martes, 30 de mayo de 2023

Desde Lares, de Carlos Gallisá, Reseña

 


Presentación:

Quisiera iniciar esta reseña desde el signo titular del libro, “Desde Lares”, y esto porque desde esa primera impresión de lectura el autor nos está diciendo en qué momento inicia la historia de liberación, independencia, o anexión, o asimilación o estadidad fallida puertorriqueña. No hay forma de evadir la gesta y simbolización que significó Lares para este país que aún se debate entre nombrarse patria o nación… o ninguna de las anteriores, como se incluyó en la papeleta del segundo plebiscito del año 1998 en busca de definir, una vez más, el Estatus de la isla.

Carlos Gallisá (Camuy, 1933-San Juan, 2018), fue dueño de una dilatada militancia en pro de la independencia y, también, voz formadora de opinión política a través de su columna en el periódico Claridad, como igual fue presencia permanente en el programa radial Fuego cruzado, en la WSKN-AM. Su abordaje de análisis es sentencioso en todo el libro y denota un grado de frustración comprensible a medida que se va leyendo la larga historia de derrotas y esperanzas en la lucha por la supervivencia de Puerto Rico como ente nacional. Y, sin embargo, Carlos Gallisá es capaz de mantenerse ecuánime y de apuntar con precisión hacia los momentos cruciales donde se perdió la oportunidad de independencia o se abrió una coyuntura vergonzosa aún existente.

Me atrevo a decir vergonzosa, porque cada día que pasa Puerto Rico bajo el dominio colonial estadounidense, es, ciertamente, una vergüenza histórica que no se puede dejar de sentir ni obviar, no solo en Latinoamérica, que no alcanza a dimensionar aún cuánto ha resistido Puerto Rico por ella, sino para todo un concierto de naciones en el mundo que permiten semejante condición oprobiosa mientras niegan, por ejemplo, la reunificación de Taiwán con China, pueblos de una misma raíz cultural totalmente en contraste con lo disímil de Puerto Rico respecto al sentido cultural anglosajón de Estados Unidos.

El oportunismo como estrategia nacional

Aquel 23 de septiembre de 1868, en Lares, ha debido repetirse una y otra vez, parece decirnos Gallisá, tanto como la fecha 25 de julio se repite en la refinada maquinación de ocultamiento al día en que el Puerto Rico de la corona española fue invadida y conquistada por los Estados Unidos, en 1898. Pero si debe repetirse la fecha, entonces, se tendrá también que recordar las oportunistas traiciones de Muñoz Rivera y de Luis Muñoz Marín, y por supuesto, tener presente la fulgurante estrella apagada de Albizu Campos.

Este es el recorrido de cabo a rabo que nos ofrece Gallisá, y son tantos los datos luminosos demostrados con gran autoridad en el tema, que la “sola estrella” que casi rozaba la independencia de España con la Carta Autonómica de 1897, parece multiplicar sus traumas con mayor intensidad desoladora que todos los países latinoamericanos juntos. Gallisá nos presenta como punto de partida la mejor caracterización que he leído sobre cinismo político, y la caracterización está hecha sobre Muñoz Rivera, de quien Rosendo Matienzo Cintrón llego a decir “que era capaz de ponerse al frente de cualquier mayoría”, todo con el fin de llevar hasta las últimas consecuencias el ideario autonomista que fue barrido por la invasión estadounidense. Y por supuesto, al ocurrir la ocupación, Muñoz Rivera habría de fundamentar el adn de la política calculadora de las élites criollas, y lo haría con la siguiente declaratoria servilista:

Por lo que a nosotros toca, aspiramos a la pura satisfacción de que los Estados Unidos al fijarse en estos dominios suyos, se convenzan de que aquí hay un pueblo sensato, dócil, digno de que hasta él se extiendan las conquistas de la Democracia, que han hecho tan grande a la patria de Franklin y Linconl”.

Sin embargo, ante los hechos duros de la ocupación militar, todas las disquisiciones anteriores, y que se dirigían a tratar de establecer una posición hacia la independencia de la corona, se transformaron en una compleja búsqueda de identidad ante el nuevo amo, mismo que en sus tribunales, y sin saber qué opinar con exactitud para disimular su acto de conquista, determinó -tanteando- que “los boricuas eran unos nacionales (“Nationals”) al igual que los indios nativos de Norteamérica en el siglo XIX. Gallisá nos explica en este punto que “esta clasificación había sido utilizada en 1844 por el Tribunal Supremo de Estados Unidos para designar a los indios no pertenecientes a tribu alguna… y al “nacional” no se le reconocen los derechos que tienen los ciudadanos de formar gobierno y participar en el mismo”.

No hace falta mucho análisis para ligar esta definición al pensamiento que ya utilizaron como dilema los invasores españoles al momento de reconocer si los habitantes “nativos” (los buenos salvajes) tenían alma o no.

Fanon presente

Carlos Gallisá tiene un especial interés en demostrar los mecanismos psicológicos del colonizado puertorriqueño y cómo estos han determinado sus principales decisiones políticas retardantes que lograron crear la cultura de, como él le llama, “la guerra chiquita de interminables discusiones partidarias”. Para ello hace mención constante de Frantz Fanon, psicólogo y filósofo político de Martinica (1925-1961), mundialmente conocido por su libro “Los condenados de la tierra”. Es por eso que Gallisá se detiene en resaltar declaratorias de Muños Rivera que revelan el sometimiento y las líneas generales con que se asumió la invasión de 1898 y, por supuesto, las consecuencias de éstas, retadas tan solo por la indignada y valerosa aparición de Albizu Campos, treinta años después.

Siendo Muñoz Rivera Comisionado Residente en Washington, llegó a expresarse de la siguiente forma, aun estando su expresión en medio de un fogoso discurso en defensa de la participación política, en pleno derecho de ciudadanía (obtenida con la Ley Jones en 1917), de Puerto Rico en las decisiones de Estados Unidos:

“La plataforma democrática de Kansas City declaró hace catorce años, que ‘una nación no puede ser largo tiempo imperio y mitad república’, y que el imperialismo en el exterior conducirá rápida e inevitablemente al despotismo en el interior. Esas no son frases puertorriqueñas, reflejadoras de la impresionabilidad latina, son frases americanas reflejadoras del espíritu anglosajón, calmoso en sus actitudes y celoso, muy celoso de sus derechos”.

