jueves, 9 de octubre de 2014

El terror doméstico

Tiemblo de miedo ante la absoluta inmovilidad del estudiantado hondureño ante la masacre de los normalistas mexicanos. Me llena de un profundo temor pensar que la desarticulación con la realidad esté llegando a niveles tan impresionantes, sobretodo porque los elementos que condujeron a esta masacre son una calca de nuestra realidad o un adelanto de lo que puede ocurrir una vez que los militares PM ya dispararon contra un microbús aquí en Tegucigalpa y que, en la sórdida conciencia colectiva, aún humean los 373 calcinados de la prisión de Comayagua.

Se retornó al la Honduras autista en todas sus latitudes humanas y sociales. Es como si una fuerza oscura se hubiera plantado en el ánimo, una vergüenza y cobardía que impide dar un paso hacia el entorno que nos grita ¡pronto les toca a ustedes! El espantoso desollamiento del joven normalista Julio César Mondragón ¿no está indicando contra qué fuerza radical estamos dialogando? Porque se dialoga, sí, se habla con las autoridades, se le permite uniformarse y pavonearse por la calles con toda y su latente violencia o sus implicaciones manifiestas en los múltiples asesinatos de jóvenes en Honduras, una hemorragia que se presenta a diario como un mal sueño o como una hoja que pronto arrastrará el viento.


Julio César Mondragón era su nombre. Mexicano. Estudiante para maestro. Sufrió en carne propia el asalto de toda ese desquiciado poder mezcla de paramilitarismo y sonrisas burocráticas. No están bromeando y no hay retórica en sus acciones. Es simple: tomaran por asalto nuestro rostro y no habrá súplica ni derecho. Le arrancan el rostro a la ciudadanía indefensa pero ellos y ellas se muestran en los diarios, en las revistas de moda, en la primera fila de las misas oficiales, en los noticiarios, en los afiches de campaña política. Los conocemos y sabemos que se pasean como la muerte más fina.

En verdad tiemblo. Los policías y militares que asesinaron a estos estudiantes mexicanos tienen las misma mentalidad que los nuestros, muy seguros que los políticos vernáculos les ocultarán su accionar con toda y sus continuas violaciones y complicidades directas con el narco. Las movilizaciones que se están llevando a cabo en México demuestran que la indignación es tal que el mismo gobierno de Peña Nieto puede estar en la cuerda floja. Una ola de rabia sacude México, las bases sociales están moviéndose y despertando de su letargo pos-electoral en la que fueron humilladas con un fraude enorme, golpeadas anímicamente por el cinismo. ¿Estaremos esperando en Honduras que suceda una masacre de tales dimensiones para encontrar el hilo roto de nuestra dignidad? ¿Esperaremos que algo fortuito pero aterrador conjunte de nuevo nuestra conciencia humana? Hace un par de años fueron fusilados casi 70 hondureños migrantes en suelo mexicano ¿se movilizó la población conectando los hechos con las políticas públicas criminales del Estado hondureño que obliga a la población a escapar del país? "Ese es problema de cada quien, buscar soluciones económicas" afirma la reducida opinión de la gente de a pie. Y sí, el reduccionismo cínico de la clase política actual ha logrado calar y educar en la indiferencia. ¿Nos movilizamos por el ataque de los PM a los miskitos y a los pasajeros del microbús? "En algo malo andaban, nadie recibe un ataque si no anda en algo" (...) y así continúa la reducción del espacio visual, tan reducido que de pronto lo que queda es un ser humano que mira embotado la tele, escucha la entrevista a los mismos que avalan o planifican la masacre futura. La víctima es la sospechosa, la víctima espera ser víctima de nuevo, la víctima marca tarjeta en su labor infame de ser víctima con horarios puntuales.

Las voces que deberían mantener el dedo en la llaga por oposición política natural, se pierden en nebulosas y trampas mediáticas que el mismo sistema opresivo les monta ¡Hablar de deuda pública cuando la gente muere por decenas a nuestro alrededor! ¡Hablar de lo fuerte que somos como partido sin ninguna acción parlamentaria que respalde esa fuerza! ¡Hablar de liderazgos cuando este sistema violento ya está eligiendo, al azar, las nuevas víctimas de la humillación! ¡Hablar de liderazgos cuando no se puede dar lectura a lo que de México viene en camino, como una muerte migrante en busca, aquí mismo, de su sueño mesoamericano!

Tiemblo ante lo que viene, tiemblo ante tanto silencio y liderazgos domesticados!