El centro cultural más significativo de los últimos 26 años en Honduras, está siendo presionado en conjunto. La policía nacional a través del Ministerio Público ha allanado hoy el lugar en busca de pruebas que incriminen a Rigoberto Paredes, hijo de la Doctora en Historia y Poeta Anarella Vélez, y del extinto poeta Rigoberto Paredes, en el asesinato del abogado Eduardo Montes, defensor de la vice-presidenta del Congreso Nacional Lena Gutiérrez, acusada de vender óvulos conteniendo harina desde su casa farmaceútica al Instituto Hondureño de Seguridad Social, todo esto en la línea terrible que desfondó el IHSS para financiar la campaña del actual presidente juan orlando hernández.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
domingo, 20 de septiembre de 2015
Un dolor que se nos volvió documento en Honduras
Rigoberto Andrés*:
Hijo, es de madrugada, el insomnio y el dolor no me permiten descansar. Pienso en todo lo que soñé para ti. Vivir en una país que impulsara tu talento, tu creatividad. Vivir en un mundo que comprendiera tu sensibilidad en toda su dimensión. Diseñé para ti un entorno de amor y respeto.
Recuerdo cómo tu padre y yo esperamos tu nacimiento, tan deseado. Cuando naciste, 15 de mayo de 1987, viniste al mundo con los ojos muy abiertos y con expresión de asombro. Te rodeaban todos los poetas amigos de Rigoberto, mi madre, mis tías. Y mi inolvidable amiga Iris, que más tarde sería tu madrina.
Desde el primer día de tu amada vida, Rigoberto y yo forjamos tu espíritu como los orfebres tratan la filigrana, pusimos en tus manos las mejores obras de la literatura. Y tu, ay, siempre fuiste más sensible que todas/os y abrevaste en ellas la sapiencia y la sabiduría que te han caracterizado. Tu has hecho la lectura más incisiva y profunda de los acontecimientos de tu entorno. Has visto más allá de lo que otros no ven.
Hoy lloro por tu cautiverio. Y me duelen las entrañas y el alma. Sé, que de no vivir en un país como el nuestro, tu no estarías en la situación en la que te encuentras. Conozco tu pensamiento y tu desolación por vivir en una sociedad en la que la mayoría sufre la inequidad social. Sé que la desigualdad y la injusticia te golpean en lo más hondo.
Rigoberto Andrés, la frase de Heliodoro Valle, La historia de Honduras puede escribirse en una lágrima, hoy la encuentro más vigente que nunca por que sollozo y me quejopor ti y por todas las madres que han visto cercenados las esperanzas de sus hijos.
Hijo mío, mientras viva, estaré a tu lado y lucharé para que este mundo sea mejor, más humano, para que el nuestro sea por fin un país.
Dra. Anarella Vélez.
Tegucigalpa, Honduras.
*
El terrible asesinato del abogado Eduardo Montes del cual es inculpado el joven Rigoberto Andrés Paredes -pruebas de video y supuesta confesión del hechor así lo indican-, ha puesto en el centro de la conciencia nacional el terrible dilema de la justicia en su deforme expresión hondureña.
Las declaraciones que aparentemente dio Rigoberto se elevan a interés colectivo por ser reivindicadas como acto político. ¿Las causas? La insoportable presión que vive la nación entera debido a la entronización de una dictadura que se burla, magnifica el desdén y saquea sin contemplaciones todos los preceptos éticos que pudieron ser concebidos para civilizar un país.
Rigoberto asume que lo hizo por todos y todas. Explotó. Y ante estas declaraciones todos explotamos con él, los de ambos bandos, porque los unos hemos elegido la movilización pacífica pero hemos sido apabullados con todo tipo de represión -política, paramilitar, económica, legal- sin saber encontrar unidad real y creativa ante ello y, los otros, porque no dan visos de comprender a qué extremos están llevando la indignación popular. Encontrarse de pronto en un callejón sin salida debería llevarnos a contener la acumulación de tensiones que ya reventó con este caso cuya raíz se inflama en la protección legal y política que se le está dando al caso de la acusada Lena Gutiérrez, vice presidenta del Congreso Nacional, acusada junto a su familia de vender al Estado óvulos que en lugar del medicamento fueron envasados con harina y, por lo cual, hay muertes de pacientes como muertes (casi 3000 víctimas directas) se han comprobado como consecuencia del saqueo del Instituto Hondureño de Seguridad Social. ¿Para qué fue el saqueo? Para financiar la campaña del partido nacional que hoy sostiene en el poder a juan orlando hernández.
