jueves, 15 de septiembre de 2016

Cindy Jiménez-Vera (Puerto Rico) - Poemas de su libro Tegucigalpa.

Foto: Fabricio Estrada.



He recorrido con Cindy tres museos, atravesado la bahía de San Juan en ferry hacia Cataño y de ahí, junto a Linda Rosa -divertidísima por igual- comprado el boleto a toda prisa, dar la vuelta en u y regresar al Viejo San Juan. Hemos estado largas horas frente al mar, reído junto a Iris y Víctor (como se dice aquí, el corillo, pues). Hemos visto la inauguración de los juegos olímpicos de Río, en fin, con la manivela en mano le hemos dado vuelta al caleidoscopio y en todos esos momentos le he hecho la pregunta del por qué tituló a su poemario Tegucigalpa. La respuesta es  simple: por la misma razón que publicó otro poemario llamado Islandia.

Es otro estridentismo que, para el punto de donde partía mi pregunta, pone en vanguardia las resonancias que pueden traernos toponimios tan extraviados. No importa Tegucigalpa, importa lo que pueda sugerirnos el no-lugar. En la poesía, pensándolo bien, una ciudad no tiene por qué tener exégeta alguno porque, precisamente, al nombrar cualquier ciudad con poesía ésta deja de ser concreta, se vuelve alarde de la imaginación, misterio instantáneo que sirve no más para intentar la sensación de un lugar que habita el absurdo. De igual manera actúan las formas poéticas actualmente: sin concesiones ni bordes fronterizos. Lo que era poesía, sigue siéndolo sin tutú y, lo que es prosa, es solo imaginación de la poesía.

Yo vengo de ese intento de creer habitar una ciudad y darle significado, así que logro entenderla a la perfección y creo que es la mejor descripción de Tegucigalpa que he leído, aunque ésto, a Cindy, la tome desprevenida. Les dejo entonces con la mejor guía que pueden conocer para entrar a esa sensación extraviada que siempre he llamado Tegucigalpa. 


El capital


Compra un par de zapatos de payaso en una tienda de artículos de segunda mano. Al día siguiente los pone en venta por el doble del precio que había pagado. Tanto ego no era para mí. Igual hay que pagar las cuentas.



La mujer de Tommaso Landolfi


--Traduciré a Gogol,-- le dijo a su mujer, Tegucigalpa.

Suena un portazo.

Landolfi lleva tres días encerrado en su estudio en Roma. Los vecinos alarmados al no ver salir de su casa al huraño escritor y, ante la ausencia del olor del pan que su mujer hornea en las tardes, advierten a la policía del suceso.

Dos carabinieri confirman, frente a las incrédulas luces de las cámaras de los paparazzi, que Landolfi yace desinflado en el suelo justo detrás de su escritorio. Una tachuela incrustada en su glúteo izquierdo es prueba infalible del asesinato. Tegucigalpa ha huido con todos sus materiales inflables.


Nunca superará el suicidio de su mejor obra.



Ulises

--Te llamo el lunes cuando regrese.

En la mañana del lunes suena el teléfono. Número desconocido. No contesta llamadas provenientes de personas no identificadas. Una segunda llamada se registra. Número desconocido. Ella ruega que su viaje a Ítaca sea largo. El de él.



Lucky Strike

Mientras mata cucarachas en el baño de un apartamento que nunca será propio, se da cuenta que menstrua. Al entrar en la ducha una gota de sangre mancha un billete de loto en el piso, cerca del zafacón.

--Que ya esté en veinticuatro millones es señal que no me la he ganado.



Arroz con frijoles, plátano y huevos


En aquel país centroamericano, un casamiento es un desayuno. Así, los que aún amanecen con hambre, empiezan el día con un almuerzo. Ha sido el método más eficaz; abolir dos tradiciones al mismo tiempo.



