada día entre la matanza.

"Soy salvo" -dirá- "¿quién contra mí?"