jueves, 27 de septiembre de 2012

Nieve . Pamuk

¨A veces me obsesiono con alguna injusticia que se comete con los creyentes y, profesor, como vivimos en un país democrático y soy un hombre libre que vive como mejor le parece, me subo a un autobús, voy a cualquier parte de Turquía para hablar con esa persona que se me ha metido en la cabeza y le pido explicaciones de esa injusticia a la cara. Por eso, le ruego que responda a mi pregunta, profesor ¿Es más importante una orden del Estado o una orden de Dios?¨

R) Hijo, con esta discusión no se llega a ninguna parte. ¿En qué hotel te hospedas?

¿Vas a denunciarme a la policía? No me tengas miedo, profesor. No pertenezco a ninguna organización religiosa. Odio el terrorismo y creo en el libre intercambio de ideas y en el amor de Dios. En realidad, por eso,  a pesar de ser un hombre tan nerviosos, nunca le he dado a nadie un capón al final de una discusión. Sólo quiero que responda a mi pregunta. Profesor, perdone, pero ¿no le remuerde la conciencia con el sufrimiento de esas jóvenes a las que avasallan a a las puertas de la universidad a pesar de lo que ordena tan claramente el Corán, la palabra de Dios, en las azoras de la Coalición y la Luz?

R) Hijo, el Sagrado Corán también dice que al ladrón hay que cortarle la mano, pero nuestro Estado no lo hace. ¿Por qué no te opones a eso?

Muy buena respuesta, profesor. Le beso las manos. Pero ¿es lo mismo la mano de un ladrón que la honra de nuestras mujeres? Según una estadística hecha por el catedrático norteamericano musulmán negro Marvin King, en los países musulmanes donde las mujeres se cubren, los casos de violación están descendiendo tanto que prácticamente no existen, y casi no se encuentran ejemplos de acoso. Porque una mujer con un charshaf lo que le está diciendo en primer lugar a los hombres es ¨Por favor, no me acoséis¨. Profesor, por favor ¿puedo preguntarle algo? Si excluimos de la sociedad a la mujer que se cubre dejándola sin educación y ponemos en lo más alto a la que se descubre y lo enseña todo, ¿no nos arriesgamos a deshonrar a nuestras mujeres como pasó en Europa después de la revolución sexual y a convertirnos en, usted perdone, unos chulos?

R) Hijo, ya me he tomado el bollo. Discúlpame pero me voy.

Siéntate, profesor. Siéntate, no vaya a tener que usar esto. ¿Ves lo que es esto, profesor?

R) Una pistola.

Sí, profesor. Discúlpeme, pero he viajado tanto para venir a verle. No soy tonto, así que tomé ciertas precauciones porque pensé que quizá no querría escucharme.

R) Hijo, ¿cómo te llamas?

Vahit Suzme, Salim Fesmekan, ¿qué importa, profesor? Soy un defensor anónimo de todos los héroes anónimos que luchan por sus creencias y sufren injusticias en este país laico y materialista. No pertenezco a ninguna organización. Respeto los derechos humanos y no me gusta nada la violencia. Por eso ahora me pongo la pistola en el bolsillo y sólo le pido que me responda a una pregunta.

R) Muy bien.

Profesor, primero, por una orden de Ankara, ustedes ignoraron a todas esas muchachas inteligente, trabajadoras, todas primeras de la clase, que llevó años criar y que son las niñas de los ojos de sus padres. Si escribían sus nombres en las listas de asistencia, ustedes los borraban porque se cubrían la cabeza...


(la conversación sigue... el hombre matará a balazos al profesor laico... no necesitaba argumentos, necesitaba expresarlo para que cada bala llevara palabra...)