Asesinato en 
primera persona singular



El sicario entra a la pulpería de Israel Díaz. Le dispara cuatro veces en la cabeza. Se apodera de algunas bolsas de tajaditas de plátano con limón exprimido. Picositas.

Si piensas que esto es un crimen, no seas hipócrita. Tú hubieses matado por yuquitas. Sin pique, por eso de las hemorroides.

Tendré que frecuentar otra pulpería. Sin di-minutivos.



Soy la hija del mago* 

que es sordo
(des)tapo oídos con monedas
de veinticinco centavos
a carpa llena
feos

                                                    religiosos
           pobres


         diabéticos
                                                                calvos

                    ciegos

d e s d e n t a d o s
barbudas
se

d
e
s
b
o
r
d
a
n
                       en ovaciones de pie

me ha dicho
en lenguaje de señas para magos y sus hijas
--en lugar de monedas taparás sorderas
con globos de colores--

hoy el teatro en frente está lleno
estrena La riqueza de las naciones
el musical
hago figuras de animales con los globos que salen por mis orejas

a

carpa
                               vacía.



______________________________
* Domingo Díaz, el afamado mago sordo centro-americano, pensó que ya era tiempo de acogerse al anonimato del clandestinaje tras este último fracaso circense en la ciudad de Nueva York. No podía darse el lujo de otro escapismo sin consecuencias. Su hijita, Tegucigalpa, dependía de él. En sus mejores tiempos, Domingo fue el acto principal del prestigioso circo húngaro, A léggömbök.  Junto a esta compañía, reco-rrió las ciudades más importantes del mundo. Fue un virtuoso de la quiromancia, la alquimia, la adivinación y dicen que durante su estancia en Haití, aprendió a realizar la zombificación, razón por la cual las autoridades de ese país caribeño lo deportaron. Dicho suceso sirvió para aumentar su fama y agregar elementos de la magia negra al mito de Domingo Díaz. Su sordera nunca fue un problema ni para realizar actos de magia, ni para enamorar hombres y mujeres. En uno de estos enamoramientos engendró a su unigénita. Con la llegada de la pequeña, cambió la nigromancia por los globos. Sus trucos, aunque muy artificiosos, se volvieron cada vez más pueriles. No hubo manera de atraer al público europeo o latino-americano. No le quedó más remedio que mudarse a Nueva York e instalar un circo con rutinas tradicionales y predecibles. Eso era lo que demandaba la audiencia estadounidense. Así pudo proveerle una buena educación a su hija. Entonces los musicales de Broadway comenzaron a subir a escena tratados de economía y finanzas. Ya nadie visitaba el circo. Debido a este infortunio y a que Domingo se había enamorado perdidamente de un científico italiano especialista en aerogeneradores inflables, quien visitaba Nueva York con cierta regularidad, él y su hija huyen a Roma. Este poema es un fragmento de lo que se cree ser un cuaderno de adolescencia de la gran científica, creadora de prodigios literarios apócrifos, Tegucigalpa Díaz, de quien se desconoce el paradero.




Smith se traga el diente de oro del recién cadáver que le habita en Ublek. Todas las palabras que pronuncia desde aquel momento son en pashto. No se cuestiona el proceso metalúrgico - digestivo - lingüístico. Por el contrario, no para de hablar, maravillado por su perfecta dicción en esa len-gua. Piensa que su nueva habilidad para ser intérprete entre su tropa y los locales, lo mantendría con alguna ventaja. Aquel pensamiento no duró mucho. Sin percatarse que empezaba a sudar petróleo, encendió un cigarrillo. Se disponía a ser cadáver por segunda vez. 




Soft porno
Lleva 27 años compilando la antología definitiva de los vates soldados ublekos. Ella es estudiosa de la poesía de la guerra civil ubleka. Insiste en que los soldados del lado perdedor eran todos excelentes líricos. Eso de poetas menores no figura en su discurso. No me cabe la menor duda que su libro será un best-seller. Sólo con mirar el título ya se sabe.