En otro pasaje del libro, al detallar la Base quinta del programa del partido “Unión de Puerto Rico” (febrero de 1904), recalca este extracto lastimero, necesitado e impotente (nótese la denominación “isla” comparado con el largo y pomposo nombre que se le otorga al conquistador en dos ocasiones en un solo párrafo, y además con ínfulas bilingües bastante tempranas):

Declaramos que entendemos factible que la Isla de Puerto Rico sea confederada a los Estados Unidos de la América del Norte, acordando que sea ella un Estado de la Unión Americana, medio por el cual puede sernos reconocido el self-goverment que necesitamos y pedimos”.

Sin lugar a dudas, los nuevos amos captaron de inmediato este sometimiento de las élites políticas a lo largo de los años, al punto que el congresista Fred Crawford decía, en el año de creación del ELA, que

en ningún momento he pensado siquiera que Puerto Rico pudiera jamás sustentar la condición de estado. Sin duda, Puerto Rico no puede sustentar ningún tipo de independencia. Tendría que ser un títere de algún otro país…

Pedro Albizu Campos y Luis Muñoz Marín

Cuando Gallisá aborda estas figuras inseparables del destino político puertorriqueño, diría que lo hace abriendo un doble paréntesis ((uno dentro de otro)), porque llegan a ser indistinguibles en su radicalidad de visiones, por mucho que se quiera asignarle a Luis Muñoz Marín una visión pragmática y mediadora con Washington. El enorme fervor de Albizu al final es contenido por los límites que le impone la cercanía de Muñoz Marín con altos personajes de la política de Washington, en un momento en que el independentismo nacionalista estaba en su mejor apogeo.

El clímax de esta situación tensa e inevitable en su colisión sucede en la insurrección de 1950, fecha que es espejo del Grito de Lares, con todo y su derrota simbólica. Los fervorosos discursos de Albizu Campos fueron esenciales para mantener en alto la decisión de lucha a toda costa y al final, trascendieron su muerte, ya que, a mi parecer, su retórica alcanzó vuelos globales, humanísimos e imposibles de dejar a nadie indiferente. Gallisá recoge un extracto del discurso de Albizu a su regreso de prisión federal, el 15 de diciembre de 1947, y en él concentra toda la conciencia que el mismo Albizu tenía de su propia dimensión, tanto al hablar como en el callar como un llamado a actuar:

Yo confío en no venir a pronunciar muchos discursos en Puerto Rico. No he venido a entretener a mi pueblo. No. Yo no soy un artista. No quiero aplausos. Oíd bien. He venido aquí porque yo no creo en el exilio voluntario. He venido porque mi patria, esclava, como está hoy, es donde está mi deber y nadie debe rehuir de la madre enferma y lisiada, porque es entonces cuando más necesita el amor de sus hijos”.

La palabra “Patria”, entonces, se erigía como estandarte de lucha, y en cambio Luis Muñoz Marín, la encerraba a sangre y fuego en el paréntesis de un frío acrónimo: ELA (Estado Libre Asociado) a tono con la sempiterna ambigüedad de significados y tan cercano a los gustos con que los estadounidenses nombran lo insustancial, pero muy corporativo.

Y es que Gallisá también utiliza con toda intención la palabra comprar para referirse al producto que vendió Muñoz Marín: “La mayoría del pueblo de Puerto Rico “compró” la oferta del ELA de Muñoz, presentada como el comienzo de un proceso para adquirir mayores poderes políticos sin cerrarse puertas a ningún otro estatus”, y esto lo hace para definir la vocación puramente capitalista en la visión de desarrollo que se le vendió -a alto precio- a Muñoz Marín en Washington.

La estadidad jíbara

A partir de este momento, como lo afirma Gallisá, todo se orientó al impulso de una modernización descarnada y entreguista, sin ningún viso de independentismo, pero paradójicamente, muy folclorizante. Y es que se folcloriza a una nación cuando se busca minimizar las visiones de una patria insertada en el concierto de las naciones. El orgullo identitario es mirarse al ombligo y a la vez entregar al turismo del amo los rasgos y expresiones típicas-nativas como un agrado que busca aceptación. Para 1964, nos dice Gallisá, sucedió “la inscripción del Partido Nuevo Progresista (PNP, contendiente del PPD muñozmarinista) con gente nueva en su dirección y, sobretodo, con un nuevo discurso anexionista montado sobre lo que se llamó “la estadidad jíbara”. En ese nuevo acercamiento el anexionismo se distancia de la “americanización del puertorriqueño”.

Y fue en esos días en que Luis A Ferré “adoptó la consigna de distinguir entre patria y nación, siguiendo la recomendación de un conocido analista político. Para los puertorriqueños, según Ferré, la patria es Puerto Rico, y la nación Estados Unidos”.

El recuento de Gallisá

En la parte final del libro van sucediéndose las cifras del latrocinio en que derivó el ELA. La creación de las condiciones de desmantelamiento y aprovechamiento de los fondos federales ante la incapacidad de la empresa privada para dar empleo, algo que el ELA tuvo que cubrir (en 1969 el número de empleados públicos ascendía a 157 mil. Treinta años más tarde se había duplicado con 302 mil empleados), la huida o abandono de los “proyectos de inversión estadounidense”, el vaciamiento de la isla por el incentivo de trabajos en Estados Unidos desde los cuales (sembradíos, fábricas de manufactura) no regresaron jamás más de un millón de puertorriqueños. En pocas palabras, el ELA fue desapareciendo en su promesa de desarrollo ya a mediados de los años 70, al igual que se fue diluyendo el valor estratégico de Puerto Rico como baluarte anticomunista en la medida que la guerra fría terminaba.

Gallisá resume así las estrategias fallidas del anexionismo:

-          1) Política de americanización del puertorriqueño

-          2) La estadidad jíbara como respuesta al fracaso de americanización y como intento de armonizar la puertorriqueñidad con la estadidad

-          3) Poner énfasis en el beneficio económico de la estadidad para los pobres, y

-          4) La política de igualdad, desde la perspectiva de los derechos civiles, que es mucho más amplia y contiene lo básico de la estadidad para los pobres: el aumento en fondos federales.