El reclamo de la CICIH para Honduras, luego de inmensas movilizaciones ciudadanas anti-corrupción, se ha estrellado de frente con el muro de complicidades políticas de la oligarquía hondureña en todas sus manifestaciones.
Tres tipos de procesos inmediatos -el golpe de Estado del 2009, el mega-fraude electoral del 2013 y el actual vórtice del IHSS- han creado todo tipo de frustraciones entre las diversas capas sociales. Y todo esto en medio de una descomunal violencia y matanzas casi diarias. Las instancias internacionales sólo han demostrado ser un vínculo retardatorio para darle oportunidad de recomponerse al sistema político del patio, que a punta de nuevos impuestos exprime al precario impulso económico de la clase media y que, propone como solución de estabilización la militarización de todos los ámbitos de ciudadanía.
Si esta vez no se entra en una reflexión exhaustiva de lo ocurrido, dada la forma en que se han desarrollado los hechos, bien podemos afirmar que estamos en un país suicida al que nadie convencerá para que no salte de la cornisa.
F.E.
Hijo, es de madrugada, el insomnio y el dolor no me permiten descansar. Pienso en todo lo que soñé para ti. Vivir en una país que impulsara tu talento, tu creatividad. Vivir en un mundo que comprendiera tu sensibilidad en toda su dimensión. Diseñé para ti un entorno de amor y respeto.
Recuerdo cómo tu padre y yo esperamos tu nacimiento, tan deseado. Cuando naciste, 15 de mayo de 1987, viniste al mundo con los ojos muy abiertos y con expresión de asombro. Te rodeaban todos los poetas amigos de Rigoberto, mi madre, mis tías. Y mi inolvidable amiga Iris, que más tarde sería tu madrina.
Desde el primer día de tu amada vida, Rigoberto y yo forjamos tu espíritu como los orfebres tratan la filigrana, pusimos en tus manos las mejores obras de la literatura. Y tu, ay, siempre fuiste más sensible que todas/os y abrevaste en ellas la sapiencia y la sabiduría que te han caracterizado. Tu has hecho la lectura más incisiva y profunda de los acontecimientos de tu entorno. Has visto más allá de lo que otros no ven.
Hoy lloro por tu cautiverio. Y me duelen las entrañas y el alma. Sé, que de no vivir en un país como el nuestro, tu no estarías en la situación en la que te encuentras. Conozco tu pensamiento y tu desolación por vivir en una sociedad en la que la mayoría sufre la inequidad social. Sé que la desigualdad y la injusticia te golpean en lo más hondo.
Rigoberto Andrés, la frase de Heliodoro Valle, La historia de Honduras puede escribirse en una lágrima, hoy la encuentro más vigente que nunca por que sollozo y me quejopor ti y por todas las madres que han visto cercenados las esperanzas de sus hijos.
Hijo mío, mientras viva, estaré a tu lado y lucharé para que este mundo sea mejor, más humano, para que el nuestro sea por fin un país.
Dra. Anarella Vélez.
Tegucigalpa, Honduras.
*
El terrible asesinato del abogado Eduardo Montes del cual es inculpado el joven Rigoberto Andrés Paredes -pruebas de video y supuesta confesión del hechor así lo indican-, ha puesto en el centro de la conciencia nacional el terrible dilema de la justicia en su deforme expresión hondureña.
Las declaraciones que aparentemente dio Rigoberto se elevan a interés colectivo por ser reivindicadas como acto político. ¿Las causas? La insoportable presión que vive la nación entera debido a la entronización de una dictadura que se burla, magnifica el desdén y saquea sin contemplaciones todos los preceptos éticos que pudieron ser concebidos para civilizar un país.