La lluvia 

El periodismo latinoamericano está de luto tras la muerte del hondureño Rodrigo Rojas, quien en vida fuera el escritor mexicano Carlos Fuentes. Afuera llueve como lo ha hecho siempre. Desde mucho antes que naciera Fuentes, que muriera Rojas o que llegara Morales a esta historia. 



II

El rostro de dios es una tostada francesa. Se pasea por algunos desayunos. Los niños de mi barrio ya no comen pan dulce. Yo tampoco.



Disney on Ice 


El metro va atestado de niñas vestidas con tules rosados, amarillos, azules y blancos. Algunas llevan tiaras sobre sus cabezas. Un ejército de madres y algún padre que no tuvo más remedio que cambiar el partido de béisbol televisado por una función dominical de princesas de Disney sobre hielo les acompañan. Al llegar frente al Coliseo don-de en pocos minutos empezará la función que tanto había soñado ver su hija, el ruido de la multitud parece silenciarse con la mi-rada de terror de esta joven madre. 

Hace algunos años, en lugar del Coliseo que yace frente a sus ojos, había una comunidad llamada Tokío. De niña creció feliz junto a su abuelo.  Luego llegaron ellos con su idea de erigir una estructura colosal para eventos de todo tipo y promesas de brindarles ayudas para mudarlos a una vivienda mejor. Estarían tan bien amparados que podrían tener una casa propia. El abuelo quien lucía sus canas por astucia, más que por sus años, se negó rotundamente a mudarse de Tokío. Ante la inminencia de la destrucción de su casa, envía a la niña con un tío en la ciudad. Los demoledores entran a desalojar al único habitante testarudo que se niega a salir. 

El cadáver cuelga del techo. Pegado al vientre lleva un papel que lee: sáquenme ustedes a mí y al peso de mi mierda, hijos de puta. 

Inmóvil, entre el tren y el andén, la joven madre sostiene con gran fuerza la mano de su pequeña, quien tiene una varita mágica en la otra. ¿O es un cetro de princesa de Disney?



Cindy Jiménez-Vera
(San Sebastián del Pepino, Puerto Rico, 1978)

Es autora de los libros de poesía, Tegucigalpa (Erizo Editorial, 2013), 400 nuevos soles (Atarraya Cartonera, 2014), Islandia (Editorial EDP University, 2015); la crónica En San Sebastián, su pueblo y el mío: un proyecto de país desde la poesía (EDP University, 2015), y El gran cheeseburger y otros poemas con dientes, libro de poemas para la niñez temprana y tardía. (Ediciones Aguadulce / Trabalis Editores, 2015). El número 50 de la revista Punto en línea de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publicó una antología de su poesía titulada Anoche soñé que tenía seis años. Textos suyos han sido publicados en Tierra Adentro (México: Conaculta), Metrópolis (México), Transtierros (Perú), La Galla Ciencia (España), International Poetry Review: Puerto Rican Issue (EEUU), La Jiribilla (Cuba), Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña (Puerto Rico), entre otras, en las antologías Los prosaicos dioses de hoy (Puerto Rico: La secta de los perros), Calibrar la voz (Cuba: Encaminarte), entre otras, e incorporados en textos escolares de la materia de español del cuarto, octavo, noveno y duodécimo grado. Su poesía ha sido traducida al italiano, al inglés y al portugués. Ha coeditado, junto a David Caleb Acevedo, y prologado, Felina: antología para gatos (La Tuerca, 2014). Hizo la selección y el prólogo de la antología Esto no es una nana: literatura para niños despiertos (Serie FLIA / La impresora, 2016). Es colaboradora de la Revista La Ventana de Casa de las Américas (Cuba), con una columna de literatura latinoamericana actual. Dirige la Junta editorial de Ediciones Aguadulce. Es bibliotecóloga y profesora universitaria.