La feroz represión que se dio al Grito de Lares, así como a la insurrección del 50 y a los tremendos gestos de valentía del comando de Lolita Lebrón, a la destrucción de los aviones en la base aérea, a los mártires del Cerro Maravilla y a tantos más que dieron su sangre por la autodeterminación e independencia, quedan reducidos a la calculada estrategia de la Estadidad para los pobres: para seguir obteniendo los fondos federales había que ser pobre a perpetuidad.

Todo pareciera perdido y finiquitado en la lucha puertorriqueña por su libertad e independencia (porque sí, el libro es un recorrido emotivamente independentista aún se nos presente lo más pragmático posible), pero Gallisá mismo señala casi al final la resistencia del puertorriqueño a dejar de serlo y diluirse como pueblo en la anexión, y ese es el reto que propone: no solo repensar a Puerto Rico, sino que releer su nada pasiva historia de dilemas, orgullos y, en la gran mayoría de ocasiones, cálculos colonizados.


F.E.

Abril, 2023

lunes, 29 de mayo de 2023

Episodio 110: Mónica Zepeda, Entrevista FIPPR 2023


 De fondo escucharán la noche del campo boricua. Más que las estrellas: los cokis, grillos y el boceteo, pero las reflexiones de Mónica Zepeda sobre la palabra poética y su experiencia en el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico sabrán aguzar sus oídos para escuchar a una de las voces más claras de ese fervor chiapaneco, tan prolífico y tan único. Intentemos el silencio, entonces. Demos paso a la entrevista:

https://drive.google.com/file/d/12os-1TAb9va-FjbS3CbdJhNphb2kQ-2s/view?usp=share_link

domingo, 28 de mayo de 2023

Episodio 109: Mario Zúñiga, entrevista FIPPR 2023

 


La entrevista con Mario, poeta y antropólogo costarricense, discurre sobre su impresión del Puerto Rico poético y político durante su invitación al Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico. Sin tener la intención de hacer un episodio al estilo entre copas, pues ¿qué puedo decir? de mi parte resultó así, y hay mucho del ambiente natural de una clausura feliz y chicharachera, de hondas hermandades y complicidades en la poesía, revelaciones que se vuelven un espejo para Centroamérica y Puerto Rico.


domingo, 21 de mayo de 2023

Episodio 108: Un homenaje a Etnairis Ribera - FIPPR 2023


 Etnairis Ribera es una de las voces vitales de la poesía puertorriqueña, y en su honor la XII edición del Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico 2023 le dedicó el evento. Lo que escucharán son voces y presencias reunidas en la poeta, quenas, sampoñas, mar... y hasta un mariachi fuera de lugar, pero la alegría de esa tarde ha quedado en este ámbar. Una pequeña lectura en su viva voz y una entrevista completan el viaje... Los invito, junto a ella, a respirar hondo, a pensar en el beso de su amante.

https://drive.google.com/file/d/1aDkZNGo5fdk5Q3zzZRK9to7Ct2eyOuBc/view?usp=share_link

sábado, 15 de abril de 2023

Música

 


El sueño funde nuestros hierros reales,

nos quiere

sólo música.



Luis Eduardo Rendón, Colombia.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Episodio 107: Chinos hasta en la sopa

 


Este es algo así como un re cuento chino en mi memoria, pero estoy seguro que a muchos en Tegucigalpa les hará preguntarse ¿cuándo fue que vi a mi primer chino o china en persona? Ya que hay revuelo en estos días de apertura de relaciones diplomáticas entre Honduras y el gigante asiático, pues los invito a este shop suey, acompañados por una fabulosa canción del cantautor hondureño Nordestal Yeco.


domingo, 19 de marzo de 2023

Episodio 106: Análisis de los Premios Oscar 2023 desde la soledad y la tiranía del capital


 En las películas ganadoras del Oscar 2023, The Whale y Anything everywhare at once, hay algo más que la simple soledad o ubicuidad de sus personajes. El capitalismo se nutre de esta doble sensación y la refleja en todas las vitrinas de las redes sociales y el cine. Ofrezco este análisis desde la base reflexiva de Hannah Arendt, filósofa política, muy conocida por sus trabajos sobre el totalitarismo y la condición humana.

https://drive.google.com/file/d/1PERQUZ7TR65xHOI1XsQB8g0LjLjTNPw5/view?usp=share_link

martes, 14 de marzo de 2023

Arendt sobre la soledad del poder tiránico


 "El fenómeno de la correspondencia entre las distintas esferas de la vida y el milagro de la unidad de las culturas y los periodos pese a las discrepancias y contingencias, indica que en la base de cada entidad histórica o cultural hay un suelo común que es a la vez fundamento y fuente, soporte y origen.

El suelo común en que arraigan las leyes de una monarquía y del que brotan las acciones de sus súbditos lo define Montesquieu como la distinción; e identifica el honor, el principio-guía supremo en una monarquía, con el correspondiente amor a la distinción. La experiencia fundamental en que se fundan las monarquías y -podemos nosotros añadir- todas las formas jerárquicas de gobierno es la experiencia inherente a la condición humana de que los hombres se distinguen unos de otros, o sea, son de nacimiento diferentes entre sí.

Todos sabemos, sin embargo, que, en oposición directa a ello y con validez no menos insistente, surge la experiencia opuesta, la de la igualdad inherente a todos los hombres, "nacidos iguales" y a los que sólo distingue su posición social. Esta igualdad -en la medida en que no es igual ante Dios, ser infinitamente superior ante el que todas las distinciones y diferencias se vuelven despreciables- ha significado siempre no solo que todos los hombres, sin importar sus diferencias, tienen valor igual, sino también que la naturaleza ha garantizado a cada uno una suma igual de poder.