Rigoberto asume que lo hizo por todos y todas. Explotó. Y ante estas declaraciones todos explotamos con él, los de ambos bandos, porque los unos hemos elegido la movilización pacífica pero hemos sido apabullados con todo tipo de represión -política, paramilitar, económica, legal- sin saber encontrar unidad real y creativa ante ello y, los otros, porque no dan visos de comprender a qué extremos están llevando la indignación popular. Encontrarse de pronto en un callejón sin salida debería llevarnos a contener la acumulación de tensiones que ya reventó con este caso cuya raíz se inflama en la protección legal y política que se le está dando al caso de la acusada Lena Gutiérrez, vice presidenta del Congreso Nacional, acusada junto a su familia de vender al Estado óvulos que en lugar del medicamento fueron envasados con harina y, por lo cual, hay muertes de pacientes como muertes (casi 3000 víctimas directas) se han comprobado como consecuencia del saqueo del Instituto Hondureño de Seguridad Social. ¿Para qué fue el saqueo? Para financiar la campaña del partido nacional que hoy sostiene en el poder a juan orlando hernández.
El reclamo de la CICIH para Honduras, luego de inmensas movilizaciones ciudadanas anti-corrupción, se ha estrellado de frente con el muro de complicidades políticas de la oligarquía hondureña en todas sus manifestaciones.
Tres tipos de procesos inmediatos -el golpe de Estado del 2009, el mega-fraude electoral del 2013 y el actual vórtice del IHSS- han creado todo tipo de frustraciones entre las diversas capas sociales. Y todo esto en medio de una descomunal violencia y matanzas casi diarias. Las instancias internacionales sólo han demostrado ser un vínculo retardatorio para darle oportunidad de recomponerse al sistema político del patio, que a punta de nuevos impuestos exprime al precario impulso económico de la clase media y que, propone como solución de estabilización la militarización de todos los ámbitos de ciudadanía.
Si esta vez no se entra en una reflexión exhaustiva de lo ocurrido, dada la forma en que se han desarrollado los hechos, bien podemos afirmar que estamos en un país suicida al que nadie convencerá para que no salte de la cornisa.
F.E.
viernes, 18 de septiembre de 2015
Hanna Arendt: sobre el perdón y la irreversibilidad
Foto: Fabricio Estrada. Filo.
"La posible redención del predicamento de irreversibilidad - de ser incapaz de deshacer lo hecho aunque no se supiera, ni pudiera saberse, lo que se estaba haciendo- es la facultad de perdonar. El remedio de la posibilidad de predecir, de la caótica inseguridad del futuro, se halla en la facultad de hacer y mantener las promesas.
Las dos facultades van juntas en cuanto una de ellas, el perdonar, sirve para deshacer los actos del pasado, cuyos "pecados" cuelgan como espada de Damocles sobre cada nueva generación; y la otra, al obligar mediante promesas, sirve para establecer en el océano de inseguridad, que es el futuro por definición, islas de seguridad sin las que ni siquiera la continuidad, menos aún la duración de cualquier clase, sería posible en las relaciones entre los hombres.
Sin ser perdonados, liberados de las consecuencias de lo que hemos hecho, nuestra capacidad para actuar quedaría, por decirlo así, confinada a un solo acto del que nunca podríamos recobrarnos; seríamos para siempre las víctimas de sus consecuencias, semejantes al aprendiz de brujo que carecía de la fórmula mágica para romper el hechizo.
Sin estar obligados a cumplir las promesas, no podríamos mantener nuestras identidades, estaríamos condenados a vagar desesperados, sin dirección fija, en la oscuridad de nuestro solitario corazón, atrapados en sus contradicciones y equívocos, oscuridad que sólo desaparece con la luz de la esfera pública mediante la presencia de los demás, quienes confirman la identidad entre el que promete y el que cumple. Por lo tanto, ambas facultades dependen de la pluralidad, de la presencia y actuación de los otros, ya que nadie puede perdonarse ni sentirse ligado por una promesa hecha únicamente a sí mismo; el perdón y la promesa realizados en soledad o aislamiento carecen de realidad y no tienen otro significado que el de un papel desempeñado ante el yo de uno mismo."
