domingo, 22 de noviembre de 2015

Strip Tease, bajo el poder del vacío activo

Las sillas ya están ahí. Su discurso lleva ya más de 15 minutos y no ha comenzado la función. Es la espera y así comienza a revelarse el tótem ¿Se descansa en ellas? ¿Se tortura en ellas? ¿Sirven para una coreografía clásica de un night club fino? Las puertas ¿quién entrará por ellas si acaso no son ya el otro lado y somos nosotros los que estamos tras bambalinas? Ya expuesto el espacio del poder –porque el poder es un espacio de movimiento- cuando los actores aún están ausentes con toda y su tensión halando cada fibra de un espectador impaciente. Todo espacio de poder es la antesala de un acto donde pronto dilucidaremos qué papel hacemos en él, pero mientras esperamos entenderlo y verlo nada se ve con los ojos si no que con la confrontación de nuestros propios abismos que, al ser espejos oscuros e insondables, nos repiten y nos contradicen. ¿Llevamos todos y todas un corazón doble de madera que en cada latido desesperado va adquiriendo la forma de dos sillas que a nadie esperan?

Así comienzo a ver Striptease, antes del inicio en que los actores José Luis Recinos y Jean Navarro estelerizan a Hombre 1 y Hombre 2 –pasmosa cosificación binaria, tanto como una programación informática-, dos ciudadanos modelos y ausentes que de pronto caen a una grieta “histórica” donde se les va revelando los mecanismos de su determinismo individual y colectivo, el acercamiento brutal que anula las distancias auto-controladas del ser confortable y que les muestra sin maquillaje –y sin traje- el terror de ser “lo otro”, lo mismo, lo pusilánime.

Llega un punto en que, al no revelarse de manera inmediata el por qué se encuentran en el limbo, Hombre 1 y Hombre 2, comienzan a indagarse sobre cómo llegaron a este doloroso proceso de revelación, “Nuestra dirección original fue completamente alterada”, recapitulan aterrados al cotejar, el uno con el otro, el cómo salieron de sus casas con toda normalidad y en dirección al trabajo hasta que llegaron a ese espacio. “Yo me dirigía… “ dice Hombre 2 y ahí comienza el horror de no saber a ciencia cierta si él realmente fue quien tomó la decisión de ir hacia una dirección pre-determinada, así como la humanidad misma ha creído que la civilización tiene un camino señalado hacia el progreso, la felicidad y la libertad, nodos esenciales del discurso político totalitario. El esfuerzo de comprender es tal que su mismo cuerpo revela –a través de las más extremas muecas y convulsiones- la anulación y el absurdo de ser una encarnación humana sin sentido, exigida hasta los límites. Esta representación es la que define, a mi parecer, el principio de la obra: el poder del vacío activo. Un vacío que es significado por la especulación, un poder crecido por la fascinación, un poder que puede ser revelado en el escenario como una simple mano que viene y da órdenes puntuales para despojarnos de todo sin resistencia alguna, en definitiva, un poder que nosotros mismos le hemos dado la voluntad de castigarnos por el simple hecho de existir para él.

¿Hubo en algún momento una dirección original hacia dónde dirigirnos? ¿Qué cosa era la libertad hacia donde nos dirigíamos? Escrita y montada para el contexto político de la Europa oriental durante el llamado socialismo real –épocas de disidencias igualmente activas-, la obra del polaco Slawomir Mrozek ha sido montada por el Maese Tito Ochoa con Teatro Memorias, traspolándola a la grave situación hondureña en la que vemos, aturdidos, el ascenso cínico de una dictadura formal donde el supuesto orden y sin alteraciones da argumentos para el despojo –por no decir saqueo- de todos los simbolismos que hacían de la ciudadanía una progresión hacia lo aparentemente civilizado.

¿Estaremos dispuestos a entregarlo todo bajo la apariencia de conservar la supuesta dignidad moral y cívica que se exige de todos y todas en todo momento a través de la propaganda y la coacción de la fuerza militar y tecnócrata? “Todo esto es muy cierto”, grita Hombre 2 mientras Hombre 1 le responde “Lo peor es esta incertidumbre”. El totalitarismo -vacío portentoso- viste y desnuda sin darnos la cara, aunque en esta puesta en escena los actores sean conocidos por nosotros, anden por la calle, coman, nos hablen pero ya puestos en el escenario de la fascinación se conviertan en nuestros sádicos opresores.


Fabricio Estrada
Noviembre, 2015

EN ESTRENO en Tegucigalpa,
DEL 19 DE NOVIEMBRE AL 12 DE DICIEMBRE.
TODOS LOS JUEVES Y VIERNES 7:00 P.M
SÁBADOS 4:00 Y 7:00 P.M