La experiencia fundamental en que se fundan las leyes republicanas y de la que brota la acción de sus ciudadanos es la experiencia de vivir junto con y en pertenencia a un grupo de hombres igualmente poderosos. Las leyes que regulan las vidas de los ciudadanos republicanos no están al servicio de la distinción; antes bien, restringen el poder de cada uno a fin de hacer sitios al poder de su congénere. El suelo común de la ley y la acción republicanas es, así, la comprensión de que el poder del hombre no está limitado en primer término por algún poder superior a él, Dios o la Naturaleza, sino por los poderes de los que son iguales a uno. Y el gozo que brota de esta comprensión, o sea, "el amor a la igualdad" en que consiste la virtud, procede de la experiencia de que sólo por esto así, sólo porque hay igualdad de poder, el hombre no está solo. Pues estar solo significa estar sin iguales: "Cada uno es cada uno, y todos solos, y así siempre", como reza la antigua canción infantil inglesa, que osa sugerir lo que para la mente humana sólo puede ser la tragedia suprema de Dios.

Montesquieu no acertó a indicar cuál era el suelo común en las tiranías de la estructura y la acción. Permítasenos por tanto cubrir esta laguna a la luz de sus propios descubrimientos. El temor, el principio activo en la tiranía inspira la acción, guarda una relación fundamental con esa angustia que experimentamos en situaciones de completa soledad. Esta angustia revela el otro lado de la igualdad y corresponde al gozo de compartir el mundo con nuestros iguales. 

La dependencia o interdependencia de que precisamos en orden a hacer nuestro poder (la cantidad de fuerza que es rigurosamente propia) se vuelve una fuente de desesperación siempre que, en la completa soledad, nos percatamos de que un hombre solo no tiene ningún poder en absoluto, sino que siempre lo abruma y derrota un poder superior. Si un hombre solo tuviera fuerza suficiente para oponer su poder al poder de la naturaleza y de la circunstancia, él no tendría necesidad de compañía. 

La virtud se alegra de pagar el precio de un poder limitado a cambio de la bendición de existir junto con otros hombres; el miedo es el desesperar de la impotencia individual por parte de quines han renunciado, por cualquier razón, a "actuar concertadamente". No hay virtud, no hay amor a la igualdad, que no tenga que superar esta angustia del desamparo total, sin recurso a la acción, así fuera sólo cara a la muerte. El miedo como principio de acción es en cierto sentido una contradicción en los términos, ya que el miedo es justamente el desesperar por la imposibilidad de la acción. El miedo, en cuanto distinto de los principios de virtud y honor, no tiene poder para autotrascenderse y por ello es verdaderamente antipolítico. 

El miedo como principio de acción sólo puede ser destructivo o, en palabras de Montesquieu, "autodegenerativo". La tiranía es por ello la única forma de gobierno que porta en sí los gérmenes de su destrucción. Las circunstancias externas causan le declive de otras formas de gobierno; las tiranías, por el contrario, deben su existencia y su supervivencia a tales circunstancias externas que impiden su autodegeneración. (El espíritu de las leyes, 1. VII, cap. 10)

... El peligro específico de todas las formas de gobierno basadas en la igualdad es que en el momento en que quiebra o se transforma la estructura de legalidad -en cuyo marco la experiencia del igual poder recibe su sentido y dirección-, en ese momento los poderes iguales  entre los hombres iguales se cancelan unos a otros y lo que queda es la experiencia de la absoluta impotencia. De la convicción de la impotencia propia y del miedo al poder de todos los otros surge la voluntad de dominar , que es la voluntad del tirano.

Justo como la virtud es amor a la igualdad de poder, así el miedo es realmente la voluntad de poder o, en su forma pervertida, el ansia de poder. Dicho en términos concretos y políticos, no existe más voluntad de poder que la voluntad de dominar. Pues el poder mismo en su sentido verdadero nunca puede ser poseído por un hombre solo; el poder viene a ser misteriosamente, por así decir, siempre que los hombres actúan "concertadamente", y el poder desaparece no menos misteriosamente siempre que un hombre lo es todo por sí mismo. 

La tiranía, basada en la impotencia esencial de todos los hombres que están solos, es la tentativa, la hybris de ser como Dios, con una investidura individual del poder en completa soledad".


Hanna Arendt, De la naturaleza del totalitarismo. Ensayos de comprensión 1930-1954.

domingo, 5 de marzo de 2023

Episodio 105: Karora, un relato de La Era Pre Shumann


Un crítico de arte contemporáneo se apresta a escribir un artículo para Karora, el montaje de un enigmático artista australiano, sin sospechar que al hacerlo entrará al horror que espera a los que desconocen el tiempo del sueño.

Este relato forma parte de La Era Pre Shumann, libro de cuentos que me publicó Editorial Casasola (Honduras, 2021) y la Editorial La Secta de los perros (Puerto Rico, 2022).


https://drive.google.com/file/d/1o1MuQ0QBPEE_1fRRvvwlBnqK_WNBASQE/view?usp=share_link



 

jueves, 23 de febrero de 2023

Paul Celán en mi mesita de noche


 

¿Qué me llevo al sueño con obstinada decisión? Versos. Un verso debe ser mi lámpara a medida que me adentro en la defragmentación. El reino holístico perfecto: el sueño... pero el verso, el logro más ultraísta del poema (organización de las sensaciones), debe ser diapasón que me ayude a no perderme y darme una imagen que, de revelación en revelación, se sostenga en el cruce de la noche al día. 

Tengo mucho meses ya leyendo a Paul Celán. Redescubriéndolo al filo de la mesita de noche. Entiendo su compromiso con exprimir los signos de la palabra

Reviste las cavidades de la palabra

con pieles de pantera,

amplíalas, piel para allá, piel para acá,

sentido para allá, sentido para acá,

dale aurículas, ventrículos, válvulas

y soledumbres, parietales,

y escucha atento su segundo

y cada vez segundo y segundo

tono.


de esta manera avanzo en su obras completas, la de Editorial Trotta, y aguanto como puedo el peso de los párpados (la rosa... oh pura contradicción rilkeniana) y de pronto lo entiendo. Lo que necesitaba ha llegado justo cuando Celán ejercitaba la dispersión y su antítesis lingüística. El verso llegó y yo puedo dormir tranquilo: hay poetas -pacientes cazadores- que van enhebrando el silencio para prepararnos su revelación, ¿Dónde? En las masas movedizas de la noche:

Dame derecho de paso

por la escalera de grano hacia tu sueño,

el derecho de paso

por el sendero del sueño,

el derecho que yo pueda tajar turba

en la vertiente del corazón,

mañana.