La condición humana. Hanna Arendt. Paidos Surcos 15.
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Reseñas libros
jueves, 10 de septiembre de 2015
Houdini vuelve a casa, presentación, Fabricio Estrada, Honduras.
Presento hoy Houdini vuelve a casa. Un poemario que dedico completamente a la memoria de mi querido poeta-hermano, ya fallecido, Francisco Ruiz Udiel, de Nicaragua. Luego de mucho tiempo reflexionándolo, volver a una poesía de íntimo fondo y forma ha sido un bálsamo que sólo encontré en Sextos de lluvia, mi primer poemario en 1998. Crear el silencio, que la palabra sea tan prístina como para sostener el silencio, el volver a una casa donde los signos más genuinos de mi búsqueda me permitieran abordar de nuevo el asombro ante la palabra y las imágenes casi dichas en una oralidad de susurros.
Luego de años inmerso en la actividad militante y la urgencia de poner la voz en escenarios donde el discurso golpeara, provocara, agitara, este poemario bien puede jugar con la definición de textos escapistas; y sí, de ahí viene gran parte del concepto como también el intento de explicarme las causas de la desaparición física de Fran. Un diálogo con él y su mar, el mismo que el pidió que imagináramos (el deber de todo poeta es imaginar el mar), para saber lo que las profundidades hacen del silencio y retomar, a la vez, la precisión y concentración necesaria para salir hacia el campo de vida o de muerte, como hacían los samurais antes de entrar a la batalla: escribir poesía, escribir espada, escribir movimientos simples y portentosos en la grafía, figuras de serenidad para sublimar el filo de sus armas.
Daniel Matul me ha enviado el prólogo desde Costa Rica, Mayda Colón la contraportada desde Puerto Rico. A ellos me confío para compartirles lo que de mi poemario han escrito.
La portada es de Gabriel Bulla, el gran creativo y diseñador gráfico argentino que también regresa por Tegucigalpa. Una maravilla de interpretación del texto. ¿El sello editorial? Pez Dulce, porque Rubén Izaguirre y Víctor Saborío son piedra angular en mis inicios.
Los juegos que inventamos con las manos
Dicen que Enrich Weiss, mejor conocido como Harry Houdini, inventó
juegos con las manos, abrió sueños con ciertas llaves y, tal como se amasa el
maíz entre los dedos, lentamente, le dio forma, volumen y color a ciertos
trucos para que la vida recobrara su sentido. Más allá de la apariencia,
siempre hubo una forma de volver al origen, de regresar al inicio, de hacernos
ver, como decía Rafael Alberti, que siempre habrá murallas que se quiebran con suspiros y que hay puertas
al mar que se abren con palabras.
El
truco como pretexto para volver a casa, para hacernos mirar más allá de lo
aparente, de lo superficial o de lo extraño. La ilusión que se presenta como un
acto maravilloso, como un instrumento forjado entre las manos para abolir,
derogar, dejar sin vigencia o anular esa norma establecida como verdad absoluta
a la que llamamos realidad.
Fabricio
Estrada, con sus manos, ha forjado la ilusión del poema para indicarnos un
camino. La alegoría del escape para volver al principio, para vernos a los ojos
sin ardides, ni falsas representaciones de lo que somos o es la vida.
“Las cadenas sólo fueron metáforas,
serpientes de ilusionista,
pretextos para burlar la vida.”
La
palabra, nos señala Fabricio en su libro, es el truco, es la técnica, la
herramienta, es el movimiento necesario para escapar de la camisa de fuerza, de
los candados, de las ataduras, de nuestras estúpidas formas de comportamiento
cotidiano.