Fadensonnen (1968)

"Soles filamentos"

martes, 21 de febrero de 2023

Mircea Cartarescu: posmodernidad y poesía

 


En defensa de la poesía

En su diálogo La República, Platón imagina lo que para él sería la ciudad ideal, pero que nosotros, con la desventurada experiencia de todas las sociedades utópicas puestas en prácticas desde aquella época, denominamos más bien una cárcel ideal. Era la ciudad cuyos dirigentes tenían derecho a mentir por el bien del pueblo, en la que el control sobre cada ciudadano era total y abarcaba todos los aspectos de la vida, en la que no existía el derecho a la libertad de expresión, en la que los mejores guerreros eran recompensados con las mujeres más bellas en un proceso de eugenesia social que anticipaba el nazismo. Todo ello en nombre de una sociedad inerte, paralizada, donde el individuo era tan solo una pieza indispensable en el mecanismo del estado. Todos los estados totalitarios imaginados a lo largo del tiempo han compartido algo de la pesadilla de la república de Platón.

En aquel mundo, el filósofo incluía también a los artistas, poetas y músicos, cuyo papel era celebrar el estado y a sus dirigentes. Solo se admitían, en la música, las tonalidades mayores, heroicas, optimistas, y estaba terminantemente prohibido alejarse de ellas. Una modificación del modo musical, decía Platón en una de sus páginas más asombrosas, era peligrosa porque podía provocar el vuelco del sistema social. El poder del arte no ha sido jamás expuesto con tanto recelo y espanto. Para el filósofo griego, la música no es un placer de los sentidos, tampoco puro hedonismo, sino que es una fuerza terrible, revolucionaria, que los estados deben temer. Estamos acostumbrados, gracias al pensamiento marxista, a creer que “la base determina la superestructura”.  Pues bien, para Platón la supraestructura musical y artística de la ciudad ideal podía minar su base totalitaria.

Si la música tiene un potencial subversivo y es capaz de trastornar el orden social, la poesía es más temible aún. En la ciudad-estado platónica, los únicos poetas admitidos son los oficiales, los laureados, que cantan himnos y odas a la grandeza de la ciudad. Su partitura está estrictamente regulada, su discurso estético es uno e invariable. El poeta libre, con un discurso plural, ese que imita todas las voces de la ciudad, no encuentra hueco en el orden preestablecido. Él es llamado ante los gobernantes, que se inclinan ante él y reconocen su genio, pero le ruegan que abandone la ciudad, porque no resulta útil en ella. No son genios lo que necesita la sociedad ideal, sino conformistas. El genio es incontrolable y, por ello, subversivo. Él provoca el cambio que más temen los legisladores. Él introduce en la ciudad el desasosiego, la duda, la ironía, el sarcasmo, la sublevación, a fin de cuentas. Él expresa, como decía Kafka sobre su propio arte, la “negatividad” en un mundo de sonrisas felices dibujadas en globos. La literatura, escribía también el autor praguense, no tiene que consolar ni alegrar, sino que debe despertar las conciencias. Debe ser un hacha que rompa el hielo de la mente de las personas.

Pero precisamente este hielo es el orden de la ciudad ideal. Esa incapacidad de evolucionar, esa muerte del alma sobre la que han escrito todos los contrarios a los sistemas totalitarios. El artista, en especial el poeta, se ha opuesto siempre al orden, a la disciplina, a las reglas, a los sistemas, en todas las épocas y en cualquier tipo de sociedad. Le han repugnado siempre el conformismo y la hipocresía. Ha refutado las verdades y los valores aceptados por la mayoría. Se ha alzado siempre contra todo aquello que asfixie la libertad humana. La poesía no es entretenimiento y el poeta no es, como piensan tantos todavía, un inadaptado con la cabeza en las nubes. Incluso en las formas aparentemente inofensivas, como un soneto de amor o un poema sobre la naturaleza, la poesía resulta subversiva en los mundos sometidos a un control estricto, pues esos poemas están impregnados de libertad interior. Incluso en ellos existe el fermento de la insurrección y de la desobediencia.

Durante miles de años, desde La República de Platón hasta nuestros días, los poetas, aparentes pájaros cantores, inútiles e incluso un tanto ridículos a ojos de sus semejantes, han sido perseguidos sistemáticamente, acosados y muchas veces asesinados por sus ideas y sus visiones, y sus libros han sido censurados, prohibidos y quemados en numerosos momentos de la historia. El arte de la poesía, siempre a la búsqueda de la belleza, siempre agonizante y siempre resucitada, se ha encontrado invariablemente entre los medios más eficaces para reavivar las conciencias, para despertar la dignidad humana, para preservar la libertad siempre amenazada en nuestro mundo hobbesiano. La poesía es, de hecho, otro nombre para la libertad.

El poeta es temido y acosado, desde hace miles de años, no solo por su subversión fundamental. En un relato profético titulado El informe de Brodie, Borges habla sobre un mundo humano en profunda decadencia, aletargado, anárquico, lo opuesto a la ciudad platónica. Los miembros de la tribu descubierta por Brodie yacen en el barro, abúlicos, carentes de conciencia de sí mismos y de las instituciones. Pero, de vez en cuando, cuenta Borges, uno de esos que yacen en el suelo se incorpora y, perturbado y alucinado, grita unas palabras que ni siquiera él mismo alcanza a comprender. Si estas asombran y conmueven a los demás, el que las ha pronunciado es llamado “poeta” y a partir de ese momento cualquiera tiene derecho a matarlo. La parábola borgiana muestra una vez más cuánta energía sagrada encierra el extraño acto de la poesía.

Pues el poeta no es tan solo un revolucionario, es también un profeta. Es un médium a través del cual habla una criatura inapelable y extraña. Es un portal a través del cual lo milagroso, lo sagrado, lo demoníaco, lo extático, lo obsceno, lo divino y lo terrible penetran en nuestro mundo. Él no habla tan solo con sus palabras, para sus semejantes, sino con las enigmáticas palatales y las fricativas de la voz del más allá. Él no es perseguido y asesinado únicamente como un simple contestatario de cualquier orden y de cualquier sistema social, sino también como una voz de lo incognoscible y de lo indomable que el filisteo, el burgués, el hombre materialista teme más que cualquier otra cosa. Los profetas bíblicos no profetizaban voluntariamente, sino obligados por la divinidad, de la que a menudo procuraban huir y esconderse, pues la profecía te quema por dentro como una llama que no se apaga. Del mismo modo, los poetas no pueden callar, tampoco cuando se encuentran bajo la amenaza del hambre, de la pobreza, del desprecio público o del poder arbitrario. Su voz interior debe hacerse oír a cualquier precio.