“No es suficiente lo que veo y soy
para entender el accidente
que hizo de la estrella
una mala metáfora de lo
infinito”
Nos
hemos dejado atrapar en ataúdes, en cajas rodeadas de cadenas, en el fondo de
los centros comerciales, en las tristezas importadas, en las promesas globales
de felicidad; pero no hemos sido capaces de encontrar la salida al artificio de
esas realidades.
“Es como los globos
sí, como los globos que se
escapan de la feria
en un sorteo de tristezas,
es como sucede
cuando pasa
y ya.”
Harry
Houdini, astuto, mañoso, sagaz, supo que todo es un truco. Sumergido bajo las
aguas de una caja cerrada, como metáfora de una realidad dispuesta previamente,
él, a solas, mientras la gente abría los ojos, se reconciliaba, encontraba el
camino a casa, la vereda que lo devolvía a la realidad que dejamos de ver y cambiamos
por otra.
Es
por esa razón que a pesar del accidente en Albany o de los golpes propinados
aquella noche del 24 de octubre de 1926, Harry Houdini no abandonó su acto de
reconciliación con la realidad. Y por esa misma razón, por ese acto soberano de
valentía, por esa fuerza para abandonar la caja de agua, de esa realidad
inventada en la que nos sumergimos cotidianamente, es que Fabricio Estrada, tampoco
abandona la función y nos presenta –hoy- su manojo de trucos, su caja de
herramientas, para volver al inicio, para mirarnos desde un lugar fuera de la estandarización
y las reglas globales de comportamiento aceptadas.
“Que todo
todo era consecuencia del
poema
y no de la vida
que la vida era solo pausa
del implacable fragor del
poema
del irrenunciable estallido
del poema
solo pausa la vida
un lento movimiento
que conduce invariable hacia
otro poema
que se yergue
que se hunde
y mientras tanto aparece
queda su viento para habitarlo
su sol
su inminente presencia para
respirar
e intentar el siguiente acto.”
Daniel
Matul
Escritor
San
Juan de Tibás, Costa Rica, 02 de agosto
Houdini, el equilibrista, gusta de los viajes. A ese
divagar le acompañan su historia de idas y regresos. A ese lanzarse a la cuerda
le abanican: el espectro de la mirada a hacia adentro; la intimidad de la
ciudad propia, la necesidad de conocimiento del fenómeno de la patria y su
memoria. Houdini vuelve a casa es título que igual funciona como afirmación que
como ruego. Es el libro de una voz donde el poeta lanza su certezas de falso
equilibrio sobre su afirmación de hombre árbol. Expande con ese acto su honda de alcance, se lanza por tanto
sobre el poema, sobre el significado, sobre la palabra misma que se le vuelve
todo un mar donde al fin puede encontrar otro peces. Peces que también se
intentan balancear sobre los respectivos PH"s de sus aguas, y que viajan
por la línea imaginariamente sola y dura del verso. Es abriendo la semántica
que la voz poética logra paz en su tristeza, al encontrar el mar. Pero ese mar
tampoco se apacigua, amenaza con arrasar
el bosque, coquetea; se va y vuelve en su ola rítmica que todo lo inunda con
ímpetu, con su impredecible trapecio,
con su lluvia.
Es un mar que nos devuelve los dilemas de algunos versículos
bíblicos, pero también los versos y con ellos a los poetas amados, es ese mar
sin calma que nos devela una vez más la razón para la poesía. Nos devuelve a la
realidad de ser árboles pensantes, árboles que no pueden ser inertes a lo que
viven, a lo que nos toca atestiguar, en fin, árboles sociales que se doblan
para proteger y enunciar las razones que nos quedan para la lucha. Y es que un
verso puede ser alfiler, armamento de hombres como Fabricio Estrada, que nos
regala en la metáfora de ese volvernos a casa toda una cuerda firme y dotada de
ternura donde quizás sea posible el equilibrio de tanta cosa junta, sin que algo
de lo ajeno y de lo nuestro se nos escape entre las manos.
Mayda Colón, San Juan, Puerto Rico.