A pesar de todo esto, pocas veces el desinterés por la poesía, el olvido de su esencia revolucionaria y profética han sido más evidentes que hoy en día, cuando ser poeta y ser vagabundo, asocial, raro, son equivalentes para mucha gente. Una tercera característica de la poesía, tan importante como las dos primeras, se puede deducir de una soberbia página de J.D. Salinger. En el relato Levantad, carpinteros, la viga del tejado, Seymour Glass, el poeta y profeta de su familia, va de visita a casa de su prometida, Muriel, para conocer a sus padres. Estos saben que el joven Seymour ha regresado de la II Guerra Mundial con un síndrome postraumático y están preocupados por su hija. Su intranquilidad se acentúa más aún cuando, al preguntarle qué quiere hacer ahora, una vez que la guerra ha finalizado, él responde: “Querría ser un gato muerto”. Ante esa respuesta, los padres se quedan estupefactos y piensan que el prometido de su hija ha perdido el juicio. Pero Seymour le explica posteriormente a su novia que él se ha referido a una antigua parábola zen. Cuando le preguntan a un monje Zen cuál es el objeto más valioso del mundo, él responde: “Un gato muerto, pues nadie puede ponerle precio”.

La poesía es el gato muerto del mundo consumista, hedonista y mediático en el que vivimos. No se puede imaginar una presencia más ausente, una grandeza más humilde, un terror más dulce. Nadie parece ponerle precio y, sin embargo, no existe nada más valioso. Solo la encontramos en las librerías si tenemos la paciencia de llegar hasta las últimas filas de las estanterías. Los poetas no tienen ya estatuas, como en el siglo XIX, ni reputación, como en el siglo XX. Obsesionadas por las ventas y la rentabilidad, las editoriales huyen de la poesía como alma que lleva el diablo. No se puede imaginar hoy en día un destino más dramático que el del poeta que decida consagrar toda su vida al arte. Los antiguos arruinaban su vida (en muchas ocasiones también la de otros) por la locura de un verso hermoso, pero confiaban al menos en el reconocimiento de las generaciones venideras. Ellos podían creer sinceramente que la belleza —como dijo Dostoievski— es la salvación del mundo, pero hoy ya no sabemos qué es la belleza, ni tampoco el mundo, y no entendemos qué significa “salvar”. ¿Qué vas a salvar si vivimos en lo inmanente y lo aleatorio? Sin la perspectiva de conseguir algo a través del arte y, en definitiva, de su profesión, sin la esperanza en la gloria y en la posteridad, el poeta está condenado a la vida asocial y fantasiosa del consumidor de hachís. “El poeta, como el soldado, no tiene vida propia, / su vida propia es polvo y pólvora”, escribía Nichita Stãnescu. Hoy, cuando la civilización del libro agoniza y cuando penetramos con voluptuosidad en los espantosos desfiladeros de lo virtual, la poesía es menos visible aún. La modernidad implicaba una civilización centrada en la cultura, una cultura centrada en el arte, un arte centrado en la literatura y una literatura centrada en la poesía. La poesía en la época de Valéry, Ungaretti y T.S. Eliot era el meollo del meollo de nuestro mundo. Ahora, la descentralización postmoderna ha producido una civilización sin cultura, una cultura sin arte, un arte sin literatura y una literatura sin poesía. En cierto modo, los polos de la vida humana se han invertido de manera brusca y las primeras víctimas han sido los poetas.

Y, sin embargo, humillada y disuelta en el tejido social, casi desaparecida como profesión y como arte, la poesía sigue siendo omnipresente y ubicua como el aire que nos envuelve. Pues, antes que una fórmula y una técnica literaria, la poesía es un modo de vida y una forma de mirar el mundo. Expulsados de nuevo de la ciudad-estado, los poetas han aprendido a luchar con las mismas armas de la civilización que los condena. Han comprendido la alegría del anonimato, la alegría de la autosuficiencia de producir textos para unos cuantos amigos, han aprendido a protegerse de la brutalidad del mundo circundante y de la vulgaridad del éxito. Nada es más discreto, más admirable y más triste, en cierto sentido, que el poeta de hoy, el último artesano en un mundo de copias sin original, como escribía Baudrillard, el último ingenuo en un mundo de arribistas.

Revolucionaria, profética y ubicua como el aire, la poesía ha iluminado también toda mi vida. No he sido nunca otra cosa que poeta. Incluso mis novelas son, de hecho, poemas. He escrito siempre poesía como una forma de libertad, de solidaridad, de empatía para con todos los hombres. He escrito en contra de las guerras y las discriminaciones de toda índole. He escrito para los que leen poesía y para los que jamás leen poesía.

Agradezco por ello, con modestia y reconocimiento, al jurado que me ha concedido el gran premio internacional de la FIL, es un honor y una alegría inconcebible encontrarme ahora en la lista de los escritores que, desde 1991, han tenido la oportunidad de recibirlo. Recorrer esa lista que abarca a algunos de mis héroes literarios, como Nicanor Parra, Juan Goytisolo, Antonio Lobo Antunes, Alfredo Bryce Echenique, Yves Bonnefoy o Enrique Vila-Matas es suficiente para demostrar la calidad y la importancia incomparables de este reputado premio. Muchas gracias, asimismo, a la presidencia del premio y al presidente de la Feria del Libro de Guadalajara, una de las ferias del libro más famosas del mundo. Y para acabar, gracias a todos los que se encuentran ahora junto a nosotros en esta sala.