Agosto, 2015.
martes, 8 de septiembre de 2015
viernes, 7 de agosto de 2015
Diana Espinal - Honduras
Cuando la poesía de Diana apareció publicada en nuestro medio, era evidente que algo había pasado en el cambio de las formas poéticas que expresan lo erótico. En el principio fue su verbo, pues aún no tenía la edición impresa, tenía la vocalización y el reto permanente de su performance cuando leía en público, ante oídos aún timoratos. Pocos entendimos que las vertientes surrealistas habían hecho en la poesía de Diana imagen pero no semejanza, manzana sin morder en un paraíso donde Eva está en cacería. La precisión de sus versos y el desdoblamiento imprevisto son su cerbatana ¿y la presa? la imaginación que recorre el cuerpo con la punta de los dedos.
Esta poética agarró por sorpresa al machismo canónico, yo podía verlo mientras estaba en la mesa junto a ella, en alguna lectura donde ambos coincidíamos -que han sido muchas-, y lo primero que observaba era la reacción de lxs jóvenes entendiendo el signo y esperando más, alborozadxs. Entonces fue cuando fui comprendiendo lo que es leer a nivel sensorial, como lo explicaba Bretón y como lo definía con su dicción Diana. Ahora que recuerdo esas lecturas es cuando pienso que México -donde ahora reside ella-, tiene en resguardo una de nuestras poetas generacionales que sabrán plantarse con firmeza en nuestra historia literaria, con látigos de sándalo sobre nuestra insípida y provinciana piel bondage.
“En todo encuentro
erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación".
(Octavio Paz.)
1.-Quiero
Regalarte
Un orgasmo triple
todas las tardes:
Uno urgente
Que suene a corto circuito y huela a esporas
encalladas en deseos sazones
Capricornio y guitarras.
Uno oblicuo clarividente
que tenga epidemias de lengua efímeras
latitudes
meridianos
para rasgar en pedazos el cuarto
Uno ecuestre
que como vieja caldera desgaje al animal fluorescente
ávido de espacio
células
naufragio de profundas telarañas
refugio de lo absoluto.
2.- Debo
quitarme la ropa
sacar las viejas cuentas de vidrio molido
enterrar sahumerios
convocar tizones y pezones de cangrejo
pestañeos burdelinos
Es hora de esculpir tus epicentros.
3.- Cuando escampen
tus manos de alfarero
Rozaré los ecos de los postigos
Cuando escampen las bisagras
saltaré fuera del círculo
desdoblaré mi sombra
los espejos callejeros y desconociendo tus molinos
me encontraré
un quince de diciembre a la altura de la cicatriz del
fuego.
4.- Saberte mío
en el instante
es lo enorme viniéndoseme encima
las llamas del estruendo
lamen mis mejillas de bahía disyunta
Tengo miedo de estremecer los bordes del precipicio
y romperte en pedacitos de indicios.
5.- Aquí en el
sinfín de corrientes sastres
completamente sordomuda
impasible…
me dibujan a través del indicio dos luces de hebilla
Me ubican distante
justo en la frontera del añoro
zurcida me envuelvo
en instantes
en instancias
en instintos.
6.- Entre las
fauces de un vuelo
apenas temblorosa
intocable
he yacido en cuartos menguantes que taladran pianos
Temo resbalar por canales de papel mojado y masticar
cortinas de almendra.
7.- Me desnudo
en tu boca de almendro
acantilado entreabierto
desprendo los ruidos
los ruedos y el biés de mi falda
allá lejos
entre el agua y la sal
te desnudo dentro de múltiples lunas.
8.- El biombo
del viento
me acorrala con las alas de cien murciélagos
punza las cítaras de la luna…
Invito al viento Etesio
a tomar un ron de sudor nocturno y en las rocas
soltar telones
morder labios
revolcar tintas en ceniza.
9.- El pleamar
resplandeciente de tus labios
profanó los míos cuando la noche deshojaba tu olor de
hombre escarlata
Hoy en la estepa del enigma
tarareo olores bermejos.
10.- Enhebras
mis hilos con tus manos
zurces mis entrañas con tus entrañas
siento que se estallan las riendas que me enredan y me
enervan
Enhebro tus hilos con mis dedos
meriendo el desborde del océano y el gimoteo de la ola
Entre tú y yo
el rechinar de las bisagras
el apagón del inconsciente en el punto central del
éxtasis
en la estrella cefálica.