Mircea Cărtărescu es autor de novelas como Nostalgia, Solenoide y la Trilogía Cegador y del volumen Poesía esencial. Traducción de Marian Ochoa de Eribe. Editorial Impedimenta.

domingo, 19 de febrero de 2023

Juan Antonio Corretjer, en la memoria de Edgardo Nieves Mieles

 


Un día como hoy en la historia, 19 de enero (de 1985), culmina su faena terrenal el líder revolucionario y poeta Juan Antonio Corretjer, quien se destacó por su amor entrañable a lo puertorriqueño a la par de su lucha por la independencia y el socialismo. El hecho de que varios cantores musicalizaran su poesía, sobre todo el gran Roy Brown, afianzó el conocimiento y gusto popular por ésta. De modo tal, que no resulta extraño escucharla con frecuencia en labios del pueblo.

        En el país existe un debate acerca de quien merece ser nombrado Poeta Nacional. A mí el asunto me parece un resabio más de nuestra condición colonial. Me explico. Mi mayor reparo al pretendido galardón en el Puerto Rico de hoy día es la burda y libertina democratización del concepto y su consiguiente devaluación. En 1ra instancia, mis amigos los diccionarios aseguran que el adjetivo “nacional” aplica a todos y cada uno de aquellos que son naturales de una nación. Es decir, nacional es perteneciente o relativo a la propia nación. Entonces, en virtud del buen uso de los sabios diccionarios, resulta que son nacionales los bardos de mayor excelsitud en sus ejecutorias tanto como los aedas pródigos en carestías. De otra parte, el abuso de adjudicación, el dislate de la calentura y la hojarasca que suele hacerle el ruedo y la corte al nuncio y sus esfinges, el penoso apéndice (la jauría con su oxígeno triunfal y sus destemplados trinos apartados del más decoroso proceder), han terminado trastocando el significado emblemático de la antes rutilante (y ahora desteñida) etiqueta. A menudo nos quejamos del colonialismo, pero actuamos como colonizados. Me parece que detrás de la grandilocuente pero truculenta retórica de llamar a título de nacional a un poeta, el que fuese, se esconde un retorcido tic de nuestro tercermundismo colonial.

        ¿Acaso es Corretjer (“jamás humillado, jamás herido ni aplazado”) más poeta, más nacional o más “Poeta Nacional” que Palés Matos (“¡Déjeme tu implacable poderío / una hora, un minuto más con ella!”), que Julia de Burgos (“Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no; / a mí me riza el viento, a mí me pinta el sol.”), que “Paco” Matos Paoli (enorme quetzal de la nada alumbrando el camino de los elegidos), que Klemente Soto Beles (sic) (salpicando de risa e inocencia la aventura de alguna jalda montaraz con su invicto tirigüibe), que Chevremont (“y su espíritu puro se hizo ave / y su cuerpo llagado se hizo rosas”), que De Diego (el de las cantarinas piedras, embistiendo como el toro que no muge) o Edwin Reyes (con su violenta mano de amigo y los ojos abrasados por el resplandor del cielo)?

Confieso que si hubiera de sucumbir al enredo espiritual (que ni me sube la marea ni me revuelca el flato), le entregaría el máximo guanín de 24 quilates a Lloréns Torres (volviendo a Collores en la jaquita baya por el sendero entre mayas arropás de cundiamores), pues entiendo que su obra capta ejemplarmente (y mejor que la de ninguna otra egregia voz poética de nuestras campiña y ciudad letrada) los elementos que configuran la esencia viva del alma puertorriqueña.

En 1981, Joserramón Melendes (sic) recopila en su editorial QeAse una serie de ensayos de Corretjer, POESÍA Y REVOLUCIÓN. Allí el egregio cialeño consigna que “(…) Lloréns ha sido el más universal de los puertorriqueños por ser el poeta más auténticamente representativo de la puertorriqueñidad" (164-165). Y unas páginas más adelante concluye: "Luis Lloréns Torres es el poeta más importante de nuestra historia. Al día de hoy, nuestro poeta imprescindible" (183). Me parece que el enunciamiento del propio Corretjer debería culminar tan estéril polémica.

Que sepa mi persona, al sol de hoy, jamás he leído acerca de que ni franceses ni rusos ni gringos (gentes muy pragmáticas) se hayan visto precisados a escoger entre sus excelsos artesanos de la palabra a uno que merezca el mencionado galardón. Imagino la caldeada reyerta de no acabar que enfrentarían los hermanos chilenos si, de repente, tuvieran que elegir el nombre de un Poeta dizque Nacional en representación de su terruño y compatriotas pues, amén de contar entre sus filas con 2 ilustrísimos Nobel, una arisca y áspera, pero, ante todo, piadosa Gabriela Mistral (“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra.”) y, ebrio de trementina y absoluto, el torrencial y caudaloso Neruda (“alguien, en fin, que no tenía nombre, / que se llamaba metal o madera, / y a quien miraron otros desde arriba / sin ver la hormiga / sino el hormiguero”), destacan con semejante brillo estelar su tocayo enquistado con él hasta más allá de la muerte, Pablo de Rokha (la inmensa ventolera de lo infinito deshoja horrorosamente los pájaros muertos de su voz agraria y formidable), el polemista incansable y caprichoso pequeño dios Huidobro, quien nos asignaba la tarea de crear poemas del mismo modo que la naturaleza crea árboles (“De pie en la popa siempre me veréis cantando. / Una rosa secreta se hincha en mi pecho / y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.”), su pupilo Braulio Arenas (“El espejo es espejo en cuanto mundo, así como el mundo es mundo en cuanto espejo”), el centenario y rebelde ludópata Parra (“A mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos; ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia.”), Gonzalo Rojas (“un aire nuevo: / no para respirarlo, / sino para vivirlo.”), Enrique Lihn (“Porque escribí no estuve en casa del verdugo, / ni me lavé ni me ensucié las manos. / Pero escribí y me muero por mi cuenta, / porque escribí, porque escribí estoy vivo.”), Jorge Teillier (“Todos nos reuniremos / bajo la solemne y aburrida mirada / de personas que nunca han existido, / y nos saludaremos sonriendo apenas / pues todavía creeremos estar vivos.”) y el no menos estupendo lírico Óscar Hahn (a quien le parece ver que un fantasma en forma de reluciente blusa con una mancha de sangre justo en el lado izquierdo del pecho cruza la calle y va dejando tras sí un arroyo de indecible blancura). Difícil sortear semejante embrollo de optar por uno de estos 10 encumbrados picos, no sólo de Chile, sino de la poesía de Nuestra América. En fin, hace rato que peino canas y este asuntito de nombrar Nacional a un Poeta tiene visos de ser otra verruga más del estrabismo ideológico nuestro de cada día.

        Entonces, cortémosle aquí vuelo a la chiringa de mi imaginación y retomemos el más sensato asunto de celebrar la persona y gesta de nuestro gran poeta Juan Antonio Corretjer, radical defensor del derecho del pueblo a usar los métodos de lucha por alcanzar la libertad. Llegó a esta tierra, en Ciales, el 3 de marzo de 1908. Alabanza.

Un botón como muestra de lo arriba aseverado: Roy Brown, Aires Bucaneros y Zoraida Santiago.

https://youtu.be/FZfhzB0j3tQ

 

 

izquierdos.reservados@edgardo.nieves-mieles


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Episodio 104: Una refllexión sobre la migración digital

 

En medio del confinamiento por el Covid 19, así como los meses posteriores a la suspensión del mismo, tuve pláticas continuas con amigas y amigos intentando esclarecer lo que estaba sucediendo y lo que estaba surgiendo de todo esto. Muchas veces descartamos los aportes que nos dan las pláticas, olvidando que son el caldo de cultivo real donde la riqueza especulativa da forma a textos o posiciones. Aquí les ofrezco algunas de mis observaciones, en converzaciones grabadas en mensajes de audio whatsapp, sobre el descarte civilizatorio que ya está en marcha.


domingo, 5 de febrero de 2023

Episodio 103: Aquí no vuelan las alondras, un relato de La Era Pre Shumann


Nada le hará creer que su guerra ha terminado. Un relato de la Segunda Guerra Mundial que insiste en continuar en el presente, en un montaje cinematográfico que te hará ver -escuchando-  las ciudades incendiadas hasta los sótanos.

De mi libro de cuentos La Era Pre Shumann, publicado por Editorial Casasola (Honduras) y La secta de los perros (Puerto Rico).


 

domingo, 29 de enero de 2023

Episodio 102: Siembra nueva, un relato de La Era Pre Schumann


 El amor y el odio son flores y a la vez malas hierbas que se reflejan en ese campo único que somos. Desde lo más imprevisto y pequeño, hasta lo más insano y violento, nuestra piel -la frontera del ser- se vuelve reflejo, como una luna girando alrededor del planeta nota roja. El himno de Galadriel compite con el rock más despechado.

Bienvenidxs a este relato incluido en La Era Pre Schumann, mi libro de cuentos publicado por La Secta de los Perros (Puerto Rico) y Editorial Casasola (Honduras). Adelante, porque en este podcast !tu memoria pone la música!.

https://drive.google.com/file/d/13Kmk4mlthrDNt3iUt4siLzmosWEpOo9H/view?usp=share_link

domingo, 22 de enero de 2023

Episodio 101: Cuando Héctor Lavoe fue Juan Gabriel


Esta es una historia de barbería que habla mucho del sentido del humor boricua y de las imágenes que se superponen, desde la cultura de salida, en un recién llegado, obligado a pura risa a terminar de aterrizar.

Bienvenidxs a la quinta temporada del podcast !donde tu memoria pone la música!


 

viernes, 16 de diciembre de 2022

Pleitoceno o un pleito que iniciar para debate

 



Una de las tendencias del pensamiento científico prospectivo (ver a futuro), basado en el temor que la pandemia del Covid-19 dio en todos los aspectos de la sociedad humana actual, es que el permafrost que se va derritiendo a medida que el calentamiento global se acelere, liberará virus congelados de épocas prehistóricas, y por lo tanto, el humano estará a expensa de incontrolables pandemias.

¿Y que hay -especulo- si los propios seres humanos  que habitábamos los límites del norte global durante el pleistoceno fuimos los virus liberados luego de replegarse ese congelamiento glacial hace 1,750,000 años? El inicio del antropoceno ha significado para la naturaleza del planeta un impacto que rompió el equilibrio de muchisimas otras especies. Entonces, ¿no fuimos aquellos homínidos, quizá, los virus que aguardábamos el retiro del hielo? 



domingo, 4 de diciembre de 2022

Trap y Bad Bunny


Dulce debate en Facebook
 


"El cuerpo negado, violentado, marginado, cuando se declara sagrado asume su posesión más radical". (Quintero Rivera)



Hay algo que se nos escapa cuando tratamos de comprender o asimilar semejantes productos del caribe: es que, precisamente el caribe es la región latinoamericana donde más impacta la colonialidad, desde la gringa hasta la francesa, inglesa y holandesa, y que en sus inicios, todos estos gringos impusieron su poder no solo con leyes sino que tomando posesión de los cuerpos de los esclavos... uso sexual a discresión, violentísimo. Y eso hasta finales del siglo XIX... es decir, que en estos lugares, incluido Honduras, hay abuelos que tienen  aun fresco en sus mentes lo que les contaron sus abuelos de la forma de trato... esa acumulación de sometimientos del cuerpo a la satisfacción y discresión de los amos blancos ha sido un silencio que, ahora (desde los 90 con el cómputo), viene a reventar en sentido inverso para saltarse las mismas barreras morales hipócritas de la blanquitud que los sometió a ser usados, a ser disminuidos a objetos.

 La cultura boricua -donde Benito creció, Almirante Sur-Vega Baja, para ser preciso- como la de todo el caribe, es de mulataje y de cimarronaje.

 Resulta obvio que la industria musical ha intentado domesticar estas expresiones dándole formato de mercado, y en cierta forma lo ha hecho, pero hay una fuerza más poderosa de fondo que no pueden controlar.




Episodio 100: Ctesifonte, un relato de La Era Pre Shumann


 Una aparición imprevista, en medio del amor y del invierno, nos recuerda la zona más oscura de lo que somos. Un relato incluído en mi libro La Era Pre Schumann, con la colaboración especial de Frank Sandres desde España, y la música de Doug Maxwell. 


!Bienvenidxs a la quinta temporada del podcast donde su memoria pone la música!

https://drive.google.com/file/d/1E76hC3blqKgSHEaoc3dhFo6q-0onq2Et/view?usp=share_link