11.- En la
dimensión del estruendo
la vida se derrama del renglón…
el mar desentierra sus viejas canicas morenas
se enmaraña mi magia con tu veteranía
y
las suaves mordidas de lengua
ondulan
Indelebles en las butacas de jabón.
12.- He e
ayudarte a sonar como el mar
a retorcer los arabescos besos de lengua que no
sueltas por temor a la araucaria
He de ayudarte
a encontrar el ritmo de los arenques plateados
arrodillada y en escorzo hacia las rocas
romperé tu cota de mallas
tus guanteletes
y como el armiño cambiaré mi pelaje negro por uno
blanco
Perfecto como en una agitación de espejos rotos.
13.- Despertá
acariciando pergaminos de liquidámbar
regresá de ese precipicio de orquídeas que te acosan
permití que limpie con mi lengua el poniente del
depósito de tus lágrimas
la lumbre de tu sonrisa
el pulso acelerado…
Perpetuemos grillos en las manchas de la luna
en cálidos despertares
sabré provocar en ti aguas recién drogadas en nueces.
14.- Depílame
haz aquel corte con cara de escarmiento
expone mis dragones íntimos
los impresionistas y los cubistas
Desdobla los rizos reticentes
los murmullos de labios que explotan en el silencio
Reduce poco a poco la melena
Inténtalo…
Guarda en tu mente este cielo cielo
yuxtapone el complemento
con tu lengua lengua a 90°.
15.- Vibré como
una catástrofe contradictoria
Inexacta, inclusive en la estructura y en la teoría
Más en el remanso, mutilé resurgencias
Memorias impenetrables
Albedríos…
Y con la ansiedad dulcificada
Convertí tu equidistancia en surtidor de antorchas que
afables se adhieren
En busca de tu sierpe.
lunes, 3 de agosto de 2015
La fiesta hacia adentro - Fotos: Fabricio Estrada
En base a la
vibración van a encender un fuego –me dije-. La casa vibra como un panal en la
frecuencia que se emite el calor que se necesita y, si el calor desciende, habrá que ir por él
afuera, donde está el aguardiente, regresar con los dedos encendidos y hacer la
fogata de la música alrededor de la cual bailarán todos en silencio, apretados.
Estas fueron
mis primeras impresiones al llegar a la fiesta del bautizo de la nieta de
Gissel, en la aldea de San Patricio, Sabanagrande. Tenía el nuevo lente .50 mm
para estrenar y las ganas enormes de llevar a mi hijo a una caminata nocturna
hacia la aldea, con los amigos de toda la vida. Llevaba a Esteban. Sería su iniciación en algo que
es profunda tradición y que aún convoca, muy lejos de la pre-fabricación de
discomóviles que llegan al pueblo, muy lejos de lo que parece estandarizado por
las cadenas radiales y su enajenante programación musical.
Nos vamos camino al
cementerio y lo único que cambia es, que en lugar de focos de baterías, lo que
nos ilumina el camino son los celulares. El resto de cosas sigue en su orden:
las sombras de las tumbas, las piedras ferrosas sueltas y los viejos santuarios
donde bajábamos a jugar en la ruta del río y sus pozas.
Hay ansiedad
porque no se deja escuchar la fiesta. Son las nueve de la noche y, cuando ya
llevamos un kilómetro y medio en el laberinto, nos llega de pronto el ritmo
monocorde de las cuerdas y ese canto que no se distingue del cantado en las
viejas romerías que llegaban a las ferias. Sin perder el tiempo, entramos –a otros
tiempos- a la pequeña casa donde han dejado libre la sala para que toque el conjunto. No hay mejor definición que
conjunto para este tipo de agrupación musical, sí, aquí la música se hace simultáneamente a otra cosa con un
fin común, y a duras penas se distingue un instrumento de otro hasta que
uno se acerca al círculo de protección del fuego y se da cuenta que la llama
pulsa, casi en su entera forma, desde el bajo.
Contrario a la música garífuna
donde el tambor es el que marca y orquesta y la agrupación de músicos y
cantantes se despliega en abanico hacia los presentes, en el conjunto de cuerda
del sur de Honduras –en su manifestación más atávica, al menos, la que yo volví
a presenciar- los protagonistas se cierran en círculo apretado en torno al
bajo, el violín, la tumba, la guitarra y
la caña (dos latas soldadas con maicillo en su interior que hacen las veces de
maracas pero en forma única y tubular). Es decir, se organiza la fiesta en
torno a dos formaciones cerradas: la de los músicos y la de los que bailan, y
cada una es independiente de la otra y crea, durante toda la noche, una
dinámica aparentemente inconexa, pues los músicos están en su mundo y casi se
podría decir que hacen la música para su propio provecho.
Otra de las
características reside en que los músicos van entrando y saliendo del círculo en
un relevo continuo marcado por la ingestión del guaro (aguardiente); es así que
el próximo bajista bien puede estar calentándose entre los que están en el
patio o los que están bailando, lo que a primera vista parece ser una cantera
inagotable de músicos dispuestos a que el fuego no se apague. Las canciones van
cantándose a intervalos de tres una vez que se ponen de acuerdo cuál tocarán, y
es en ese momento, el de ponerse de acuerdo, donde se manifiesta la mística del
baile, porque las canciones que vienen se dicen en murmullos, entre ellos y
casi al oído mientras afinan y encienden cigarros, en un siseo que también
trata de guardarse hasta el estallido mismo del ensamble y las armonías. Alejo
Carpentier, en su novela Los pasos
perdidos, puede ayudarme con mayor exactitud para explicar este instante
esencial y previo al baile:
Hay un silencio ritual, preparador
del ensalmo, que lleva la expectación de los que esperan a su colmo. Y en la
gran selva que se llena de espantos nocturnos, surge la Palabra. Una Palabra
que ya es más que palabra.
Comienza
entonces a bailarse el secreto, porque secreto es lo que se dice aprovechando
la cercanía y la estrechez, secreto es la mano que pocos ven bajando por la
espalda de la muchacha y afianzando la cintura incluso más abajo. El baile está
contando un secreto –me diría al oído Diane Arbus- y los niños, subidos a las
ventanas, metidos entre las piernas de los ya mareados bailarines, husmeando
entre las cortinas, asisten a la primera visión del celo y su ritual, con ojos
de azoro y nerviosismo pre-adolescente.
Yo, en cambio, he visto cómo la
palabra emprendía su camino hacia el canto, sin llegar a él; he visto como la
repetición de un mismo monosílabo originaba un ritmo cierto; he visto en el
juego de la voz real y de la voz fingida que obligaba al ensalmador a alternar
dos alturas de tono, cómo podía originarse un tema musical de una práctica
extramusical.
Carpentier
sigue asistiéndome mientras trato de no intimidar demasiado con la cámara. Me
pego al conjunto y veo los rostros del sincretismo más delirante, el
cimarronaje que hizo de la polka este espacio único enclavado en las montañas
del sur hondureño.
Los antiguos esclavos que huyeron o fueron deslumbrados por
una libertad imprevista y que ahora habitan y se multiplican en el silencio, en
los campeonatos de fútbol, en las filas de la Policía Nacional o del Ejército.
De una costa a otra supieron hacerse libres, pienso, llegaron negros y al
cruzar el territorio hacia el sur, el país y la historia filtró su sangre. Lo
que se canta de frente al mar y con hondo grito en la costa norte aquí, en la
costa sur, se canta hacia adentro, hacia las sombras, de espalda al viento para
que éste no venga y apague la llama de su esencialidad.
Que siga el
baile, entonces, decimos mientras nos retiramos con Fidel, Winga, Pavón, Saúl,
Andrecito, Jovel, Lupita, Allan y Esteban, que ya conoció que al final de todo
camino en la noche hay siempre una aldea con una fiesta a espaldas del tiempo.
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